jueves, 9 de julio de 2020

MOMENTOS ÚNICOS

"Mientras me sirvo su café y me regala los oídos me convenzo de que está viva y dispuesta a seguir estándolo, siquiera para unos pocos"

"Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas"

(Mt 11, 25-30)

 Acaba de volver del hospital. Acumula ingresos y altas. Cada vez que sale tiene menos tiempo para regresar. Cada vez que sale vale más su tiempo porque dura menos. Y ahí estoy yo, testigo y compañero de sus días, unos mejores que otros y a la espera siempre de una visita inesperada o de un teléfono que suene acaso a buena hora. Cuando el tiempo vale de veras, cuando no se limita a pasar mientras la vida florece en otra parte, se mide no por semanas ni por meses. Se mide por días. Cada día es entonces diferente. Tiene sabor y aroma inconfundibles.

No soporta grandes dolores. Las suyas son dolencias que, más que doler, cansan. Contra el dolor hay alivio. Contra el cansancio, no. Uno puede llegar a cansarse de estar siempre cansado, a abandonarse en el puro agotamiento y desconectar del incansable mundo como un aparato eléctrico en desuso. Es el temido momento en que se vuelve aquello que nunca quisiera llegar a ser para los suyos: un estorbo, un trasto viejo.

No es así en su caso. Ella no ha llegado a eso todavía. Mientras me sirvo su café y me regala los oídos me convenzo de que está viva y dispuesta a seguir estándolo, siquiera para unos pocos. Pasa mucho tiempo sola y por eso, para ella, hay momentos que son únicos. Son como remansos en los que el río de sus largos años ofrece sus aguas al cansado y al sediento: "venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviare". Yo llego y me siento a su mesa. Escucho sus palabras y después su voz desde otro mundo porque el sueño me ha traído y dejado en algún sitio entre recuerdos olvidados.

El misterio de los sueños que revelan ha ocultado la humildad del sueño y su poder revelador. Los sueños revelan secretos a los grandes de este mundo: a los reyes, los profetas y cuantos se sienten elegidos. El sueño del cansado, del que no ha dormido bien o bastante, del que no puede ya con la tarde después de la comida, revela a todos, grandes o pequeños, un secreto a voces: que necesitamos descansar. Nuestras necesidades más elementales nos devuelven a la humilde realidad que somos mientras vivimos en este mundo. Y sabido es que precisamente a los humildes es a quienes ha querido Dios revelar los secretos de su Reino, ocultos a los sabios y entendidos.

Para no cansarse de estar cansado conviene descansar. Ella lo sabe mientras cuenta el secreto de su vida ya vivida. No ha sido fácil para ella pero ha alcanzado una edad que le autoriza a dar sabios consejos. Ni uno solo sale de sus labios, sin embargo. Ni una sola cima que escalar a puro esfuerzo. Escuchar a los mayores te hace sabio. Pero descansar a su lado, sin agobios, te deja ser lo que ya eres: alguien que no puede con la tarde después de la comida y necesita una voz suave que le arrulle. "Le deseo que sea tan feliz como lo he sido yo en la vida", me dice una vez. Nadie conoce la vida como ella y por eso me la entrega, así de clara. En forma de deseo, que es casi una plegaria. Para ella son los días que miden su tiempo más valioso. Para mí, la vida sin medida es lo que espero.

E. Militaru

O ESTADO ACONFESIONAL LAICO E A RELIXIÓN

Nos medios de comunicación atopámonos, ás veces, con algúns políticos que anuncian que non asistirán a unha celebración relixiosa porque España é un Estado aconfesional. Tamén hai “opinadores” profesionais que sosteñen a mesma postura. Pero estas actitudes non teñen fundamento nun Estado Democrático.

S. A. Tocarev no seu libro Historia de las religiones editado na URSS, que en España publicou a editorial comunista Akal (1979), escribe nunha nota do autor ó comezo da obra:

Educar ó home sobre a base das concepcións materialistas científicas é unha das máis importantes tarefas ideolóxicas que debemos realizar durante o período de edificación do comunismo. O programa do PCUS sinala a necesidade de ‘realizar sistematicamente unha ampla propaganda científica ateísta, explicar pacientemente a debilidade das crenzas relixiosas’. Resulta imposible levar a cabo a propaganda ateísta científica se non se coñecen a fondo e seriamente as relixións pasadas e actuais dos diferentes pobos”.

Nun partido de tenis por televisión hai un detalle que case nunca falla para coñecer a procedencia dos tenistas, e é que os que son naturais dos países excomunistas levan xeralmente colgada do pescozo unha cruz. Isto sería a constatación de que a educación estatal atea e (pseudo)científica foi un completo fracaso. Teñen en conta esta realidade obxectiva os que aquí pretenden facer o mesmo?

Se un concello español crea unha Oficina Municipal para apostatar da relixión católica está indo contra o que é un Estado laico ou aconfesional. Ademais converte unha institución do Estado (o Concello) en confesante en temática relixiosa, e en militante anticatólica, ou contra outro grupo relixioso se se dese o caso. Non respecta unha liberdade fundamental dos cidadáns.

Un Estado aconfesional ou laico debe respectar as crenzas relixiosas dos seus cidadáns. Non só respectalas senón tamén facilitar que as poidan practicar tanto persoal como institucionalmente, pois forman parte dos Dereitos Humanos proclamados pola ONU (10-XII-1948) como vemos no artigo 18Toda persoa ten dereito á liberdade de pensamento, de conciencia e de relixión. Este dereito inclúe a liberdade de cambiar de relixión ou de crenza, así como a liberdade de manifestar a súa relixión ou a súa crenza, individual e colectivamente, tanto en público como en privado, pola ensinanza, a prác­ tica, o culto e a observancia”.

Terá alguén dúbidas acerca de que un Estado aconfesional e laico debe promover o exercicio de tódolos Dereitos Humanos? Supoño que non, por tanto, un Estado democrático e laico ten a obriga de favorecer a práctica relixiosa dos crentes, ó igual que tutelar os dereitos dos agnósticos e ateos. Do contrario, estaría tomando postura contra as Convencións Internacionais de Dereitos Humanos e limitando as liberdades humanas máis fundamentais

Unha das definicións máis clara e breve da liberdade relixiosa atopeina en Bieito XVI na súa Mensaxe da Paz para o 1 de xaneiro de 2011: “A liberdade relixiosa significa tamén, neste sentido, unha conquista do progreso político e xurídico. É un ben esencial: toda persoa poderá exercer libremente o dereito a profesar e manifestar, individualmente ou comunitariamente, a propia relixión ou fe, tanto en público como en privado, pola ensinanza, a práctica, as publicacións, o culto ou a observancia dos ritos. Non debería haber obstáculos se quixese adherirse eventualmente a outra relixión, ou non profesar ningunha” (nº 5)

Supoño que ninguén poñerá en cuestión que unha autoridade política ten liberdade para ser dunha relixión e practicala, ou non ser de ningunha. Faltaría máis! Pero en relación ó tema inicial a conclusión non pode ser outra que: a asistencia dunha autoridade a unha celebración relixiosa, no caso de non ser el crente desa relixión ou de ningunha, expresa o respecto e o apoio a uns cidadáns no exercicio lexítimo dos seus dereitos que todo Estado democrático (aconfesional e laico) debe respectar e promover. É máis, nalgunhas circunstancias, para unha autoridade é mesmo unha obriga moral ineludible a súa asistencia, que dificilmente podería delegar noutra persoa.

Antón Negro

Delegado Episcopal de Cáritas

 


miércoles, 1 de julio de 2020

EL REINO DE DIOS

        Hojeando un libro de José Arregui, Jesús siglo XXI, vemos lo que el autor afirma sobre el concepto de Reino de Dios: “Significa que la justicia, la paz y el amor reinan entre los hombres y en la naturaleza. He ahí lo que esperaba y anunciaba Jesús”. El mismo cita un pasaje de Schillebeeckx: “El Reino de Dios es un mundo nuevo en el que el sufrimiento ha sido abolido, un mundo de hombres salvados que conviven bajo el impulso de la paz y en ausencia de toda relación amo-esclavo”.

         Seguramente se pueden rastrear citas de muchos teólogos que se manifiestan en el mismo sentido. Lo que llama la atención es que ninguno de ellos repare en que ese mundo no existe ni probablemente vaya a existir nunca. Y sin embargo los cristianos han leído y proclamado y aceptado las palabras de Jesús: “El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca” (Mc 1,5), “el Reino de Dios está en medio de vosotros” (Lc 17,20) y han creído que ese Reino se instauraba precisamente con la llegada del Nazareno.

         No hace falta recordar que, aparte de algunas curaciones atribuidas a El, tras la venida de Jesús el mundo siguió su curso. No hubo ninguna transformación radical, no acaeció ningún corte en la historia de los humanos. Las cosas siguieron como siguen las cosas en la historia. Parecería, pues, que hay que dar la razón a Loisy y a su en su conocido diagnóstico: “Jesús predicó el Reino de Dios y vino la Iglesia”.

         Creyente en las palabras de Jesús, no tengo más remedio que buscar otro significado para su anuncio del Reino, si es que quiero, sin que la realidad me desmienta cada día, seguir adhiriéndome a él.

         En la tradición bíblica el mundo creado por Dios es un mundo profano. La creación significa que Dios es capaz de construir algo fuera de sí, algo distinto de Él y que, en consecuencia, ya no es divino. Un universo bueno para los ojos de su creador. Eso significa que hay en él suficientes raíces de bondad como para que los humanos puedan disfrutarlo, organizarlo, construirlo, ponerlo a su servicio. Pero se trata de una tradición realista, que tiene en cuenta que también el mal se ha derramado en el mundo. A lo largo de los siglos los humanos se esforzarán en buscar un horizonte, un final reconciliado, un mundo nuevo. Hoy sabemos del fracaso de esos intentos.

