martes, 8 de noviembre de 2022

REFLEXION SOBRE LOS DIFUNTOS Y LA VIDA ETERNA

La conmemoración de los difuntos conlleva el interrogante ¿será el final definitivo? Y como cristiano ¿creo en la resurrección? Veremos

Presupuestos

Resurrección no significa revivificación del cuerpo, como se cuenta de Lázaro o del hijo de la viuda de Naim. Resurrección significa que tenemos vida más allá de la muerte.

La vida eterna nos resulta incomprensible e inimaginable porque no podemos pensar sin los a priori del tiempo y del espacio.

La física cuántica está superando el determinismo de la física tradicional, y las leyes del espacio-tiempo.

Racionalmente podemos declararnos agnósticos respecto a otra realidad, a otro modo de vida, porque no podemos demostrar su existencia ni su inexistencia.

La existencia de otra vida es una creencia razonable

La inteligencia sentiente encuentra razonable y adecuada la existencia de otra vida, de otro modo de realidad, que ahora no podemos percibir con claridad. La hormiga no puede percibir valores abstractos, pero eso no significa que esos valores no existan.

La trascendencia es una experiencia antropológica presente en todas las culturas.

La objetividad de los valores morales exige una justificación, un imperativo categórico, para no quedar en mero subjetivismo o en un acuerdo social, al que sólo podría obligarme la imposición por la fuerza. Pienso en un gran propietario que puede comprar la aceptación o el disimulo de políticos, jueces y policías.

Nuestra experiencia ética se rebela contra la injusticia, que cada día nos muestran los informativos (niños, pequeñas tribus o grupos humanos, emigrantes… que mueren por hambre, enfermedades, venganzas, guerras, ambiciones ajenas).

Nuestra conciencia nos pide otra vida para reparar la muerte cruenta de los que sufren injustamente, o de quienes dan su vida por proteger a otros, o por defender valores como la justicia, la dignidad humana, la libertad, las creencias de su pueblo…

Algunas experiencias perimortem bien documentadas y en  diversos países parecen atestiguar que existe “Consciencia más allá de la vida” (Pim Van Lommel).

Los místicos de las diversas épocas y religiones (incluso un ateo como Compte-Sponville) coinciden en la experiencia de una suspensión del tiempo, una“iluminación”, una sensación de plenitud y gozo que,  sin palabras, les permite comprender el misterio de la vida.

Para un cristiano, el mejor testimonio es que Jesús de Nazaret creyó en la resurrección, en la persistencia de una vida distinta: “Porque cuando resuciten de entre los muertos, ni se casarán ni serán dados en matrimonio, sino que serán como los ángeles en los cielos”; y  “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

El cristianismo se basa en la experiencia pascual, en la resurrección de Jesús, que a unos discípulos escondidos por miedo los transformó en difusores del mensaje de Jesús entre judíos y paganos: “Si Cristo no ha resucitado… vana es nuestra fe”.

Conclusión

Aunque me siento incapaz de imaginar cómo puede existir una vida distinta y definitiva, y a veces dudo de ello, serenamente considero más razonable creer en su existencia; más aún, creo que la experiencia religiosa o ética,  que ya tenemos, que esos encuentros de amor y de generosidad,  ya son una primicia de esa vida definitiva.

Por eso asumo la Oración de Teilhard en su vejez: “Energía de mi Señor, fuerza irresistible y viviente, puesto que de nosotros dos Tú eres el más fuerte, a ti compete el don de quemarme en la unión que ha de fundirnos juntos. Dame todavía algo más precioso que la gracia por la que todos los fieles te ruegan. No basta que muera comulgando. Enséñame a comulgar muriendo”.

martes, 1 de noviembre de 2022

PAPA FRANCISCO: ÁNGELUS DE TODOS LOS SANTOS

Plaza de San Pedro

Miércoles 1 de noviembre de 2017

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y buena fiesta!

La solemnidad de Todos los Santos es «nuestra» fiesta: no porque nosotros seamos buenos, sino porque la santidad de Dios ha tocado nuestra vida. Los santos no son figuritas perfectas, sino personas atravesadas por Dios. Podemos compararlas con las vidrieras de las iglesias, que dejan entrar la luz en diversas tonalidades de color. Los santos son nuestros hermanos y hermanas que han recibido la luz de Dios en su corazón y la han transmitido al mundo, cada uno según su propia «tonalidad».

Pero todos han sido transparentes, han luchado por quitar las manchas y las oscuridades del pecado, para hacer pasar la luz afectuosa de Dios. Este es el objetivo de la vida: hacer pasar la luz de Dios y también el objetivo de nuestra vida.

De hecho, hoy en el Evangelio Jesús se dirige a los suyos, a todos nosotros, diciéndonos «bienaventurados» (Mateo 5, 3). Es la palabra con la cual inicia su predicación, que es «Evangelio», Buena Noticia porque es el camino de la felicidad. Quien está con Jesús es bienaventurado, es feliz. La felicidad no está en tener algo o en convertirse en alguien, no, la felicidad verdadera es estar con el Señor y vivir por amor. ¿Vosotros creéis esto? Debemos ir adelante, para creer en esto. Entonces, los ingredientes para una vida feliz se llaman bienaventuranzas: son bienaventurados los sencillos, los humildes que hacen lugar a Dios, que saben llorar por los demás y por los propios errores, permanecen mansos, luchan por la justicia, son misericordiosos con todos, custodian la pureza del corazón, obran siempre por la paz y permanecen en la alegría, no odian e, incluso cuando sufren, responden al mal con el bien. Estas son las bienaventuranzas.

No exigen gestos asombrosos, no son para superhombres, sino para quien vive las pruebas y las fatigas de cada día, para nosotros. Así son los santos: respiran como todos el aire contaminado del mal que existe en el mundo, pero en el camino no pierden nunca de vista el recorrido de Jesús, aquel indicado en las bienaventuranzas, que son como un mapa de la vida cristiana.

Hoy es la fiesta de aquellos que han alcanzado la meta indicada por este mapa: no sólo los santos del calendario, sino tantos hermanos y hermanas «de la puerta de al lado», que tal vez hemos encontrado y conocido. Hoy es una fiesta de familia, de tantas personas sencillas, escondidas que en realidad ayudan a Dios a llevar adelante el mundo. ¡Y existen muchos hoy! Son tantos. Gracias a estos hermanos y hermanas desconocidos que ayudan a Dios a llevar adelante el mundo, que viven entre nosotros, saludemos a todos con un fuerte aplauso. Ante todo —dice la primera bienaventuranza— son «los pobres de espíritu» (Mateo 5, 3). ¿Qué significa? Que no viven para el éxito, el poder y el dinero; saben que quien acumula tesoros para sí no se enriquece ante Dios (cf. Lucas 12, 21). Creen en cambio que el Señor es el tesoro de la vida y el amor al prójimo la única verdadera fuente de ganancia. A veces estamos descontentos por algo que nos falta o preocupados si no somos considerados como quisiéramos; recordemos que no está aquí nuestra felicidad, sino en el Señor y en el amor: sólo con Él, sólo amando se vive como bienaventurado.

Quisiera finalmente citar otra bienaventuranza, que no se encuentra en el Evangelio, sino al final de la Biblia y habla del conclusión de la vida: «Dichosos los muertos que mueren en el Señor» (Apocalipsis 14, 13).

Mañana estaremos llamados a acompañar con la oración a nuestros difuntos, para que gocen siempre del Señor. Recordemos con gratitud a nuestros seres queridos y oremos por ellos.

Que la Madre de Dios, Reina de los Santos y Puerta del Cielo, interceda por nuestro camino de santidad y por nuestros seres queridos que nos han precedido y han partido ya para la Patria celestial.

lunes, 31 de octubre de 2022

OS CAMIÑOS DA VIDA

Así como todo camiño consta de etapas, tamén a nosa historia persoal desenvólvese a través de distintos períodos con diversos matices, que conxuntamente configuran a nosa personalidade concreta: a infancia, a adolescencia, a mocidade, a adultez… e para algúns, a ancianidade, máis ou menos duradeira e progresivamente decrépita. 

O pasado do camiño convídanos a lembrar as peripecias do que queda atrás, e recoméndanos pararnos un instante para recuperar forzas, a fin de obter enerxías para poder seguir camiñando coa vista posta nun futuro cada vez máis próximo. Igualmente a historia da salvación consta de dous grandes períodos: o Antigo e o Novo Testamento; a etapa dos mandamentos e a etapa do Evanxeo; a etapa da lei e a etapa da misericordia; a etapa da temporalidade e o futuro da eternidade. E nesta reflexión vénnos á memoria a vida e a morte; a resurrección e a eternidade. Estes dous conceptos atópanse no camiño, pero as súas realidades son totalmente dispares.

Nacemos para a vida, pero no camiño espéranos a morte. Esta dualidade de vida e morte débese á nosa constitución de espírito e materia. Pola nosa condición corpórea, somos naturalmente mortais; pero pola nosa espiritualidade, nacemos para vivir sempre. No camiño espéranos a morte, e máis aló da tumba, está a resurrección esperándonos. Esta característica explica a nosa limitación terrea, á vez que a nosa inmortalidade exclusiva e perpetua.

Aquí intervén a divina providencia, que nos creou con futuro de eternidade, e a liberdade de cada un de nós que nos permite programar un futuro glorioso. E actúa tamén a vontade salvífica de Deus, que nos quere semellantes ao seu Fillo, aquí na terra, para facernos logo compañeiros de Xesús glorificado no Ceo.

Dúas vontades interveñen na constitución plena da persoa humana: a vontade de Deus, que nos creou para facernos felices, e nosa propia vontade que posibilita, positiva ou negativamente, o noso futuro eterno, para que guiados pola súa providencia, conduza os nosos pasos pola senda do ben e coa súa misericordia fáganos partícipes da gloria celestial, coa xenerosidade dun corazón que perdoa e esquece as incorrespondencias que tivemos con El neste mundo de barro e de escasa fraternidade.

Pero entre o aquí de hoxe e o alá de mañá, existe un labor dinámico, cuxa misión é facer desta terra un mundo mellor, unha vida máis bela, e unha Igrexa máis apostólica, para que na nosa sociedade haxa cabida para Cristo, e a súa evanxelización chegue a todos os confíns do orbe. Os nosos misioneiros fan que lembremos ese labor, pois eles, coa súa xenerosidade apostólica fan que a doutrina de Xesucristo sexa coñecida en toda a terra, e que a súa divina Eucaristía alimente a fe de incontables crentes de todas as razas e nacións.

