jueves, 29 de julio de 2021

Un cristianismo para la era secular y post-secular

La ‘ultra modernidad’ (que otros denominan ‘era postmoderna’ y que, en el contexto de lo religioso, nosotros preferimos el termino de ‘era post-secular’), es el resultado de todo un proceso que ha conducido al ser humano occidental a buscar emanciparse de numerosas coacciones colectivas, religiosas y otras, que limitaban su libertad individual. Hoy, esta última, no está inicialmente frenada más que por la libertad de los otros y algunas reglas indispensables al vivir juntos.

Pero esta libertad está vacía, no tiene contenido, es una libertad negativa, una libertad que nos expone a toda suerte de alineaciones y a dependencias, una libertad qué siendo objeto de manipulaciones exteriores nos lleva al fundamentalismo del mercado y al dictado de lo tenido por correcto. En una sociedad liberal la cuestión del sentido de la vida es reenviada a la esfera privada, a la intimidad de cada uno, pues la sociedad, en ella misma, no es portadora de sentido. La sociedad, aunque divinizada, está radicalmente secularizada.

En la sociedad occidental ultramoderna, (EEUU, Francia, Gran Bretaña, Alemania y centro Europa, los países nórdicos, y gran parte de España), la radicalización incluso de la secularización está conduciendo a lo religioso al corazón de la vida colectiva pública. Es un retorno activo, no siempre visible, de la participación de los actores e instituciones religiosas en la elaboración del bien común individual y colectivo, mientras que se ha creído poder encerrar lo religioso en la conciencia individual privada y en la práctica de ritos al interior de los edificios de culto. Es la exculturación sociocultural y política de lo religioso. Algo a lo que nunca el cristianismo ha querido reducirse. Un retorno que acepta inscribirse en el marco del debate público democrático y que no demanda nada de particular más que de participar, al lado y con los otros, en una discusión colectiva sin que la calificación religiosa de los contribuyentes sea un motivo de descalificación o de marginalización. Tampoco de supremacía.

La secularización desencantada

¿Por qué hablamos de una radicalización de la secularización? Porque los ideales seculares que hemos tenido tendencia a presentarlos como alternativas a los ideales religiosos se encuentran ellos mismos desencantados. Ya no es la creencia en las promesas políticas la que viene a reemplazar la creencia en las promesas religiosas; tampoco la creencia en la autoridad de los “maîtres d’école” (grandes intelectuales) se sustituiría a la de los sacerdotes; el reconocimiento del profesionalismo de los asistentes sociales reemplazaría el compromiso existencial de las mujeres y hombres de caridad; la confianza acordada a los técnicos y sabios reemplazaría aquella acordada a los saberes y técnicas tradicionales. Pues todas estas autoridades seculares están ellas mismas quebrantadas, puestas en discusión.

Esta secularización de los ideales seculares es particularmente neta en el dominio de la política, con el aumento del desenganche e incredulidad de los ciudadanos hacia la política, hacia los políticos, como muestran Informes Internacionales, incluso con afán prospectivo. Pienso, por ejemplo, en el “Informe de Tendencias Globales” que publicó en marzo pasado el Consejo Nacional de Inteligencia de EE UU. En tal coyuntura es llamativo constatar que, tanto en los filósofos y sociólogos agnósticos o ateos como André Comte-SponvilleJürgen HabermasSalvador GinerEdgar Morin, como en los inscritos en una tradición religiosa como Paul RicoeurPierre ManentJesús Martinez GordoAndrés Torres Queiruga, encontramos diversas formas de reconsiderar el ámbito y el papel de lo religioso, en el marco de las sociedades secularizadas y pluralistas de hoy, en el sentido de un reconocimiento de la legitimidad de su participación en los debates públicos a condición que no quieran imponer nada. Entiéndase bien.

No se trata de una vuelta de lo religioso en el sentido en el que se volvería a un estado anterior a la “era secular” que diría Charles Taylor, en las relaciones Iglesia-Estado, cómo si las religiones volvieran a recuperar el poder sobre la sociedad y los individuos. Este último planteamiento solamente es sostenido por los nostálgicos de la “era de cristiandad” que, afortunadamente, no ha de volver. En la actualidad, se trata de reconfigurar el espacio y el papel de lo religioso en las sociedades radicalmente secularizadas dónde las promesas seculares están, ellas mismas, desencantadas.

El cristianismo en medio de la modernidad desencantada 

En tal coyuntura, tanto lo religioso como lo secular evolucionan y reajustan sus relaciones: un cristianismo cada vez más desmitologizado y valorando, defendiendo y postulando su ética universal de la fraternidad, “el ethos del amor” universal e incondicional, como sostiene Hans Joaseste cristianismo encuentra positivamente una política o un político desescatologizado y desencantado en la búsqueda de fuerzas convincentes y motivantes para construir la sociedad de mañana. De ahí las sinergias positivas entre lo político y lo religioso, lo que no impide que haya conflictos y desacuerdos profundos como se ha visto en el caso del “matrimonio para todos” en Francia, y la ley de eutanasia, y de las uniones “trans”, en España. Pero, en eso consiste la democracia moderna.

Siendo el cristianismo una religión de la Encarnación de dimensión universalista, se inscribe sin problema en una configuración favorable a la participación de las religiones en la vida pública. En Europa occidental las Iglesias católica y protestante han aprendido poco a poco a integrar su autocomprensión en el hecho de que no representan ya en la actualidad, ellas solas, las normas de lo religioso en la era secular y ya, aunque en germen en España, todavía, la era post – secular. Estamos viviendo, en nuestros días, el paso del cristianismo heredado al cristianismo por elección, lo que no quiere decir que tengamos que hacer “tabla rasa” de la herencia de 20 siglos de cristianismo, en la actualidad más universal, geográficamente hablando, de los que nunca ha sido en la historia. Esta nueva condición social del cristianismo le permite hacer valer sin complejos sus posiciones y sus acciones en las sociedades pluralistas, en las que el Estado pena a regular una pluralidad acentuada de concepciones del hombre y del mundo y de las diferentes opciones éticas presentes en la sociedad.