         ¿Qué es, pues, el Reino de Dios? Es la presencia y la promesa que se encierran en todos los acontecimientos. La venida de Jesús sí marca una cesura. Es la que se produce cuando, derramando el Espíritu, da una dimensión trascendente a la realidad histórica. Cada gesto humano de fraternidad, de ayuda, de compañía, de justicia, de solidaridad, de creación de bienestar está habitado por el Espíritu y es una realidad y una promesa de vida eterna, de una vida después de la vida.

         El Reino de Dios afecta, pues, a todos los seres humanos, pero es perceptible únicamente para los espíritus contemplativos. El Vaticano II acuñó un concepto caro a Juan XXIII, el de los signos de los tiempos y encomendó a la Iglesia la tarea de irlos leyendo. No quería que cayera en el reproche de Jesús: “¿teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís?” (Mc 8,18)

         ¿Quiere esto decir que no pueden suscribirse las frases que encabezan este artículo? Ese supuesto Reino de paz, de justicia de fraternidad ¿no existe? En nuestra historia no hay situaciones de paz sin enemistades ni de justicia sin exclusiones ni de fraternidad sin tensiones. Pero por otra parte donde hay paz, justicia, fraternidad, allí está el Reino de Dios para quien sabe leerlo, gozarlo y esperarlo.  De ahí los esfuerzos necesarios, siempre precarios, para instaurar esos momentos y las estructuras que los hagan posibles. La teología de la liberación lo vio claramente.

         Vivimos en un mundo que se esfuerza, con muchos fracasos pero una y otra vez, en construir una paz y una justicia siempre amenazadas.  Para el creyente ese mundo es una parábola de Dios. El Reino de Dios está en medio de nosotros.


Carlos F. Barberá.


jueves, 11 de junio de 2020

o verdadeiro sentido do CORPUS CHRISTI

Esta fiesta ha sido durante siglos (con Navidad y Pascua) la más importante de la Iglesia, día supremo de identificación "católica" (post-medieval, barroca), con procesión pública, para mostrar con solemnidad el triunfo de Cristo, que se identifica con El Pan y Vino consagrados"
La procesión del Corpus con la Custodia ha sido la fiesta de Dios/Cristo que pasa  por las calles adornadas, como signo de triunfo de la Eucaristía, rodeado incluso de autoridades y soldados.  Pero el verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo es el cuerpo-sangre de hombres-mujeres que comparten en Cristo y con Cristo su vida concreta de seres humanos.
 Jesús no está presente en el pan y vino aislados (en procesión triunfal por las calles), sino en el pan-vino compartido de aquellos que se hacen “cuerpo”, comiendo en memoria de Jesús y compartiendo la vida desde los más pobres y excluidos,  en la comunidad que va creciendo como “cuerpo mesiánico”, animado por Jesús que está presente y dice: “Ésta es mi Carne (Jn 6), ésta es mi Sangre…” (2)
 Quizá está acabando un tipo de cristianismo socio-cultural que nació en el XIII y se consolidó en el XVI-XVII d.C. La Fiesta-Procesión del Corpus no es hoy lo que era hace 40 años. Pero no quiero que termine, sino que sea (se haga) ocasión y principio para una nueva catequesis eucarística, en la línea de la Biblia. 
El signo de la sangre... Tomó la copa… (Mc 14, 23-25 par). 
 Le habían acusado de comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores (Mt 10, 19 par). Evidentemente, ha sabido disfrutar del vino y lo ha bebido, en solidaridad comprometida y gozosa, ofreciéndoles a los excluidos de la tierra la promesa y garantía del Reino. En la Última Cena, al final de su vida, Jesús mantiene ese gesto y continúa ofreciendo vino (Reino) a todos los hombres y mujeres, a partir de sus discípulos con los que está reunido.

