martes, 2 de noviembre de 2021

LA SINODALIDAD EN PERSPECTIVA ECUMÉNICA

PARTE I

· Resumen.
· Palabras clave.
1. Punto de partida.

PARTE II
2. Introducción.
2.1. La palabra sínodo como desafío ecuménico: hacia una pedagogía sinodal.
2.2. El objetivo ecuménico de la sinodalidad: la unidad se reconstruye en el camino.

PARTE III
3. Redescubrimiento multilateral de la siniodalidad como consecuencia de una visión eclesiológica común.
3.1. Un recorrido breve por los documentos del diálogo.
3.2. La Iglesia: hacia una visón común (2013) y La respuesta católica (2019).

PARTE IV
4. Hacia la superación del principal obstáculo en el camino sinodal de la iglesia desde la perspectiva ecuménica.
4.1. Presupuestos.
4.2. ¿El Papa como portavoz de la Cristiandad?

PARTE V
· Conclusión general.
· Notas.
· Bibliografía.

Benito Méndez Fernández
Instituto Teológico Compostelano
bmendez@itcdesantiago.org
https://orcid.org/0000-0002-4241-7985

PUBLICADO EN:
Salmanticensis 68 (2021) 265-300
ISSN: 0036-3537 (impreso) ISSN: 2660-955X (online)


___________________________________

 

Resumen: El documento de la Comisión Teológica Internacional sobre la sinodalidad (2018) tiene una decidida dimensión ecuménica, no solo porque establece una nueva forma de enfocar la vida interna de la Iglesia, sino porque implica un camino conjunto de todos los cristianos. Para ello es necesario reflexionar sobre la pedagogía sinodal y los objetivos comunes, tal y como ha sucedido con el documento de convergencia «La Iglesia: hacia una visión común» y la respuesta católica al mismo. Desde esas bases, es posible concebir las relaciones ecuménicas como un medio para encontrar la unidad en el camino.

Palabras clave: Sinodalidad, Francisco, ecumenismo, primado, eclesiología, camino, comunión.

A principios del verano de 2018 el papa Francisco viajó a Ginebra para visitar la sede del Consejo Mundial de Iglesias, con motivo del 70 aniversario de su fundación. Allí, durante la oración común, pronunció unas palabras que, en principio, parecen sorprendentes:

Alguno podría objetar que caminar de este modo es trabajar sin provecho, porque no se protegen como es debido los intereses de las propias comunidades, a menudo firmemente ligados a orígenes étnicos o a orientaciones consolidadas, ya sean mayoritariamente “conservadoras” o “progresistas”. Sí, elegir ser de Jesús antes que de Apolo o Cefas (cf. 1 Cor 1,12), de Cristo antes que “judíos o griegos” (cf. Ga 3,28), del Señor antes que de derecha o de izquierda, elegir en nombre del Evangelio al hermano en lugar de a sí mismos significa con frecuencia, a los ojos del mundo, trabajar sin provecho. No tengamos miedo a trabajar sin provecho. El ecumenismo es “una gran empresa con pérdidas”. Pero se trata de pérdida evangélica, según el camino trazado por Jesús: “El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará” (Lc 9,24). Salvar lo que es propio es caminar según la carne; perderse siguiendo a Jesús es caminar según el Espíritu. Solo así se da fruto en la viña del Señor. Como Jesús mismo enseña, no son los que acaparan los que dan fruto en la viña del Señor, sino los que, sirviendo, siguen la lógica de Dios, que continúa dando y entregándose (cf.Mt 21,33-42). Es la lógica de la Pascua, la única que da fruto 1.

Si el ecumenismo es un negocio ruinoso o con pérdidas, entonces, ¿qué queda de todos los esfuerzos por la unidad de los cristianos…, cientos de encuentros, congresos, oraciones comunes, comisiones... habrá sido todo en vano? Es verdad que queda mucho por hacer, pues la tarea ecuménica, teóricamente un compromiso irreversible 2, no goza de la prioridad que debería en la agenda eclesial. No en vano ha sido recientemente publicado un Vademecum ecuménico para recordárselo a los obispos 3. Todavía quedan muchos prejuicios del pasado, cuando no resquemor, en algunos casos, debido a acontecimientos histórico poco afortunados 4. Es decir, aparentemente no hay muchas razones para el optimismo a corto plazo. Por eso son sorprendentes las palabras de Francisco, porque él no es, precisamente, un pesimista. Más bien su profunda confianza en que es el Espíritu Santo, quien dirige a la Iglesia de Cristo, le lleva a llamar nuestra atención para salir de nuestra acedia y letargo, también en esta tarea, y nos pongamos en camino para revertir la situación de división entre cristianos. Es una tarea urgente que, además, será un signo que contribuirá al bien de toda la humanidad 5. Su constante ejemplo de apertura y de búsqueda de encuentro con los otros nos anima, pues, a dejar los viejos prejuicios, y, en el fondo, a dejar la comodidad. La afirmación de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia la empuja de forma natural hacia la sinodalidad, a caminar juntos, en todas sus dimensiones, tal y como ya intuyeron hace décadas algunos paladines del ecumenismo como el hermano Roger de Taizé o Yves Congar 6.

Las palabras de Jesús no pueden ser más exigentes: “quien quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por mi causa la salvará” (Lc 9,24). Nos recuerdan también a las de San Pablo: “por Cristo lo he perdido todo” (Fil 3, 7-8). No son palabras fáciles de aceptar, porque no es fácil asumir que no somos los únicos cristianos, los exclusivos. Aunque llevamos cincuenta años de recepción del Concilio Vaticano II, sus textos todavía no han penetrado en nuestras carnes de forma suficiente. Esos textos afirman que los que no son católicos, y están bautizados, son cristianos; pertenecen a Cristo, son hermanos, son de la familia, y debemos ser consecuentes con ello. Es decir, la Iglesia católica reconoce claramente que las fronteras visibles de la Iglesia católico-romana no coinciden con las fronteras de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica que profesa el Credo 7. Por otra parte, asumir a los diferentes como hermanos de forma creíble, y así desarrollar una verdadera catolicidad, exige comenzar a asumir las diversidades en el interior de la Iglesia como una riqueza y no como un impedimento. Esto exige, en consecuencia, cambiar las formas tradicionales de la relación entre sus miembros 8. Esa ‘conversión sinodal’ interna, como decimos, hará creíble el compromiso eclesial en el trabajo ecuménico. Desde hace décadas los documentos más importantes nos recuerdan que este solo puede realizarse en actitud de ‘recibir’ los dones que los demás tienen, considerándolos como también propios, por medio de un intercambio dinámico 9.


1.- Punto de partida

A continuación, dando por supuestos los diferentes aspectos del principio sinodal tratados en el documento sobre La sinodalidad de la Comisión Teológica Internacional (2018) nos centraremos en su desafío ecuménico:

“Además, la sinodalidad está en el corazón del compromiso ecuménico de los cristianos: porque representa una invitación a recorrer juntos el camino hacia la comunión plena, y porque ofrece —correctamente entendida— una comprensión y una experiencia de la Iglesia en la que pueden encontrar lugar las legítimas diversidades en la lógica de un recíproco intercambio de dones a la luz de la verdad” (9) … “En este contexto, la actuación de la vida sinodal y la profundización de su significado teológico constituyen un desafío y una oportunidad de gran relieve en la prosecución del camino ecuménico” 10.

También encontramos esta dimensión fundamental en el último gran documento ecuménico sobre eclesiología, procedente de la Comisión Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias:

La palabra sínodo viene de los términos griegos syn (con) y odos (camino), lo que sugiere “caminar juntos”. Tanto sinodalidad como conciliaridad significan que “cada miembro del cuerpo de Cristo, en virtud del bautismo, tiene su lugar y sus propias responsabilidades” en la comunión de la Iglesia. Bajo la guía del Espíritu Santo, la Iglesia entera es sinodal/conciliar en todos los niveles de la vida eclesial: local, regional y universal. La cualidad de sinodalidad o conciliaridad refleja el misterio de la vida trinitaria de Dios, y las estructuras de la Iglesia expresan esa cualidad para actualizar la vida de la comunidad como comunión 11.

A estas dos referencias es necesario añadir la que nos muestra el importante discurso del papa Francisco con motivo del cincuenta aniversario de la constitución del Sínodo de los obispos, el 17 de octubre de 2015. De ella, junto con las anteriores, podemos deducir que no hay otra alternativa para la Iglesia, también en este ámbito ecuménico, que no sea la sinodalidad:

“El compromiso de edificar una Iglesia sinodal —misión a la cual todos estamos llamados, cada uno en el papel que el Señor le confía— está grávido de implicaciones ecuménicas... Estoy convencido de que, en una Iglesia sinodal, también el ejercicio del primado petrino podrá recibir mayor luz. El Papa no está, por sí mismo, por encima de la Iglesia; sino dentro de ella como bautizado entre los bautizados y dentro del Colegio episcopal como obispo entre los obispos, llamado a la vez —como Sucesor del apóstol Pedro— a guiar a la Iglesia de Roma, que preside en la caridad a todas las Iglesias.

Mientras reitero la necesidad y la urgencia de pensar en una conversión del papado... Estoy convencido de tener al respecto una responsabilidad particular, sobre todo al constatar la aspiración ecuménica de la mayor parte de las Comunidades cristianas y al escuchar la petición que se me dirige de encontrar una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva” 12

Teniendo en cuenta estas referencias, queremos orientar nuestra mirada no tanto en los contenidos de ese “caminar juntos” que forman las relaciones ecuménicas concretas. Estas han traído ya unos resultados que pueden considerarse históricos, al menos en lo que se refiere a las de católicos y ortodoxos y, por supuesto, a las de católicos y luteranos 13. Cada uno de estas relaciones merecería, de por sí, un tratamiento pormenorizado y específico, pues, desde la publicación del Decreto de Ecumenismo del Concilio Vaticano II, dar cuenta de la situación ecuménica se ha convertido en un tema oceánico y no fácil de alcanzar en una mirada global 14.

El papa Francisco, en el texto citado, ya nos está señalando uno de esos nudos que es necesario desatar en el camino ecuménico 15. Para ello habrá que partir de las bases comunes que el Movimiento ecuménico ha ido adquiriendo gracias a su propia evolución histórica. Esas bases, por otra parte, refuerzan la conciencia de que el mundo en que vivimos, exige por parte de todos los cristianos un cambio radical de actitud, una apertura radical hacia la colaboración. Lo que está en juego no es la supervivencia de las Iglesias, sino la credibilidad del mensaje de Cristo; y tal credibilidad ya no es posible recuperarla de forma aislada 16. Por eso el papa se propone responder a ese desafío comenzando por la propia casa, dinamizando la vida sinodal de la Iglesia en todos sus niveles. Sólo mediante esta ‘conversión hacia la sinodalidad’ quedará preparada y enfocada a las necesidades de la misión en las circunstancias actuales. Esta iniciativa significa un nuevo paso, por así decirlo, en la recepción del Concilio, si lo comparamos con las circunstancias de pontificados anteriores, más preocupados por la unidad de la Iglesia, entendida como comunión doctrinal con su jerarquía 17.