 

jueves, 20 de octubre de 2022

"VOLVAMOS AL CONCILIO" ESHORTA EL PAPA

PAPA FRANCISCO / VOZ DEL PAPA

En la homilía de la Misa conmemorativa de los sesenta años del Concilio Vaticano II, el Santo Padre nos anima a volver a él, porque eso, de algún modo, no es ‘indietrismo’.

A continuación, las palabras del Papa Francisco en la tarde del martes 11 de octubre, aniversario del inicio del Concilio que impulsó Juan XXIII:

“¿Me amas?”. Es la primera frase que Jesús dirige a Pedro en el Evangelio que hemos escuchado (Jn 21,15). La última, en cambio, es: “Apacienta mis ovejas” (v. 17). En el aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II sentimos que el Señor nos dirige estas palabras también a nosotros, a nosotros como Iglesia: ¿Me amas? Apacienta mis ovejas.

En primer lugar: ¿Me amas? Es una interrogación, porque el estilo de Jesús no es tanto el de dar respuestas, como el de hacer preguntas, preguntas que interpelan la vida. Y el Señor, que “habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos” (Dei Verbum, 2), nos pregunta todavía y seguirá preguntando siempre a la Iglesia, su esposa: “¿Me amas?”.

El Concilio Vaticano II fue una gran respuesta a esa pregunta. Fue para reavivar su amor que la Iglesia, por primera vez en la historia, dedicó un Concilio a interrogarse sobre sí misma, a reflexionar sobre su propia naturaleza y su propia misión. Y se redescubrió como misterio de gracia generado por el amor, se redescubrió como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, templo vivo del Espíritu Santo.

Esta es la primera mirada que hay que tener sobre la Iglesia, la mirada de lo alto. Sí, hay que mirar la Iglesia ante todo desde lo alto, con los ojos enamorados de Dios. Preguntémonos si en la Iglesia partimos de Dios, de su mirada enamorada sobre nosotros.

Siempre existe la tentación de partir más bien del yo que de Dios, de anteponer nuestras agendas al Evangelio, de dejarnos transportar por el viento de la mundanidad para seguir las modas del tiempo o de rechazar el tiempo que nos da la Providencia de volver atrás.

Pero estemos atentos: ni el progresismo que se adapta al mundo, ni el tradicionalismo que añora un mundo pasado son pruebas de amor, sino de infidelidad. Son egoísmos pelagianos, que anteponen los propios gustos y los propios planes al amor que agrada a Dios, ese amor sencillo, humilde y fiel que Jesús pidió a Pedro.

¿Me amas tú? Redescubramos el Concilio para volver a dar la primacía a Dios, a lo esencial, a una Iglesia que esté loca de amor por su Señor y por todos los hombres que Él ama, a una Iglesia que sea rica de Jesús y pobre de medios, a una Iglesia que sea libre y liberadora.

El Concilio indica a la Iglesia esta ruta: la hace volver, como Pedro en el Evangelio, a Galilea, a las fuentes del primer amor, para redescubrir en sus pobrezas la santidad de Dios (cf. Lumen gentium, 8c; cap. V), para volver a encontrar en la mirada del Señor crucificado y resucitado la alegría perdida, para concentrarse en Jesús.

El Papa Juan XXIII, en sus últimos días, escribía: “Esta vida mía que llega a su fin no podría terminar mejor que concentrándome totalmente en Jesús, Hijo de María… grande y continuada intimidad con Jesús, contemplado en imagen: niño, crucificado, adorado en el Sacramento” (Diario del alma, 977-978). ¡Esta es nuestra mirada alta, nuestra fuente siempre viva! Jesús, la Galilea del amor, Jesús que nos llama, Jesús que nos pregunta: “¿Me amas?”.

Hermanos, hermanas, volvamos a las límpidas fuentes de amor del Concilio. Reencontremos la pasión del Concilio y renovemos la pasión por el Concilio. Abismados en el misterio de la Iglesia madre y esposa, digamos también nosotros, con san Juan XXIII: Gaudet Mater Ecclesia (Discurso en la apertura del Concilio, 11 octubre 1962).

Que en la Iglesia viva la alegría. Si no se alegra se contradice a sí misma, porque olvida el amor que la ha creado. Y, sin embargo, ¿cuántos entre nosotros no logran vivir la fe con alegría, sin murmurar y sin criticar? Una Iglesia enamorada de Jesús no tiene tiempo para conflictos, venenos y polémicas.

Que Dios nos libre de ser críticos e impacientes, amargados e iracundos. No es sólo cuestión de estilo, sino de amor, porque el que ama, como enseña el apóstol Pablo, hace todo sin murmuraciones (cf. Flp 2,14).

Señor, enséñanos a mirar alto, a mirar la Iglesia como la ves Tú. Y cuando seamos críticos y estemos insatisfechos, recuérdanos que ser Iglesia es testimoniar la belleza de tu amor, es vivir respondiendo a tu pregunta: ¿me amas?

¿Me amas? Apacienta mis ovejas. Apacienta: Jesús expresa con este verbo el amor que desea de Pedro. Pensemos precisamente en Pedro: era un pescador de peces y Jesús lo transformó en pescador de hombres (cf. Lc 5,10).

Ahora le asigna un nuevo oficio, el de pastor, que nunca había ejercitado. Y es un cambio, porque mientras el pescador toma para sí, atrae hacia sí, el pastor se ocupa de los otros, apacienta a los otros. Es más, el pastor vive con su rebaño, alimenta a las ovejas, se encariña con ellas. No está arriba, como el pescador, sino en medio.

Esta es la segunda mirada que nos enseña el Concilio, la mirada en el medio, estar en el mundo con los demás y sin sentirnos jamás por encima de los demás, como servidores del Reino de Dios (cf. Lumen gentium, 5); llevar la buena noticia del Evangelio a la vida y en las lenguas de los hombres (cf. Sacrosanctum Concilium, 36), compartiendo sus alegrías y sus esperanzas (cf. Gaudium et spes, 1).

Qué actual es el Concilio, nos ayuda a rechazar la tentación de encerrarnos en los recintos de nuestras comodidades y convicciones, para imitar el estilo de Dios, que nos ha descrito hoy el profeta Ezequiel: “ir en busca de la oveja perdida y hacer volver al rebaño a la descarriada, vendar a la que está herida y curar a la enferma” (cf. Ez 34,16).

Apacienta: la Iglesia no celebró el Concilio para contemplarse, sino para darse. En efecto, nuestra santa Madre jerárquica, que surgió del corazón de la Trinidad, existe para amar. Es un pueblo sacerdotal (cf. Lumen gentium, 10 ss.), no debe sobresalir ante los ojos del mundo, sino servir al mundo.

No lo olvidemos: el Pueblo de Dios nace extrovertido y rejuvenece desgastándose, porque es sacramento de amor, «signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Lumen gentium, 1).

Hermanos, hermanas, volvamos al Concilio, que ha redescubierto el río vivo de la Tradición sin estancarse en las tradiciones; que ha reencontrado la fuente del amor no para quedarse en el monte, sino para que la Iglesia baje al valle y sea canal de misericordia para todos. Volvamos al Concilio para salir de nosotros mismos y superar la tentación de la autorreferencialidad.

Y pastoreando, superad la nostalgia del pasado, el arrepentimiento de la relevancia, el apego al poder, porque vosotros, Pueblo santo de Dios, sois un pueblo pastoral: no existís para pastorearos a vosotros mismos, para escalar, sino para pastorear a los demás, a todos los demás, con amor.

Apacienta, repite el Señor a su Iglesia; y apacentando, supera las nostalgias del pasado, la añoranza de la relevancia, el apego al poder, porque tú, Pueblo santo de Dios, eres un pueblo pastoral, no existes para apacentarte a ti mismo, para escalar, sino para pastorear a los demás, a todos los demás, con amor.

Y, si es justo tener una atención particular, que sea para los predilectos de Dios, para los pobres y los descartados (cf. Lumen gentium, 8c; Gaudium et spes, 1); para ser, como dijo el Papa Juan, «la Iglesia de todos, en particular la Iglesia de los pobres» (Radiomensaje a los fieles de todo el mundo, un mes antes de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, 11 septiembre 1962).

¿Me amas? Apacienta —concluye el Señor— mis ovejas. No piensa sólo en algunas, sino en todas, porque las ama a todas, las llama a todas afectuosamente “mías”. El buen Pastor ve y quiere a su grey unida, bajo la guía de los pastores que le ha dado.

Quiere —tercera mirada— la mirada de conjunto. El Concilio nos recuerda que la Iglesia, a imagen de la Trinidad, es comunión (cf. Lumen gentium, 4.13).

El diablo, en cambio, quiere sembrar la cizaña de la división. No cedamos a sus lisonjas, no cedamos a la tentación de la polarización. Cuántas veces, después del Concilio, los cristianos se empeñaron por elegir una parte en la Iglesia, sin darse cuenta que estaban desgarrando el corazón de su Madre. Cuántas veces se prefirió ser “hinchas del propio grupo” más que servidores de todos, progresistas y conservadores antes que hermanos y hermanas, “de derecha” o “de izquierda” más que de Jesús; erigirse como “custodios de la verdad” o “solistas de la novedad”, en vez de reconocerse hijos humildes y agradecidos de la santa Madre Iglesia.

El Señor no nos quiere así, nosotros somos sus ovejas, su rebaño, y sólo lo somos juntos, unidos. Superemos las polarizaciones y defendamos la comunión, convirtámonos cada vez más en “una sola cosa”, como Jesús suplicó antes de dar la vida por nosotros (cf. Jn 17,21).

Que nos ayude en eso María, Madre de la Iglesia. Que acreciente en nosotros el anhelo de unidad, el deseo de comprometernos por la plena comunión entre todos los creyentes en Cristo. Es hermoso que hoy, como durante el Concilio, estén con nosotros los representantes de otras comunidades cristianas. ¡Gracias por su presencia!

Te damos gracias, Señor, por el don del Concilio. Tú que nos amas, líbranos de la presunción de la autosuficiencia y del espíritu de la crítica mundana.

Tú, que nos apacientas con ternura, condúcenos fuera de los recintos de la autorreferencialidad. Tú, que nos quieres una grey unida, líbranos del engaño diabólico de las polarizaciones. Y nosotros, tu Iglesia, con Pedro y como Pedro te decimos: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amamos” .

domingo, 25 de septiembre de 2022

PROGRAMACION DA RELIXIOSIDADE DO HOME

Desde sempre na mente do home existiu o concepto dun ser plenamente perfecto en si mesmo.