Ese vino de la fiesta del Reino, que se expresa en el regalo de su propia vida, unido al pan de sus comidas y multiplicaciones, ha quedado como signo y gesto distintivo de su alianza universal de Reino, abierta hacia marginados y pecadores, a los pobres y a los ricos, para que formen un cuerpo (su cuerpo mesiánico), dándose vida unos a otros. Por eso, es normal que las iglesias más antiguas (de Galilea, Jerusalén, Antioquía…) y luego todas las iglesias hayan asumido el gesto y palabra del vino como expresión radical del evangelio: Por eso, el “cuerpo del Cristo” es la misma comunidad de los creyentes, que él ha creado y mantiene regalando su vida, su cuerpo, su sangre… No ha venido a que le sirvan y adoren en una procesión, sino a ser principio de vida (proceso, procesión de solidaridad) para todos los hombres. Eso significa que el centro de la procesión no es el signo de su cuerpo bendito por las calles, sino la vida y comunión de todos los hombres y mujeres, en la calles, en las casas, en la vida.
– Y bebieron todos de ella, de la copa, en gesto muy preciso de participación. Por un lado se dice que bebieron todos, sintiendo en sus labios el gozo y la fuerza del vino, en contra de una liturgia posterior, muy formalista que, simplificando y jerarquizando el rito, ha reservado el vino para el presidente de la liturgia, oscureciendo así aquello que Jesús quiso. Se añade, además, que bebieron de ella, de la misma copa. Un mismo cáliz, un gran vaso, vincula a los participantes. Es vino que Jesús les da y que ellos reciben y comparten, asumiendo de algún modo su camino, comprometiéndose a seguir su senda a compartir su muerte a favor de los demás.
No hace falta decir más: éste es el vino de Jesús, la copa de su fiesta; por eso, quienes participan de ella se comprometen a buscar y recibir el reino. En el fondo de la fiesta emerge la más honda exigencia de solidaridad y justicia humana. –¿Horror por la sangre? ¡No! Sangre y vida regalada, compartida… Sangre de todos, al servicio de todos, una misma “sangre‒vida” por las venas de toda la humanidad, de los blancos y los negros, de los descatalogados de Madrid o Petersburgo, por tener más de 75, la sangre‒vida de todos, como aliento de Dios, soplo de vida y corriente de amor de Dios en la vida de todos los hombres. 
Palabras de Jesús: Ésta es mi sangre,
 Hemos evocado el gesto, pasamos a las palabras. En sentido estricto, no eran necesarias, pues el gesto en sí resulta elocuente: Jesús, un perseguido, mensajero del reino, amenazado de muerte, ofrece a sus amigos una copa de vino, en signo de solidaridad y esperanza, marcada, además por la palabra escatológica con la que concluye todo el gesto:¡no beberé más del fruto de la vid hasta que lo beba con vosotros en el Reino...!: Mc 14, 25). Pero los textos de la Institución introducen una palabra explicativa esta es la Sangre de mi alianza (Marcos y Mateo), es la nueva Alianza en mi Sangre (Pablo y Lucas).
   Se trata de invertir el signo de la sangre derramada, desde la sangre de Abel y de Job, hasta la sangre de vida de todos los seres humanos…
No se conocía entonces el “óvulo” de la mujer, ni el genoma… Los niños nacían de la sangre de la madre. Esto es lo más sagrado: sangre de mujer que concibe y alumbra (por eso se tiene un gran respeto ante la sangre de la menstruación y del parto).. Pues bien, en esa raíz donde germina y se expande arriesgadamente la vida se ha situado Jesús, ofreciendo a los humanos su sangre, expresada en el vino.
Así podemos evocar su gesto, en forma femenina, para después recuperarlo en forma personal, masculina y/o femenina: esta es la sangre de Aquel que sabe dar la propia vida, para así compartirla en gozo feliz con los otros, en forma enamorada. La Eucaristía es, por tanto, el gesto primigenio de la mujer en parto, universalizado por Jesús, desde su situación de perseguido. – Es sangre de víctima.
Pues bien, Jesús no mata a los enemigos para pacificar a los amigos, sino que ofrece su sangre, con todas las víctimas del mundo, para que se pueda instaurar la paz sobre la tierra entera. Jesús no condena a los demás, no encarcela a los violentos, sino que se deja matar para que puedan darse paz sobre la tierra, invitando a todos a que “toman su sangre”, a que se dejen transformar por ella, renaciendo a una vida de amor y solidaridad. Con dura violencia (con mala justicia) le matan. Sin ninguna violencia muere, haciendo de su sangre (entrega personal) signo de encuentro enamorado (vino, alianza) para todos los humanos.
Los cristianos somos donantes de sangre universal…. No sólo en hospitales y clínicas (¡el horror de USA y muchos países donde unos tienen que vender su sangre para así vivir…). Esta es la eucaristía de la sangre regalada, compartida, en amor, en solidaridad humilde, desde los más pobres. Por nuestras venas corre sangre, no dinero, no armas, no poder… Los seres humanos somos aquellos que podemos regalar nuestra vida como sangre, por los demás.
De esta forma invierte la figura del chivo expiatorio, a quien matan los triunfadores del sistema para imponer la paz sobre el conjunto de la población; Jesús no mata a nadie, nada impone, sino que ama y se deja matar por amor, ofreciendo a todos el cuerpo y sangre de su vida. De esa manera se coloca en el lugar de todas las víctimas: en nombre de ellas dice: Ésta es mi sangre, es la sangre de todos los han sido asesinados; ellos son los que crean la alianza de Dios, los que pacifican la tierra.
En esa línea ha querido avanzar el Apocalipsis, al decir que sólo los asesinados (los expulsados) y sus amigos pueden celebrar la eucaristía, con Jesús, el Asesinado. Al final está la sangre del amor enamorado, sangre del pacto (Ap 21-22), que no es masculina ni femenina, sino humana y divina: comunión de amor por siempre… Sangre de madre y de víctima, sangre de amigo… Sólo los amigos “comparten la sangre”, son capaces de morir unos por otros…
Conclusión. Eucaristía, comunión de Sangre, copa de vida
Ésta es la Sangre de la Alianza (Nueva Alianza) real de Jesús, no es líquido ritual de sacrificios violentos de hombre o animales (cf. Ex 23, 8; Lev 16). Pero él no emplea ya la sangre de animales, ni la sangre de los enemigos, sino su propia vida, entregada en favor de los excluidos de Israel y de la tierra y expresada en el signo del vino. Con los excluidos come, en favor de ellos ha muerto, no para pagar a Dios un precio o rescate, sino para regalar su vida en gratuidad, por todos y con todos. Sólo allí donde los asesinados del mundo entero están presentes y nos ofrecen su “gracia” (nos perdonan, nos invitan al vino de la vida) podemos celebrar la Eucaristía, recordando las palabras de Jesús.
  El vino es sangre de la alianza, que no es Nueva porque haya quedado sin valor la antigua, sino porque es la verdadera: Alianza plena de Dios con los humanos en el Cristo, como habían anunciado los profetas. Ésta es la “alianza” de civilizaciones y personas, la alianza de la vida que sólo puede expresarse allí donde hombres y mujeres se dan la vida y la celebran en gesto generoso. No es sangre separable de la carne, como aquella con la que Moisés rociaba altar y pueblo, sino la vida entera que Jesús ofrece y que los suyos “beben” como signo de alianza, bebiendo el vino bendecido.
La vida en amor se vuelve “sangre de amor” que suscita vida, que crea comunión, que vincula a los hombres y mujeres de la tierra Es sangre de la Alianza de una vida regalada y compartida, que viene a expresarse precisamente en el lugar de máxima violencia de la tierra, allí donde los sacerdotes y soldados matan a Jesús. Jesús no establece un sacrificio especial, separado del conjunto de la vida, como el de Moisés (Ex 23-24) o los sacerdotes de Jerusalén, sino que su Vino (=Fiesta de Dios) es el mismo vino que comparten gozosos los hombres y mujeres y su Alianza es la propia alianza de su vida, que es la vida compartida de esos hombres y mujeres…
 Ellos, todos los que comparten el cuerpo-sangre de Jesús, son los celebrantes… ellos son la “hostia de pan y de vino”, las especies consagradas. Jesús no está presente en el pan y vino aislados, sino en el pan-vino compartido, es decir, en la comunidad que se va creando como “cuerpo mesiánico” a través de la entrega de la vida de los creyentes, a partir de los rechazados, de las víctimas. En nombre de todos ellos, Jesús puede decir y dice: “Ésta es mi Sangre…”. 
Ésta es la Sangre de Dios, que está presente en todos los asesinados de la historia humana, a quienes Jesús representa, con quienes inicia un camino de Reino. Por eso, cuando le Eucaristía se convierte en “pura fiesta” de triunfadores, con grandes ceremonias de exaltación creyente, puede suponerse que falta algo: falta el recuerdo y presencia de las víctimas, que pueden decir y dicen con Jesús (con la comunidad…): ¡esta es mi sangre!. ¡Ésta es nuestra sangre!.
 – Es la sangre derramada por muchos (=todos) o por vosotros (=cristianos), conforme a la versión de Marcos/Mateo o de Lucas. Jesús ha derramado su sangre porque le han matado con violencia. Pero, en un sentido más profundo, podemos y debemos afirmar que él mismo ha regalado su vida por el reino, como indica el gesto del vino: “tomó una copa y se la dio...”. Así como se ofrece un buen vino, en amor generoso, así ha regalado él su vida a los hombres y mujeres.
 Nosotros podemos vivir porque “Jesús nos ha regalado la vida”, podemos vivir porque hay muchos que “derraman su sangre” por nosotros. Sólo así podemos elevar el vino y decir: Ésta es la Sangre de Jesús, es nuestra Sangre. 
 – Para perdón de los pecados. Con estas palabras interpreta Mateo la afirmación antigua, según la cual Jesús ha derramado su sangre hyper pollôn, en favor de muchos (=todos; cf. Mc 14, 24). (cf. Mc 10, 45). Derramar la sangre es dar la vida por los demás, sin responder con violencia, sin hacer la guerra, sangre contra sangre, muerte contra muerte (cf. 8, 31; 9, 31; 10, 32- 34). La Eucaristía es regalar la vida, regalar la propia “sangre”, sin vengarse, sin iniciar por ello una guerra infinita… Sólo aquellos que están dispuestos a dar la vida por los demás (¡aquellos que la dan…!) pueden celebrar de verdad la Eucaristía. Por ellos y con ellos, con los que dan su sangre, con las víctimas y los expulsados, con los encarcelados y asesinados… podemos celebrar la eucaristía, en gesto de perdón.
(1) La Eucaristía es consustancial al cristianismo. La fiesta del Corpus (Cuerpo y Sangre de Cristo) nace en el siglo XIII y se populariza desde el XVI, como forma de Adoración Pública de la Eucaristía,  con misa especial y procesión, el jueves que sigue al domingo de Trinidad, este año el 11.06.20.  Actualmente, la fiesta suele pasar al domingo (14.6.20), aunque hay lugares donde se sigue celebrando el jueves, y así quiero hoy recordarla y prepararla. Esa fiesta de gran procesión es venerable, y así la he celebrado, en pueblos y capitales, pero no es la originaria de Jesús, y está cambiando de manera que parece inexorable.
(2) Cada año hay problemas en la fiesta del Corpus. Este año recordamos el hecho de que hemos dejado morir a muchos  ancianos (de más de 75) como material descartable (ya descatalogado), en la Crisis del Covid 19. ¿Cómo celebrar el Corpus si los hemos dejado morir solos, sin Corpus, ni de procesión…? ¿Cómo celebrar el Corpus allí donde dejamos morir por asfixia a un “negro”, para bien de la “respiración de los blancos”?

– Tomó una copa (potêrion). Esta palabra puede traducirse, de manera quizá más sacral, como cáliz, destacando de esa forma la experiencia de dolor y entrega de la vida, como supone el relato de los zebedeos (¿sois capaces de beber el cáliz que voy a beber?: cf. Mc 10, 38) y la oración de Getsemaní (¡Aparta de mí... ! Mc 14, 36). Preferimos dejar copa, por ser más neutral, propia de un banquete de amistad y despedida. El gesto es natural dentro de la Cena. Es como si Jesús dijera, con Sal 116, 5: El Señor es mi Copa, tomadla vosotros. Con la copa de vino se despide, en ella expresa el sentido de su vida.

– Dando gracias, se la dio. Evidentemente, el vino es señal de bendición: mientras un grupo de amigos puedan tomarlo juntos podrán bendecir a Dios. No están abandonados, perdidos, sobre un mundo adverso. El mismo vino, fruto de la tierra y del trabajo humano, producto de fermentación de la uva, es signo del cuidado de Dios, del sentido de la vida y de la comunión entre los hombres y mujeres. Jesús no les ofrece una sesión de ayuno, hierbas amargas y llanto sino el más gozoso y bello producto de la tierra mediterránea: el vino. No es comida diaria, tasada, de dura pobreza, sino fiesta que alegra el corazón, siendo recuerdo y anticipo del Reino de los cielos. El agua es necesaria, el vino es siempre gracia. Puede vivirse bien a pan y agua. El vino (o sus equivalentes en otras culturas) es un derroche de amor y de solidaridad, es signo de vida.

LA MÍSTICA CENA DEL SEÑOR – La Belleza de los Iconos

La “sangre de Cristo” no es el líquido bendito en la copa o cáliz… sino el vino compartido en su nombre, con él, como él, su propia vida… (su vida que son los hombres y mujeres…) en las casas y calles de la vida… No es el pan y el vino que se pasean con gloria (¡cosa hermosa!), sino el pan y vino que beben todos y comparten, creando así comunión de vida.

 – La sangre (haima) es vida. Los israelitas pueden comer las varias partes de los animales sacrificados o no sacrificados de forma ritual, pero nunca su sangre porque ella es la vida de la carne y os la he dado para uso del altar, para expiar por vuestras vidas, porque la sangre expía por la vida (Lev 17, 10-12; cf. Gen 9, 4). Dios se ha reservado la sangre, como signo de su poder originario, de forma que comer carne no sangrada o beber sangre constituye la mayor de las impurezas (cf. Hech 15, 29). Pues bien, fiel a su más honda experiencia de trasgresión sacral y de ruptura de límites, Jesús ofrece a sus discípulos su sangre, es decir, su misma vida, simbolizada por el vino. 

Difícilmente podemos hoy imaginar la extrañeza de este gesto, la ruptura que supone para un israelita. Volviendo a los orígenes de la historia humana, de todas las historias, hechas de sangre derramada y ofrecida por los demás, Jesús ofrece a los hombres y mujeres su sangre, que es todo lo que es y todo lo que tiene. Toda su vida se vuelve sagrada, siendo todo profana: su vida es Sangre de Amor, ofrecida a favor de los demás, con todas las madres del mundo, con todas las víctimas de la tierra.

– ¿Sangre de varón, sangre de mujer? El tema se encuentra especialmente vinculado al misterio vital de la mujer, con sus menstruaciones y partos, tal como lo han visto los pueblos antiguos (entre otros, los israelitas). Ésta es la sangre generadora, que se expande amenazante (¡se tiene gran respeto ante ella!) y fecunda, dando vida (pues se dice que los niños nacen de la sangre de la madre y así es, en sentido simbólico). 