La justificación de esta opción nuestra por una fundamentación general de la sinodalidad se basa en una convicción hoy mayoritariamente asentada entre los grupos que participan en el Movimiento ecuménico 18. Para construir el futuro, se ha de partir de lo que nos une en profundidad, más que de aquello que nos diferencia 19. Siendo esto así, en primer lugar, en la introducción, después de exponer un breve panorama del cristianismo mundial, nos proponemos reflexionar sobre la necesidad de una pedagogía sinodal y sobre la sinodalidad como objetivo ecuménico. Cierto es que la misma aparece con mayor relevancia en el diálogo católico-ortodoxo; pero, siendo dimensión constitutiva de la Iglesia, se ha de extender a todos los diálogos y, de hecho, podemos encontrar un ‘núcleo sinodal’ en todos ellos, como veremos. Por eso, en segundo lugar, nos hemos decidido por poner el foco de nuestra atención en la visión común del ser y la misión de la Iglesia que, después de décadas de diálogo, se ha convertido en patrimonio compartido por las principales confesiones cristianas y, por ello, constituye una base firme para un modelo de Iglesia sinodal, una Iglesia de la complementariedad y no del aislamiento confesional.

Son muchos los aspectos que merecen atención en este proyecto sinodal de la Iglesia desde el punto de vista ecuménico. Entre ellos, nos hemos decantado por sopesar algunas sugerencias conocidas, pero que vuelven a la palestra ecuménica, a la hora de intentar desatar uno de esos “nudos” que impiden un caminar ligero entre los cristianos, como es la misión del primado en la Iglesia universal. Aun así, no podremos más que señalar el camino, pues el recorrerlo, aunque fuera someramente, también traería consigo entrar en toda la riqueza de documentos ya publicados sobre el tema, principalmente en el diálogo anglicano-católico y en el diálogo ortodoxo-católico de los últimos años.

Continuará...

 

viernes, 29 de octubre de 2021

EN CAMIÑO CO SÍNODO: A SANTIDADE SACERDOTAL E A CARIDADE PASTORAL

El Papa Francisco no deja de recordar la plena actualidad del Concilio Vaticano II. En realidad lo que el Papa busca con la permanente actualización del Sínodo es llevar a la Iglesia a asumir las profundas consecuencias que se derivan de la eclesiología del Concilio vaticano II, cuyo documento marco es la Constitución sobre la Iglesia, Lumen Gentium.

La Constitución “Lumen Gentium” comienza reflexionando sobre el misterio de la Iglesia para centrarse luego en el Pueblo de Dios del que forman parte el Episcopado con los diversos ministerios ordenados y los laicos. A continuación el Concilio, en el capítulo V de esta Constitución, trata el tema de la vocación universal a la santidad de la Iglesia.

En este momento en que la Iglesia universal comienza un camino sinodal que tiene como lema “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión”, nosotros estamos llamados a reflexionar y meditar sobre los fundamentos en los que se asienta este camino de renovación que emprendemos.

Nos dice el Concilio Vaticano II que en la Iglesia, todos, lo mismo los que pertenecen a la jerarquía que los apacentados por ella están llamados a la santidad. Esta santidad de la Iglesia se manifiesta en los frutos de gracia que el Espíritu produce en los fieles y se expresa de múltiples formas en cada uno.

Jesucristo, Modelo de santidad, predicó a todos sus discípulos la santidad de vida, de la que Él es iniciador y consumador. Los seguidores de Cristo no conseguimos la santidad por un proyecto personal sino que, por designio y gracia divina, hemos sido hechos santos por el bautismo. Por tanto, es con la ayuda de Dios como estamos llamados a conservar y a perfeccionar la santidad que hemos recibido.

Todos los fieles estamos llamados a la plenitud de la vida cristiana en la santidad y esa perfección de la caridad suscita en ellos un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena.

La santidad de los fieles cristianos se realiza de diferentes modos en los diversos estados de vida. Siendo una misma la santidad que cultivan todos los que son guiados por el Espíritu de Dios y siguen  a Cristo pobre y humilde, cada uno debe caminar sin vacilación por el camino de la fe según los dones y funciones que le son propios.

En primer lugar es necesario que los pastores de la Iglesia, a imagen de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, desempeñen su ministerio santamente. Un ministerio así vivido, con esperanza y entusiasmo, será para todos los pastores su más propio medio de santificación.

En el Decreto “Presbiterorum Ordinis” del mismo Concilio Vaticano II se trata específicamente de la vocación a la santidad de los presbíteros. Allí se habla de la importancia y significación de la santidad sacerdotal (P.O. 12-14).

Los sacerdotes están obligados de manera especial a alcanzar la perfección de la santidad porque todo sacerdote, a su modo, representa la persona del mismo Cristo y es enriquecido por una gracia particular para mejor servir a los fieles que se le han confiado. En este sentido dice el Concilio que la santidad de los sacerdotes, haciendo de ellos instrumentos más aptos en el servicio de todo el Pueblo de Dios, es el medio más excelente para que la Iglesia consiga sus fines pastorales de renovación.

Al hablar de la santidad de los sacerdotes, el Concilio se detiene en la consideración  de la necesidad de la unidad y harmonía de la vida de los presbíteros. En un mundo de tan múltiples deberes y de tan diversos problemas se corre el peligro de disiparse en diversidad de cosas. En esta situación, la unidad de vida no puede lograrse por la mera ordenación exterior de las tareas del ministerio ni por la sola práctica de los ejercicios de piedad. Y se nos propone que para conseguir esta  unidad de vida el presbítero está llamado a vivir su ministerio siguiendo el ejemplo de Cristo, cuya comida era hacer la voluntad del Padre. En ese cumplimiento de la voluntad del Padre en el mundo por medio de la Iglesia, Cristo está presente y obra por sus ministros y permanece siempre como la fuente de la unidad de vida de todos ellos.

La unidad de vida y acción de los presbíteros se conseguirá uniéndose a Cristo en el conocimiento de la voluntad del Padre y desempeñando el oficio de buen pastor. Es en el ejercicio de su ministerio unido Cristo como el sacerdote conseguirá el vínculo de la perfección sacerdotal en la unidad de su vida y de su acción. A esto lo denomina el Concilio ejercicio de la caridad pastoral. Este será un concepto teológico muy desarrollado para hablar de la vida del presbítero, sobre todo en la “Pastores dabo vobis”.

En el año 1990 se celebró el Sínodo con el lema “La formación de los sacerdotes en las circunstancias actuales” y en al año 1992 el Papa Juan Pablo II publicó la correspondiente Exhortación Apostólica “Pastores dabo vobis”. En este documento pontificio se habla de manera profunda y amplia de la formación de los sacerdotes y de la vida sacerdotal en general. El concepto teológico de caridad pastoral pasa a un primer término para precisar la profunda originalidad de la vida y la espiritualidad sacerdotal con una presencia abundante en el magisterio y en la teología del sacerdocio.

“El principio interior, la virtud que anima y guía la vida espiritual del presbítero en cuanto configurado con Cristo cabeza y pastor es la caridad pastoral”

P.D.V, 23.

El contenido esencial de la caridad pastoral, nos dice “Pastores dabo vobis”, es la donación de sí mismo a la Iglesia, compartiendo el don de Cristo y a su imagen. La caridad pastoral no es, pues, solo lo que hacemos, sino la donación de nosotros mismos lo que muestra el amor de Cristo por su grey. Hasta el punto de que la caridad pastoral determina nuestro modo de pensar y de actuar, nuestro modo de comportarnos con las personas.

El don de nosotros mismos, raíz y síntesis de la caridad pastoral, tiene como destinataria a la Iglesia. Así lo hizo Cristo y así debe hacerlo el sacerdote.

Recientemente la Conferencia Episcopal Española aprobó un importante documento “Formar pastores misioneros” en el que se nos recuerda que la espiritualidad sacerdotal supone y desarrolla la espiritualidad común a todos los fieles cristianos, pero, a su vez, tiene rasgos específicos, entre los que está la caridad pastoral como participación en el amor de Cristo Buen Pastor como principio unificador de su vida.

La santidad del sacerdote es el mayor don que el Señor nos concede para la renovación eclesial que el Sínodo quiere promover y en ese camino será esencial la profunda vivencia de la caridad pastoral de los sacerdotes.

 Vigo, 20 de octubre de 2021

 + Luis Quinteiro Fiuza

Obispo de Tui-Vigo

 

O DEPREDADOR DO HOME

Os datos que xustifican o título deste escrito son os nosos incorrectos comportamentos que, en linguaxe catequética, denomínanse pecado. Para analizar a natureza do pecado, hai que ter presentes os datos da psicoloxía, da moral e da relixión. A teoloxía espiritual non pode prescindir destes datos e menos discrepar deles. Os datos dannos a coñecer a natureza do pecado, pero non abondan, porque unicamente con datos fanse avaliacións, pero non se sacan conclusións.

O coñecemento da magnitude do volcán de Palma sérvenos para calcular a contía de perdas que se están producindo no arquipélago canario; pero para tomar decisións non é suficiente coñecer a situación: requírese sentirse afectado por ela. Se isto é así, non é suficiente con que eu coñeza o que é o pecado e as súas consecuencias. Mesmo non abonda con que eu me considere pecador. Os ladróns aprópianse do que non é seu, pero non se consideran malos cidadáns inxustos cos demais e non se arrepinten de ser ladróns.

É necesario que eu me considere pecador, para que tome a decisión de arrepentirme de selo. Só cando o Señor dá ao home o sentir o seu pecado, percibe ao mesmo tempo, o misterio de Deus e o de ser un home inxusto, e adopta unha actitude de conversión.

O primeiro que experimenta o home ante o pecado, é tristeza. Por natureza, os humanos somos narcisistas: crémonos perfectos, limpos de toda culpa; e cando percibimos na nosa vida algunha mancha e engurra, psicoloxicamente, vémonos apenados ante nós mesmos. A nosa idolatría caeu polo chan, e isto dóenos, e a nosa existencia empápase de tristeza.

O segundo que o home experimenta é a súa culpabilidade. Presumimos de ser perfectos e cando pola nosa debilidade conxénita, tomamos conciencia de que quebrantamos algunha norma de bo comportamento, sentimos amargura polo prestixio que perdemos, e xorde en nós o sentido do arrepentimento. Con todo, tal arrepentimento aínda non é cristián, xa que neste sentimento, aínda non aparece ningunha referencia ao Señor. É un arrepentimento por medo ao castigo, pero non hai conversión a Deus, senón á lei, que pode sancionar o noso incorrecto comportamento.

Todos estes son modelos sutís de amor propio, contemplándonos a nós mesmos. Aquí non existe ningún sentimento relixioso do pecado, nin referencia algunha a Deus.

En terceiro lugar o pecador sente pena ao decatarse de que co seu mal comportamento, ofendeu a Deus. Precisamente porque o seu pecado é unha ingratitude a Deus que o perdoa e ségueo amando, máis que angustia, experimenta pena e esperanza, e xorde no seu corazón a compunción liberadora e os seus efectos. Pola compunción Deus faise presente no corazón do home como misericordia amorosa, e isto devólvelle a paz porque o Señor perdóao e acólleo como fillo.