Transcorrido o tempo, o desexo deste ser perfectísimo pasou á vontade humana, para que se fixese realidade, e cando se cumpriu isto, o home compraceuse niso, vendo as vantaxes que lle reportaba, e amouno entrañablemente; e comprendeu que Deus amábao, ata tal punto que converteu a lei do decálogo en paternidade amorosa, e a relixiosidade do home fíxose auténtica filiación de fillo. Desde entón as relacións Deus – home son outras: as leis impoñen obrigacións e causan afastamento, co consecuente medo a ser sancionados se delinquimos en algo.

Ante este comportamento de Deus, o home pasou do medo á xenerosidade; pasou do cumprimento de mínimos, ao que obriga a lei, a unha actitude de xenerosidade impulsado polo amor de pai con que Deus estaba a tratalo.

En efecto, o Señor cambiara o dereito lexislativo pola promesa de perdón e a abundancia de dons. Agora Deus xa non é sancionador de culpas, senón perdoador de pecados. Espera ao fillo que volve a casa na que atopa ao pai bo, acolledor como sempre e que fai festa, cando o fillo chega, posto que un pai, posto a amar, ama para sempre e xamais reprocha o mal recibido, senón que celebra festivamente o regreso do fillo díscolo, sen o cal o fogar estaba empobrecido, e o corazón do pai seguía chorando a ausencia do fillo perdido. Este comportamento é impensable no corazón humano, pero para Deus nada hai imposible, e a antiga casa paterna continúa sendo o fogar do fillo pródigo, e no peito do pai bo segue palpitando un corazón que estrea a súa paternidade amorosa que xamais se envelleceu.

Os cristiáns, se miramos ao pasado, non vemos infidelidades, senón perdóns do Señor, e se miramos ao futuro, os nosos ollos só contemplan promesas de eterna felicidade. Consecuentemente nos nosos corazóns non caben pesimismos nin desolacións, senón gratitude e esperanza de recompensa de gloria eterna, porque ao Señor custámoslle moito, e o seu sangue derramado é o prezo da nosa salvación. Deixemos, pois, de falar dun Deus sancionador, e presentemos a un Deus salvador, que nos redimiu do pecado e da morte eterna. Mirémolo como fonte de vida e como forno ardente de perdón e misericordia, e miremos o noso futuro como o Ceo de gloria no cal nos espera o Señor.

Indalecio Gómez

Cóengo da Catedral

viernes, 16 de septiembre de 2022

SÓLO DIOS ES GRANDE

Solo Dios es grande, pero el hombre no le reconoce su grandeza ni el derecho a ocupar un puesto en la sociedad. En el mundo no hay espacio para Dios. Por ello el Creador llama a la puerta del hombre, pidiendo hospedarse en su casa. Este es derecho al que el autor del universo tiene legitimidad plena, pero no basta tener derechos: para poder disfrutar de ellos, es necesario que se nos reconozcan legítimamente.

Y ahí el problema de la historia en estos días. Para Dios no hay cabida en la vida social, ni familiar. El hombre se declara autónomo pleno y hasta a Dios le cierra las puertas. Es una reivindicación infundada y perniciosa. Una sociedad sin divinidad es una entidad sin base ni fundamento. Un edificio sin cimientos no tiene consistencia ni pervivencia, ni utilidad al hombre, en función del cual se ha construido. Urge reconstruirlo de nuevo y edificarlo sobre base sólida, reconociendo los planes del creador y las necesidades del hombre, en función del cual ha sido pensada la vida social de los humanos.

El hombre es un sujeto de derechos, pero sus derechos son vicarios, y su vicariedad es inseparable de la estructuración de la convivencia humana. Marginarles de esta realidad congénita, es antihumano e irracional, que merece la calificación de suicidio social. El cometido del hombre no es el suicidio individual y menos el suicidio social. Es duro tener que reconocerlo, pero ésta es la fatal situación de nuestra sociedad. Estamos fomentando la cultura de la muerte, a todos los niveles: la cultura de la muerte conyugal, con el divorcio injustificado; la cultura de la muerte familiar con la desestructuración del hogar natural; la cultura de la muerte internacional, convirtiendo las fronteras regionales en escenarios de luchas fratricidas… El hombre pasó de ser un miembro de convivencia social, a ser un depredador para todo el que vive a su lado. Si el mundo es una jauría de lobos para el hombre, lo normal es que este mundo no nos guste, pero la postura correcta de un cristiano no es condenar al mundo, sino corregir el comportamiento de los hombres.

El día en que tú y yo seamos buenos, ya no todo el mundo será malo. Pero al tratamiento corrector debe preceder un diagnóstico acertado. Debemos de conocernos a nosotros mismos examinándonos por dentro y por fuera, y antes por dentro que por fuera, porque nuestro amor propio condiciona nuestros juicios. Para evitar este riesgo, es necesario salir de la superficialidad y someterse a un examen nutricional, no vaya a suceder que nuestro organismo tenga algún miembro vital afectado por alguna lesión que esté poniendo en peligro nuestra vida cristiana.

Para mí el vivir es Cristo, decía San Pablo. Si Cristo no está en mi vida, mi vida está muerta, y mi hacer cristiano también. Dios es el creador del Cielo y de la tierra. El mundo, como todo lo que Dios ha hecho, es radicalmente bueno. Dios  se ha hecho hombre para que el hombre pueda ser Dios. Dios es el “benevolente”; el “benedicente” y el “benefaciente”. Dios es el Salvador del mundo y nosotros somos sus colaboradores, y tenemos que capacitarnos para poder cumplir nuestro cometido.

No olvidemos que un mundo sin Dios es un mundo empobrecido. Y el hombre de hoy padece este empobrecimiento porque rechaza a Dios. Y Dios, morador del cielo, quiere morar también en el mundo, y llama a la puerta del hombre, pidiendo asilo, pero el hombre se hace el sordo, y no le abre. Es más, el mismo Dios nos pide a los cristianos que seamos apóstoles de nuestros hermanos. Pero como nadie puede dar aquello de lo que él carece, nos urge llenarnos nosotros de Dios, para que contagiemos de fe a todos los que pasan a nuestro lado, recorriendo los caminos de la tierra. Vayamos a las fuentes de la gracia: dialoguemos con el Señor en un clima de oración humilde; frecuentemos la vida sacramental, y así avituallados con perfume de divinidad, contribuyamos a que esta sociedad en la que no hay espacio para Dios, se impregne de fe y de buenas costumbres, ya que ésta es nuestra misión en la Iglesia.

Indalecio Gómez Varela

Canónigo de la Catedral de Lugo

 

domingo, 11 de septiembre de 2022

O DOCE NOME DE MARÍA

Cando lles nace un bebé a uns pais crentes, apresúranse a bautizalo para facelo cristián e, á vez, asígnanlle un nome co cal o inscriben no rexistro civil e no libro parroquial, nos cales se manterá para sempre.

Con todo, na denominación do neófito non sempre se comportan correctamente á hora de elixir o nome que levará o neno, pois para eles conta máis o gusto da familia, que o significado do nome que se lle impón á criatura, porque así o queren os seus proxenitores, ou porque ese nome tamén o levan outros membros da familia, aínda que o seu significado non faga referencia algunha ao neno. 

A este respecto pode servirnos de exemplo o caso de que a alguén se lle impoña o nome de “Felipe”, que significa “amigo dos cabalos”, porque así lles parece ben aos seus pais ou padriños, sen pensar se o denominado “Felipe” xamais poida ter referencia algunha á equitación.

Non ocorreu así cando o Pai Celestial regalounos á súa nai como nai nosa: denominouna co apelativo de “Raíña e Nai” porque estes dous termos expresan o que a Santísima Virxe é en si e cal é o seu labor connosco. Raíña indica o sumo poder e afecto que lle deu Deus para velar por nós, e nai expresa a singular tenrura con que nos acepta como fillos. Raíña é a persoa que exerce o poder rexio por dereito propio ou conxuntamente co seu consorte o príncipe soberano dun Estado.

Pois iso é a Santísima Virxe, a persoa que, por designio da divina providencia, inflúe eficazmente na historia da humanidade, porque así o quixo o Señor, cando no intre cume da redención, diríxese ao Apóstolo Xoán, que representaba a toda a Igrexa, con estas palabras: “Fillo, aí tes á túa nai. Nai aí tes ao teu fillo” e, como a palabra de Cristo é palabra operativa, naquel momento, María quedou convertida na omnipotencia suplicante, e o seu corazón quedou feito corazón maternal para todos nós.

Por vontade de Xesús, en María os cristiáns temos o remedio de todos os males e a fonte de todos os bens. A palabra do Señor que enriqueceu o corazón de María co don da realeza e da maternidade universal, é aceptada incondicionalmente pola nosa Señora, e debe selo tamén polo corazón dos homes, porque paternidade e filiación condiciónanse mutuamente e, dalgunha maneira, tamén a nosa vontade condiciona o plan de Deus.

A vontade de Deus é sempre salvifica, e a súa vontade ninguén pode torcela, pero a realización do seu plan salvifico pode verse frustrada pola vontade do home que sempre ten a última palabra. De aí a nosa gratitude a Deus connosco, pero tamén a nosa responsabilidade ante a súa vontade salvífica, que, a pesar dos seus mellores dons para nós, respéctanos tanto, que a última decisión déixanola a cada un de nós.

Pidamos pois a María, a omnipotencia suplicante, que interceda pola nosa humanidade pecadora, para que converta a nosa resistencia á graza nun sincero si ao plan de Deus, a fin de que o plan salvífico do Señor sexa un patrimonio universal da humanidade.

Indalecio Gómez Varela

Cóengo da Catedral de Lugo

 

miércoles, 7 de septiembre de 2022

CRISTIANISMO DIALOGANTE

A relixiosidade implica diálogo entre Deus e o home. O diálogo é intercambio de ideas e de sentimentos entre Deus e o home. No diálogo relixioso a iniciativa sempre é de Deus, que se revela ao home como verdade e como benfeitor. Deus é o creador; amigo e Salvador que na súa actitude amorosa, reclama unha correspondencia de fidelidade afectiva. O diálogo relixioso enriquécese co coñecemento mutuo entre Deus e o crente. O coñecemento relixioso non é tanto froito do estudo teolóxico, senón máis ben consecuencia de trato amoroso entre Deus e o crente. Deus achégase ao home, e maniféstase como próximo, amigo e Salvador, provocando no cristián confianza e seguridade. A imaxe que Deus presenta está saturada de cordialidade, de proximidade e de xenerosidade prometedora, o cal provoca admiración e afecto no corazón do home, e é así como xorde a dimensión dialogal do cristián co Señor. O amor pide correspondencia e proximidade de intimidade oracional. Un día preguntáronlle ao intelectual francés Tagore, se coñecía a Xesucristo, e el contestou: “coñézoo pero non o trato”.