 Tierra, no cubras mi sangre… (Job 16, 18)

Por eso, he dicho: Tierra, no cubras mi sangre... Así grita Job y pide a Dios… Que la sangre de todos los asesinados y descartados (¡Job, un descartado, por enfermo, por pobre…!), que la sangre de todos los descartados y asesinados (ancianos y jóvenes, rojos y amarillos…) clame a Dios. Esa es la Sangre de Jesús, y así decimos a Dios: No cubras la sangre, que esté viva… que esté clamando al cielo, pero no venganza, sino nueva y más alta bendición, comunión universal de todos los mortales, de todas las sangres (como decía Arguedas, como ha comentado Gustavo Gutiérrez).

Es sangre que otros derraman con violencia (le matan), pero que él ofrece en amor para superar toda violencia, instaurando con ella (en el signo del vino) una alianza de amor definitiva. La sangre que los varones han “valorado” más no está unida a la generación (como en la mujer), sino a la violencia de la guerra: es la sangre de los enemigos matados en campo de batalla o de los amigos caídos en ella.

 Precisemos los temas. Al decir esta es mi sangre, Jesús puede interpretarse como mujer que da la vida al engendrarla, por medio de su sangre, o como varón que entrega su vida, de un modo arriesgado, pacífico, creador, en un contexto donde dominaba la violencia. Sólo podemos vivir compartiendo la sangre de la vida, regalando la sangre…

En el principio está la sangre  de aquellos que dan su propia vida (como la mujer da su sangre, según la visión de los antiguos), entregándose a sí misma, para que se expanda así la vida. En esa línea, el gesto eucarístico de Jesús es, ante todo, un gesto de mujer, un gesto de amigo que comparte su sangre con los otros, el gesto mesiánico de la vida.   Ésta es la sangre que derraman los “asesinos”, la sangre de todas las víctimas, como ha puesto de relieve el evangelio, al decir que en Jesús han culminado “todas las sangres de los asesinados” (Mt 23, 35). ´´Esta es por encima de todo la sangre de los que convierten su propia vida en regalo de amor y de vida por los otros.

Al decir “ésta es mi sangre”, Jesús está hablando en nombre de todas las víctimas. Sólo existe eucaristía allí donde se vive en solidaridad real con todas las víctimas: la Eucaristía es la “fiesta” de los rechazados y excluidos, de los asesinados. De los rechazados que dice: Ésta es mi sangre, os la regalo, para que viváis…Sólo en su nombre se puede celebrar.


viernes, 22 de mayo de 2020

José L. Fernández: "non podemos ser cristiáns asintomáticos"


El médico y delegado diocesano de Pastoral de la Salud valora la puesta en marcha de la iniciativa telefónica 'Xuntos na mesma barca'"A delegación de Pastoral de Saúde, en colaboración con Cáritas Diocesana, está pensando en ampliar este servizo de escoita e acompañamento a outras situacións de vulnerabilidade"
En que consiste a iniciativa “Xuntos na mesma barca”?
A idea xurdiu falando con Ana García-Heras, unha das responsables da atención relixiosa no Hospital Arquitecto Marcide de Ferrol, que me dicía: Claro, vémonos nunha situación complexa porque hai pacientes illados, plantas que son difíciles de visitar porque non é conveniente que haxa moita xente circulando por aí, e por iso puxemos os nosos teléfonos a disposición, a ver se alguén nos chama.

Pois ben, a raíz diso propuxemos estender esta iniciativa a nivel diocesano, a través dos teléfonos de todos os capeláns, persoas idóneas e outra xente responsable dos servizos relixiosos nos hospitais, e orientada tanto aos pacientes de COVID-19 como aos familiares, persoal sanitario e, por suposto, sen esquecernos das persoas que están a pasar por outras enfermidades ou doenzas, que de maneira indirecta tamén se ven afectados por esta soidade ou falta de acompañamento.

O nome parte dunha das últimas mensaxes do papa Francisco...
Si, da bendición Urbi et Orbi extraordinaria do 27 de marzo con motivo desta pandemia. Foi extraordinaria de dous xeitos: en primeiro lugar, porque foi pronunciada nunha Praza de San Pedro baleira de persoas pero chea de almas con fe e confiadas; en segundo lugar, pola situación que estamos a vivir, onde temos que estar xuntos na mesma barca e a todos nos compete traballar, remar e colaborar para sacala a flote, sempre con ese patrón e ese guía que nos dá confianza como é Xesús, por suposto.

E como está a funcionar ata o momento este servizo de acompañamento telefónico?
Pois estamos recibindo chamadas de enfermos de coronavirus, doutros pacientes ingresados e de familiares que utilizan tamén ao capelán ou persoa idónea como intermediario para facer chegar unha mensaxe, un recado ou unhas palabras de acompañamento. Logo tamén, por suposto, ese apoio que sempre dan os capeláns de forma directa e presencial tamén o están facendo a través da vía telefónica. O feito de saber como están, o poder contactar coa familia que non puido visitar a ese paciente, tranquilizalos, apoialos e tamén poñerse á súa disposición en calquera cousa que poidan facer a nivel hospitalario, como algún tipo de xestión que poida facilitarlles a estancia.

Todo isto afonda na liña que se está a seguir este ano na Pastoral da Saúde co lema “Acompañar na soidade”, do que xa falamos hai uns meses con motivo da Xornada Mundial do Enfermo
E tanto que si. Providencialmente, a situación fainos vivir de fondo esta soidade da que falamos na campaña. Esa soidade dos nosos anciáns ou a de outra moita xente, que agora coa pandemia, o confinamento e a restricción das relacións sociais tamén nos toca experimentar a todos nós. Isto fainos reflexionar sobre a importancia das relacións e da interdependencia que temos uns de outros, e fainos mirar cara aqueles que durante a maior parte do ano e a maior parte do día viven sos, sen visitas nin apoios externos de maneira regular.

E por iso pensades estender o proxecto “Xuntos na mesma barca” a todos estes casos máis habituais e cotiáns, que non por iso deixan de ser graves e complexos
A inciativa xurdiu no ámbito hospitalario e perihospitalario con esa vocación de escoita, para pacientes, familiares e traballadores dos centros que necesitan desafogar, falar, contar calquera cousa… Ás veces non é tanto dar un consello como ter esa capacidade de escoitar, acoller e recoller iso que nos contan para canalizalo e que sirva de terapia. Por todo iso, a delegación de Pastoral de Saúde en colaboración con Cáritas Diocesana está pensando en ampliar este servizo de escoita e acompañamento a outras situacións de vulnerabilidade, co noso rural e os nosos anciáns no punto de mira desta iniciativa.

Fará falta xente capacitada para levar a cabo esta tarefa, que non é doada...
Necesitamos voluntarios, por suposto, e desde aquí xa aproveito para facer unha chamada a aquela xente que se sinta un pouco con esa vocación de axudar. Aínda así, so coa boa vontade non chega, polo que tamén estamos pensando en realizar algún tipo de formación para saber como axudar a quen se atopa nesta situación de soidade. Xa digo, isto é un proxecto que está aínda xermolando e pretendemos que o froito saia adiante. Un froito sobre todo a nivel espiritual, é dicir, que poida paliar esa soidade existencial na que se ve metida moita xente sen pretendelo.

Falando de cuestións existenciais, que ensinanzas podemos sacar desta situación de pandemia que estamos a vivir?
O primeiro, que se nos pon de manifesto a nosa fraxilidade e vulnerabilidade. Pensamos que estabamos por riba de todo, e agora faise patente a nosa insignificancia dentro do conxunto da creación. Vemos tamén que esa vulnerabilidade afecta máis a certos colectivos da nosa sociedade, como todos os anciáns que lamentablemente faleceron a causa do virus. Isto lévanos tamén á ausencia de condolencias por estas mortes, algo do que me falaba algún sacerdote estes días: “Unha das cousas máis duras que vivín na miña vida é esa despedida dun defunto na que soamente hai dúas ou tres persoas da familia, sen a posibilidade dun abrazo para conmoverse xuntos e acompañarse”. Isto fainos ver o valor máis que simbólico destes xestos e ritos de despedida. Outra ensinanza que sacamos de esta situación é o saber enfrontarnos ao medo. Podemos quedarnos paralizados, retroceder, escapar ou, o que sería máis acertado, camiñar cara adiante con moita cautela, esperanza e solidaridade, como fan todos os colectivos que están traballando e colaborando na primeira liña estas últimas semanas. Dicía Sigmund Freud que a ciencia moderna non ten producido nunca un medicamento tranquilizador tan eficaz como unhas poucas palabras bondadosas, e por iso hai que facer patente o noso agradecemento e acompañamento a todas estas persoas.

Tamén é importante, por suposto, lembrarnos dos que se foron, de todas as persoas que morreron, que non son so cifras, senón nomes e rostros. Hai que facerlles un dó san e agradecerlles as súas vidas. E, como estamos en tempo de Pascua, isto obriganos a comezar unha nova vida, a resucitar de novo. Como dicía Xesús, “voltar a Galilea”, regresar ás nosas casas para facer algo distinto: valorar o importante fronte ao accesorio, ser conscientes da interdependecia que temos uns de outros, da situación dos máis fráxiles e da responsabilidade que temos coa nosa saúde e a dos demais. Todos estamos comprometidos nisto. E, xa para rematar, gustaríame facer un paralelismo con todo o que se está a falar sobre a incidencia do COVID-19, en relación aos pacientes que collen a enfermidade pero son asintomáticos. Eu quero trasladalo á vida cristiá e á vida en xeral para que non sexamos cristiáns asintomáticos. Que coa alegría do Evanxeo sexamos capaces de transmitir esperanza e de transmitir ese compromiso e amor á vida, amando aos demais e sentíndose amado polos demais.

lunes, 18 de mayo de 2020

Ya van dos meses...