Indalecio Gómez

Cóengo da Catedral

viernes, 15 de octubre de 2021

SANTA TERESA DE JESÚS. SU MUERTE: UNA SINFONÍA INACABADA.


El día 15 de octubre recordamos la muerte de Santa Teresa de Jesús en Alba de Tormes (en el año 1582 fue el día 4 en el calendario juliano). El título me lo sugiere la famosa Sinfonía inconclusa de Franz Schubert, que, aplicada a Teresa, significa que su vida había sido una composición musical de armoniosos acordes y que, a las puertas de la muerte, seguía soñando quehaceres: fundar nuevos conventos, reparar las brechas que se habían abierto en su familia religiosa, etc. Todo menos morir, no obstante que, en el camino de Medina hacia Alba de Tormes, sintió que se le iba agotando la vida y que al llegar se acostó temprano. Con esfuerzos sobrehumanos se levantó, solucionó algunos negocios urgentes hasta que calló rendida en el lecho para no levantarse más.

Las últimas notas de la sinfonía eran proyectos que exigían una solución inmediata. Los más preocupantes eran cómo ultimar la compra y el arreglo de la casa de Salamanca, todavía sin resolver; seguía con preocupación la marcha inesperada de su querido padre Gracián desde Burgos, antes de concluir la fundación, camino de Andalucía, que ella sospechaba llena de peligros para él. Quizás estaba todavía pesándole la cruz de los malos tratos recibidos de sus amadas prioras de Valladolid y Medina del Campo, sufridos como una “noche oscura” pasiva del sentido y del espíritu. Deseaba volver a su querido convento de San José de Ávila donde era priora, abandonado el 2 de enero para la fundación de Burgos, y allí dar la profesión a su sobrina Teresita, proyecto frustrado por el cambio de ruta hacia Alba. Supongo que recorrería mentalmente las fundaciones ya realizadas, con sus logros y sus necesidades. Corto aquí la trama de los sueños de la madre Teresa mientras sentía cada día más cercana la hora de la despedida de esta vida soñando con su amado Cristo.

Todas estas hipótesis probablemente se agolparon en la memoria de la madre Teresa y otras muchas nacidas en su prodigiosa capacidad creativa; pero me atrevo a sugerir que lo que más sentía como urgente e importante, lo más difícil de realizar, era, desde hacía años, la soñada fundación de Madrid, la corte del rey don Felipe. Podemos seguir por su Epistolario el proceso de sus deseos siempre frustrados hasta la hora de su muerte. Al parecer, la sinfonía de su vida quedaba inconclusa.

He seguido la trayectoria de la anhelada fundación al menos desde el año de 1575 comentando a su amigo, el obispo Don Teutonio de Braganza, que convenía “a estas casas [ya fundadas] tener una ahí” [en Madrid], “pero me hace una resistencia extraña” (Carta del 2-I, n. 13). Sigue pensando en el proyecto en otras 24 cartas —salvo error— de las conservadas, la última del 17 de septiembre de 1582 a la priora de Soria, Catalina de Cristo, escrita de camino entre Valladolid y Medina y esperando retornar a su querida Ávila. Es el último suspiro de la fundadora: “Aunque si se hace la de Madrid, que ando con esperanza de ello…”. La muerte le sorprendió sin verla realizada. Era la última nota musical de la sinfonía inacabada de su vida. En el carteo conservado de la madre Teresa aparece frecuentemente la alusión a la deseada fundación, a la conveniencia de hacerla, pero sin conclusión definitiva.

En el tiempo transcurrido entre las dos fechas de sus cartas—1575-1582— aparecen buenos deseos, esperanzas frustradas, proyectos casi realizados por la promesa del que debía dar la licencia, conveniencia de la fundación junto a la corte y algunas posibilidades más. Recorrer este itinerario es gozar con la madre Teresa, pero al mismo tiempo, sufrir acompañándola en su angustia por tantas y sucesivas frustraciones.

Desandemos el camino. A comienzos del año 1577 tuvo una oportunidad de oro para realizar el sueño. Don Gaspar de Quiroga, arzobispo de Toledo e Inquisidor mayor, había leído el manuscrito de la Vida en la que no encontró nada censurable desde la fe católica y comentó con doña Luisa de la Cerda, amiga de Teresa, que “por qué no había yo hecho monasterio en Madrid” (Carta a Lorenzo, 27-28-II, n. 14). Con el tiempo, los propósitos de don Gaspar se fueron enfriando, posiblemente porque a las autoridades eclesiásticas no les gustaba que la madre Teresa fundase conventos “de pobreza”, o sea, vivir “de limosna”, sino “de renta” del capital. Además, su sobrina doña Elena, después de enviudar, entró en el Carmelo de Medina donde había profesado su hija con el nombre de Jerónima de la Encarnación. Su tío don Gaspar creyó que la madre Teresa había intervenido en la decisión de hacerse monja descalza, suposición sin fundamento. Al final, fue don Gaspar quien pidió a la madre Teresa que la admitiese en uno de sus conventos. Entre tanto, se fue agotando el tiempo y Teresa murió en Alba de Tormes sin haber conseguido fundar en Madrid, que realizó Ana de Jesús en 1586. Pertenecen también a esa sinfonía inconclusa de la Santa las fundaciones, entre otras, de Pamplona, Zamora, Ciudad Real, Valencia y Lisboa.

Lo dicho corresponde al título propuesto por lo “inacabado” de los proyectos de la madre Teresa; pero la historia se completa con un apéndice: la “sinfonía” de su vida no acabó con su muerte, sino que los sucesos póstumos la han completado con incalculables acordes escuchados en grandes obras realizadas en su memoria. Su muerte fue el comienzo de una “glorificación” posiblemente sin precedentes. Su cuerpo incorrupto con la frescura del primer día durante decenios fue la admiración de los médicos que lo tuvieron por milagro nunca visto. Sus escritos fueron apareciendo desde el año 1583 con el pasmo de los teólogos con pocas excepciones críticas. En 1591 comenzaron los Procesos canónicos para su beatificación y canonización que concluyeron con la beatificación (1614) y la canonización (1622). Y en el siglo XXI los acordes de aquella sinfonía inconclusa la seguimos oyendo en nuestro tiempo con acrecidas, si cabe, mejores melodías con la apoteosis de la declaración como “Doctora” de la Iglesia en 1970.

Su personalidad y su obra —como escritora y fundadora— sobreviven en el tiempo y en la memoria de millones de personas que la recordamos como una de las personalidades más ricas y fascinantes de la historia. Hoy, día del aniversario de su muerte, la figura de Teresa me sugiere que ella sigue viviendo no como una “sinfonía inconclusa” porque se agotó la inspiración de su autora, sino porque nosotros, los lectores enamorados de su persona, de su doctrina y de su prosa, la seguimos sintiendo como una presencia misteriosa que siempre nos acompaña como una melodía que nunca enmudece.

jueves, 14 de octubre de 2021

A PERFECCIÓN DO HOME

Un ser é perfecto se posúe todas as calidades esixidas pola súa natureza.

As facultades específicas da persoa humana son a intelixencia e a vontade. Cantos máis coñecementos posúe o seu entendemento, máis rica é a súa intelixencia, e canto máis correcto é o seu comportamento, máis rica é a súa conduta. Nisto consiste a perfección humana, segundo Aristóteles. Se, ademais, vive en plena comuñón con Deus, a nivel de criterios, de sentimentos e de comportamentos, a súa perfección alcanza un alto nivel cristián, ao dicir de San Tomé.

Deus quere a nosa perfección, porque El mesmo é perfecto, e o home está chamado a ser a súa imaxe. A chamada positiva do home á perfección non se funda na natureza humana. Sería unha perfección meramente terreal: ollo por ollo e dente por dente. A perfección cristiá ten como referencia o ser de Deus e o seu xeito de actuar. El é bo cos bos, e é misericordioso cos pecadores. Que un pai dea a vida por un fillo, compréndese, pero que a dea por un inimigo, iso é cousa de Deus. É unha graza que o Señor, concede ao crente. Hai aquí un salto cualitativo entre o comportamento humano e o comportamento cristián. A perfección cristiá é un crecer até a forma do proceder de Xesús, que deu a vida polos xustos e polos pecadores; polos seus amigos e polos seus perseguidores.

A teoloxía espiritual distingue tres niveis no curso da perfección cristiá:

a) Cumprir o prescrito polo Señor: a súa lei, os seus mandamentos. É unha perfección humana.

b) Imitar a Xesucristo, tal cal se nos mostra no Evanxeo. É a encarnación do Pai no proceder de Xesucristo.

c) Acoller os desexos do Señor, aceptando a invitación a seguilo na vida consagrada, é superar a obrigatoriedade pola xenerosidade.

Todo isto constitúe os niveis da perfección cristiá. Pero aínda cabe distinguir outra gradación que enriquece a espiritualidade. O dito até aquí, refírese preferentemente ao por que se cumpre a vontade de Deus. Agora trátase de perfeccionar o modo de facer o que se fai. A este nivel, o primeiro grao consiste en observar a lei porque así o ordenou o Señor. O segundo grao consiste en imitar a Xesús, para parecernos a El, que nos di “Aprendede de min, que son manso e humilde”. E o terceiro nivel consiste em seguir a súa chamada para compracelo, colaborando con El, na construción do Reino.

Certo que este labor supera as nosas posibilidades, pero o Señor, que nos convida a seguirlle, tamén se compromete a acompañarnos, e co seu compromiso, tamén o noso compromiso é realizable.

A perfección cristiá non é unha utopía: é un labor, ao cal todos estamos chamados.

Adiante! Pois nunca é tarde.

Indalecio Gómez, cóengo da Catedral

jueves, 30 de septiembre de 2021

Conferencia del Nuncio en el congreso ACC

En su conferencia del Congreso de ACC, el Nuncio, monseñor Bernardito Auza, invitó a profundizar en la “Nueva Evangelización”

28 de septiembre de 2021

  • Aseguró que los obispos españoles en su documento Fieles al envío misionero señalan respuestas a los desafíos pastorales, que “son propuestas en el marco de la Nueva Evangelización”
  • “La primera respuesta al gran desafío de nuestro tiempo es, por lo tanto, la profunda conversión de nuestro corazón”, indica el Nuncio      

En su conferencia sobre Retos Pastorales de la Iglesia en España, pronunciada por el Nuncio de Su Santidad en la última jornada del IX Congreso de Acogida Cristiana en los Caminos de Santiago, monseñor Bernardito Auza invitó a todos los que participaron en este encuentro a recuperar el impulso evangelizador tras la pandemia del Covid, en la línea de la “nueva evangelización”, que nace en el Concilio Vaticano II y se expresa en el magisterio de San Pablo VI, San Juan Pablo II, el papa emérito Benedicto XVI y el papa Francisco. Es toda la Iglesia, dijo Auza, la que está “llamada siempre con mayor urgencia, en particular en las Iglesias locales de la “antigua evangelización”, como es Europa, y España en particular”, a proclamar el Evangelio, pues “la Iglesia desea continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido”.