O coñecemento relixioso non é un coñecemento teolóxico (que tamén), senón máis ben un coñecemento cordial. A riqueza do corazón é o amor, e condiciona as relacións e o comportamento dos amigos. As relacións dos amigos non son meramente informativas, senón intercambio de sentimentos. Transvasamento de mutuas inquietudes e ilusións. E todo isto converte en diálogo o trato entre ambas as partes. A amizade auténtica converte ao amigo “nun ti” do outro.

Pois a este nivel de intimidade debemos elevar as nosas relacións os cristiáns: pasar dunha amizade mercantilista, a unha actitude afectiva de amizade sincera, que nos atraia cara ao outro, como ningún imán pode atraer a forza do seu magnetismo. Cando isto suceda o noso cristianismo empezará a ser evanxélico de verdade. Desde este momento o perfil de Deus é de verdade perfil paterno, e a Xesucristo contemplarémolo como Salvador e a providencia é para nós garantía de plena confianza de fronte ao futuro. A nosa relixión é unha relación de proximidade coa divindade. A intimidade é o que separa o Ceo da terra. E a piedade é o clima que respira todo fiel crente. O seu diálogo co Deus santo é como a súa respiración permanente, como Deus necesita do home para ter a quen amar.

A piedade é a vida cristiá como o aire é a vida do home.

Indalecio Gómez Varela

Coengo da Catedral de Lugo

jueves, 1 de septiembre de 2022

O CRISTIÁN, UN PLAXIO DE CRISTO

O plaxio de Cristo non implica identidade de natureza, senón similitude de comportamento. A identidade da nosa natureza, coa de Xesús sería unha herexía, posto que natureza divina soamente existe unha que comparten por igual Pai, Fillo e Espírito Santo. Xesucristo vive un proceso de obediencia ao Pai. A súa relación co Pai é o nuclear do seu ser de Fillo. O ser de Fillo é o fundamento de toda espiritualidade.

A filiación de Xesús é como un proceso con catro momentos fundamentais: a súa Encarnación (Lc 1,35), o seu Bautismo (Mc 1,11-12), a súa Predicación do Reino (Lc 4,14-18) e a súa Resurrección (Rm 1,4). Neste proceso da súa actuación filial de Xesús está presente o Espírito, en dúas etapas: o descenso da súa vida faise por obra e graza do Espírito Santo; e a súa situación redentora realízase en virtude do divino espírito. O Espírito fainos obedientes ao Pai, como Xesús, e o Espírito fainos fillos co Fillo. Nunha palabra, Cristo é modelo de toda espiritualidade cristiá.

Segundo Von Balthazar, houbo tres tipos de espiritualidades a través dos séculos:

Espiritualidade do heros = tendencia do home cara a un concepto optimista de si mesmo.

Esforzo do home por alcanzar a perfección suprema do seu ser.

A pasividade suprema para deixarse facer polo influxo do Espírito Santo, en orde a ser unha imaxe perfecta dun fillo de Deus.

E segue dicindo que estes tres tipos de espiritualidades condénsanse en conseguir que nós sexamos unha cara visible de Deus, como o é Xesucristo. A imitación desta espiritualidade de Xesús é o que fai que o home chegue a ser como unha nova encarnación do Fillo de Deus.

Cada época acentuou un tipo de espiritualidade, segundo os condicionamentos sociolóxicos e filosóficos do momento. Con todo, Xesús non se deixou influenciar por estes condicionantes históricos do momento, e entregouse incondicionalmente en obediencia ao Pai. Neste sentido, Xesús é o canon da espiritualidade cristiá, que implica a libre disposición do home á vontade de Deus, como fillo, e a plena obediencia ao Creador, como criatura. Esta é a identificación do cristián con Cristo: a súa fidelidade incondicinal ao Pai. Cal é a norma de comunicabilidade da nosa similitude con Cristo? A libre disposición de nós mesmos. Xesús é a plena dispoñibilidade para o Pai e a total dependencia do Pai. Somos homes, en canto somos criaturas e, á vez en canto somos chamados a ser imaxes de Deus, a identificarnos con Xesús. Estamos chamados a ser irmáns de Cristo e fillos de Deus. Non debemos ir sen rumbo pola vida. O punto de partida condiciona o punto de chegada. A natureza do ser condiciona o seu comportamento. As raíces da árbore condicionan o froito das súas ponlas. Pero nos seres racionais, o comportamento só impón a súa racionalidade e condiciónao a súa vontade. No humano a orixe do home é Deus creador, e o seu comportamento, obediencia ao seu señor, e como cristián a súa dignidade é a filiación divina e a súa vocación, a santidade. En consecuencia, o seu labor é discernir, elixir, decidir e vivir. Por ser homes somos libres e, á vez, dependentes, pero en nós dependencia e dispoñibilidade non sempre se identifican, de aí a necesidade do Espírito para que nos indique o camiño e fortaleza no noso bo camiñar.

Indalecio Gómez Varela

Cóengo da Catedral de Lugo

lunes, 18 de julio de 2022

O ESPÍRITU, CORAZÓN DE DEUS

Hai verdades cuxo contido non podemos coñecer sen que se nos revele, e aínda revelado non podemos comprender nin explicar. Un destes problemas é a obra do Espírito Santo nas nosas almas. A única maneira de percibir o dinamismo do Espírito en nós, é estudándoo a través dos seus dons e dos seus froitos.

Para facernos comprender en que consiste o don do Espírito, a Escritura Santa, máis que explicarnos conceptos, convídanos a mirar o comportamento de Xesús co seu Pai e connosco.

A revelación, máis que falarnos de ideas, danos exemplaridades, para que as imitemos; e esperta en nós o interese por saborear a sublimidade das cousas sobrenaturais, mirándoas cos ollos do corazón. Así o fixo o Señor. Terminada a obra da creación, mirou todo o que fixera, e exclamou: “Todo é bo, e o home é moi bo”. Esta contemplación do ben que Deus fixera, debe suscitar en nós sentimentos de admiración e gratitude, e estimularnos a protexelos e, na medida que de nós depende, facer que todo o que Deus fixo, creza cuantitativa e cualitativamente. Este foi o encargo que nos fixo o Creador: “Crecede e multiplicádevos…” E para que podamos levalo a bo termo, fíxonos o prezado agasallo da ciencia. Isto non nos prohibe coidar o temor de Deus, que nunca debemos identificar co medo ao mesmo Deus. O medo implica sospeita de presenza de perigo no outro; cousa que xamais é posible pensar de Deus, infinitamente bo e benfeitor.

O que si cabe é o “temor” pola nosa banda, froito do recoñecemento de non saber corresponder aos dons do Señor.

O medo afasta do perigo, en previsión de evitalo. O temor estimula o interese da propia superación para corresponder ao ben recibido. Os dons estimulan a superación para evitar o temor, e axúdannos a tomar conciencia de que estamos en débeda co Señor, e de que saldar débedas é un deber de conciencia, que non debemos esquecer.

Para estimular o cumprimento das nosas obrigacións, Deus rodéanos dun cúmulo de beneficios, chamados dons do Espírito Santo, que crean en nós unha actitude proclive a corresponder a tantos favores recibidos, recoñecéndoos e correspondéndoos cun comportamento grato ao Señor. Este comportamento propio dun bo cristián é o froito do Espírito Santo, regalado do alto, pero está condicionado polas nosas limitacións humanas, como o están as espigas do trigal, pola calidade da terra en que foron sementados os grans e polo clima que acompañou ao gran desde a súa sementa até a súa sazón. Estes condicionantes non os pode esquecer o agricultor, responsable do froito do mañá. Se del dependese o clima, todo o inverno sería primavera, o froito estaría asegurado, e o pan garantido, pero o clima non depende da man do sementador. Da súa man si que depende o fertilizado do campo, o cultivo da terra, a eliminación das alimañas e de todo o que poida entorpecer o normal crecemento da semente.

O sol é indispensable para que o campo produza froito, pero a responsabilidade do hortelán condiciona a abundancia da colleita.

Non botemos balóns fóra: tiremos a porta.

Indalecio Gómez

Cóengo da Catedral

 

domingo, 26 de junio de 2022

Domingo da Semana XIII do Tempo Ordinario

26 de junio de 2022. Festividad de san Pelayo

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos, hermanos y amigos. Os deseamos paz y alegría de parte del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Estamos en el domingo 13ª del Tiempo Ordinario. La liturgia de la Palabra de hoy nos habla de la Libertad, tema que siempre encuentra muchos simpatizantes pero pocos practicantes auténticos. Toda auténtica vocación exige libertad interior. La verdadera libertad consiste en no estar atado a nada ni a nadie, en poder moverse, en poder ponerse en camino, en poder siempre partir, en abrirse a la gozosa aventura de Dios.

Seguros de la presencia del Resucitado aquí y ahora en medio de nosotros, y guiados por el Espíritu de amor, pongámonos de pie e celebremos con fe esta eucaristía.
 

TEXTO DEL EVANGELIO (LUCAS 9, 51-62)

Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Jesús se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.

Mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». A otro dijo: «Sígueme». Él respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre». Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios». También otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa». Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios».
 

REFLEXIÓN: "YO QUISIERA QUE...", POR JAVIER LEOZ

1.- Yo quisiera que: La Palabra de Dios (y no la mía por supuesto) moviera de tal manera el interior de los oyentes que les hiciera saltar de un antes tortuoso, a un después lleno de felicidad La eucaristía (aquella que se necesita y a la que no se asiste con el piloto automático o por simple obligación) fuera la presencia real y misteriosa de un Jesús que alimenta los deseos de vivir según él. Las catequesis se convirtieran en encuentros personales y comunitarios con la vida del resucitado. Trampolines de un descubrimiento impresionante de Aquel que dio el todo por los hombres Nunca la sangre caliente se impusiera al sentido común. “Se atrae más con miel que con hiel”. Se predica al estilo de Jesús cuando se propone… uno se aleja de su modo de entender las cosas cuando se impone. Los sacerdotes fuésemos juglares y heraldos de un evangelio que ni se compra ni se vende sino que, a favor y en contra, se presenta tan y cual es. Que pregonásemos con convencimiento, y sin rubor alguno, un mensaje que desata reacciones de pasión y de odio, interés e indiferencia, vida y sufrimiento. Que huyésemos de aquellas seguridades que, a veces, nos convierten en simples funcionarios o dispensadores de servicios. La religiosidad popular (esa que expresamos exteriormente empujada por una fuerza interna) no se quedase reducida a los parámetros de la cultura o de las características de un pueblo. El mundo (mi parroquia y mi pueblo, mi familia y mis amigos, mis compañeros y mis amistades, etc.,) acogieran a Jesús con la misma alegría y el mismo encanto que aquellos primeros apóstoles que dejaron todo por seguirle.