"¿Aprenderemos o, una vez que haya pasado todo, nos olvidaremos para volver a lo mismo? Depende de cada uno"

Sí, dos meses en “estado de alarma”, dos meses confinados, dos meses donde los proyectos más inmediatos se nos vinieron abajo, dos meses para aprender a vivir de otra manera…

No sabemos hasta donde “resistiremos” ni tampoco – y es lo más importante – si venceremos lo antes posible esta pandemia y las consecuencias que trae consigo: paro, pobreza, precariedad, secuelas físicas de quienes lo han pasado y ausencias irremediables de quienes no lo han superado y se nos han ido.

Hay algo que mucha gente se pregunta: ¿aprenderemos algo de esta experiencia?, ¿habrá un antes y un después?, ¿será la vida de otra manera?...

Seguramente que sí, que nos va a cambiar la vida, la economía y las relaciones sociales, etc., porque hemos caído en la cuenta de que como seres humanos somos frágiles, de que no somos tan autosuficientes y capaces como nos creíamos. El COVID-19, si alguna cosa buena nos trajo, es una cura de humildad que derrumba el castillo de naipes de nuestra prepotencia del bienestar a toda costa, obligándonos a tocar fondo. 

Pero, ¿aprenderemos o, una vez que haya pasado todo, nos olvidaremos para volver a lo mismo? Depende de cada uno. Al menos algunos caeremos en la cuenta de que en la vida hay cosas más importantes que el tener, el aparentar, el consumismo insaciable y el crecimiento económico ilimitado. Están la salud, el respeto, la convivencia, el cuidado del medio natural, incluso cierta austeridad que nos libere de lo superfluo para compartir con los otros lo necesario.

En fin: estamos ante todo las personas, cada persona, independientemente de la edad, las ideas, la procedencia y la cultura; está también la fe y, por supuesto, Dios.

¿Aprenderemos?


jueves, 14 de mayo de 2020

ACERCA DEL PERSONAL SANITARIO Y DEL CORONAVIRUS...

Román paladino, inmortal jerigonza lumpen, sabiduría popular: matasanos. Agreguen enfermeros y auxiliares varios. Ellos dicen héroes, yo digo mafia. Los palmeros de las ocho festejando su esclavitud, celebrándola, alborozados y majaderos, vivaqueando su renuncia a la humanidad. Aceptando lo inaceptable, felicitando su cautiva condición, también dicen héroes.
Reitero, yo digo mala gente. Conjura contra la salud. Complot contra la vida. Sanitarios, la sexta acepción de la RAE, asevera que es un " dispositivo o pila de higiene instalado en un cuarto de baño". 
Perversa guita
El gang médico, junto a la milicia, avanzadilla NOM. La mafia sanitaria sobreviene estos días definitivamente hiperlegitimada. Desde sus estudios universitarios, malgastando diez años de sus vidas entre licenciatura, especialidad y MIR, asumen acríticamente que la pasta vampiriza absolutamente la medicina. Lo único que de verdad importa a quienes manejan este meganegocio es obtener mucho dinero. La curación, noble pretexto. Pero pretexto al fin y a la postre.
 ¿Y cómo ganar más y más pastizal? Pues haciendo que la gente se encuentre enferma perennemente: las personas sanas no generan ingresos. Crear enfermos crónicos que tengan que consumir todo tipo de productos lenitivos, tan solo atajando sintomatologías plurales. Sobredosis de droga/ medicamentos para aliviar el dolor, aminorar procesos febriles, empequeñecer súbitas inflamaciones, pero nunca fármacos que puedan resolver categórica y definitivamente cualquier dolencia. Eso no es rentable, no interesa. La medicina actual está forjada para que la gente subsista enferma el mayor tiempo posible y, de paso, se atiborre de drogas/fármacos. Si es posible, hasta la visita de La Parca.
Sistema sanitario, sistema de crónica enfermedad
El denominado sistema sanitario es en realidad un sistema de enfermedad. Se ejerce deliberadamente una medicina de la enfermedad y no de la salud. Una medicina que sólo reconoce la existencia del cuerpo físico, cual mecano newtoniano, y no tiene en cuenta ni el espíritu, ni la mente, ni las emociones. Y que además trata sólo el síntoma y no la causa o causas del problema. Un sistema hampón que mantiene al paciente en la ignorancia y la sumisión, transformándole en un yonqui legal de todo tipo de drogas. Un sistema sanitario, felpudillo de la industria farmacéutica. Aunque digan servir al paciente, FarMafia zarandea los hilos y mantiene el morrocotudo sistema de enfermedad contemporáneo en su propio y enjundioso provecho. Grosso modo, sistema que crea enfermedades y mata por dinero y por poder. Mucho poder.
Médico, diosecillo
El médico es –muchas veces de forma involuntaria, la verdad- patética cincha de transmisión del Gran Farma. Durante los años peregrinados en la facultad, el sistema se encarga de imbuirle unos determinados y parciales conocimientos y de obstruirle los ojos a otras posibilidades, otros derrapes, otras contingencias. La medicina oficial, la “científica”, la de la "evidencia", juas, no puede consentir que existan otras formas de remediar males clínicos que no se hallen sometidas al sistema.
 Posteriormente, a los galenos, en hospitales y congresos médicos, se les robustece en la idea de que la tarea del médico es curar y salvaguardar vidas, de que la enfermedad y la muerte devienen estrepitosos fiascos que debe soslayar a toda costa y de que la enseñanza académica recibida es la única válida y satisfactoria. Se le susurra, mientras, que deviene y devendrá "deidad" de la salud.
Mafioso rompecabezas
 Los médicos, una piececita más del macabro puzle. Con distintas implicaciones y responsabilidades y culpabilidades, un zurriburri de mil pares de pelotas. Industria farmacéutica, autoridades políticas, gallifantes diversos, grandiosos laboratorios, hospitales, compañías de seguros, agencias del medicamento, colegios de médicos. Y, por supuesto, la Organización Mafiosa de la Salud con la magnánima y filantrópica financiación que recibe del eugenésico gobierno mundial en la sombra. Eso sí, con el genocida Bill Gates de visible mascarón de proa. En fin.
Benditos virus
Toda la putrefacta sanidad apuntala la ridícula Teoría Microbiana de la enfermedad. En realidad, los benditos virus son los conectores del universo biótico y abiótico, responsables de la aparición de nuevas especies, ágiles mensajeros que actúan cuando se producen cambios en nuestro cuerpo, eliminando organismos que no deberían estar ahí. Necesarios, como las bacterias.
Otra característica, clave, es que los virus son "especie específicos". Entonces, ¿de dónde procede la gripe aviar, la gripe porcina o este coronavirus también de la familia, surgido, dicen, de un murciélago o pangolín? Facilito de entender. Desde hace años, las farmacéuticas incuban estos virus en embriones de pollo o realizan pruebas en cerdos. De hecho, en Wuhan, se ubica una poderosísima farmacéutica china, curiosa casualidad. La vacuna preparadita y bien custodiada, sacada en menos que canta un gallo. ¿Julio, agosto?
Puntadas
Coloque, apreciado lector de ECDM, razonablemente otras piezas del rompecabezas. A partir de ahora, ovillen. Uno. FarMafia, siempre triunfadora. Y los sistemas de salud, creadores de enfermedad, acelerando la telesanidad, imprescindible para ello la 5G. Dos. Binomio Coronavirus-Red 5G, la posibilidad nada descabellada de que la 5G active el presunto virus chino. O, también, el virus chino, dizque real, burda cortina de humo de la progresiva implantación de la deletérea tecnología. Mortíferas redes, rememoren la postrera tabarra para resintonizar los televisores, asunto que tanto nos anuncian estos días. Recuerden que Wuhan y Milán fueron lugares pioneros en su implantación.
Hilos
Más pespuntes. Tres. Biill Gates, verdadero dueño de la OMS, presagió una gran pandemia no porque sea un lúcido nigromante, sino porque elabora vacunas, transgénicos y agroquímicos. Su fundación aporta millonadas a la Organización Mundial de la Salud, con lo cual posee capacidad de decisión sobre qué medicamentos se certifican y cuáles se impugnan o retrasan. Cuatro. El perejil de todas las (indigeribles) salsas, George Soros, es el propietario de un laboratorio de investigación bacteriológica ubicado en el sector de la ciudad china de Wuhan, donde han aparecido los primeros contagiados. Cinco. El control militar, corolario ineludible del control mental y social. Haro e Igualada, en España, fútil avanzadilla. La industria militar, plaga de la humanidad, origen de todo esto. Con sus laboratorios (víricos) secretos. O no tan secretos. Seis. En un artículo reciente, el añejo y añoso Bilderberg Cebrián, apuntaba claves. Dictadura planetaria y tele…: teletrabajo, teleeducación, telesanidad. Todo ello, cómo no, con el imprescindible concurso de la 5-G.
Golpes de Estado planetarios
Covid-19, creación de laboratorio, puede. O consecuencia directa del establecimiento de la 5G y el cruel perfeccionamiento de todo un sistema electromagnético e iónico que fulmina nuestros sistemas inmunitarios. Y nuestra libertad. O simplemente, global trampantojo para dejar a la población zambullida en un estado de shock que acabe consumando el absoluto liberticidio que están diseñando todos los gobiernos europeos, con metamorfosis económicas siempre de por medio. Golpes de Estado planetarios, por nuestro bien, eso sí. Juas.
Nos hallamos tiernecitos para que nos vacunen obligatoriamente y nos casquen chips en el cuerpo. Dejarán, para más tarde, las masivas reducciones demográficas, demasiadas paguitas que abonar, vía virus de laboratorio o caminares bélicos -nucleares o biológicos -mediante.
La libertad, el bien más grande
El heroísmo también consiste en lavarse las manos, esculpido y apoteósico axioma de Fraudez. Mejor lavarse conciencia y boca, menos embustes expelidos. Cum Fraude, al declarar el estado de alarma, habla de primera fase. Pues claro, primera fase para expoliarnos definitivamente la libertad. Con una población explícitamente infrahumana, peligrosísimos zombis, lo conseguirán. Pero no con todos. En fin.
Luys Coleto.