El Nuncio de Su Santidad comentó, también, que “ casi 56 años de la clausura del Concilio y de la publicación del Decreto Ad gentes, sobre la actividad misionera; a casi 46 años de la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, del Papa Pablo VI, acerca de la evangelización en el mundo contemporáneo; y  a casi 31 años de la Carta Encíclica Redemptoris Missio, del Papa Juan Pablo II, sobre la permanente validez del mandato misionario, la Iglesia hoy nos recuerda con insistencia del compromiso misionero, siguiendo la auténtica enseñanza del Magisterio”. En este sentido, monseñor Auza aludió a la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, en la que el papa Francisco “recoge las reflexiones de la XIII Asamblea General del Sínodo de los Obispos sobre La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe”.

El Nuncio aludió, además, a la crisis de transmisión de la fe que se observa “de una generación a la otra”. “Se trata”, señaló, “de una experiencia de cada familia, de cada parroquia, de cada sociedad, de cada país. Esta aquí la gran tarea y el grande desafío, porque, a los hijos y a los nietos, la fe y los valores de los padres y de los abuelos ya parecen inaceptables o, al menos, opcionales; porque el mundo y el hombre de hoy parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia, que son los bloques fundamentales de los valores religiosos y éticos de nuestros padres”.

Monseñor Bernardito Auza indicó que el reto de la nueva evangelización pasa, como dice el Santo Padre Francisco por conectar “la alegría de recibir el mensaje del Evangelio y el anuncio misionero, vinculo patente desde los inicios del cristianismo. Esta alegría brota de un corazón agradecido por los dones recibidos y por la serenidad de saber que es Cristo quien lleva adelante la barca de la Iglesia, continuando en nuestras manos su obra de salvación”.

De este modo, afirmó el Nuncio, “nueva evangelización significa encontrar una respuesta adecuada a los signos de los tiempos, que nos indican las necesidades espirituales de los creyentes individuales y de las comunidades de fe de hoy en día. Significa encontrar nuevas maneras de proclamar el mismo Evangelio con el fin de responder a las situaciones presentes que las nuevas formas de pensamiento y de comportamiento crean, tanto en la Iglesia como en la sociedad. Consecuentemente, nueva evangelización significa fomentar una cultura profundamente enraizada en el Evangelio en un nuevo marco, en una nueva cultura, en nuevas situaciones humanas”.

El Nuncio aseguró que “la gente y sus circunstancias, entre las cuales la Iglesia está presente, han cambiado, a veces de manera radical, y así todo un nuevo conjunto de situaciones han aparecido en nuestros días. Consideremos los cambios culturales, económicos y científicos que hemos experimentado en las últimas décadas.  La Iglesia no se puede permitir quedarse de brazos cruzados si tiene que proclamar el mismo Evangelio a las gentes de hoy que tienen contextos culturales y sociales muy diferentes que antes. Nosotros, los discípulos de Cristo hoy, no podemos ser meros espectadores si queremos vivir y proclamar el Evangelio en estos nuevos contextos. Debemos comprometernos. Y nuestro compromiso toma el nombre de “nueva evangelización”.

Proponer siempre el Evangelio

Para monseñor Bernardito Auza, “la nueva evangelización tiene como objetivo “volver a proponer” el mismo Evangelio a todos aquellos que han sufrido una crisis de fe, en particular a aquellos que han perdido su fe en lugares donde las raíces del cristianismo son profundas, pero que han padecido una seria crisis de fe debido a la secularización”, un fenómeno que se da en todo el mundo y al que, precisamente, intentan los obispos españoles dar respuesta desde su reciente documento “Fieles al envío misionero”.

En efecto, el Nuncio resaltó que “el título que, desde la organización de este IX Congreso me ha sido asignado y que acepté, – Retos pastorales de la Iglesia en España – encuentra respuesta autorizada, y obligada, en el ya mencionado Plan Pastoral que, con el título “Fieles al envío misionero”, aprobaba la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, el pasado mes de abril. Los Sres. Obispos, han realizado un diagnóstico sobre la cultura actual y han señalado y programado las prioridades de su acción pastoral para el periodo 2021-2025, en perfecta sintonía con las orientaciones del Santo Padre, el Papa Francisco, cuyo magisterio se incorpora al documento total e íntegramente”.

Monseñor Auza recordó que “en su análisis de la sociedad española, los Obispos detectan algunos de los retos principales de la Iglesia en España”, entre ellos el de “la desconfianza inherente a una sociedad liquida y desvinculada”, el del  “desafío cultural” y el de “la perdida de la salud espiritual y del sentido de la vida”.

Para superar esos retos pastorales de la Iglesia en España, dijo el Nuncio, “los Obispos identifican las prioridades pastorales, capaces de dar respuesta a los retos pastorales. Estas prioridades están movidas por la atenta escucha y estudio de la orientación y enseñanza del Santo Padre el Papa Francisco recogiéndolas y aplicándolas en el trazado plan pastoral con las características de una Iglesia en salida y en sinodalidad. En suma, son propuestas en el marco de la Nueva Evangelización. Ahora bien, la primera prioridad pasa por nuestro corazón, como dicen los señores obispos “La primera respuesta al gran desafío de nuestro tiempo es, por lo tanto, la profunda conversión de nuestro corazón”.

“La nueva evangelización es sobre todo anunciar al Señor en el testimonio de la alegría de haberlo conocido, porque Dios no es la respuesta a una curiosidad intelectual o un compromiso, sino una experiencia de amor. Y este amor de Dios no varía según como nos comportemos: es amor incondicional”, remarcó monseñor Auza.


A ASEMBLEA CONXUNTA DE BISPOS E SACERDOTES

Neste mes de setembro conmemóranse os cincuenta anos da celebración dun dos fitos máis importantes da historia recente da Igrexa española: a Asemblea Conxunta de Bispos e sacerdotes. Un encontro que, por vez primeira despois da celebración do Concilio Vaticano II, xuntou a curas e bispos para escoitarse, dialogar e abordar un proceso de discernimento respecto a como concretar a posta en marcha de toda a riqueza dos documentos que xerara o Concilio.

A teoloxía do Concilio, onde se falaba dunha eclesioloxía de comuñón desde o compartir o ser Pobo de Deus; e na que a Igrexa se presentaba como Sacramento Universal de Salvación, esixía un novo xeito de acción pastoral que necesariamente tiña que afastarse da simbiose nacional-católica que xurdira despois do triunfo dos sublevados na guerra (in)Civil de 1936/39; e da xa famosa Pastora conxunta do 1937 dos Bispos españois. O bater das ás do Espírito urxía á Igrexa española a abandonar vellos esquemas e complicidades co Réxime franquista, abrindo un horizonte de renovación eclesial.

Unha parte non pequena dos curas, cada vez con maior conciencia de estar no mundo e ao servizo dos “gozos e esperanzas, das tristuras e angustias dos homes do noso tempo…(que) son á vez os gozos e esperanzas, tristezas e angustias dos discípulos de Xesús”(GS 1) quería responder á urxencia do concilio do “aggiornamento” das Igrexas locais.

En fidelidade a esta gran profecía do documento conciliar, e buscando prestar atención “aos sinais do tempos” á que nos urxía o mesmo documento, reuníronse en Madrid, do trece ao dezaoito de setembro do ano setenta e un, representantes dos curas de todas as dioceses españolas, que foran elixidos polos seus compañeiros logo da celebración das asembleas diocesanas, para debater as cuestións que habían ser abordadas neste encontro de diálogo e discusión cos Bispos. Comezaban a poñerse os cimentos dunha acción pastoral máis libre, participativa e dialogante.

Canto alí se abordou marcou as liñas de traballo pastoral e renovación eclesial da gran maioría das dioceses españolas. E máis alá de interpretacións políticas, que tamén as houbo, o que confluíu en Madrid naquel mes de setembro, foi a forza dunha parte do pobo de Deus, os curas, buscando tender pontes de entendemento cos bispos, moitos dos cales seguían a camiñar, por interese mutuo, coas institución do Réxime franquista na súa etapa final.

Inda que moitas veces a interpretación dos contidos da Asemblea se focalizou nunha lectura, mesmo interpretación, en clave política, o que alí se debateu, no sentido máis amplo do termo, foi un novo modelo de Igrexa e da súa presenza na sociedade española, xa en permanente ebulición e ilusionada cos novos tempos que se albiscaban. Un modelo que buscaba pasar de ser elite a ser semente chamada a crecer para dar o mellor dos froitos en forma de participación, afastamento do poder e corresponsabilidade, en virtude do sacerdocio común, dos demais membros do Pobo de Deus.

A Igrexa piramidal xa non era a imaxe que mellor mostraba o cambio que en toda a Igrexa se estaba a desenvolver. España non deixaba de ser católica, pero a Igrexa rompía os muros da cristiandade para ser unha Igrexa servidora e profética, voz das persoas sen voz, ao estilo dos profetas do Antigo Testamento, reivindicando a filiación que nos fai iguais en dignidade e dereitos.

Os cincuenta anos da súa celebración e ás portas do sínodo universal sobre a Sinodalidade son ocasión para achegarnos a uns textos que nos axuden a comprender por que a Igrexa española foi puntal, anos despois, na Transición do franquismo á democracia.

Clodomiro Ogando Durán

Instituto Teolóxico de Vigo.

 

lunes, 27 de septiembre de 2021

ATRAVESANDO MONTES E MARES

A Igrexa Católica desde os comezos do século pasado, 1914, dedica unha xornada (xa a 107ª) aos migrantes e refuxiados coa finalidade de orar, reflexionar e poñer en marcha accións para apoiar, defender e acompañar ás persoas que por diversos motivos saen do seu país ou vense forzadas a fuxir por causa de conflitos, represións, guerras e falta de medios de subsistencia.

Cada pouco tempo os medios de comunicación móstrannos imaxes de refuxiados e migrantes que poñen en perigo as súas vidas para buscar un lugar seguro para vivir. Nestes momentos ocupan o primeiro plano os de Afganistán por causas ben coñecidas.

Ante a cuestión dos migrantes e refuxiados a Doutrina da Igrexa afirma claramente dous dereitos: o dereito a emigrar e o dereito a permanecer no propio país, pois é consciente que a humanidade ten que ser unha soa familia humana, xa que cando reza a oración que ensinou Xesús (Mt 6, 9) dise NOSO PAI en calquera aldea, rexión, país ou continente.

Desde esta realidade é lóxica a actitude que o Papa Francisco pide poñer en práctica a tódalas persoas e países e que resume nestes catro verbos: ACOLLER, PROTEXER, PROMOVER e INTEGRAR, pois somos membros dunha única humanidade, da única raza humana ou dito nunha linguaxe especificamente cristiá: Somos Irmáns en Cristo e Fillos de Deus Noso Pai.