2. Yo quisiera que: Los medios de comunicación social se hicieran eco del mensaje del evangelio como la mayor novedad para sus audiencias Yo quisiera, como decía santa Teresita del Niño Jesús, que este mundo fuera un pedazo de cielo. A veces, también yo pienso en recurrir a esas “llamaradas” que pedían los entusiastas y cabreados amigos de Jesús ante la dureza y cerrazón de los samaritanos… y de nuestro propio mundo. ¿Cómo puede vivir este mundo tan de espaldas a lo que le podría hacer feliz? ¿Cómo pueden vivir en permanentemente ceguera los que intentan dirigir? ¿Cómo con tanto esfuerzo y trabajo no vemos aparentemente fruto? Esta es nuestra misión; descubrir y hacer descubrir que JESÚS sigue siendo vital para un nuevo orden y una nueva situación de la humanidad. ¿Qué lo tenemos difícil? ¡Cuando ha sido fácil presentar sin fisuras e íntegramente su proyecto!

3.- Este es nuestro empeño; hacer llegar a nuestras asambleas que, aquello que oyen y comen, rezan y practican, tiene una causa y un efecto, un poder y una realidad, un fin y un futuro: CRISTO El Señor, aunque nos parezca todo lo contrario, nos sigue llamando. ¿Cómo le respondemos? Que este verano, recién estrenado lejos de empujarnos a ser pirómanos de situaciones complicadas nos haga recuperar el sentido del evangelio como el mejor tonificante y refresco para tantas personas y almas quemadas.
 

ORACIÓN DE LOS FIELES

Con la confianza de ser escuchados, presentemos nuestras peticiones a Dios Padre, que nos enseña el sendero de la vida y nos sacia de gozo en su presencia.

1. Por la Iglesia: para que anuncie a todos los hombres la alegría del evangelio. Roguemos al Señor.

2. Por los gobernantes y legisladores de las naciones: para que trabajen por eliminar en todo el mundo la esclavitud. Roguemos al Señor.

3. Por los que titubean en seguir a Cristo: para que sean ayudados en sus dudas por la fuerza del Espíritu Santo. Roguemos al Señor.

4. Por los colaboradores y bienhechores de nuestra parroquia, para que Dios les premie su generosidad y entrega, roguemos al Señor

5. Por todos nosotros; para que amando a nuestro prójimo andemos según el Espíritu y no bajo los deseos de la carne. Roguemos al Señor.

Oh Dios, que nos llamas a celebrar tus santos misterios, escucha nuestras oraciones y mantén nuestra libertad con la fuerza y la dulzura de tu amor, para que no venga a menos nuestra fidelidad a Cristo en el servicio generoso a los demás. Por Jesucristo nuestro Señor.
 

ORACIÓN

YO TAMBIÉN QUIERO SUBIR, CONTIGO
A esa Jerusalén, lugar de entrega y de esfuerzo aunque,
en la calzada, no todo sea compresión y abrazos
Quiero ser cristiano, y contigo Señor,
saber y sentir que –avanzar junto a Tino siempre es fácil, no todo es aplauso
Yo también deseo ascender a las altas cumbres, y,
desde las alturas, llamar a la fe y a la esperanza
a mis hermanos compartir aquello que llevo dentro y,
lejos de detenerme en el sendero,
empujar a los que quieran vivir con aires distintos
Yo también aspiro a ir contigo,
Señor A la Jerusalén que en el cielo aguarda
A la Jerusalén que en el cielo se levanta
Con la fuerza de la Eucaristía Con el cayado de tu Palabra,
Señor Con la infusión de los sacramentos
Con la voz de tu Iglesia, Señor, quiero ir yendo,
a una contigo, y disfrutar de tu Reino prometido.
Ayúdame, Señor, a estar siempre en decidida marcha
a pesar de las piedras que salen o se arrojan a mi paso. Amén.
 

DESPEDIDA HASTA EL CURSO QUE VIENE

Querido amigos, hacemos un paron durante el verano en esta publicación semanal. Queremos agradecer vuestro interés y vuestra implicación con la liturgia. Estamos llamados a celebrar la vida en comunidad, eso hacemos y para eso ofrecemos este espacio orientativo que  facilite esa participación. Deseamos un tiempo de descanso, no en la vivencia de la eucaristía, sino en nuestra vida y actividades en general. Nos vemos en octubre.

Siempre a vuestra disposición para lo que podais necesitar, aquí estamos el equipo de la delegación de Liturgia de Mondoñedo Ferrol.

Un abrazo para todos y cada uno.

FELIZ VERANO.

 

domingo, 19 de junio de 2022

SOLEMNIDADE DE CORPUS CHRISTI

Domingo de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

19 de junio de 2022. Solemnidad del Corpus Christi-Día de la Caridad

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO

El Corpus Christi, conocido igualmente como Cuerpo de Cristo, Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, se conmemora como una eucaristía para adorar la presencia de Jesús. Es una festividad móvil de la religión católica, contemplada en el calendario litúrgico. Se celebra el jueves siguiente a la solemnidad de la Santísima Trinidad, la cual se lleva a cabo el domingo siguiente a Pentecostés (sesenta días después del Domingo de Resurrección). En 2022, el día del Corpus Christi se celebra el 19 de junio.

El Corpus Christi tuvo sus orígenes en la última cena de Jesucristo junto a sus doce discípulos, durante la noche del Jueves Santo. Jesucristo convirtió el pan en la representación de su cuerpo y el vino, que representaba su sangre, invitando a sus discípulos a que comieran y bebieran de él. Este acto precede el santo sacrificio de Jesús en la cruz, venerando su santidad como representante de Dios en la tierra.

De acuerdo a registros e investigaciones de historiadores, en la Edad Media (año 1208) la religiosa Juliana de Cornillon propuso celebrar esta festividad en honor al cuerpo y sangre de Cristo presentes en la eucaristía. Dicha propuesta se materializó en el año 1246, en la diócesis de Lieja, ubicada en Bélgica.

Ya en el año 1263 sucedió un hecho milagroso en la localidad de Bolsena (Italia), cuando, en la celebración de una misa, un sacerdote rompió la hostia consagrada, brotando sangre de ella. Esto consolidó esta festividad litúrgica del Corpus Christi.

En el Concilio de Vienne (año 1311) Clemente V reguló el cortejo procesional en el interior de los templos. En el año 1316 Juan XXII introdujo la Octava que incluyó la exposición del Santísimo Sacramento y el papa Nicolás V encabezó la procesión en la festividad del Corpus Christi del año 1447, con la Hostia Santa por las calles de Roma.
 

MONICIÓN DE ENTRADA

Celebramos la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, nuestro Señor. Alabémoslo con fe, pues permanece con nosotros hasta el fin de los tiempos, en el misterio de la Palabra que nos da, en el misterio del pan que comparte con nosotros en el misterio de nuestra comunidad que congrega.
Esta eucaristía nos acerque a la fiesta eterna de su amor. Este domingo del Corpus es también el domingo de Caritas. Nuestra oración y nuestra ayuda económica será para esta organización eclesial que desde Cristo donación y eucaristía lucha contra la pobreza.
 

TEXTO DEL EVANGELIO (LUCAS 9, 11B-17)

En aquel tiempo, Jesús les hablaba acerca del Reino de Dios, y curaba a los que tenían necesidad de ser curados. Pero el día había comenzado a declinar, y acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado». Él les dijo: «Dadles vosotros de comer». Pero ellos respondieron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente».

Pues había como cinco mil hombres. Él dijo a sus discípulos: «Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta». Hicieron acomodarse a todos. Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos.
 

REFLEXIÓN: "PANCARTA DE AMOR DIVINO Y HUMANO", POR JAVIER LEOZ

1.- En este día del Corpus Christi, estamos llamados a entrar en un lugar donde, el pan y el vino, dejan de serlo para convertirse en permanente presencia de Cristo en la Eucaristía Insertarnos en Cristo comporta siempre salir enriquecidos, no de bienes materiales, y sí llenos de su Espíritu en el corazón y en el alma. Treinta minutos, escasos, no son suficientes, ni dan cuenta del valor inmenso que encierra la Eucaristía. Pero, toda una vida cristiana, sería difícil de llevarla adelante sin el aprovisionamiento del pan único y partido.

2.- La festividad del Corpus Christi se hace demasiado grande para encorsetarla en los cuatro muros de un templo. -Es tan grande su misterio y, tan imposible de contenerlo en el corazón de las personas, que se desparrama por los aledaños y plazas, cuando sale de la mejor catedral o de la iglesia menos importante y más escondida. -Es tan firme nuestra devoción hacia la Eucaristía, que lo manifestamos públicamente, sin temor ni vergüenza, ante un mundo que ensucia y empapela las paredes no precisamente con mensajes de verdad que interpelen y empujen al amor verdadero. -Es tan convencido, nuestro aprecio por la presencia del Señor en la Eucaristía, que necesitamos seguirle cuando, EL por delante, salta al asfalto o al empedrado en medio del entresijo de ciudades y pueblos, de hombres y mujeres gritándonos: ¡Dios está aquí! -Impresiona tanto la “reserva” del Amor de Dios en el Sagrario, que sale en Custodia para que el mundo entienda que sin El, el ser humano, será un fracasado y un fracaso, algo imposible de llevar adelante cuando, los amores no son correspondidos. Corpus Christi: La caridad es causa de felicidad personal y comunitaria. El dar supone enriquecerse a sí mismo. Con la caridad todos somos beneficiados. Corpus Christi: Es centralizar el Misterio de la Eucaristía en aquel acto de supremo servicio donde Jesús da pruebas del señorío del amor de Dios en su corazón. Corpus Christi: Es manifestar públicamente la convicción de todo cristiano católico que siente y vive en la Eucaristía el AMOR que Dios nos tiene. Que sabe que siempre hay un Misterio escondido detrás de las especies del pan y del vino. Corpus Christi: Es el Amor de Dios que toma cuerpo. Que se hace cuerpo; visible, alimento, vino y pan. Y, si el amor de DIOS se hace cuerpo, nuestras calles se abren de par en par para que, por unos momentos, se conviertan en mesa interminable donde los seguidores de Jesús celebren, proclamen, vivan y coman su pan multiplicado. Corpus Christi: Es el Amor de Dios a los hombres y - por efecto boomerangamor y servicio, generosidad y justicia, perdón y fraternidad de los hombres con los propios hombres.