El caos de la Renta Mínima

Elogiaba don Miguel de Unamuno el contenido del Manifiesto o plan de gobierno, que una comisión formada por José Indalecio de Caso, Julio Nombela, y el canónigo Vicente Monterola, presentaron al pretendiente carlista en 1874. Y le sorprendía hasta el punto de advertir por carta a Joaquín Costa, de la carga de socialismo rural, como él lo llamaba, que contenía dicho manifiesto, y que representaba la expresión del sentimiento de las masas carlistas, del que destacó cinco puntos principalmente: 1) las Cédulas de profesión en lugar de las cédulas de vecindad, y al que no acredite profesión no puede demandar en pleito; 2) Imponer a la aristocracia la obligación de fundar y dirigir colonias agrícolas. 3) Declarar forzosa para las gentes acomodadas la tutela de huérfanos pobres (el plan dice «mandar hacer lo que manda la caridad»; 4) Con atención a que se gobierna para los ricos a costa de los pobres, y debe suceder lo contrario… quede la pequeña propiedad dispensada de todo tributo; y 5) El trabajo representado por el trabajo.

Como sabemos por el curso de la historia contemporánea de España, el plan no pasó de ser un propósito – don Miguel de Unamuno lo calificó de utópico socialismo- que hoy día haría pensar a más de uno acerca de la paternidad ideológica de las grandes ideas, y no quiero decir con ello que, en el caso que nos ocupa, fueran los carlistas los creadores de las políticas socialistas en estado puro, o rural, como decía el gran pensador vasco.

 Aunque no conste en acta, una gran parte de la carga ideológica del aludido manifiesto fue de José Indalecio de Caso. Joven colaborador de prensa, se dio a conocer también como polemista, en la Academia Científica y Literaria de la ciudad vetusta, enfrentándose con los liberales Manuel Pedregal Cañedo y José Hipólito Álvarez de la Borbolla. Con este último protagonizó un duro enfrentamiento al salir al paso de un opúsculo titulado Examen del dogma de la soberanía del pueblo, al que replicó Caso con otro titulado Soberano y súbdito, en 1856, polémica que no era otra que la prevalencia de dos diferentes maneras de entender los derechos y los deberes. Asunto tan viejo como el liberalismo doctrinario nacido de la Ilustración, aunque pueda sorprender a muchos seguidores del actual Pablo Iglesias.

Para los jóvenes de hoy, alejados ya de las teorías decimonónicas, desconocedores de cuantos manifiestos han intentado, a lo largo de la historia reciente, alcanzar un reparto justo de la riqueza de una manera sostenida, sin privar del derecho de la propiedad y guiando a las personas en la senda del trabajo, el sobredimensionado gobierno que preside Pedro Sánchez, pero que maneja Pablo Iglesias, anuncia y subraya la solución (¿no sabemos a qué?), de la renta mínima. El Estado como donante del subsidio gratuito, garantía a su vez del voto cautivo, vínculo de la dependencia del subsidiado.

 La sombra de esa medida sería la falta de estimulación para ascender en el orden social, la falta de ambición para crecer en el orden personal y la falta de compromiso con una sociedad entregada a la no tan lenta agonía, al carecer del empuje de los más jóvenes, de la experiencia de los más mayores y del legítimo derecho de cada uno a disponer de su futuro. El dilema, como se puede ver, es el caos o la libertad. Luchar por la libertad no es patrimonio de la aristocracia, ni de la burguesía capitalista, sino del ser humano.

 José Indalecio de Caso era de origen humilde, parece ser que su madre se ganaba la vida haciendo dulces que vendía por las casas, con lo que pudo ayudar al joven periodista a matricularse en la Universidad de Oviedo para estudiar Derecho, mientras él también daba clases. Abandonó la política, más adelante, para dedicarse a la abogacía defendiendo casos perdidos que hoy harían las delicias de los guionistas de series para cualquier plataforma televisiva, y murió exiliado en Paris, con estrecheces, como había vivido siempre, pero con la misma dignidad con la que combatió a cuantos querían hacerle ver que lo negro no es de ese color.

 La renta mínima lobotomizará los estímulos de los jóvenes para sumirlos en la vida vegetativa, y privará a la sociedad de la necesaria y vital renovación de profesionales, frustrando los deseos de muchos jóvenes revolucionarios, inconformistas con la miseria que Pablo Iglesias y sus colaboradores proponen.

Honorio Feito


martes, 12 de mayo de 2020

NUEVA NORMALIDAD...

    En pleno duelo y náufragos en un mar de incertidumbres, nos preguntamos cómo y cuándo podremos recuperar lo que el virus se llevó. Pero el aliento y la razón nos empujan a dar un pasito más allá, un gran paso decisivo, y a preguntarnos qué deberíamos recuperar, y qué no, de lo que el virus se llevó.
      En ese sentido quiero entender la nueva consigna: “Transición a una nueva normalidad”. Curiosa expresión ésta, contradictoria o cuando menos ambigua, pues si es nueva no será normalidad, y si es normalidad no será nueva. Considero, sin embargo, que esa ambigüedad o esa contradicción es constitutiva de nuestra condición humana, y más en esta incierta época de pandemia en la que todo un mundo que nos parecía normal se ha desmoronado y otro mundo al que aspiramos aún está por construir. La normalidad nos calma, la novedad nos aviva.
      Necesitamos normalidad, pues somos seres de costumbres. Cada día es una cadena de rutinas tan sencillas como vitales. Llega la primavera y el herrerillo anida, el manzano florece. La tierra gira, los astros y las galaxias se atraen, el universo se expande. Infinita armonía regida por una misteriosa fuerza profunda que no sabemos cómo llamar. Es la misma fuerza que empuja la rutina de la vida, la santa rutina que nos lleva. No podemos pararnos a sopesar en cada momento si debemos lavarnos las manos, volver la cabeza, medir la distancia. La rutina se vuelve rito, ahorra energías, simplifica la vida y la sostiene. Despedir a los muertos, festejar un nacimiento, celebrar una boda, pasear libres, abrazarse y besarse cuando el espíritu y el cuerpo lo pide… o simplemente comer juntos simplemente, y, para un cristiano, evocar la presencia real de Jesús, el crucificado viviente, recordando su palabra, comiendo y bebiendo simplemente, con televisión o sin ella de por medio, pero sin necesidad de un sacerdote revestido de alba y casulla y de poderes sagrados exclusivos: la eucaristía que Jesús practicó cada vez que comía con la gente y encarnaba el Reino de la libertad y de la comunión. Bendita normalidad.
      Que llegue la normalidad que facilita la vida. La vida de todos. No la “nueva normalidad” a la que se apeló por primera vez en la crisis del 2008, y mirad lo que se hizo: se rescató a los Bancos y se desahució a la gente. No la vieja normalidad de unos a costa de otros, la violenta desigualdad establecida como norma, la inequidad impuesta como ley social, como desgobierno mundial. No la normalidad del expolio de las selvas y el exterminio de sus gentes, la Amazonía en cabeza, para beneficio de minerías, petroleras y monocultivos extensivos (las selvas son, como se sabe, el hábitat “normal” de infinidad de virus y microorganismos: los expulsamos de su medio y les abrimos paso hasta nuestras macro-ciudades, todo por un beneficio económico inmediato que pronto perderemos con creces combatiendo virus y pandemias: extraña inteligencia del Homo Sapiens).
      No la normalidad del crecimiento insostenible, de la máxima producción, de la mayor ganancia, del derroche consumista. Y de su corolario: las otras nueve grandes pandemias –además de la Covid-19– de las que ya no se habla y que ha señalado recientemente la Comisión para el Futuro Humano de la Universidad Nacional Australiana: la falta de agua, el colapso del ecosistema, el aumento descontrolado de población, la inseguridad alimentaria, la contaminación química, las armas nucleares, el calentamiento global y cambio climático inducido por el ser humano, el desarrollo de poderosas tecnologías sin control, la incapacidad nacional y global para entender y actuar preventivamente sobre los riesgos.
      No la normalidad de esta civilización fundada en la depredación, la prisa y la competición (ahí lo tenemos: el mundo ha parado, pero la Bolsa no, y las farmacéuticas compiten denodadamente por llegar primero a la vacuna y hacerse de oro gracias a la pandemia). No la normalidad de una estrecha cosmovisión antropocéntrica, reforzada por los grandes monoteísmos, según la cual el ser humano es el centro de la creación o el sentido y la flecha de la evolución y todo ha de servir para provecho de nuestra especie (¿acaso existen los virus para el bien humano?). No la normalidad regida por “nuestros demonios internos, nuestro propio odio, codicia e ignorancia” (Noah Yuval Harari), la madre de todas las pandemias.
      A decir verdad, no soy optimista, pero la esperanza nunca fue cuestión de optimismo, sino de compromiso inspirado, gozoso a pesar de todo. Vivimos una hora grave, la hora más grave tal vez de toda la historia de nuestra especie humana. O ponemos las bases de una nueva normalidad basada en la compasión y la solidaridad, o no hará falta que este virus u otro acabe con nosotros, pues acabaremos unos con otros. Recapacitemos.
      Recapacitad, diputadas y diputados de todos los partidos que legisláis en nombre de los ciudadanos, y dejad de lado, si os tenéis en algo, las rencillas y mentiras indignas de la gente que decís representar. Recapacitad, mandatarios y mandatarias del planeta. Os lo pedimos por el pan de cada día de tantas familias, por el porvenir de nuestros jóvenes, por el futuro común de la tierra. Os lo pedimos por la memoria de las personas queridas que se fueron tan solas, sin una última palabra, sin una última caricia, dejando tanto duelo difícil. Su aliento se hizo uno con el Aliento universal eterno. Descansan en paz.
      Que su paz eterna cure nuestra memoria y nos libre de nuestros miedos y ambiciones, para que la vida humana, mucho más humana que hasta hoy, siga en esta tierra sagrada. Que las Bienaventuranzas (la solidaridad con los pobres, la sed de justicia, la honradez, la misericordia, la paz, la mansedumbre) del profeta Jesús y de todos los profetas, con religión o sin ella, inspiren una nueva normalidad para una nueva comunidad mundial. Que la vida humana –humus y aliento– merezca este nombre, y hagamos verdad lo que dijo el poeta alemán: donde crece el peligro aumenta también lo que salva.