La interpelación de lo religioso a lo político

La interpelación religiosa que impide a lo político dormitar si se encierra en el bienestar de sus votantes, es una evocación del papel de los cristianos respecto de lo político (en otras latitudes hablaría de los budistas, musulmanes, judíos etc., siempre que propugnen el universalismo ético) que no está tan lejos de las posturas actuales de algunas iglesias cristianas respecto del poder. Frente al riesgo de no tratar humanamente a los refugiados, los extranjeros y los autóctonos en situación de extrema precariedad (por ejemplo, las personas de edad avanzada con pocos recursos, y las personas incapacitadas), y frente a los riesgos de la estigmatización de ciertas poblaciones como los gitanos, los migrantes pobres, etc., las autoridades religiosas y los que se dicen cristianos, deben movilizar la ética de la fraternidad cristiana, el “ethos del amor”. Que sea Caritas católica, la Acción Social Protestante, numerosos benévolos sacan recursos movilizadores, de carácter ético, del cristianismo para comprometerse en las acciones de solidaridad e interpelar a los poderes públicos sobre su deber de humanidad.

Pero también sobre otros temas las religiones quieren hacer patente su voz: sobre la sexualidad, género, filiación, la gestación por otra persona o la procreación médicamente asistida, la legalización de la eutanasia etcétera. En estos temas, especialmente ciertas voces laicas, tienen tendencia a querer reenviar las iglesias a su sacristía y les solicitan que se limiten a lo que, supuestamente les concierne únicamente, esto es, a las cuestiones espirituales y de culto. Como si las religiones se limitarán al fuero interno y a las prácticas en los edificios del culto.

Cabe preguntarse si, finalmente, no habría tendencia a seleccionar el papel de la religión en el espacio público, en forma positiva en ciertos ámbitos, especialmente en el de la ética social y de forma negativa en otros, particularmente en los de la ética sexual y familiar. Pero la participación de grupos religiosos al debate público no es de geometría variable según los temas, y su legitimidad no depende de su grado de conformidad con las tendencias seculares del momento. Lo esencial es respetar las leyes del país, inscribir su acción en el marco democrático de una sociedad laica donde, incluso, si las voces cristianas son rigurosamente opuestas a una evolución, esta evolución debe ser aceptada y desembocar en una ley que pueda devenir una ley de todos y para todos. Entre tanto, aquí también, habrá conflictos, como los ha tenido el cristianismo, en su interior (como en la actualidad, valorando la acción del papa Francisco), como en sus relaciones con la sociedad y el poder de cada momento, a lo largo de su historia.

Una laicidad democrática y no autoritaria no debe descalificar y deslegitimar los interlocutores religiosos bajo el pretexto que estarían en contra de ciertas evoluciones, incluso en el caso de que hubieran sido legalizadas. Así, por ejemplo, en cuanto a la condición de género del ser humano, la igualdad de los hombres y de las mujeres, hay diferentes formas de concebirlas y no hay ninguna razón para que un Estado secular excomulgue, esto es, impida y castigue, la expresión pública, pacifica, de ciertas concepciones en provecho de otras. Lo que no quiere decir que no legisle de acuerdo a la mayoría, aunque, si es responsable, procurará hacerlo con el mayor acuerdo posible.

En ciertos temas no vale la mayoría del 51 %. Las tensiones son inevitables entre las religiones y las evoluciones dominantes en la sociedad. Estás tensiones no son solamente inevitables, sino que son estructurales y testimonian una buena salud de la laicidad. En efecto el deber de la democracia es el de permitir lealmente la expresión de estas tensiones más que de querer aniquilarlas con el único provecho de uno de los polos del debate. Es lo que Paul Ricard llamaba una “laicidad positiva de confrontaciones” que hace justicia a la diversidad de la sociedad civil.

Hay que redescubrir que las religiones alimentan también compromisos solidarios y profundamente altruistas, que son depósitos de compromiso y de esperanza que pueden socializar a las personas, en particular los jóvenes, en una normatividad estructurada y estructurante, prevenirlos contra el pesimismo e incitarlos a actuar, sean las que sean las dificultades del presente.

Los riesgos de las lecturas políticas del cristianismo

Reconocer este depósito de convicciones y de acciones que representa el cristianismo, como otras religiones, no significa por otra parte que, como toda realidad militante y de convicción, el cristianismo pueda generar, y de hecho ha generado en ciertas circunstancias, actividades intolerantes e incluso fanatismos y violencias. Así, por ejemplo, las religiones pueden conducir a encerrar a sus miembros en su red, cortándoles lo más posible de la sociedad en la que se desarrollan, incluso hacerles percibir la sociedad global como una realidad diabólica de la que es preciso huir y combatir.

Es el caso de Rod Dreher con lo que denomina “la opción benedictina”. En efecto, el cristianismo no está indemne de estas tendencias, así en el catolicismo tradicionalista conservador que manifiesta simpatías por la extrema derecha y en las franjas fundamentalistas del protestantismo que quisieran reconquistar la sociedad. Aunque la utilización partidista de lo religioso no se limita a la extrema derecha y al mundo tradicional. También en la extrema izquierda, como vemos ahora, por ejemplo, en Nicaragua, con la lectura que se hace en España, atribuyendo la responsabilidad de su mala situación, casi en exclusiva, al maligno poder estadounidense.