Pero nas nosas sociedades isto non sucede así como denuncia o Papa na súa mensaxe titulada, “Cara a un ‘nós’ cada vez máis grande”, para este día 26 de setembro na que escribe:

“O tempo presente móstranos que o ‘nós’ querido por Deus está roto e fragmentado, ferido e desfigurado. E iso ten lugar especialmente nos momentos de maior crise, como agora pola pandemia. Os nacionalismos pechados e agresivos e o individualismo radical esnaquizan ou dividen o ‘nós’, tanto no mundo como dentro da Igrexa. E o prezo máis elevado págano os que máis facilmente poden converterse nos ‘outros’: os estranxeiros, os migrantes, os marxinados, que habitan as periferias existenciais”.

Nos estudios sociolóxicos e históricos serios vese claramente que a mestura de persoas e pobos é unha constante na historia da humanidade, sendo por exemplo moitos os pobos que se asentaron na península Ibérica ou a atravesaron cara o Norte ou Sur, o Leste ou Oeste. O mesmo pasa nos outros países do mundo. Nos mapas da evolución e expansión dos seres humanos polo planeta, vemos que a humanidade apareceu no centro-leste de África e, partindo de aí, esténdese por toda a terra. Por tanto non hai etnias claramente distintas, aínda que si rexións máis afastadas ou máis vinculadas coas diversas mobilizacións humanas na historia. 

Esta conciencia de ser unha única familia humana que recibiu un planeta para vivir nel está moi arraigada nos Padres da Igrexa, e sacan consecuencias para a vida social. Como mostra chega con esta breve pasaxe de S. Ambrosio: “A natureza produciu tódalas cousas en común para todos. Pois Deus ordenou que todo se enxendrase de maneira que o sustento fose común a todos e a terra unha especie de posesión colectiva de todos. A natureza enxendrou un dereito común e a usurpación creou o dereito privado”.

Desde o punto de vista socioeconómico os inmigrantes son un empobrecemento para o seu país de orixe e unha riqueza para o de acollida. No libro de Bricker e Ibbitson, El Planeta vacío (p. 106), afírmase que criar un neno de clase media ata os 19 anos custa 250.000 $ e logo veñen os estudios superiores. Tendo só en conta os custos ata os 19 anos cabería preguntar: ¿Canta sería a débeda contraída, e nin sequera recoñecida, que se ten polos inmigrantes adultos chegados a un país nun período de tempo concreto?

A mensaxe antes citada do Papa clama: “Estamos chamados a comprometernos para que non haxa máis muros que nos separen, que non haxa máis ‘outros’, senón só un ‘nós’, grande como toda a humanidade. (…) Todo bautizado, onde queira que se atope, é membro de pleno dereito da comunidade eclesial local, membro da única Igrexa, residente na única casa, compoñente da única familia. (…) O encontro cos migrantes e refuxiados de outras confesións e relixións é un terreo fértil para o desenvolvemento dun diálogo ecuménico e interrelixioso sincero e enriquecedor”

Así que ante calquera persoa a nosa responsabilidade e tarefa debe ser esforzarse por ser irmán de tódalas persoas.

 

Antón Negro Expósito

Sacerdote e sociólogo.

Delegado de Cáritas Diocesana de Lugo

A CRUZ, PROTAGONISTA DA HISTORIA

Non quería ser pesimista, pero sendo realista, non podo menos de recoñecer que a cruz estivo sempre presente na historia da humanidade. Cruces nos camiños e cruces nos fogares; cruces nos templos e cruces nos cemiterios; cruces sobre os ombreiros e cruces colgadas do peito das persoas; cruces como recoñecemento dos méritos e da valía dos mellores cidadáns…

Por múltiples motivos, a través dos tempos, acumuláronse os eloxios cara ás cruces de éxito, e as lamentacións lembrando os tristes acontecementos do pasado. Lembróunolo a festa da Santa Cruz, que celebramos hai uns días.

Cal é a postura máis correcta, chorar os días invernais ou festexar os días primaverais? A resposta tamén é válida no referente ás cruces da vida. Certo que o mundo é camiño de Ceo, pero non é Ceo. Valoremos o bo de hoxe, e gocemos sabendo o que de mellor nos agarda no mañá. A existencia humana comeza no berce, e prolóngase máis aló da tumba. Esta consideración é indispensable para facer unha avaliación acertada das cruces compañeiras do noso vivir.

A cruz, que era un patíbulo ignominioso no que os romanos executaban aos escravos, cambiou de signo a partir do primeiro Venres Santo. Até entón era instrumento de morte. Agora é instrumento de vida. No Antigo Testamento, era patíbulo de condenación. Agora é sinal de salvación. Na antigüidade era signo de derrota. Despois da crucifixión do Fillo de Deus, é prezo de redención. Agora ben, esta sublimación da cruz depende de quen a leve e de como a leve; porque así como non é o traballo o que dignifica á persoa, senón que é a persoa a que dignifica o traballo; así ocorre tamén coas cruces que pesan sobre o ombreiro dos homes. De igual modo, non é a cruz a que dignifica ao crucificado, senón o crucificado o que sublima a cruz na que entrega a súa vida.

A cruz é o sinal do cristián da cal nos servimos ritualmente para signarnos e santiguarnos e para bendicir obxectos, campos e santuarios. Pero, ademais de signo ritual do cristián, é tamén compañeira inseparable de todo mortal. Camiñamos á sombra da cruz ou baixo o peso da cruz ou apoiándonos nela. Un cristián auténtico é un “crucificado”. Díxoo Xesús: “O que queira vir en pos do meu, que tome a súa cruz e sígame”. No Antigo Testamento, o crucificado era un maldito; agora é un “redimido”. Agora ben, non todas as cruces son de madeira, nin todas son redentoras. Na antigüidade, os montes dos xudeus estaban erizados de cruces, e actualmente tamén o están as nosas vidas: a pandemia, coas súas múltiples manifestacións; a fame negra que sega tantas vidas por falta de pan; a soidade, a persecución, a inseguridade social… son múltiples cruces das que colgan incontables crucificados. Pero, repito, non todas son redentoras. A súa virtualidade redentora non depende do seu tamaño nin da súa materialidade. O primeiro Venres Santo, escalaban o monte Calvario tres axustizados, cargados con senllas cruces. Seguro que todas eran da mesma madeira e do mesmo tamaño; con todo, só unha delas era redentora. Teñámolo en conta, e preguntémonos se non equivocariamos o noso labor moitos cristiáns, dedicándonos a fabricar cruces, no canto de afanarnos por ser redentores.

As cruces ofrécenolas a vida. Poñamos da nosa parte, unha actitude redentora, unindo os nosos pequenos ou grandes sacrificios, aos do Señor, que coa súa heroica xenerosidade, redimiunos a todos.

Indalecio Gómez Varela

Cóengo da Catedral

 

viernes, 10 de septiembre de 2021

MÚSICA Y FE

El libro de los Salmos canta la excelencia de la música: “¡Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa”. Y san Pablo exhorta: “Cantad y tocad con toda el alma para el Señor”. También la tradición viva de la Iglesia testimonia el aprecio por la música; una estima que brota de la fe. Recordemos un texto de san Agustín: “Cuando recuerdo las lágrimas que derramé con los cánticos de la Iglesia, y lo que ahora me conmuevo cuando se cantan con voz clara y modulación convenientísima, reconozco de nuevo la gran utilidad de esta costumbre. Apruebo la costumbre de cantar en la Iglesia, a fin de que el espíritu se despierte con el deleite del oído”. El espíritu y la sensibilidad no pueden ser separados en una religión que tiene como fundamento la Encarnación, el hacerse hombre del Hijo de Dios.

Se dice, con razón, que la afinidad entre las artes y la religión – y, en nuestro contexto, entre las artes y el cristianismo – constituye un hecho reconocido y estudiado por los grandes pensadores. No puedo resumir en poco espacio la historia del pensamiento al respecto. Me conformo con evocar un recuerdo personal: la participación en las XIII Jornadas de Teología fundamental, desarrolladas en Barcelona del 7 al 9 de junio de 2007, con el título “Belleza y Teología fundamental”. Se trató de unos días de reflexión en los que el binomio “música y fe” estuvo muy presente. Baste evocar las tres principales ponencias. La primera, desde una perspectiva filosófica, corrió a cargo de Eugenio Trías: “Arte y belleza en la frontera de lo racional”. La segunda, desde un horizonte artístico-teológico, le correspondió a Jordi-Agustí Piqué: “Música y teología”. La tercera ponencia, desde la óptica teológico-fundamental, a Elmar Salmann, “El trasfondo ‘irracional’ de las razones de la fe”.

En el fondo de las tres ponencias se podía captar la necesidad de atender a la razón fronteriza, que limita con la sensibilidad, con las emociones y con las pasiones. La música desempeña este papel mediador, puesto que traspasa los umbrales de la conciencia, a la vez que muestra afinidad con las matemáticas o con la astronomía. También la fe se mueve en este terreno, el de la razón simbólica – o sacramental -, que incluye el logos – la razón -, pero sin separarlo de la estética, de los sentidos, de la percepción e incluso de la imaginación.

Para un católico, entre las referencias básicas de su fe, además de la Escritura y de la tradición, está el oficio del magisterio de la Iglesia, confiado al papa y a los obispos, cuya misión es interpretar, con la autoridad derivada de Cristo, la Palabra de Dios, transmitida en la Escritura unida a la tradición. Desde 1903, fecha de un importante “motu proprio” de san Pío X, el magisterio de la Iglesia ha publicado 253 documentos sobre música. Un número tan elevado de textos indica la relevancia que el magisterio eclesial reconoce a la música, profundamente vinculada a la liturgia y a la teología. Estos documentos son recogidos en la obra “Cantate Domino. Antología de documentos de la Iglesia sobre música desde 1903” que ha publicado la Comisión Episcopal para la Liturgia de la Conferencia Episcopal Española (Madrid 2021).

Óscar Valado Domínguez (Vigo 1981), sacerdote de la archidiócesis de Santiago de Compostela, músico y doctor en Teología, es el director de esta antología. Valado, estudioso de García Morente, ha contribuido con diversas publicaciones al estudio de la relación entre música y fe (tanto desde la perspectiva litúrgica como teológica). Con esta Antología hace una aportación de primer nivel. Los documentos de cada pontificado – desde el de san Pío X al de Francisco – son contextualizados con la ayuda de sendas introducciones escritas por diversos especialistas (entre ellos, Daniel Goberna Sanromán, prefecto de música de la catedral de Tui; el ya fallecido musicólogo José López Calo; y el organista de la catedral compostelana, Manuel J. Cela Folgueiras). Unos cuidados índices completan el volumen.

Como ha dicho el papa Francisco, la música sacra ayuda “a la asamblea litúrgica y al pueblo de Dios a percibir y participar, con todos los sentidos, físicos y espirituales, en el misterio de Dios. La música sacra y el canto litúrgico tienen la tarea de donarse en el sentido de la gloria de Dios, de su belleza, de su santidad que nos envuelve como una nube luminosa”.

Guillermo Juan Morado.