3.- Si el amor de Dios se hace cuerpo, por nosotros, de igual manera somos urgidos por imperativo de Jesús Eucaristía a ser cuerpo visible de justicia y del compartir, de alegría y de tolerancia, de respeto y de fe, de reconciliación y de esperanza, de ilusión de coraje, de piedad y de compromiso continuado en pro de una sociedad que no tiene más esquemas sino el poder para tener. Ahora, en estos tiempos sobre todo, donde hay tanto contraste de culturas y hasta de religiones…es bueno manifestar públicamente lo que sentimos y lo que creemos: ¡Dios está aquí! No sé porque me da que el Corpus, hoy más que nunca, puede ser un desafío ante ese afán de replegar y de esconder todo lo que suene a religioso. Frente a ese intento, desenfrenado y hasta provocador, de silenciar y apartar a Dios de la vida pública. La custodia, con Cristo dentro, puede ser perfectamente la gran pancarta de un Dios que sigue hablando y manifestándose a través de nosotros. Pero, ¡eso sí!, primero lo creamos nosotros y luego…lo manifestemos con todas las consecuencias.
 

ORACIÓN DE LOS FIELES

Hermanos, Dios nos ha saciado con su palabra. Presentémosle ahora con confianza las oraciones que esta Palabra ha sembrado en nuestro corazón.

1. Por la santa Iglesia: para que, fortalecida con el pan de la vida, anuncie con palabras y obras el evangelio, roguemos al Señor.

2. Por los sacerdotes y diáconos, ministros del altar: para que se conforme con el misterio que celebran para alabanza de Dios y santificación de los hombres, roguemos al Señor.

3. Por los que necesitan nuestra ayuda y por Cáritas: para que la buena noticia de la salvación se realice en la caridad de la Iglesia, roguemos al Señor.

4. Por los moribundos: para que la comunión robustezca su esperanza, sea consuelo y fuerza en su agonía y prenda de salvación eterna, roguemos al Señor.

5. Por los que celebramos estos sagrados misterios: para que al sentarnos a la mesa del Señor no descuidemos la generosidad y la solidaridad, roguemos al Señor.

Dios Padre bueno, que nos has reunido en asamblea festiva para celebrar el sacramento pascual del Cuerpo y Sangre de tu hijo; escucha nuestras plegarias y danos tu Espíritu, para que al participar en el sumo bien de toda la Iglesia, nuestra vida sea una continua acción de gracias, expresión perfecta de la alabanza que te dirige toda la creación. Por Jesucristo nuestro Señor.
 

ORACIÓN

No guardes silencio, Señor,
y en este día del Corpus hazte presente con la misma
fuerza de aquel inolvidable del Jueves Santo. Pero,
deja que este momento –Señor- seamos nosotros
quienes nos arrodillemos ante este gran Sacramento.
Hoy, como entonces, sentimos tu presencia Señor Hoy,
como entonces, sentimos el amor que se hace entrega Hoy,
como entonces, sentimos la generosidad que se transforma en servicio.
¡Bendito, mil veces bendito, Señor!

Te quedaste para compartir nuestras penas y fatigas y,
cada día que pasa, necesitamos de la eucaristía para enfrentarnos a ellas
Te quedaste en el altar para que nuestra fe no se debilitara y,
cada hora que pasa, elevamos tu Hostia Santa, porque,
de lo contrario, tememos desfallecer en el camino.
¡Bendito! ¡Mil veces bendito, Señor!

Hablaste con Palabras de amor,
y hoy sales a nuestras calles reclamando nuestra pasión por los demás
Te arrodillaste para limpiar nuestros pies cansados y,
hoy somos nosotros quienes adoramos y
bendecimos tu Realeza en la Custodia
Repartiste el pan de la vida,
el aperitivo de la vida eterna y hoy, en este día del Corpus,
a tu paso las travesías se convierten en ríos
de felicidad celeste las plazas en manantiales
o surtidores de vida los balcones en alabanzas
o en lluvia de pétalos ante tu presencia real y misteriosa
¡Bendito! ¡Mil veces bendito seas!

Descubrirte, escucharte y comulgarte,
Señor, ha sido una gracia y,
acompañarte por los rincones por los
cuales discurre nuestra vida ha sido,
en este día del Corpus, un privilegio que sólo das a tus amigos.

 

domingo, 12 de junio de 2022

SANTÍSIMA TRINDADE

Domingo de la 11ª semana del Tiempo Ordinario12 de junio de 2022. 

Solemnidad de la Santísima Trinidad

"Pentecostés… con nuestras fatigas e incoherencias nos infunde aires nuevos y bríos nuevos, ganas e ilusión, compañía y fortaleza, honestidad y transparencia, vitalidad y ansias de conquistas para Dios"

UN SOLO DIOS EN TRES PERSONAS: EL PADRE, EL HIJO Y EL ESPÍRITU SANTO.

La Iglesia dedica el siguiente domingo después de Pentecostés a la celebración del día de la Santísima Trinidad. Un misterio es todo aquello que no podemos entender con la razón. Es algo que sólo podemos comprender cuando Dios nos lo revela. El misterio de la Santísima Trinidad -un sólo Dios en tres personas distintas-, es el misterio central de la fe y de la vida cristiana, pues es el misterio de Dios en sí mismo.

Aunque es un dogma difícil de entender, fue el primero que entendieron los apóstoles. Después de la Resurrección, comprendieron que Jesús era el salvador enviado por el Padre. Y, cuando experimentaron la acción del Espíritu Santo dentro de sus corazones en Pentecostés comprendieron que el único Dios era Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Los católicos creemos que la Trinidad es una. No creemos en tres dioses, sino en un sólo Dios en tres personas distintas. No es que Dios esté dividido en tres, pues cada una de las tres personas es enteramente Dios. Padre, Hijo y Espíritu Santo tienen la misma naturaleza, la misma divinidad, la misma eternidad, el mismo poder, la misma perfección; son un sólo Dios. Además, sabemos que cada una de las personas de la Santísima Trinidad está totalmente contenida en las otras dos, pues hay una comunión perfecta entre ellas.

Con todo, las personas de la Santísima Trinidad son distintas entre sí, dada la diversidad de su misión: Dios Hijo-por quien son todas las cosas- es enviado por Dios Padre, es nuestro salvador. Dios Espíritu Santo-en quien son todas las cosas- es el enviado por el Padre y por el Hijo, es nuestro santificador.

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos, hermanos y amigos. Recibid todos gracia y paz de parte del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Este domingo celebramos la soleminidad de la Santísima Trinidad, misterio central de nuestra fe, misterio de un solo Dios – único y verdadero – que se va revelando progresivamente como una comunidad de amor de tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Primero, Dios se revela a sí mismo en la creación. Después, Jesús nos revela a Dios como Padre todo amoroso, su Padre y nuestro Padre. Y Jesús nos revela también que la verdadera Sabiduría es el Espíritu de Dios, que nos llevará a experimentar a Dios como Padre.  Todos estamos llamados a esa experiencia de Dios, que más que proximidad es unidad.

En la alegría de sentirnos hijos amados del Padre, hermanos de Jesucristo y templos vivos del Espíritu Santo, pongámonos de pie y celebremos la fiesta de nuestra fe.

TEXTO DEL EVANGELIO (JUAN 16, 12-15)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: ‘Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros’».

REFLEXIÓN: "¡QUÉ ENCANTO TIENE LA TRINIDAD!", POR JAVIER LEOZ

1.- Fiesta en honor a DIOS. El homenaje a la UNIDAD de tres personas que, siendo diferentes, deja a la intemperie nuestra dispersión, la ruptura del mundo y de las cosas, del ser humano y de las estructuras sociales..... Con Jesús, en este día, remontamos hacia las alturas y –como el montañero que ha sabido intuir y valorar la importancia de las herramientas de escaladacontemplamos con el Resucitado los tres anillos fundidos en oro de la misma naturaleza y con los mismos quilates: PADRE, HIJO Y ESPIRITU SANTO. ¿Cómo puede Jesús dirigirse a DIOS si El es DIOS”? Buena pregunta para una sencilla respuesta: Jesús nos enseña a optar por El, pero como camino hacia el Padre. No pretende que nos quedemos exclusivamente en El. Nos empuja nadar aguas arriba, como aquel que quiere encontrar su nacimiento o el origen del todo.

2.- ¡GLORIA Y ALABANZA A LA TRINIDAD! Tres en Uno....y el Uno en Tres. No es juego de palabras y sí, por el contrario, corazón indiviso, misterio profundo de nuestra fe y de nuestra vida cristiana: -Nos enseña que DIOS es familia y que, nosotros, formamos parte de ella aunque no lleguemos a comprender ni entender todo el entresijo y la riqueza que encierra. -Dios es AMOR y, nosotros, participamos de esa fusión única y maravillosa que existe entre las tres personas. -Dios es COMUNIÓN y, nosotros, la contemplamos y la comemos, la vivimos y la palpamos, la añoramos y la necesitamos ante la fragmentación existente en nuestro entorno, en las galaxias de nuestros afectos, en nuestras luchas, proyectos y fatigas. -Dios es UNICO y, nosotros, le damos gloria y alabanza porque nuestra FE nos dice que en El está puesta nuestra esperanza, nuestro ser iglesia, nuestra vida cristiana que ha de ser siempre trinitaria.

3.- ¡GLORIA Y ALABANZA A LA TRINIDAD! -En la Trinidad reina el amor....y el amor siempre produce abundancia de frutos. En nosotros, cuando acampa el egoísmo, nuestra vida sólo produce esterilidad. -En la Trinidad nace y se REVELA el amor que se hace servicio. En nuestro entorno (medios de comunicación, en la pareja, en la sociedad...) se confunde amor con placer. Y con el poder (no con el servicio) se compra muchas veces el simple placer olvidando y descafeinando el amor. -En la Trinidad, Jesús, nos presenta el rostro, el número, la identidad, la grandeza, el apellido de su familia invitándonos a dar razón y testimonio de ella: ¡ID POR EL MUNDO! Como cristianos, que participamos de esa comunión de las tres personas, estamos llamados a dar a conocer la buena fama y la solera de esta gran familia que es la Santísima Trinidad. Quien se acerca hasta ella, siempre tiene ganas de volver de nuevo.