Superar el individualismo reinante

Por otra parte, si el humanismo democrático se ha construido a veces en oposición a las religiones, estas últimas pueden, en un mundo secular desencantado, devenir preciosos garantes de una superación de un individualismo que se cruza con una mundialización, rasgos de la sociedad de nuestros días. El cristianismo, en la diversidad de sus expresiones confesionales, se encuentra cada vez más tranquilo para esta defensa del humanismo democrático pues no son extranjeras a su propia emergencia.

En las incertidumbres y en las inseguridades identitarias del régimen ultramoderno, el cristianismo reencuentra no el poder, sino la influencia. Es, incluso, esta pérdida de poder sobre la sociedad y en su aceptación del marco laico de la sociedad del cristianismo posmoderno y post-secular (aunque no todos los cristianos comulgan, todavía con esta idea), lo que le permite ser apreciado, también como proveedor de sentido y de esperanza en una sociedad bastante desbrujulada. Un cristianismo incubador y propulsor de acciones solidarias en un entorno en el que “el cada uno para si” tiende a desarrollarse con fuerza.

Javier Elzo.

 

martes, 27 de julio de 2021

YO ESTOY CONTIGO TODOS LOS DÍAS

 Queridos abuelos, queridas abuelas:

“Yo estoy contigo todos los días” (cf. Mt 28,20) es la promesa que el Señor hizo a sus discípulos antes de subir al cielo y que hoy te repite también a ti, querido abuelo y querida abuela. A ti. “Yo estoy contigo todos los días” son también las palabras que como Obispo de Roma y como anciano igual que tú me gustaría dirigirte con motivo de esta primera Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores. Toda la Iglesia está junto a ti —digamos mejor, está junto a nosotros—, ¡se preocupa por ti, te quiere y no quiere dejarte solo!

Soy muy consciente de que este mensaje te llega en un momento difícil: la pandemia ha sido una tormenta inesperada y violenta, una dura prueba que ha golpeado la vida de todos, pero que a nosotros mayores nos ha reservado un trato especial, un trato más duro. Muchos de nosotros se han enfermado, y tantos se han ido o han visto apagarse la vida de sus cónyuges o de sus seres queridos. Muchos, aislados, han sufrido la soledad durante largo tiempo.

El Señor conoce cada uno de nuestros sufrimientos de este tiempo. Está al lado de los que tienen la dolorosa experiencia de ser dejados a un lado. Nuestra soledad —agravada por la pandemia— no le es indiferente. Una tradición narra que también san Joaquín, el abuelo de Jesús, fue apartado de su comunidad porque no tenía hijos. Su vida —como la de su esposa Ana— fue considerada inútil. Pero el Señor le envió un ángel para consolarlo. Mientras él, entristecido, permanecía fuera de las puertas de la ciudad, se le apareció un enviado del Señor que le dijo: “¡Joaquín, Joaquín! El Señor ha escuchado tu oración insistente”.[1] Giotto, en uno de sus famosos frescos,[2] parece ambientar la escena en la noche, en una de esas muchas noches de insomnio, llenas de recuerdos, preocupaciones y deseos a las que muchos de nosotros estamos acostumbrados.

Pero incluso cuando todo parece oscuro, como en estos meses de pandemia, el Señor sigue enviando ángeles para consolar nuestra soledad y repetirnos: “Yo estoy contigo todos los días”. Esto te lo dice a ti, me lo dice a mí, a todos. Este es el sentido de esta Jornada que he querido celebrar por primera vez precisamente este año, después de un largo aislamiento y una reanudación todavía lenta de la vida social. ¡Que cada abuelo, cada anciano, cada abuela, cada persona mayor —sobre todo los que están más solos— reciba la visita de un ángel!

A veces tendrán el rostro de nuestros nietos, otras veces el rostro de familiares, de amigos de toda la vida o de personas que hemos conocido durante este momento difícil. En este tiempo hemos aprendido a comprender lo importante que son los abrazos y las visitas para cada uno de nosotros, ¡y cómo me entristece que en algunos lugares esto todavía no sea posible!

Sin embargo, el Señor también nos envía sus mensajeros a través de la Palabra de Dios, que nunca deja que falte en nuestras vidas. Leamos una página del Evangelio cada día, recemos con los Salmos, leamos los Profetas. Nos conmoverá la fidelidad del Señor. La Escritura también nos ayudará a comprender lo que el Señor nos pide hoy para nuestra vida. Porque envía obreros a su viña a todas las horas del día (cf. Mt 20,1-16), y en cada etapa de la vida. Yo mismo puedo testimoniar que recibí la llamada a ser Obispo de Roma cuando había llegado, por así decirlo, a la edad de la jubilación, y ya me imaginaba que no podría hacer mucho más. El Señor está siempre cerca de nosotros —siempre— con nuevas invitaciones, con nuevas palabras, con su consuelo, pero siempre está cerca de nosotros. Ustedes saben que el Señor es eterno y que nunca se jubila. Nunca.

En el Evangelio de Mateo, Jesús dice a los Apóstoles: «Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado» (28,19-20). Estas palabras se dirigen también hoy a nosotros y nos ayudan a comprender mejor que nuestra vocación es la de custodiar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y cuidar a los pequeños. Escuchen bien: ¿cuál es nuestra vocación hoy, a nuestra edad? Custodiar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y cuidar de los pequeños. No lo olviden.

No importa la edad que tengas, si sigues trabajando o no, si estás solo o tienes una familia, si te convertiste en abuela o abuelo de joven o de mayor, si sigues siendo independiente o necesitas ayuda, porque no hay edad en la que puedas retirarte de la tarea de anunciar el Evangelio, de la tarea de transmitir las tradiciones a los nietos. Es necesario ponerse en marcha y, sobre todo, salir de uno mismo para emprender algo nuevo.