Sacerdote diocesano y director del Instituto Teológico de Vigo

 

A ESPIRITUALIDADE CRISTIÁ

A espiritualidade é un proceso que, segundo Von Balthasar, protagonízase en tres etapas: A autoestima da propia persoa como valor creado; a actividade do individuo para realizarse como persoa; a pasividade do crente, para deixarse realizar baixo a acción do Espírito Santo.

Nas dúas primeiras etapas, subxace un puro humanismo valorándose o home como home e créndose capaz de realizarse como persoa, aínda que sen poder conseguilo plenamente.

A misión do cristián non se limita a crerse un súper valor con capacidade para configurar unha sociedade conforme aos seus criterios terreos. A nosa vocación é a de construír un mundo segundo o plan de Deus. Para iso necesitamos un referente, e tal referente é Xesucristo, que nos di: “Aprendede de min que son manso e humilde de corazón”. Xesucristo é home e é Fillo de Deus simultaneamente. Como home, faise o noso modelo para que sexamos auténticas persoas, e como Fillo de Deus, dános o exemplo para que aceptemos a vontade do Pai e encarnémola na nosa vida cotiá. Xesús vive un proceso de obediencia ao Pai. A súa obediencia ao Pai é o nuclear da súa condición de fillo. O ser fillo é o fundamento da súa espiritualidade e o modelo do noso comportamento.

A afiliación de Xesús é un proceso, con catro momentos fundamentais: A Encarnación; o seu Bautismo; a proclamación do Reino, e a súa Resurrección.

Nos tres primeiros momentos deste proceso, a actitude de Xesús foi pasiva: foi concibido por obra e graza do Espírito Santo; cando o bautizou Xoán no Xordán, abríronse os ceos, e o Espírito descendeu sobre El en forma de pomba, e, movido polo mesmo Espírito, convocou aos Apóstolos para proclamar o seu Reino.

Tras a resurrección, a postura de Xesús faise activa. Funda a Igrexa, na que actúa dinámicamente para levar a feliz termo a súa misión salvadora, en cumprimento da vontade do Pai. Isto ten que ser motivo de inmensa gratitude para nós. Despois da nosa desobediencia, o amor de Deus vestiuse hábito de misericordia na persoa de Xesucristo. Dieus non ten outra posibilidade de amarnos que a de ser misericordioso. O home pode deixar de ser fillo de Deus, pero Deus non pode deixar de ser o noso Pai, e a porta pola que bole o seu amor cara a nós, é o corazón do seu Fillo. Cristo é a porta santa, a porta xubilar de todos os anos Santos. Entremos por esta porta neste ano xubilar, e atoparémonos con Xesús, “canon” da nosa espiritualidade, na súa dobre vertente de obediencia ao Pai e de entrega aos homes; e cheos de xúbilo, como peregrinos, vaiamos pregoando por todas partes, que todos somos amados intensamente por Deus.

Isto cústanos crelo, xa que o noso amor resultoulle moi caro ao Señor, e no noso haber, non temos fondos para corresponder, pero Xesús dinos: “Vide e bebede todos del porque o amor do meu corazón é gratuíto para todos”; tratade de amarvos uns a outros, como vos amo eu, e con isto, xa me considero ben pago.

Indalecio Gómez Varela

Cóengo da Catedral de Lugo

 

LUX. LAS EDADES DEL HOMBRE

Como un devoto fiel –pues lo he convertido ya en tradición personal–, he acudido también este año a la vigésima quinta edición de las Edades del Hombre, que bajo el vocablo latino ‘LUX’ se alberga hasta el 19 de diciembre, en Burgos, Carrión de los Condes y Sahagún.

Aunque reconozco que mi declaración es de forofo empedernido, la presente exposición como las anteriores vale igualmente la pena, desde la consideración tanto artística como pedagógica, pues se ha enmarcado en la celebración del VIII Centenario de la Catedral de Burgos y del Año Santo Compostelano 2021-2022.

Esta vigésima quinta edición de la muestra se desarrolla en tres provincias y cinco sedes expositivas, ejemplos de la arquitectura románica, mudéjar y gótica: la Catedral de Burgos; las iglesias de Santiago y Santa María del Camino, en Carrión de los Condes (Palencia) y el santuario de la Peregrina y la iglesia de San Tirso, en Sahagún (León). Los templos escogidos son preciosas arquetas que dan cobijo a las numerosas piezas de escultura y pintura, perlas sueltas que van explicitando la idea fundamental de la muestra.

La figura protagonista del relato expositivo de “Lux” es la Virgen María. A ella le han sido dedicadas muchas de las grandes catedrales como la burgalesa homenajeada e igualmente entre nosotros la de Tui y la concatedral viguesa. Por otra parte es destacadísima la presencia de la Virgen en tierras castellanoleonesas y especialmente a lo largo del Camino de Santiago, que es el segundo de los elementos esenciales de esta nueva edición de Las Edades del Hombre. Ambos componentes se encuentran además íntimamente unidos, pues en el transcurso del camino se encuentran numerosísimas iglesias, ermitas y monasterios con advocación mariana y que son testigos de la destacada importancia de la Virgen en la historia de la fe de la Iglesia y de muchos pueblos españoles, tierra de María.

La muestra que se inicia en la Catedral de Burgos, remozada y resplandeciente más que nunca hasta ahora en el octavo centenario de su primera piedra, acoge siete capítulos de la exposición ‘LUX’ reuniendo alrededor de 120 obras llegadas de catedrales españolas, que buscan en una muestra genuina de cultura y arte, desarrollar la idea de Fe y arte en la época de las catedrales (1050-1550). Tras un preámbulo titulado Nuevos tiempos, nuevos cambios, le siguen otros capítulos sobre la historia y el significado de las catedrales como cátedras y sedes del magisterio del Obispo, a la vez que signo de la iglesia militante en la tierra que camina como iglesia doliente en el tiempo en busca de la luz eterna: Episcopalis Sedis, Obispos y Cabildo testigos de la luz, Los grandes protectores, Ecclesia Militans, Dolens Ecclesia, A la espera de la luz definitiva, Triumphans Ecclesia y Maeistas Domini, Maiestas Mariae…

En Carrión de los Condes las iglesias citadas albergan ‘LUX’ en tres capítulos: Ave Maria, Tota Pulchra y Virgo et Mater, con medio centenar de obras maestras del arte, entre otros de Pedro Berruguete y de su hijo Alonso, Diego de Siloé y Felipe Vigarny, además de otras obras medievales de gran mérito artístico y religioso. En Sahagún, la exposición se refugia en dos templos iconos del arte mudéjar: en ellos se admiran con gozo y pasmo alrededor de 50 obras de arte, agrupadas en dos capítulos bajo los nombres de Mater Misericordiae y Salve, Regina. 

Por las circunstancias sanitarias, han tenido la agudeza de hacernos peregrinar por la muestra, en absoluto silencio e individualmente, bajando al móvil propio una aplicación con código QR —o si no es factible con audioguía personal e higienizada—, que te hace disfrutar, sin molestias externas, de unos textos muy bien elaborados tanto en las referencias artísticas como teológicas y catequéticas. Todo un baño de cultura y espiritualidad, que no impide otros disfrutes: de la naturaleza, la arquitectura, el camino jacobeo o incluso de la gastronomía ancestral con babero y buen yantar, por ejemplo, en el mesón templario de Villalcázar de Sirga tan próxima a la Frómista natal de nuestro san Telmo…

¡Qué bueno sería que a las cinco diócesis gallegas se les ocurriese inventar una fundación semejante como escuela de evangelización que, a través del aprecio por la belleza y el arte bien explicados, contribuyese a aumentar la formación y la cultura incluso religiosa, de la que están ayunas tantas gentes de nuestro tiempo!

 

Mons. Alberto Cuevas F.

Sacerdote y periodista

lunes, 23 de agosto de 2021

SAN XOSÉ, CORAZÓN DE PAI

San Xosé é unha figura extraordinaria e á vez unha persoa moi próxima. Durante estes meses de pandemia, escribe o Papa, estamos a comprobar como a nosa vida está sostida e tecida por persoas comúns -correntemente esquecidas- pero que están a escribir hoxe os acontecementos da nosa historia (médicos, enfermeiras, forzas de seguridade, capeláns), todos os que están aparentemente ocultos teñen un protagonismo na historia da salvación, do mesmo xeito que o santo Patriarca. Neste contexto, Francisco presenta a paternidade de San Xosé baixo uns enfoques dignos de ser resaltadas para beneficio de nue, tra propia vida:

1.- Pai amado. A grandeza de san Xosé consiste en ser o esposo de María e o pai de Xesús. A súa vida foi un servizo á Encarnación e a súa vocación de amor doméstico posto ao servicio do Mesías.

Por o papel que Xosé desempeñou na historia da salvación sempre foi amado polo pobo cristián como pai e protector.

2.- Pai de tenrura. Xesús viu a tenrura de Deus en Xosé. Esta tenrura coa que Xosé atendía a Xesús, dá ocasión ao Papa para referirse á tenrura con que Deus mira as nosas debilidades coa súa misericordia, especialmente no sacramento da Reconciliación. “Xosé ensínanos que ter fe en Deus e inclúe crer que el pode actuar mesmo a través dos nosos medos, as nosas fraxilidades, da nosa debilidade”

3.- Pai da obediencia. Xosé estaba moi angustíado polo embarazo incomprensible de María. A resposta de Xosé á vontade de Deus foi inmediata: “cando Xosé espertou do soño fixo o que lle mandara o anxo do Señor! Para fuxir a Exipto ou para volver á terra de Israel, obedeceu sen vacilar. En cada circunstancia da súa vida, Xosé soubo pronunciar o seu ” fíat” como María na Anunciación, e como Xesús en Xetsemaní. Xosé coñece a través de sucesivos soños o que Deus espera del en cada momento, a súa resposta é pronta e decidida, a pesar das dificultades que pode supoñer a súa obediencia.

4.- Pai na acollida. Ante feitos que non entende, Xosé acolle a María, sen poñer condicións previas, deixando de lado os seus razoamentos para dar paso ao que acontece, asume a responsabilidade. Acolle os sucesos, sen esixir explicacións. “Xosé deixa de lado os seus razoamentos para dar paso ao que acontece e por máis misterio que lle pareza, acólleo, asume a súa responsabilidade e reconcíliase coa súa propia historia”, un exemplo de realismo que non supón pasividade senón fortaleza. A fe dá sentido a cada acontecemento.

5.- Pai da valentía creativa. A seguinte actitude de Xosé relaciónase coa anterior; “necesitamos engadir outra característica importante: a valentía creativa”; é a través de Xosé, da súa valentía creativa, como Deus actuou ante o crime de Herodes; non necesita facer un milagre, porque Xosé “era o verdadeiro milagre co que salvou ao Neno e á súa nai”.

6.- Pai traballador. A Rerum Novarum de León XIII destacou a relación co traballo que caracteriza a San Xosé; “del, Xesús aprendeu o valor, a dignidade e a alegría que significa comer o pan que é froito do propio traballo”. O traballo convértese en participación na obra mesma da salvación, en oportunidade de acelerar a chegada do Reino para desenvolver as propias calidades poñéndoas ao servizo da sociedade. Todo isto mostra a necesidade de que ninguén quede excluído, e todos poidan contar cun traballo para o seu sustento e a súa realización persoal.