O Museo Catedral de Santiago presenta o seu catálogo dixital

             Desde el día 9 está a disposición del público en la página web de la Catedral.

             El proyecto se enmarca en el programa O teu Xacobeo, de la Xunta de Galicia.

En los últimos meses, la Fundación Catedral de Santiago ha desarrollado un proyecto de digitalización de parte de su patrimonio cultural y sus colecciones artísticas. Se trata de la primera fase de un proyecto más amplio que tiene un doble objetivo: en primer lugar, contar con recursos digitales para la documentación y conservación de las piezas y, en segundo, mejorar la difusión y el acceso del público a estas obras de arte, algunas de ellas, claves en la historia y arte de Galicia.

De este modo, según lo previsto, se han digitalizado un total de 75 recursos patrimoniales de la catedral de Santiago, entre ellos, algunos tan significativos como el parteluz del Pórtico de la Gloria, el conjunto de sepulcros del Panteón Real, el fondo de escultura románica, los restos arquitectónicos y escultóricos de la fachada exterior del Pórtico de la Gloria o del Coro pétreo del Maestro Mateo, o las piezas más destacadas del Tesoro. Para ello se han utilizado, según la tipología de cada pieza, distintas técnicas de digitalización, como la fotogrametría o el escáner, unos trabajos que ha desarrollado la empresa gallega Margen Fotografía. Este importante fondo digital, que recoge el estado de conservación actual de las piezas y, llegado el caso, la realización de réplicas físicas de las mismas, evitando pérdidas irreparables, quedará almacenado en un repositorio instalado en el propio Museo Catedral que será una verdadera cápsula digital de la memoria cultural de la catedral de Santiago.

Así mismo, a partir de todos los datos gráficos obtenidos, se han procesado las imágenes para poner este fondo digital al servicio del público, a través de modelos 3D interactivos, vídeos, fotografías y otros recursos que, junto con textos explicativos, estarán disponibles, de forma gratuita, en dispositivos instalados en las propias salas del Museo y, también, en una nueva web accesible desde la propia página de la catedral de Santiago (www.catedraldesantiago.es) Todos estos contenidos, que permiten una nueva visión, al máximo detalle, del arte de la catedral compostelana están disponibles en gallego, castellano e inglés.

De este modo, el público podrá sumergirse, desde perspectivas y materiales diversos, en las fachadas de la catedral románica, el altar del arzobispo Gelmírez, los últimos tiempos de la escultura románica compostelana, con la figura del enigmático Maestro de los Paños Mojados. También  aproximarse hasta el detalle al proyecto del Maestro Mateo con el Pórtico de la Gloria, su desaparecida fachada exterior y el perdido coro pétreo; conocer la importancia que tuvo la catedral como templo nacional de los reyes de Galicia; y, por fin, saber de la importancia que, desde época medieval, tuvieron las peregrinaciones a Santiago y el culto a las reliquias, que dieron lugar a importantes ofrendas y donaciones.

Se trata de un proyecto multidisciplinar, de aplicación de las nuevas tecnologías al patrimonio cultural, en el que han participado historiadores del arte, informáticos, fotógrafos, diseñadores digitales, etc. impulsado por la Fundación Catedral de Santiago y que ha contado con la colaboración de la Xunta de Galicia a través del programa O teu Xacobeo desarrollado por la S. A. de Xestión del Plan Xacobeo – Galicia.

jueves, 30 de abril de 2020

¡ENTRA EN MI VIDA!


«Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

Jesús, ¿me estoy dejando salvar por ti o me empeño en perderme? Porque si pongo por delante el pecado a vivir en Ti y por Ti… me empeño en perderme. Danos hoy un poquito más de tu Gracia, Señor, para que nos abramos a la vida santa que nos quieres regalar ya, aquí y ahora, y que se prolongará por toda la eternidad. Que se cumpla en nosotros la voluntad del Padre que has venido a cumplir. Que no echemos en saco roto tu Gracia, Señor.

«Ya hemos superado la cuarentena de confinamiento y vamos hacia la cincuentena -escribe Chus-. Yo lo considero muy serio. Me gusta el lenguaje que oigo, que llaman positivo, de ayuda, de poner nuestro granito de arena, de trabajar por los demás. Parece que esta epidemia está sacando de muchos lo mejor que tienen de modo que olvidándose de sí mismos sientan a los demás como algo cercano y a tener en cuenta. De alguna forma nos estamos transformando todos -incluida la Iglesia- en una ONG al servicio de todos los males que aquejan a nuestra sociedad. Todos estos sentimientos son buenos y muy humanos. Están aflorando en todos los países del mundo. Somos como suele decirse una aldea global.

A mí, sin embargo, me gusta y lucho para que no se olvide la parte trascendente y sobrenatural aunque muchos lo llamen lenguaje negativo y digan que no suma y no construye. Yo tengo claro que un hombre sin fe o, al menos, en búsqueda, no encuentra el sentido y se debate en gran soledad. Yo creo a Santo Tomás cuando dice que el hombre desgajado de su creador en parte no existe. La vida de un ser humano que no aspira a un fin último más allá de la materia que nos rodea es una contradicción la cual somatizada hace mucho daño aunque uno no piensa nunca en estas cosas.
Por eso, hablando para gente que tenga fe les digo que me encanta escribir sobre los primeros pasos que dio el cristianismo después de la resurrección de Cristo. Es lo que nos propone la Iglesia en su liturgia para estos días. Pero, además, sentir en tu vida  carnal, psí
quica y espiritual el anhelo de la resurrección es entrar en una plenitud que nada ni nadie te podrán dar. Cuando un cristiano gritaba que Cristo está vivo y ha resucitado, lo que proclamaba era que él también va a resucitar, que todo tiene sentido, que el mundo tiene dueño, que la historia se desarrolla desde un plan benéfico y amoroso. Yo llevo ochenta y cinco años viviendo esto y es mi gozo más hondo. Respeto a un hombre que no tenga fe, pero creo que es un déficit enorme que yo no quiero para nadie.
Me gusta que la Iglesia trabaje codo a codo con el resto de la sociedad para paliar toda la problemática humana que exista o pueda surgir de esta pandemia. No obstante, creo que su principal timbre de gloria no está en ninguna obra sino en el encargo de anunciar a Cristo resucitado y ofrecerle a la gente este alimento espiritual. Es muy necesario marcar la diferencia, subrayar el hecho diferencial, para que el pueblo vea nuestra fe y que a través de ella el Espíritu Consolador pueda llegar a la gente sobre todo a los que más sufren. Si la Iglesia no tiene hecho diferencial es una ONG; pero tiene algo distinto de todos y es que su trabajo se basa en la fe de la resurrección manifestada en Cristo Jesús.»

Montse de Javier · Comunidade Caná

miércoles, 22 de abril de 2020

Agora..subsidiaridade e responsabilidade

Cando polo 11 de marzo tiven a confirmación de que a médicos con síntomas non lles estaban a facer a proba do Covid 19 fíxoseme evidente que: a) A pandemia ía totalmente fóra de control. b) O proxecto político e de imaxe do actual goberno se fora ó traste. Pero o futuro tamén depende do comportamento de todos nós, por acción ou por omisión, aínda que estar dentro da Unión Europea supón saber que hai un marco xurídico e institucional organizado para a toma de decisións e tamén unhas certas garantías no marco da economía de mercado cunha mellor financiación. Disto oirase moito nas noticias nestes próximos días.