Hay, por tanto, una vocación renovada también para ti en un momento crucial de la historia. Te preguntarás: pero, ¿cómo es posible? Mis energías se están agotando y no creo que pueda hacer mucho más. ¿Cómo puedo empezar a comportarme de forma diferente cuando la costumbre se ha convertido en la norma de mi existencia? ¿Cómo puedo dedicarme a los más pobres cuando tengo ya muchas preocupaciones por mi familia? ¿Cómo puedo ampliar la mirada si ni siquiera se me permite salir de la residencia donde vivo? ¿No ya es mi soledad una carga demasiado pesada? Cuántos de ustedes se hacen esta pregunta: mi soledad, ¿no es una piedra demasiado pesada? El mismo Jesús escuchó una pregunta de este tipo a Nicodemo, que le preguntó: «¿Cómo puede un hombre volver a nacer cuando ya es viejo?» (Jn 3,4). Esto puede ocurrir, responde el Señor, abriendo el propio corazón a la obra del Espíritu Santo, que sopla donde quiere. El Espíritu Santo, con esa libertad que tiene, va a todas partes y hace lo que quiere.

Como he repetido en varias ocasiones, de la crisis en la que se encuentra el mundo no saldremos iguales, saldremos mejores o peores. Y «ojalá no se trate de otro episodio severo de la historia del que no hayamos sido capaces de aprender —¡nosotros somos duros de mollera!— Ojalá no nos olvidemos de los ancianos que murieron por falta de respiradores […]. Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros, para que la humanidad renazca» (Carta enc. Fratelli tutti, 35). Nadie se salva solo. Estamos en deuda unos con otros.

En esta perspectiva, quiero decirte que eres necesario para construir, en fraternidad y amistad social, el mundo de mañana: el mundo en el que viviremos —nosotros, y nuestros hijos y nietos— cuando la tormenta se haya calmado. Todos «somos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas» (ibíd., 77). Entre los diversos pilares que deberán sostener esta nueva construcción hay tres que tú, mejor que otros, puedes ayudar a colocar. Tres pilares: los sueños, la memoria y la oración. La cercanía del Señor dará la fuerza para emprender un nuevo camino incluso a los más frágiles de entre nosotros, por los caminos de los sueños, de la memoria y de la oración.

El profeta Joel pronunció en una ocasión esta promesa: «Sus ancianos tendrán sueños, y sus jóvenes, visiones» (3,1). El futuro del mundo reside en esta alianza entre los jóvenes y los mayores. ¿Quiénes, si no los jóvenes, pueden tomar los sueños de los mayores y llevarlos adelante? Pero para ello es necesario seguir soñando: en nuestros sueños de justicia, de paz y de solidaridad está la posibilidad de que nuestros jóvenes tengan nuevas visiones, y juntos podamos construir el futuro. Es necesario que tú también des testimonio de que es posible salir renovado de una experiencia difícil. Y estoy seguro de que no será la única, porque habrás tenido muchas en tu vida, y has conseguido salir de ellas. Aprende también de aquella experiencia para salir ahora de esta.

Los sueños, por eso, están entrelazados con la memoria. Pienso en lo importante que es el doloroso recuerdo de la guerra y en lo mucho que las nuevas generaciones pueden aprender de él sobre el valor de la paz. Y eres tú quien lo transmite, al haber vivido el dolor de las guerras. Recordar es una verdadera misión para toda persona mayor: la memoria, y llevar la memoria a los demás. Edith Bruck, que sobrevivió a la tragedia de la Shoah, dijo que «incluso iluminar una sola conciencia vale el esfuerzo y el dolor de mantener vivo el recuerdo de lo que ha sido —y continúa—. Para mí, la memoria es vivir».[3] También pienso en mis abuelos y en los que entre ustedes tuvieron que emigrar y saben lo duro que es dejar el hogar, como hacen todavía hoy tantos en busca de un futuro. Algunos de ellos, tal vez, los tenemos a nuestro lado y nos cuidan. Esta memoria puede ayudar a construir un mundo más humano, más acogedor. Pero sin la memoria no se puede construir; sin cimientos nunca construirás una casa. Nunca. Y los cimientos de la vida son la memoria.

Por último, la oración. Como dijo una vez mi predecesor, el Papa Benedicto, santo anciano que continúa rezando y trabajando por la Iglesia: «La oración de los ancianos puede proteger al mundo, ayudándole tal vez de manera más incisiva que la solicitud de muchos».[4] Esto lo dijo casi al final de su pontificado en 2012. Es hermoso. Tu oración es un recurso muy valioso: es un pulmón del que la Iglesia y el mundo no pueden privarse (cf. Exhort. apost. Evangelii gaudium, 262). Sobre todo en este momento difícil para la humanidad, mientras atravesamos, todos en la misma barca, el mar tormentoso de la pandemia, tu intercesión por el mundo y por la Iglesia no es en vano, sino que indica a todos la serena confianza de un lugar de llegada.

Querida abuela, querido abuelo, al concluir este mensaje quisiera señalarte también el ejemplo del beato —y próximamente santo— Carlos de Foucauld. Vivió como ermitaño en Argelia y en ese contexto periférico dio testimonio de «sus deseos de sentir a cualquier ser humano como un hermano» (Carta enc. Fratelli tutti, 287). Su historia muestra cómo es posible, incluso en la soledad del propio desierto, interceder por los pobres del mundo entero y convertirse verdaderamente en un hermano y una hermana universal.

Pido al Señor que, gracias también a su ejemplo, cada uno de nosotros ensanche su corazón y lo haga sensible a los sufrimientos de los más pequeños, y capaz de interceder por ellos. Que cada uno de nosotros aprenda a repetir a todos, y especialmente a los más jóvenes, esas palabras de consuelo que hoy hemos oído dirigidas a nosotros: “Yo estoy contigo todos los días”. Adelante y ánimo. Que el Señor los bendiga.