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Para que en torno al Papa todos los cristianos dispersos por el mundo logremos establecer esa unidad que Cristo quiere para su Iglesia, oremos. 

2. Para que Dios Padre ilumine con su Espíritu Santo a los que gobiernan nuestro país, y puedan luchar por el bienestar de los menos favorecidos de nuestros pueblos, oremos.

3. Para que el amor del Padre, manifestado en su hijo Jesús nos mueva a practicar la caridad con todos aquellos más necesitados de nuestra sociedad, oremos.

4. Para que el amor que une al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo nos permita también, a los que este día compartimos su banquete, ser uno para que el mundo crea en Dios, oremos.

ORACIÓN

¡QUIÉN TE DESCUBRIERA, MI DIOS!

Tan único y, a la vez tan distinto como Padre,

hijo y Espíritu Santo pero, sabiendo que el AMOR,

puede interpretar tan gran secreto.

Eres el Dios con nosotros y, todavía,

andamos empeñados en caminar solos en creer

y vivir incomunicados en amarnos, más a nosotros mismos,

que disfrutar dándonos a los demás.

 

¡QUIÉN TE DESCUBRIERA, MI DIOS!

Como alguien que no alcanzo a entender pero,

como alguien, que vive conmigo que se ofrece en un misterio de

Tres personas que habla con la fuerza y la autoridad

del Padre que ama con las manos y el cuerpo del Hijo

que quema con el fuego del Espíritu Santo.

 

¡QUIÉN TE DESCUBRIERA, MI DIOS!

Como Dios verdadero, único e indiviso, como Dios futuro,

pero presente en nuestras tribulaciones, como Dios familia,

y llamándonos a la comunión, como

Dios que busca la unión,

y no la dispersión.

 

¡GRACIAS, SEÑOR! No eres un Dios solitario.

No eres un Dios cerrado. No eres un Dios independiente.

 

¡GRACIAS, SEÑOR! Porque, en tu intimidad,

sabes desplegarte en tres personas tan distintas

pero en un mismo Dios verdadero.

 

¡GRACIAS, SEÑOR!

 

domingo, 5 de junio de 2022

Solemnidade de Pentecostes

5 de junio de 2022. Solemnidad de Pentecostés

"Pentecostés… con nuestras fatigas e incoherencias nos infunde aires nuevos y bríos nuevos, ganas e ilusión, compañía y fortaleza, honestidad y transparencia, vitalidad y ansias de conquistas para Dios"

EL ESPÍRITU SANTO OS LO ENSEÑARÁ TODO

Pentecostés es día en que se cumplió la promesa de Cristo a los apóstoles. La venida del Espíritu Santo tuvo lugar el quincuagésimo día después de la resurrección de Jesucristo. Fue cuando el Padre envió al Espíritu Santo para guiarlos en la misión evangelizadora.

«Si alguien tiene el Espíritu de Jesús, realiza los mismos gestos de Jesús». En el calendario cristiano con Pentecostés se termina el tiempo pascual de 50 días. Los cincuenta días pascuales y las fiestas de la Ascensión y Pentecostés, forman una unidad. No son fiestas aisladas de acontecimientos ocurridos en el tiempo, son parte de un solo y único misterio.

La FIESTA DE PENTECOSTÉS es el segundo domingo más importante del año litúrgico, después de la Pascua. Los cristianos tienen la oportunidad de vivir intensamente la relación existente entre la resurrección de Cristo, su ascensión y la venida del Espíritu Santo.
 

MONICIÓN DE ENTRADA

Sed bienvenidos, hermanos y amigos. Os deseamos paz y alegría de parte del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La Iglesia católica celebra este domingo la solemnidad de la Ascensión del Señor, el retorno de Jesús al Padre. Antes de ascender Jesús vuelve a prometer que enviará su Espíritu Santo. Después, bendice a sus discípulos y sube a la gloria del Padre iniciando su ministerio de intercesor. A partir de entonces los discípulos ya no verán a Jesús… pero los demás deben ver a Jesús en ellos y a través de ellos. A partir de la Ascensión, esa es nuestra misión: ser transparencia de Cristo, en cualquier circunstancia y en cualquier lugar. Seguros de la presencia del resucitado aquí y ahora en medio de nosotros, pongámonos de pie y celebremos con gozo nuestra acción de gracias.
 

TEXTO DEL EVANGELIO (JUAN 20, 19-23)

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
 

REFLEXIÓN: "PENTECOSTÑES: UNA IGLESIA EN MARCHA", POR JAVIER LEOZ

1.- Podemos pensar que aquellos hombres a los que el Resucitado enviaba por aquellos mundos de Dios... eran distintos a nosotros. Podemos pensar que todos, sin excepción, vestían el traje de la perfección Podemos pensar que, al ser tan tocados y elegidos por Dios, no había ventana abierta para la duda ni para la desesperanza, para el pecado o la deserción. Podemos pensar eso y llegar a equivocarnos con esa imagen idílica de lo que fueron y, tal vez, en algo no lo fueron tanto. Uno, cuando entra en la Palabra de Dios, concluye que aquellos sobre los que el Espíritu descendía en aquel primer Pentecostés, estaban tan traspasados de dudas como actualmente lo podemos estar nosotros. Tan llenos de miserias como de contradicciones está poblada nuestra misma vida. Tan condicionados por las debilidades como nosotros inmersos y atacados por el vacío espiritual que lo invade todo y lo penetra todo. 2000 años después de aquel tiempo inaugurado por el Espíritu Santo, el tiempo de la Iglesia, seguimos con las mismas luchas y con los mismos condicionantes para vivir como testigos del Resucitado.

2.- Unos quieren vivir esa experiencia al margen de la Iglesia. La ven como algo desfasado y cerrada en sí misma. Como que, hace tiempo, que dejó de escuchar la voz del Espíritu que le llama a la renovación personal y comunitaria. Otros, aun siendo conscientes de sus limitaciones y traiciones al espíritu del Evangelio, la queremos porque sabemos que si la Iglesia fuese perfecta y santa al cien por cien… no tendríamos cabida en ella y, porque la sentimos tan nuestra, trabajamos, ponemos la crucecita en nuestra declaración de la renta, formamos parte diferentes grupos, movimiento o nos desvivimos hasta la muerte por lo que es grande en ella: JESUCRISTO.

3.- Hoy, en Pentecostés, damos gracias a Dios por esta gran casa en la que todos tenemos un sitio y algo que ofrecer y realizar: LA IGLESIA.

- Una iglesia que se hace fuerte e irrompible cuando siente y se agarra a la comunión de hermanos en la misma fe y unidos por la misma esperanza

- Una iglesia que se lanza al futuro sin miedo alguno sabiendo que lleva entre manos la mayor riqueza que el mundo puede esperar: EL EVANGELIO.

- Una iglesia que habla sin tapujos, sin vergüenza y que, precisamente por ello, su mensaje provocará chispas cuando puede más la sin razón que el sentido común, la banalidad de las cosas que la dignidad humana, el personalismo más que lo comunitario, el cosmos mas que el propio hombre.

- Una iglesia a la que no le importa mirar de reojo, pero con afán de superación, a los orígenes de su nacimiento. En aquel alumbramiento la comunión de bienes y el perdón, la fraternidad y la alegría, la valentía y la audacia para presentar a Jesucristo….rompieron esquemas y tradiciones, corazones y modos de vida.

- Unos hombres y mujeres que llamaban la atención y que fueron formando esa gran familia que ha llegado hasta nuestros días. ¿Por qué hoy nuestra iglesia brilla más por el esplendor de su riqueza artística que por el estilo de vida que muchos cristianos no llevamos dentro de ella?

4.- Pentecostés… a los cincuenta días, es un soplo que nos viene bien para lanzarnos como iglesia a la conquista de ese mundo tan duro para entender y comprender, vivir y amar las cosas de Dios. Pentecostés…con todo lo que la Iglesia ha sido y es, supone un abrir de par en par la creatividad de todo creyente para que el mensaje de salvación de Jesucristo no quede clavado en las cuatro paredes de una sacristía o adornando la belleza de un templo. Pentecostés… con nuestras fatigas e incoherencias nos infunde aires nuevos y bríos nuevos, ganas e ilusión, compañía y fortaleza, honestidad y transparencia, vitalidad y ansias de conquistas para Dios.
 

ORACIÓN DE LOS FIELES

Hermanos, dejémonos conducir por el espíritu de Dios y pidamos con confianza por nuestras necesidades. A cada intención respondemos: "Escúchanos, Señor".

1. Por la Iglesia, comunidad de creyentes reunidos por el Espíritu Santo, para que fortalecida y conducida por el mismo Espíritu sea un signo para el mundo del Dios bueno y providente. Oremos.

2. Por nuestro obispo Fernado, para que en su ministerio pastoral resplandezca el amor de Dios que busca la unidad de todos los creyentes. Oremos.

3. Por nuestros gobernantes, para que, dejándose guiar por el Espíritu Santo, encuentren soluciones justas y equitativas a las dificultadas por las que atraviesa nuestra sociedad. Oremos.

4. Por quienes se unen a la cruz de Jesús, por medio del sufrimiento o el dolor, para que el Espíritu de Dios que mantuvo de pie junto a la cruz a María Santísima, colme sus corazones y haga descubrir el sentido de su dolor. Oremos.

5. Por nosotros, para que renovados por el Espíritu Santo nos abramos a la obra nueva que él quiera realizar en nosotros mismos y así podamos ser espejos vivientes de Cristo. Oremos._
 

ORACIÓN

VIVIR SEGÚN EL ESPÍRITU SANTO
Vivir según el Espíritu Santo, es difícil.
Vivir con el Espíritu Santo, no lo es tanto.
Es bueno pensar que,
él nos acompaña aunque no nos demos cuenta;
nos habla, aunque no lo escuchemos; nos conduce,
aunque acabemos eligiendo el camino contrario;
nos transforma, aunque pensemos que, todo, es obra nuestra.

VIVIR PENTECOSTES
es pedirle a Dios, que nos ayude a construir
la gran familia de la Iglesia es orar a Dios,
para sacar de cada uno lo mejor de nosotros mismos
es leer la Palabra y pensar: “esto lo dice Jesús para mí”
es comer la eucaristía, y sentir el milagro de la presencia real de Cristo es rezar,
y palpar –con escalofríos- el rostro de un Dios que nos ama.