7.- Pai na sombra. Xosé preséntase como a sombra do Pai celestial na terra coidando a Xesús desde o seu nacemento. San Xosé é modelo de toda paternidade, unha tarefa que incumbe a todos pois, “todas as veces que alguén asume a responsabilidade da vida doutro, en certo sentido exercita a paternidade” e “a felicidade de Xosé non está na lóxica do auto-sacrificio, senón no don de si mesmo. Nunca se percibe neste home a frustración, senón só a confianza. O seu silencio persistente non contempla queixas, senón xestos concretos de confianza”.

O Papa Francisco regalounos unha carta apostólica Patris Corde (Corazón de Pai), con ocasión do 150 aniversario da declaración de San Xosé como Patrón da Igrexa universal.

O obxectivo da Patris Corde, escribe o Papa, é que creza o amor a este gran santo, é ser impulsados a implorar a súa intercesión e imitar as súas virtudes. En efecto, a misión específica dos santos non é só a de conceder milagres e grazas, senón a de interceder por nós ante Deus, como fixeron Abrahán e Moisés, como fai Xesús, “único mediador” (1 Tm 2,5), que é o noso «avogado» ante Deus Pai (1 Xn 2,1), “xa que vive eternamente para interceder por nós (Hb 7,25; cf. Rom 8,34). E imitalos para alcanzar, como eles, o don da Vida Eterna en Cristo.

Destaca Francisco que, despois de María, ningún santo ocupa no Maxisterio pontificio tanto espazo como Xosé: declarado polo beato Pío IX, Patrón da Igrexa Universal, por Pío XII, Patrón dos traballadores, e presentado por San Xoán Paulo ll, como o Custodio do Redentor. O pobo fiel invócao como Patrón da boa morte. Por este motivo o papa Francisco quere compartir algunhas reflexións persoais sobre el; un desexo que, segundo explica, creceu durante os meses de pandemia na que se puido experimentar como «as nosas vidas están tecidas e sostidas por persoas comúns -correntemente esquecidas- que non aparecen en portadas de diarios e de revistas, nin nas grandes pasarelas do último show pero, sen dúbida, están a escribir hoxe os acontecementos decisivos da nosa historia: médicos, enfermeiros e enfermeiras, encargados de repor os produtos nos supermercados, limpadoras, coidadoras, transportistas, forzas de seguridade, voluntarios, sacerdotes, relixiosas e tanto pero tantos outros que comprenderon que ninguén se salva só». (Da meditación do Papa, 27/3/2020).

Tras esta Introdución o Papa presenta a paternidade de San Xosé baixo distintos enfoques, extraendo en cada un consecuencias para a vida do cristián. Segundo o Papa, son sete os caracteres da vida de San Xosé dignos de ser resaltados para enriquecemento da nosa propia vida: Pai amado, Pai de tenrura, Pai na obediencia, Pai na acollida, Pai na valentía creativa, Pai acolledor e por último Pai na sombra.

Oremos para que San Xosé e o Divino Médico fágannos saír desta pandemia con maior fe e amor á eucaristía.

O 8 de decembro de 2020, o Papa Francisco regalounos unha carta apostólica Patris Corde (Corazón de Pai), con ocasión do 150 aniversario da declaración, polo papa Pío IX, de San Xosé como Patrón da Igrexa universal. Acompaña a esta carta a concesión de indulxencias especiais para este ano. É un bo obsequio para toda a Igrexa.

O Papa propón a San Xosé como modelo de entrega e vida oculta. San Xosé ten un protagonismo especial na historia da salvación. Fixo da súa vida un servizo ao misterio da Encarnación. Os dous evanxelistas que evidencian a súa figura, Mateo e Lucas, reiteren pouco, pero o suficiente para entender que tipo de pai foi e a misión que a Providencia lle confiou. O Papa na carta expón en breves trazos a información que proporcionan os evanxeos sobre a vida de Xosé: un humilde carpinteiro, desposado con María, nome xusto e cumpridor da vontade de Deus, testemuña do nacemento de Xesús, e da súa adoración polos pastores e os Magos; desempeñou o papel que lle correspondía como pai legal de Xesús.

A pesar da súa vida oculta, e os poucos datos que temos sobre a súa vida, preséntasenos como unha persoa sinxela e humilde, que está no centro da vida da familia de Nazaret e, por iso, hoxe é o custodio e Patrón excelso da familia da Igrexa.

San Xosé amou a Xesús con corazón de pai e da súa vida podemos aprender moito. As súas actitudes e exemplo son para nós luz e camiño para a nosa vida cristiá. Un modelo de santidade na obediencia silenciosa, a acollida de feitos que non entende e a protección de Xesús e María da arrogancia e violencia dos poderosos. Unha fe inquebrantable nos designios de Deus no silencio e a escoita de Deus.

Celebremos e imitemos a San Xosé.

Daniel García García

Publicado no Boletín Informativo da Adoración Nocturna


lunes, 16 de agosto de 2021

BOTELLÓNS

Levamos meses nos que case todos os telexornais dedican varios minutos a botar filípicas contra os mozos, ou xa maduros, e os seus botellóns nos que aparecen varias imaxes nas que se ven sen máscara e sen gardar as distancias de seguridade… e unha e outra vez mostran imaxes cos seus reiterativos comentarios. Cada día se seguen a repetir as mesmas mensaxes sen aportar nada novo.

Pero, a pesar de tantos xa pesados sermóns televisivos e radiofónicos, os botellóns seguen e seguirán sen dúbida no futuro próximo. Non deixa de ser acertado o vello dito: “Predícame frade que por un oído me entra e por outra me sae”. É verdade que o feito revela falta de madurez, inxustiza, insolidariedade e irresponsabilidade coma moitos outros dos que facemos; tamén posiblemente que non se lles presentou un ideal de xustiza polo que traballar. A veces din que “temos dereito a divertirnos”, pero non teño visto recollido en ningunha lexislación ese dereito, máis si a obriga de socorrer ao necesitado. Tampouco vale o de “son libre e fago o que me peta”, porque iso significa a lei da selva, a amoralidade, e que outro o empregue en contra túa. Vou facer algunhas consideracións que poidan axudar a entender un pouco máis esta problemática:

As persoas somos seres sociais, espirituais e corporais. Isto quere dicir que non somos individuos (indivisos) nin gregarios (manadas), pero tampouco somos vento nin mesmo anxos. A sociabilidade humana e humanizadora esixe ao mesmo tempo o cultivo da interioridade, da espiritualidade e, por tanto, momentos de silencio consigo mesmo e con Deus para ter algo persoal que comunicar cando se vaia ao encontro do outro. A sociabilidade demanda a solidariedade cos irmáns e en especial cos que máis nos necesitan. A corporeidade lévanos ao contacto físico, á presencialidade, ao xuntarnos para elaborar, compartir e realizar os propios proxectos de vida. Sempre convén ter de fondo que o itinerario vital humano non é nin ser neno, nin adolescente, nin mozo, nin adulto, nin ancián. De aí calquera pode comprender que non é san psíquica e socialmente illar a algún grupo humano do resto dos grupos.

Nos medios de comunicación case sempre se lle chama FESTA pero, é iso o apropiado? Lembremos que no mundo da economía e da fiscalidade non é o mesmo acceder á propiedade por herdanza, doazón, permuta, compravenda, retracto… pois cada palabra axuda a clarificar a realidade, por tanto tamén aquí necesitamos distinguir festa de diversión, borracheira, fuxida dos problemas da vida… Nos estudos sociais e antropolóxicos dise que a festa ten tres partes: a) A afirmación e celebración de que a vida ten sentido, o que se vive con algunha forma de espiritualidade. b) A comida compartida en unión como anticipo da irmandade pola que se traballa e loita. c) A alegría que se expresa no lúdico, no xogo, na danza… porque xa se está saboreando ese ben futuro que arelamos e traballamos. Nos botellóns faltan algúns destes elementos da festa.

Para a xente de Igrexa esta realidade descúbrenos un grave reto, que o Evanxeo expresa con estas verbas: “Andaban como ovellas sen pastor e púxose a ensinarlles con calma” (Mc. 6,34). Falta a necesaria implicación, discernimento e solidariedade cos mozos e coa súa problemática.

Teño escoitado a pais/nais presumir de que son amigos dos seus fillos/fillas. Pois ben, entón serán os seus fillos uns orfos con todo o que iso significa. Clasicamente dicíase que aos pais/nais atópanse na casa e aos amigos na rúa. Necesitamos pais/nais, irmáns, primos, tíos, avós, amigos… e cada quen ten o seu lugar específico na vida e certamente tamén cada persoa ten a súa maneira concreta de desenvolvela. Tamén algúns ensinantes téñense por “colegas” dos alumnos, esquecendo que se  necesitan educadores e mestres. É certo que a estrutura do sistema educativo pon moi difícil educar, ao que se engade a propia comodidade. Todo lles empuxa a que sexan só profesores con boas habilidades pedagóxicas… Pitágoras consideraba que “Educar non é dar unha carreira para vivir, senón temperar a alma para as dificultades da vida”.

Con frecuencia deixamos a responsabilidade de educar exclusivamente aos gobernos, pero, desde cando os gobernos e poderosos van querer unha xuventude libre, responsable e solidaria cos empobrecidos? O sabio Forges resumiuno moi ben nunha xa antiga viñeta que dicía: “Date conta: para os poderes, 500.000 mozos bailando e bebendo as fins de semana, non son un problema. O ‘perigoso’ sería que eses mozos empregaran esas enerxías en esixir un posto de traballo”. Non creo que precise explicacións. Isto non quita que sexa certo que os principais culpables de que a xuventude estea así son os gobernantes, e que lles esixamos, por tanto, as súas responsabilidades.

Remato cunhas preguntas: Sería posible atreverse a loitar por un futuro de xustiza, liberdade e irmandade para toda a humanidade? Queremos ser solidarios cos máis empobrecidos da humanidade para conseguir que toda a humanidade sexa unha familia? Temos o dereito e a obriga de esixirnos mutuamente (sen distinción de idade, sexo, relixión, país e raza) a responsabilidade de comprometernos para a solución das inxustizas sociais e dos problemas dos empobrecidos? Estamos dispostos a responsabilizarnos da vida e dos irmáns?

Antón Negro Expósito

Sacerdote e sociólogo


martes, 10 de agosto de 2021

DE REGRESO POR OUTRO CAMIÑO

A historia sagrada é unha constante peregrinación en dobre dirección. peregrinación de Deus cara ao home, e peregrinación dos homes cara a Deus.

A procura de Deus é un armazón de sancións e de bendicións. Deus sae ao encontro do pobo para liberalo da escravitude faraónica. O Señor vai diante abrindo camiño cara á terra de promisión. A columna de nube e o facho de lume que preceden ao pobo, son garantía de que Israel vai por bo camiño e que Deus o librará da escravitude exipcia. E así sucedeu, pero os israelitas pouco sensibles á xenerosidade de Iahvé abandonaron o bo camiño, e veu a sanción por parte do Señor. Ao exilio seguiu o éxodo certamente, pero o camiño de retorno á patria non foi un verxel axardinado, senón un deserto árido, pleno de carencias.