Roma, San Juan de Letrán, 31 de mayo, fiesta de la Visitación de la B.V. María

FRANCISCO

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[1] El episodio se narra en el Protoevangelio de Santiago.

[2] Se trata de la imagen elegida como logotipo de la Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores.

[3] Cf. La memoria è vita, la scrittura è respiro: L’Osservatore Romano (26 enero 2021).

[4] Cf. Visita a la Casa-Familia “Viva los ancianos” (2 noviembre 2012).

 

lunes, 26 de julio de 2021

OS NENOS E O PAPA RETRATAN AOS MAIORES

Un joven abuelete amigo me manda un wasap en el que se recogen simpáticas respuestas de niños de 6 a 8 años a la pregunta de ¿quiénes son los abuelos? Creo que algunas  describen y resumen a la perfección, desde la filosofía infantil, muy parecidas  reflexiones, a las profundas que quiere transmitirnos el papa Francisco en su mensaje para la Jornada Mundial de los Abuelos y Personas Mayores, que ha determinado se celebre cada año el domingo más cercano al 26 de julio, fiesta de los santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María y por ello abuelos adoptivos de Jesucristo.

En la encuesta que retrata a los abuelos un niño decía: “los abuelos son un señor y una señora que como ahora ya no tienen niños propios, les gustan mucho los de los demás”; y otro añadía: “son gente que no tienen ninguna cosa que hacer y solo están ocupados cuando nosotros vamos a visitarlos” Sin saber nada de la encuesta admite y subraya  papa Francisco que efectivamente a muchos ancianos y mayores acuden ángeles a visitarles y acompañarles: “ incluso cuando todo parece oscuro, como en estos meses de pandemia, el Señor sigue enviando ángeles para consolar nuestra soledad y repetirnos: “Yo estoy contigo todos los días”. Y sigue el papa: “Esto te lo dice a ti, me lo dice a mí, a todos. Este es el sentido de esta Jornada que he querido celebrar por primera vez precisamente este año, después de un largo aislamiento y una reanudación todavía lenta de la vida social. ¡Que cada abuelo, cada anciano, cada abuela, cada persona mayor —sobre todo los que están más solos— reciba la visita de un ángel! A veces tendrán el rostro de nuestros nietos, otras veces el rostro de familiares, de amigos de toda la vida o de personas que hemos conocido durante este momento difícil. En este tiempo hemos aprendido a comprender lo importante que son los abrazos y las visitas para cada uno de nosotros, ¡y cómo me entristece que en algunos lugares esto todavía no sea posible!”

Otro de los filósofos enanos recomendaba que “todo el mundo debe esforzarse en tener unos buenos abuelos, pues son las únicas personas que nos dicen que están contentas de estar con nosotros” y “con ellos es muy divertido ir de compras y nunca te dicen “date prisa”; “ y son los únicos que te responden a las preguntas difíciles de dónde está Dios y si está casado…”  Me parece que el papa tiene idéntica convicción que esos mini-pensadores encuestados,  cuando invita a una intensa colaboración intergeneracional para dar  “un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros, para que la humanidad renazca” (Carta Fratelli tutti, 35).  “ En esta perspectiva, quiero decirte – prosigue el papa hablando a los mayores- que eres necesario para construir, en fraternidad y amistad social, el mundo de mañana: el mundo en el que viviremos —nosotros, y nuestros hijos y nietos— cuando la tormenta se haya calmado…Entre los diversos pilares que deberán sostener esta nueva construcción hay tres que tú, mejor que otros, puedes ayudar a colocar. Tres pilares: los sueños, la memoria y la oración”  Porque “el futuro del mundo reside en esta alianza entre los jóvenes y los mayores. ¿Quiénes, si no los jóvenes, pueden tomar los sueños de los mayores y llevarlos adelante? Pero para ello es necesario seguir soñando sueños de justicia, de paz y de solidaridad…  Es necesario que tú también des testimonio de que es posible salir renovado de una experiencia difícil. Y estoy seguro de que no será la única, porque habrás tenido muchas en tu vida, y has conseguido salir de ellas. Aprende también de aquella experiencia para salir ahora de esta”.

Otra respuesta de mis admirados filósofos pitufos proclamaba que “los abuelos y las abuelas tendrían que vivir siempre“  y así me hacían relacionar tal deseo con las palabras del papa en su mensaje, ilusionando a los mayores con la idea de procurar no bajar la guardia jamás porque mientras hay vida hay tarea: “No importa la edad que tengas, si sigues trabajando o no, si estás solo o tienes una familia, si te convertiste en abuela o abuelo de joven o de mayor, si sigues siendo independiente o necesitas ayuda, porque no hay edad en la que puedas retirarte de la tarea de anunciar el evangelio, ni de la tarea de transmitir las tradiciones a los nietos…”

¡Qué detallazo del papa de inventarse una jornada de cada año para reflexionar sobre la hermosura de aplaudir, admirar y valorar a los mayores todos los días!

 Mons. Alberto Cuevas F.

Sacerdote y periodista.

 

ANO SANTO, ANO DE PEREGRINACIÓNS

Todos los caminos llevan a Roma, y muchos, a Compostela. Los que conducen a Roma, proceden de los cuatro puntos cardinales. Los que llevan a Compostela, son principalmente cinco:

El Camino Francés, que, partiendo de Roncesvalles, cruza las tierras d Aragón y, después de soportar el calor sofocante de las planicies castellanas, saborea el plácido clima del Monte del Gozo, contemplando la Catedral Compostelana, meta de su peregrinación.

El Camino Inglés, por el cual, los peregrinos procedentes del Reino Unido desembarcan en los puertos de A Coruña o de Ferrol, y continúan viaje hacia la capital gallega.