¡PENTECOSTES ES EL DIOS INVISIBLE!
El Dios que camina hasta el día en que nos llame a su presencia.
El Dios que nos da nuevos bríos e ilusiones.
El Dios que nos levanta, cuando caemos.
El Dios que nos une, cuando estamos dispersos.
El Dios que nos atrae, cuando nos divorciamos de él.


¡PENTECOSTES ES EL DIOS DE LA BRISA!
El Dios que nos rodea con su silencio.
El Dios que nos indica con su consejo.
El Dios que nos alza con su fortaleza.
El Dios que nos hace grandes con su sabiduría.
El Dios que nos hace felices con su entendimiento.
El Dios que nos hace reflexivos con su santo temor.
El Dios que nos hace comprometidos, con el don de piedad.
El Dios que nos hace expertos, por el don de la ciencia.
Pentecostés, entre otras cosas, es valorar, vivir,
comprender y estar orgullosos de todo lo que nos prometió Jesús de Nazaret.
¿Cómo? Dejándonos guiar por su Espíritu.

 

domingo, 29 de mayo de 2022

Domingo da VII Semana de Pascua: A Ascensión

29 de mayo de 2022. Solemnidad de la Ascensión del Señor

FIESTA DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

La fiesta de la Ascensión es la oportunidad que se ofrece al creyente para alegrarse por su rey: se alegra Israel por su creador, los hijos de Sión por su Rey (salmo). La Iglesia celebra el triunfo de su rey, de su cabeza, de su amigo. Y se siente en fiesta. Pero además contempla este misterio como el gran empuje de su misión evangelizadora por el mundo, tan necesitado del evangelio porque es el único que puede dar respuesta a sus interrogantes. Y se siente renovada en su esperanza teologal que le invita a dirigir sus pasos hacia lo difícil y arduo, pero posible, porque Dios anda por en medio con su bondad, fidelidad y poder. Y, en el centro, Jesús glorificado que sigue en medio de nosotros hasta el fin del mundo.
 

MONICIÓN DE ENTRADA

Sed bienvenidos, hermanos y amigos. Os deseamos paz y alegría de parte del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La Iglesia católica celebra este domingo la solemnidad de la Ascensión del Señor, el retorno de Jesús al Padre. Antes de ascender Jesús vuelve a prometer que enviará su Espíritu Santo. Después, bendice a sus discípulos y sube a la gloria del Padre iniciando su ministerio de intercesor. A partir de entonces los discípulos ya no verán a Jesús… pero los demás deben ver a Jesús en ellos y a través de ellos. A partir de la Ascensión, esa es nuestra misión: ser transparencia de Cristo, en cualquier circunstancia y en cualquier lugar. Seguros de la presencia del resucitado aquí y ahora en medio de nosotros, pongámonos de pie y celebremos con gozo nuestra acción de gracias.
 

TEXTO DEL EVANGELIO (LUCAS 24, 46-53)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Así está escrito que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros seréis testigos de estas cosas. Mirad, voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto».

Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de postrarse ante Él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.
 

REFLEXIÓN: "LA ASCENSIÓN, MOTIVO DE ENORME ALEGRÍA", POR JAVIER LEOZ

1.- Hace mucho tiempo que, Dios, se presentó en la tierra con ropaje de peregrino: -Unos intuyeron su presencia y otros, lo esperaban tan endiosado, que escasamente se hicieron eco de sus palabras o se apercibieron de su huella. -Vino ese peregrino con la misión de hacernos comprender, vivir y creer que no estamos solos; que Dios camina, muy especialmente, de aquellos y con aquellos que saben hacer de su tiempo y de su vida una ofrenda a los que lloran o a los que claman voz ante tanta injusticia. -Caminó ese peregrino como quien sabía que iba a encontrar corazones abiertos y dispuestos a lanzarse por el surco que, previamente, había abierto para llegar desde el cielo hasta la tierra con el ideal cristiano -Unos, miraron tan adentro del misterio, que pronto encontraron los signos de Dios sin más pruebas que la adhesión por la fe. -Otros se quedaron al margen de todo y pidiendo milagros, pruebas y hasta el carné de identidad o la credibilidad de aquel que curaba, resucitaba, animaba, reconfortaba o predicaba.

2.- La Ascensión del Señor.- -Jesús se va por la misma senda por la que vino pero cargado con los dolores de la humanidad entera. Nació en el silencio de la noche en Belén y se marcha dejando los ojos empañados de aquellos que vivieron sus horas bajas y altas, pequeñas y grandes, de muerte y de gloria -Sube pero, se lleva consigo, el drama de este mundo nuestro que parece más obcecado en vivir en las cloacas de la infelicidad que en el ascenso a los valores que son fermento de superación y santidad -Asciende, el Señor, pero no nos deja solos. Nos quedan muchos rasgos de su personalidad y de su entrega. Deja palabras y gestos que, ni los tiempos más difíciles, lograrán eclipsar y mucho menos aún triturar -Se eleva, el Señor, ante el asombro de aquellos que nunca lo hubieran dejado marchar. Es la hora de la madurez. De iniciar el apostolado sin el cómodo paraguas del Nazareno que evitaba angustias, chaparrones a tiempo y destiempo, saciaba estómagos agradecidos o se enfrentaba con diligencia, inteligencia y contundencia al poder establecido.

3.- La Ascensión del Señor.- El peregrino vuelve tras sus pasos pero es consciente de la riqueza de la semilla que ha ido dejando a un lado y a otro. Es la hora de la militancia activa. De dejar que se haga cuerpo y realidad misteriosa esa iglesia sometida a tantos bandazos y falta de credibilidad; es el momento de sentirnos fuertes con el Espíritu; es la jornada obligatoria de pasos decididos para todo aquel que haya sentido el paso y el peso especifico de Jesús de Nazaret.

4.- La Ascensión del Señor.- Hoy, esta festividad, sigue teniendo el brillo y el esplendor de la Pascua de la Resurrección. El Señor no se va ni se desentiende: ¡confía y espera! -Confía en nuestro dinamismo y en nuestra inquietud misionera. Los brazos cruzados nunca han sido los mejores amigos en aquellos inicios evangelizadores de hace 2000 años ni en la misión que, ahora mismo, nos preocupa. Hay que saltar hacia el cielo para que la soledad no nos sacuda…y hay que sembrar en la tierra para que el mensaje de Jesús no sea una simple idea plasmada en un antiguo y noble recetario.

- Espera en nuestra esperanza. Todo se multiplicará por mil, si lejos de dejarnos atrapar por el virus del pesimismo o del desencanto, entendemos y comprendemos que la fe exige riesgos y vértigos, audacia y valentía, despego e intrepidez, ascensión al cielo para recoger fuerzas y descenso al lugar de los vivos para llevar el aliento del Dios vivo. Jesús, por qué no decirlo, espera y trabaja con aquellas personas que saben ir contracorriente; que no se casan con lo que el mundo vende y da por bueno; con aquellos hombres y mujeres que saben, en definitiva, que el Reino de Dios, no será precisamente comprendido ni entendido por los que quieren una vida a su antojo y a su medida.

5.-La Ascensión del Señor.

- Y me gusta soñar que, este Misterio de su Ascensión, es un adelanto de lo que existe detrás de aquella puerta que separa la tierra y el cielo cuando se lucha trabajando y creyendo. Viviendo y soñando para resucitar. Resucitando y abriendo los ojos para contemplar la Gloria que Dios nos ha prometido. La Ascensión del Señor, nos enseña que la plenitud es ni más ni menos vivir eternamente felices con Dios. - Hoy damos gracias a Dios por los que comunican el valor de su Palabra.

- Por los que hacen visible el cielo obrando el bien en la tierra.

- Por los artistas que, a través de sus obras, nos hacen gustar la belleza de Dios.

- Por los músicos que nos invitan a preparar aquel cántico que un día, todos estamos llamados a interpretar como alabanza a Dios en el cielo.

-Por los que, siendo testigos de Jesús, preparan la futura casa del cielo haciendo más habitable la tierra.

-Por la Iglesia que es ese faro que nos guía (aunque algunos la emprendan a pedradas contra ella) invitándonos a no perder de vista la fuerza que viene desde la otra orilla. Hoy, el día de la Ascensión, es un motivo de alegría: ¡ahí tenéis mi obra! ¡Yo os ayudaré desde el cielo!
 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por el papa Francisco, para que con la fuerza del Espíritu Santo, de la que ya es testigo, siga conduciendo con esperanza a la Iglesia hacia la segunda venida de Cristo. Oremos.

2. Por los que gobiernan las naciones, para que también puedan dirigir su mirada hacia el cielo, de donde viene toda autoridad, y gobiernen con justicia y equidad. Oremos.

3. Por los más necesitados de este mundo, especialmente los que viven alrededor nuestro y que muchas veces ignoramos, para que por Dios sean consolados y por nosotros auxiliados en sus necesidades. Oremos.

4. Por quienes este día celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor, para que Dios nos permita ser testigos también del Pentecostés que nos levante y nos haga anunciar con fuerza y valentía que Cristo vive. Oremos.
 

ORACIÓN

La Ascensión del Señor, es el triunfo que nos espera.
Es la seguridad que nos acompaña.
Es el cielo que nos dinamiza.

La Ascensión del Señor, es llamada a superarnos.
Tesón en nuestros ideales cristianos.
Fortaleza frente a las adversidades Ilusión ante el desencanto.

La Ascensión del Señor, es garantía de futuro.
Es ciudad de puertas abiertas.
Es un sitio que aguarda Es misión cumplida en la tierra.

La Ascensión del Señor, es búsqueda de lo de arriba.
Es compromiso activo aquí y ahora.
Es motivación para trabajar con las manos en la tierra.
pero poniendo el calor del corazón en el cielo.

La Ascensión del Señor,
es saber que el Señor ha pasado,
que el Señor ha triunfado
que el Señor reina y, además, eternamente.

La Ascensión del Señor
es intuir que él aguarda sentado,
siendo confidente y amigo, compañero
y hermano a la derecha de Dios Padre.

La Ascensión del Señor
no es final trágico de una vida,
no es final oscuro de una película,
es puerta que se abre para, en el cielo,
tener una mano oportuna y amiga.

La Ascensión del Señor
es la corona que Dios pone a Cristo después que,
los hombres, pusiéramos en él aquella otra de espinas.

La Ascensión del Señor
es saber que Jesús vive en el cielo pero se desvive,
en el cielo, por nosotros. Amén.