Con todo, as carencias do deserto non son castigos punitivos para o pobo infiel, senón correctivos dos que se vale Iahvé para denunciar a perversión de Israel, á vez que o recordo de que a misericordia divina mantense viva, xa que Deus, posto a amar, ama para sempre. O deserto é camiño de liberación, pero para alcanzala hai que aceptar múltiples carencias e camiñar en esperanza.

O deserto é alternativa de expiación e de esperanza: alí haberá carencia de pan e abundancia de maná; sede asfixiante e auga como en Meribá. Precioso ensino cristián: o mundo non é Ceo, pero é camiño de Ceo. Para alcanzar a meta hai que pór interese: hai que achegar vontade e esforzo, e Deus achegará o demais. Con estes condicionantes, o acceso á meta está garantido.

Xa queda dito: peregrinar é camiñar facendo camiño. Faise camiño ao andar. Para facelo con acerto, requírese un referente: tomar exemplo dos magos de oriente; pedir información nas dúbidas e proseguir no emprendido até chegar á meta, onde espera o Señor. Alcanzado o desexado obxectivo, todo cambia para o peregrino: cambia a cotización de valores; cambia o proxecto de comportamento; cambia o futuro da súa vida, e reemprende o regreso á súa terra por outro camiño.

O novo camiño é distinto e as actitudes do peregrino son outras. Enriqueceuse con novos amigos, e o encontro coa súa familia é novo. O esposo que chega é o mesmo esposo de antes, pero cambiou as longas horas do bar por unha vida máis caseira. Agora xa non é o ditador de casa, que impuña caprichosamente os seus persoais puntos de vista a todos os demais, senón un pai responsable que vai diante marcando co seu exemplar comportamento o bo camiño que deben seguir os seus fillos; agora xa non é a persoa discordante, que coas súas caprichosas desavinzas rompían a harmoniosa convivencia da veciñanza. É o mesmo home de antes, pero con novas connotacións. O seu encontro co Señor converteuno noutro home.

Cando Moisés baixaba do monte despois de estar co Señor, os israelitas notábanllo porque cambiara a cor da súa pel. O peregrino que volve de regreso vén co mesmo nome e co mesmo aspecto da súa partida: non cambiou o colorido do seu rostro nin a súa partida de nacemento, pero agora é un home de ben.

Sucédelle o que, a aquela parella de noivos, cuxo comportamento estaba tiznado de inmoralidades, pero a moza tivo a oportunidade de asistir a unha quenda de Exercicios Espirituais, e alí atopouse co Señor, e ao regreso, o mozo convídolle ás antigas inmoralidades, ao que ela negouse rotundamente. E cando o mozo, para arrastrala ao mal, dille: «oe que eu son aquel», ela, moi acertadamente contéstalle: «si, ti serás aquel, pero eu xa non son aquela» O encontro co Señor, cambiáraa radicalmente.

Este é o froito das auténticas peregrinacións. Alguén dixo que todo peregrino ten algo de turista, e todo turista ten algo de peregrino. Pero isto non abonda. A peregrinación químicamente pura é a que nos leva ao encontro co Señor. Entón o peregrino regresa á súa casa por outro camiño e isto nótao todo o mundo.

Indalecio Gómez Varela

Cóengo da Catedral de Lugo

 

viernes, 6 de agosto de 2021

La cuestión de Hamlet y el Cristo

La reflexión me nace devorando con fruición el libro que me regala y dedica el amigo Ignacio Uría “Entre columnas. Historia, periodismo y otros animales”: sintética antología de algunos de sus artículos, que resultan siempre lianas que te enredan y acarician o molestan. ¡Gracias, Nacho, por la frescura que aportas en este estío de sequedal y angustia que está siendo la pandemia!

Pues resulta que barrenando sobre la tópica y mítica duda del personaje shakesperiano, me encuentro en el libro citado con esta profunda reflexión: “Por eso, príncipe Hamlet, déjame decirte otra vez que te equivocas: la cuestión no reside en ser o no ser, en vengarte o perdonar. La verdadera pregunta, amigo mío, es otra. Así que reconoce, si eres hombre, que la última demanda, la radical encrucijada es creer o no creer. En Dios, claro”.  Porque las demás dudas son efectivamente, pequeñeces, tonterías de filosofía amateur. “Lo cierto, Hamlet, es que todos creemos en algo. Todos tenemos nuestros propios dioses, aunque sean de bolsillo”: la globalización, el fútbol o la bolsa de valores, la ciencia, el azar… Por eso la verdadera respuesta a la  pregunta acerca de lo esencial viene a ser -para Hamlet o para cualquiera-,  que o crees en Dios o acabas creyendo en cualquier cosa.

En la coctelera de mi magín le daba vueltas yo estos días a las dudas de los devotos del Cristo de la Victoria a quienes, por la pandemia, se nos invita a acudir con cuentagotas a visitarle en su trono de la Concatedral: ir o no ir; acudir o no acudir; rezar allí o dejarse estar aquí en casa. Y semejante duda, imagino que cabe suponer por parte de los responsables de la custodia del santo Cristo: salir o no salir, ir a verles o que vengan: “voy yo a encontrarles en masa, en sus calles -creyeron que pensaba el Cristo-, o es más saludable para todos, que vengan ellos a verme personal e individualmente, cada cual con sus gozos y sus penas”. 

 Y tras esas elucubraciones he vuelto al principio: la respuesta de la fe no está en los modos ni en las modas, que pueden variar y tienen que modelarse en función de las circunstancias e incluso de las personas.  La cuestión es creer o no creer, que en zapatillas viene a traducirse en confiar o no confiar; en seguir manteniendo la relación personal con Cristo, a quien en esta ciudad calificamos de la Victoria y que personalmente podemos llamar seguramente de todas nuestras luchas, afanes, ansias y victorias.

Concluyo invitando a sacar bienes de nuestra pena, con la moraleja que debemos extraer de la situación de otro año más sin procesión: la imagen del santísimo Cristo de Vigo seguirá estando como cada día confinada en la concatedral de santa María, esperando las visitas y la piadosa oración de quienes quieran acercarse durante todo el año y en cualquier momento, a darle gracias y a suplicarle favores. Pero ha de saberse y explicitarse que Cristo resucitado no está enterrado y encerrado únicamente en sus imágenes -por artísticas, hermosas y cargadas de devoción que se presenten-, está sobre todo sacramentalmente presente, a cualquier hora y cualquier día del año, en el sagrario de la Concatedral y en el de las demás iglesias, para poder acercarnos a charlar amigablemente con Él; y está presente y aguardando que vayamos a  escucharle en la palabra que nos dice semanalmente en la misa dominical y en los demás sacramentos; y está también, aunque muy bien disfrazado, en los cada vez más numerosos pobres y necesitados, para que nos compadezcamos solidarios y cariñosos con Él: “lo que hagáis a estos a mí me lo hacéis…”

Sí que es cierto por ello que la hamletiana cuestión, también en este caso, no es la de ir o no ir, salir o no salir, “alumbrar o no alumbrar”, sino creer o no creer.

Mons. Alberto Cuevas F.

Sacerdote y periodista.


miércoles, 4 de agosto de 2021

A HISTORIA DAS PEREGRINACIÓNS

A Igrexa e as peregrinacións son contemporáneas. Unha e outras camiñaron sempre dándose a man. Na mesma noite do nacemento do Mesías, os pastores de Belén, desprazáronse ao portal para adorar ao Neno e ofrecéronlle os froitos do seu rabaño. Pasados algúns meses, talvez anos, os Magos desprazáronse desde oriente para ofrecer ao Rei que nacera había pouco tempo, ouro, incenso e mirra. Comezara a historia das peregrinacións. Delas importa coñecer a súa orixe, as súas pegadas e os seus froitos.

De pegadas de peregrinos están sementados os vales e os montes de medio mundo. Cada cruceiro que hoxe atopamos nos camiños rurais doutros tempos, está a lembrarnos que por alí pasaron homes de fe. Todas as ruínas dos mosteiros medievais fálannos de que alí facían un alto no seu camiño os peregrinos que se dirixían a ulteriores santuarios. Diríase que as pegadas que deixaron os pés dos peregrinos no barro do camiño, xa se borraron, pero non se borrou totalmente o testemuño daquelas xeracións que buscaban atoparse con Deus no camiñar da vida. Con todo, temos que recoñecer que a historia das peregrinacións non sempre discorreu en intensidade lineal continua. Como nos camiños de Santiago hai subidas e baixadas, tamén na piedade das xeracións cristiás houbo frecuentes declives.

Os tres primeiros séculos pasounos a Igrexa envolta en ocultamento para protexerse dun mundo que a miraba con receo. Foron tempos difíciles para a Igrexa nacente, que tivo que refuxiarse no ambiente escurantista das catacumbas, para protexerse da hostilidade inimiga. Pero a paz constantiniana trouxo un clima de primaveral florecemento para a Igrexa. Os cristiáns puideron prescindir da máscara da súa relixiosidade, e presentarse ante o mundo sen ningún tipo de prexuízos sociais. No século IV, a Igrexa saíu á rúa manifestándose como a gran benefactora da humanidade. Foi a época en que a relixiosidade popular fíxose presente en todos os ambientes; pero pronto apareceu o tempo outonal dos últimos séculos do primeiro milenio, que desembocou no tristemente chamado tempo de ferro da Igrexa. Con todo, aínda que no outono as ramas perden as súas follas, as árbores mantéñense en pé e volverán dar froito. E así sucedeu. Na Idade Media xorden as ordes mendicantes: Dominicos, Franciscanos, Carmelitas…, cuxo labor evanxelizador avivou a actitude relixiosa do antigo e do novo mundo. Poderiamos dicir que nesta época a fe fíxose operativa e itinerante; e multiplicáronse os centros de espiritualidade. Segundo datos históricos, só na diocese de Lugo existían uns 75 mosteiros, conventos e santuarios. Era a floración cristiá de entón. Pero os outonos sucédense e son presaxio de novos invernos, e a invernía relixiosa pronto fixo acto de presenza nos últimos tempos da nosa historia. A fe deixou de ser o primeiro valor na sociedade contemporánea, e o materialismo ateo acaparou a moralidade das últimas xeracións.

Con todo, un novo sol nacente parece ofrecernos esperanza de retorno á relixiosidade de tempos pasados. Dá a impresión de que algúns de nós non podemos vivir sen Deus, e saímos en busca de valores eternos. Iso parece indicarnos a afluencia de peregrinos que polos vellos camiños de Santiago diríxense a Compostela para agradecerlle ao Apóstolo a fe que, polo seu medio, Deus regalou aos nosos avós, e a reenxendre nas novas xeracións, ás que pertencemos os que aínda vivimos.


Sexamos auténticos no noso peregrinar, e os nosos desexos cumpriranse.

Indalecio Gómez Varela

Cóengo da Catedral