El Camino Portugués. Este camino nace en la ciudad de Lisboa y, desde allí, los peregrinos se dirigen a Galicia.

El Camino Primitivo, por el cual peregrinó el Rey Alfonso II, en el siglo IX.

El Camino del Norte, recorre las zonas occidentales de Francia y, cruzando la frontera internacional por Hendaya o Irún, pasan a España.

A la ciudad jacobea se puede acceder a pie por senderos rurales, en tren, por vía aérea… Sin embargo, para el peregrino, sigue siendo acertado el verso de Antonio Machado: “caminante, no hay camino, se hace camino al andar». El que viaja para recrearse, el excursionista elige la ruta más bella y cómoda; la que más le complace: busca su solaz personal. No así el peregrino: el móvil de su caminar es religioso. Camina por penitencia, lo hace para dar gracias por los favores recibidos, o en demanda de nuevas bendiciones. Al auténtico peregrino, no le importa la belleza del camino: busca llegar pronto al santuario de referencia, para presentar la ofrenda al Señor. No busca el confort de suntuosos hoteles para descansar. Prefiere los humildes albergues, para recuperar fuerzas y poder seguir caminando nuevamente. El Camino del peregrino es fatigoso pero enriquecedor. Los peregrinos comparten horas de sol y de lluvia. También comparten la fe y la ilusión con otros caminantes. Lo negativo compartido es más llevadero, y lo positivo, si se comparte, es más reconfortante. El encuentro de unos con otros hace que el mundo se haga más pequeño. Para los auténticos peregrinos, las fronteras, más que líneas de separación, son lugares de encuentro acogedor. Allí está el Señor, convirtiendo en amigos a gentes desconocidas. La experiencia de su peregrinación le ha convencido de que la ausencia de prejuicios acrecienta la certeza de que en el mundo queda mucha gente de la que aún podemos fiarnos.

Indalecio Gómez Varela

Canónigo de la Catedral de Lugo

 

miércoles, 21 de julio de 2021

GALICIA, EXPORTADORA DE VALORES

Galicia siempre ha sido tierra de sabios y de santos. Quisiera consignarlos a todos en estas breves líneas, pero la limitación de espacio sólo me permite recordar a unos pocos, teniendo que silenciar a otros muchos.

En la rica hagiografía de nuestra tierra figuran los nombres del orensano Sebastián de Aparicio, que desarrolló su labor misionera en tierras americanas. El, también orensano, Francisco Blanco, misionero en Filipinas y Japón. Pedro Vázquez, dominico, natural de Verín, que después de penoso cautiverio en la cárcel, murió quemado en Sacobata. Juan de Buenaventura, natural de Tui, misionero en el Japón, que prefirió ser quemado vivo, antes que claudicar de su fe cristiana. Juan Jacobo Fernández, que partió para Tierra Santa, y en Damasco sufrió el martirio a manos de los turcos. Juan Vivero, apóstol en el Perú. El lucense Teodoro Quirós y Fray Jerónimo de Ulloa, coruñés, misionero ejemplar en tierras de Cabagán y Tuburao. Y el betanceiro, Pedro de Santa María de Ullos, que recorrió los inmensos territorios de América y África

La historia nos dice que Galicia ha sido siempre tierra de sabios, de Apóstoles y de mártires. Sin embargo, los investigadores gallegos, justamente reiterativos en el recuerdo de las figuras eminentes de la ciencia, del arte e incluso del deporte, con frecuencia silencian los nombres de nuestros héroes al servicio del Evangelio. Este es nuestro pecado. Pecado contra la historia, si desconocemos los nombres de quienes lo dieron todo en favor de los más necesitados. Y pecado contra la jerarquía de valores, si infravaloramos el heroísmo de los que propagaron los valores prioritarios del ser humano, más allá de nuestras fronteras.

Cuando por todos los medios se procura promocionar otros valores de la tierra y dar a conocer a otros hijos ilustres de nuestros pueblos, es inexplicable que dejemos caer en el olvido a personajes tan eminentes como nuestro san José Mª Díaz Sanjurjo, cuya fiesta celebraremos el próximo martes del corriente mes. De su universalidad nos hablan los 20.000 kilómetros que separan su cuna de su tumba: Lugo y Vietnam. Nació en Sta. Eulalia de Suegos, una parroquia rural de nuestra diócesis, el 25 de octubre de 1818 y fue bautizado al día siguiente en la iglesia de su pueblo. A los 10 años comenzó sus estudios en la pasantía de don Manuel José Domínguez, profesor del Seminario y destacado la latinista. En el curso 1.831-32, ingresó en el Seminario Conciliar, donde cursó los estudios de filosofía, de cuya disciplina tuvo como profesor, entre otros, al P. García Gil, que más tarde sería arzobispo de Zaragoza, y Cardenal de la Santa Iglesia.

Lugo ha tenido muchos hijos ilustres; entre ellos, san José Mª Díaz Sanjurjo brilla con luz propia por su virtud y ciencia: Dr. en ambos derechos, autor de un tratado de Derecho Natural, Profesor Universitario en Manila, Misionero del Tonquin (hoy Vietnam), Obispo de Platea a los 30 años y mártir de Cristo a los 38. Es un lucense que lo dejó todo para darse del todo a todos. Este joven lucense amaba su tierra, amaba a su familia, se le presentaba un futuro esperanzador: podría triunfar en la vida, pero contempló el panorama idolátrico del extremo Oriente, se dijo: ¿qué les pasará a los habitantes del Vietnam, si yo me mantengo en mi patria chica? Y tomó la decisión de irse a vivir con ellos, dispuesto a morir por ellos. Y todo ocurrió así: convivió algún tiempo con aquellas gentes; les dio lo mejor de sí mismo, abriéndoles caminos de esperanza temporal y eterna… y a los 38 años de edad, su sangre martirial fecundó evangélicamente las tierras vietnamitas, pidiéndole al Señor que aquellas gentes nunca se olvidasen de las enseñanzas que con tanto ardor les había transmitido como testigo del Evangelio.