Se nos preguntan, que pasará na nosa sociedade despois da pandemia? Pois pasará algo semellante a cando a Unamuno lle preguntaron se duraría moito a Ditadura. A súa resposta foi sensata: “Depende do que empuxemos”. Así que desta crise, segundo se actúe, sairemos con máis protagonismo da sociedade e as súas asociacións ou máis dependentes do Goberno e do Estado, máis responsables ou máis subvencionados…
No cadro macroeconómico está claro que o Estado estará máis endebedado, por tanto todos nós, e iso leva consigo consecuencias de menos salarios para funcionarios, pensionistas, traballadores… que se fará por algún, ou varios á vez, dos seguintes mecanismos:
-Baixar directamente o soldo. Por exemplo se un funcionario cobraba 30.000 € brutos ó ano pasar a 25.000, ou un pensionista se cobraba 15.000 pasar a 12.000… máis ou menos.
-Outra forma de baixalo é pasar de pagar 4.000 € de imposto do IRPF a pagar 6000,7000, 8.000…
-Tamén subir o IVE dous, tres puntos… co que se perde polo menos directamente 2 ou 3 % do valor do salario.
-Aumento de impostos especiais, por exemplo 5 cts máis no litro dos combustibles, co que se farán menos kms cos mesmos cartos e os bens custarán máis. Pódense poñer novos impostos, taxas, etc.
Ben sabemos que a tendencia dos Gobernos é facerse cada vez máis poderosos e que os cidadáns se fagan cada vez máis dependentes deles. Pero, se queremos ser cidadáns libres adultos, debemos asumir a nosa liberdade e responsabilidade social. Para iso poden ser moi importantes algunhas das ensinanzas da Doutrina Social da Igrexa aplicables aquí, das que destaco:
-O Principio de Subsidiariedade, que defende que o que pode facer unha persoa ou un grupo máis pequeno non llo impida un grupo maior ou o Goberno, co correspondente dereito á iniciativa económica e social. Poderiámolo resumir como Autoxestión.
-O Traballo sobre o Capital, é dicir, que o diñeiro debe estar ó servizo das persoas, o que implica o Destino Universal dos Bens e a Solidariedade.
Humanamente é claro que gañarse o sustento co propio traballo dignifica máis ás persoas ca outros medios de vivir ou sobrevivir. Por iso serían importantes cousas pequenas a facer como:
-Dar oportunidade a que as persoas poidan exercer o seu traballo mediante obras pequenas, ou non tan pequenas, buscando que sexan as máis eficientes económica e socialmente agora e no futuro.
-Consumo solidario, responsable e ecolóxico para soster o traballo.
-Compartir o traballo con diversas fórmulas.
-Préstamo sen interese a familiares, amigos, veciños, necesitados… para que poidan poñer en marcha o seu posto de traballo e comezar a gañarse a vida. Isto é legal polo menos desde 2011, aínda que non sexa nada anunciado nos medios por razóns obvias. (Con parte a fondo perdido?).
-Seguir pola senda daquel grupo de militantes da HOAC que en Valencia no ano 1963 crearon un novo tipo de empresa, a Sociedade Anónima Laboral (dos Transportes Urbanos de Valencia, SALTUV), para facerse cargo da Compañía de Tranvías e Ferrocarrís ante o fin da concesión ó dono anterior. Así, hoxe, crear tamén novos modelos económicos dende a solidariedade.
-Por suposto, sen esquecer o urxente de que a ninguén lle falte o sustento diario, pero coa mirada posta no importante, que poidan gañalo canto antes!.
Para rematar, quero traer aquí o criterio xusto para avaliar as decisións que poñan en marcha os Gobernos e outras institucións, que resumen moi ben os bispos de USA en “Xustiza Económica para Todos”, nº 24: “Hai que avaliar as decisións (de política económica) á luz do que fan POR os pobres, do que fan AOS pobres e do que posibilitan que os pobres fagan POR SI mesmos. O criterio moral fundamental para tódalas decisións, as políticas e as institucións económicas é o seguinte: deben estar ó servizo de todos e especialmente ó servizo dos pobres”.


Antón Negro
Delegado Episcopal de Cáritas

martes, 14 de abril de 2020

O confinamento do corazón


Aínda que nos enchen o whatsapp e as demais redes sociais de infinidade de bromas (encántame a creatividade deste país aínda en tempos difíciles!), a realidade é que vivimos unha situación que cada vez é máis complicada.

Todos dixemos nestes días de «peche» que teriamos tempo de facer unha infinidade de cousas. Nada máis lonxe da realidade, que sempre estamos a perder o tempo como faciamos antes ou que seguimos sen decidirnos a vencer a preguiza que provoca estar recluídos. Ao final non se trata tanto do externo, senón de nós, da nosa actitude, da verdadeira disposición que temos para facer as cousas. Ese «minuto heroico» que algunha vez na nosa vida escoitariamos na maior das loitas que pelexamos cada día e que vai marcar as posteriores horas non pode deixarnos derrotados nin que signifique que por perder unha batalla perdamos a guerra; e si, refírome ao minuto en que decidimos se nos levantamos da cama ou seguimos «cinco minutiños máis».

Pero hoxe quero falar dun tipo de confinamento que me parece peor e máis doloroso: o do corazón. Porque o que máis me preocupa é isto. Eu podo confesar e confeso que levo varios días encerrado na miña habitación-despacho, que se converteu no meu lugar de traballo, de oración, de lecer, de alimentación… Tamén podo confesar que a pasada semana, celebrando a Misa, eu só, contemplando a praza e a avenida Rodríguez Mourelo, vendo atardecer, emocionábame elevando a Xesús nas miñas mans. Nese momento viñan ao meu corazón algunhas das persoas hospitalizadas e doíame a alma non poder facer nada salvo rezar (que é o máis importante e o poder da oración é moi forte). Agora entendo aos meus pais e a tantos outros: ver mal ao teu fillo e non saber que facer por eles. Bendita paternidade!

Así que estes días pensei moito no confinamento do corazón. Antes considerábaste libre, con capacidade de decidir na túa vida, sendo o máis autónomo de todos os seres deste mundo. Pero agora, que catro paredes nos constrinxen, que parece que non existe abondo osíxeno nas nosas casas, que as horas pasan no mesmo espazo coa mesma xente, segues considerándote libre? É fermoso descubrir que o noso corazón ten anhelos infinitos porque iso fainos lembrar que somos humanos, creados por Alguén que si é verdadeiramente infinito e que, así, fíxonos capaces de infinito. Nunca cansarás de desexar, de buscar, de pedir. Parecemos «pozos sen fondos». E realmente sómolo.

Por iso a liberdade non se mide en espazos ou tempos, mídese no corazón. Aquela frase que tantas veces me lembrou un moi querido amigo sacerdote do Mestre Yoda: «aprender a liberarse daquilo que precisamente perder temes». Esa é a nosa maior liberdade. Que liberación ao deixar unha relación que non ía a ningunha parte! Pois esa, e non outra, é a verdadeira liberdade. Polo menos un primeiro indicio da mesma. Pois falta un ingrediente: ti. A liberdade non é un xesto que veña de fóra, senón que nace no noso corazón. É o movemento do corazón que anhela e que desexa ser anhelado. Pero cando algo se pon no medio do camiño, cando bloquea esta acción, entón a liberdade simplemente desaparece.

Estes días moita xente está a descubrir que non sabe vivir soa, que non entende que é verdadeiramente a liberdade. Parecía que antes eramos libres por vivir na rúa, sempre rodeados de xente. Agora, sós e encerrados, a vida esvaécese. O teu corazón está verdadeiramente confinado. E, unha vez máis, non se trata do espazo ou do tempo, trátase de ti. Vivir a liberdade como don de Deus é descubrir que fuches creado para o amor, para elixir e ser elixido (como diría tamén o meu bo amigo Buber).

E o corazón confinado aínda non é maduro. Porque a súa liberdade vívea ao límite cos demais. É facer real esa tremenda frase de Sartre cando di que a nosa liberdade acaba onde comeza a do outro. Que ninguén che veña a pór a cambadela! Non dependas de ninguén. Que cando Deus elixíu a Abrahán e díxolle que saíse da súa terra non lle explicou con quen debía ir e con quen non. Non imaxino a Deus facendo unha lista detallada, como as das vodas! Tratábase de que el seguise a vocación do Señor con aquilo que era a súa vida. E Sara, a súa muller, era a súa vida. Por iso deixou todo o demais atrás. Que hai na túa vida que sexa realmente necesario? Que forma parte do teu corazón que non podes deixar atrás? Porque no confinamento haberá moitas cousas, pero o esencial de cada un de nós neste tempo tamén quedou claro. E o teu corazón, como está?

O confinamento demostra como son as nosas relacións cos outros, como as vivimos e nos afectan. Pero tamén di moito de nós, de como vivimos a nosa vida, do acelerado que anda o noso pulso diario. Netflix, HBO, Instagram, Facebook, Tik Tok ou Whatsapp quizais son o verdadeiro confinamento do corazón. As horas que perdemos nas redes sociais, en conversacións nada produtivas ou en perseguir a unha mosca coa mirada? Tamén temos que aprender a descansar, a divertirnos e mesmo a aburrirnos! Pero o noso corazón ten que ser libre, buscar o infinito e vivindo en relación con aquilo que nos constrúe.

Imaxinemos por un intre que Deus colle o noso corazón, así, agora, co que vivimos até este momento. Haberá mil cosas das que poderiamos avergoñarnos. Pero unha boa pregunta sería: que espazo ocupou Deus na túa vida? Buscáchelo realmente? Fuches tan libre como para vivir a túa vida segundo as túas propias decisións ou seguindo os desexos doutros, os caprichos doutros? Vives atado ás túas apetencias ou tratas de «en todo, amar e servir» ao máis puro espírito ignaciano? Coidas dos que tes preto, ou o teu corazón está aprisionado polo egoísmo e a soberbia?

O confinamento do corazón hoxe ten que rematar. Depende de ti. Porque só ti sabes como está e só ti podes dar por resolto este capítulo na túa vida. Pero non estás só. Es finito! E, aínda que creado para ser libre e amar, Alguén o fixo primeiro por ti. Pídelle a Deus que che axude. A súa graza pódeo todo. Pero non deixes que nada che roube a paz. Tampouco este tempo. Tampouco a corentena. Nin sequera as catro paredes da túa casa. A liberdade permíteche contemplar o horizonte da túa vida, tomar as rendas da mesma e decidirche a amar e ser amado!

Nicolás Susena Presas