 Así ha sido nuestro santo: bien merece nuestro aprecio y nuestra estima. Pues procuremos imitarlo, ya que, en el cielo, aún quedan muchas plazas libres.

 

Indalecio Gómez Varela

Canónigo de la Catedral de Lugo

jueves, 15 de julio de 2021

O CRISTIANISMO, ESPERANZA DE FELICIDADE

Se alguén ten dereito a ser feliz, este é o cristián; pero, á vista de moitas vidas, dá a impresión de que, no canto de ser testemuñas de gozo, somos portadores de resignación. Resignámonos a soportar os padecementos deste mundo, porque nos parece que os sufrimentos desta vida son o prezo que Deus esixe a cambio da felicidade eterna.

Resignámonos a non ser felices aquí na terra, porque cremos que esta é a vontade de Deus. Estamos equivocados. A vontade de Deus é a nosa santificación. Nunca, a nosa infelicidade.

Na Biblia aparece un claro contraste entre a actitude dos deuses pagáns e o Deus dos cristiáns. Mentres os deuses dos pagáns gozan da súa felicidade, sen preocuparse da sorte dos humanos, o noso Deus mostra unha gran solicitude pola sorte dos homes. El é o noso creador e salvador liberador de escravitudes e de opresións inxustas. O comportamento de Deus ten que provocar en nós un gozo desbordante. Para comprendelo, o primeiro que se require é ensinar aos homes que os humanos non nacemos felices nin infelices, senón que nacemos para a felicidade. Pero a felicidade non nos chega como a lotaría de Nadal, que só lles toca a uns poucos. A felicidade constrúese ladrillo a ladrillo, hai que colocalos un a un.

Certamente non hai receitas infalibles para a felicidade; pero si que hai unha serie de camiños polos que se pode camiñar cara a ela.

Martín Descalzo, no seu libro Razones para la alegría, sinala algúns, aos que el chama “camiños para camiñar cara á felicidade”. Entre outros apunta estes: Descubrir e gozar de todo o bo que temos. Non ter que esperar a atoparnos cun cego, para decatarnos do fermosos e importantes que son os nosos ollos. Non necesitar coñecer a un xordo, para descubrir a marabilla do sentido do oído. Non é necesario experimentar que as nosas mans se moven segundo a nosa vontade, nin ver as mans dun paralítico, para describir o gran agasallo que nos fixo Deus, dándonos unhas mans sas para gañarnos o pan”.

Bonhoeffer, no seu libro titulado A ética, afirma que Deus puxo en case todas as accións do home, ademais do seu fin primario, unha “ración de gozo”: a finalidade do comer e do beber é a subsistencia do home; pero Deus quixo que, ao mesmo tempo que comemos para recuperar forzas, e ao mesmo tempo que bebemos para evitar a deshidratación do organismo, experimentásemos o san pracer de mitigar a sede.

O problema da dor é tan espiñento, que quizais ningún outro procreou tantos ateos, nin provocou tantas rebeldías e blasfemias contra o ceo. Para evitar estas reaccións, o mellor será aceptalo con fortaleza e miralo con esperanza. O mundo non é Ceo, pero pode ser camiño de Ceo. Nós corremos o risco de confundir os termos agardar e esperar. Dá a impresión de que os seus significados son sinónimos, con todo, a súa diferenza é abismal. Agardar fai referencia á vez que ten que pasar para poder percibir a recompensa pola nosa achega positiva a algo valorable. Esperar é a certeza de que recibiremos a gloria celestial prometida polo Señor aos que fósemos fieis aos compromisos cristiáns. Tamén para Xesús, o mundo foi camiño de dor e de cruz, pero a súa actitude converteuno en camiño de Ceo. Xesús sintetizou a súa vida naquela expresión de “todo está cumprido” con que selou os seus beizos na tarde do Venres Santo. Cumpriuse a misión do Redentor na terra e agora cumpriuse tamén a promesa do Pai: Xesús xa está a compartir a gloria do Pai para sempre. Para El xa acabou a espera, e a esperanza fíxose realidade.

Este é tamén o noso futuro. Fagamos deste mundo un camiño que nos leve ao Ceo, porque alí tamén hai cabida para nós.

Indalecio Gómez

Cóengo da Catedral lucense

 

lunes, 5 de julio de 2021

O BURGALÉS FERNANDO GARCÍA CADIÑANOS, NOVO BISPO DE MONDOÑEDO-FERROL

O ata agora vicario xeneral de Burgos, Fernando García Cadiñanos, foi nomeado bispo da Diocese de Mondoñedo-Ferrol segundo anunciou en rolda de prensa o administrador diocesano, Antonio Valín Valdés. Na súa primeira mensaxe en galego aos fieis, o novo bispo destaca que "a nosa sociedade é complexa e moi diversa dá que coñecimos. A nbsp;postpandemia&tamén nos chama a un cambio de mentalidade. Vivimos momentos onde é preciso xerar moita esperanza e ilusión. A nosa Igrexa ten que ser hospital de campaña. Igrexa pobre e para pobres". Tamén agradeceu a tarefa do administrador diocesano e do seu predecesor, o bispo Luís Ángel das Heras. 

García Cadiñanos naceu en Burgos o 7 de maio de 1968 e, segundo comunicou a diocese, é o menor dunha familia obreira e numerosa. Estudou EGB no Colexio do Círculo Católico, de onde pasa ao Seminario Menor para finalizar o ensino obrigatorio e o bacharelato e despois ao Seminario Maior, estudando Teoloxía na Facultade de Teoloxía do Norte de España na súa sede de Burgos, onde obtén o Bacharel en Teoloxía e, posteriormente, a licenciatura en Teoloxía Dogmática.
é ordenado presbítero o 26 de xuño de 1993 na igrexa do Carmen de Burgos. En 1997 é enviado a Roma, onde obtén a Licenciatura en Ciencias Sociais-Especialidade Doutrina e Ética sociais pola Universidade Gregoriana de Roma (ano 2000).

Cadiñanos foi profesor na Facultade de Teoloxía do Norte de España na súa sede de Burgos onde imparte o curso de Teoloxía Moral Social. Igualmente dirixiu da aula de Doutrina Social da Igrexa de devandita Facultade. Participou en numerosas conferencias, congresos e cursos de formación ao redor de Cáritas, a Doutrina Social da Igrexa, a caridade, en pensamento do Papa Francisco… Publicou varios artigos sobre estes temas en diferentes dicionarios e revistas especializadas.

No currículo feito público pola Igrexa, sinala que a súa actividade pastoral comeza na parroquia de Santa Catalina de Aranda de Douro, onde é vicario parroquial de 1993 a 1997. Nesa mesma época, compaxina o cargo de delegado diocesano de Pastoral Obreira (1995-1997). Tras o seu paso por Roma (1997-2000), é nomeado párroco de Solarana e outras nove parroquias, así como secretario do Departamento de Formación Sociopolítica, cargo que ostentará ata o ano 2010. Desde o ano 2004 atende, ademais, a parroquia de Villalmanzo, da que é párroco ata o ano 2014. Desde o ano 2005 a 2014 é arcipreste do Arlanza e nesta época é secretario do Consello Presbiteral.

En 2014 é nomeado párroco da parroquia de Nosa Señora das Neves na cidade de Burgos (2014-2016). Un ano despois, recibe o nomeamento de delegado diocesano de Cáritas. Desde o ano 2016 é tamén vicario xeneral da diocese de Burgos e moderador de Curia.

CHEIRO A OVELLA

Como cidadanía que somos, pouco a pouco imos tomando conciencia de que non é a pasividade e si a acción, a tarefa principal que debe ocuparnos ao longo da nosa vida.

Actividade que se vai diversificando segundo as capacidades e aptitudes, sempre diferentes, que as persoas temos. O que nos converte en activistas construtoras de humanidade fraterna.

Nela nada nos é  estraño e a ninguén vemos coma indiferente.

Chámasenos a romper a dinámica de caer na aparencia do querer quedar ben, de que nos vexan desde o mellor dos noso perfís, de que nos recoñeza e se nos aplauda, como se fósemos imprescindibles.

Pero a realidade, a dos pés da terra, é moi outra. Porque se abrimos ben os  ollos imos descubrindo o dura é inhóspita que ela é.

Cada vez son máis as persoas que van caendo no camiño: as esquecidas e ignoradas, e ás que ninguén lles presta atención. Converténdose nas vítimas ás que tanto dano se lles fai e nunca tiveron oportunidade de mostrar as súas capacidades, o que elas poden aportar.

Ben porque ninguén llelas deu, ben porque as portas nas que chamaron non se lle abriron.

A equidade está moi lonxe deste noso mundo que, as veces, para autoenganarnos, dicimos que nos fai felices!

Fronte a esta realidade que non podemos obviar, xurde unha mirada diferente; un xeito distinto que quere ser contrapunto, inda que non sexa maioritario, de que se poden facer as cousas doutra maneira.

 Pensando nas persoas, indo moito máis a modo, poñendo o acento nas cousas sinxelas e pequenas, coidando, e valorando, o mundo como fogar onde poidamos caber todas e todos e sen facer exclusións.

Parándonos e acompañándonos desde un sinxelo, ¿qué tal estas?  Aquí me tes para o que queiras, bótoche/me unha man ou tomamos un café.

Mesmo un imos buscar xente para que entre todas e todos poidamos facer isto que tan importante é comunitariamente.

Preguntas e invitacións que nos lembran sempre que o importante son/mos as persoas e non o poder, a fama, os cartos ou o recoñecemento social.

Se queremos ir construíndo este camiño, deberiamos poñer a mirada no estilo e nas palabras de Xesús. Nel atopamos ese xeito distinto, esa maneira diferente de facer as cousas.

Sen buscar protagonismo pero poñendo sempre a mirada nos demais, desde o respecto, a escoita, o diálogo, non a imposición;  e sempre véndonos como iguais e non como inimigos.

Ao seu estilo. O evanxelista Xoán descríbeo moi ben na parábola do Bo Pastor.

Aquel que non escapa cando ven o lobo, que está no medio do seu rabaño, preocupándose, atendéndoo, termándoo e o deféndoo de calquera intento de agresión.

Sabendo que  as parábolas son contos, exemplos, formas e xeitos sinxelos de contar e mostrar unha mensaxe. Tamén con esta se nos quere dicir que: só compartindo a mesma vida, o que nos fai sufrir e o que nos aleda, o que nos ilusiona e o que entristece.

Só así, estaremos tomando en serio a afirmación, tantas veces repetida, de que as persoas, a súa dignidade  e o respecto que sempre nos merecen, son o máis importante para nós.

Non nos quedemos na literalidade das palabras, avancemos máis, moito máis para  buscar entrar no seu sentido profundo: o cheiro a ovella non se reduce a unha cuestión de hixiene, senón que urxe a un compromiso serio, responsable, esixente, e moitas veces quedándonos ao pairo, polas persoas.

Si, elas que sofren, rin, alédanse, entristécense, acertan ou erran. Tódalas persoas sen exclusións.

Sobre esta cuestión nos ten falado moitas veces o Papa Francisco ao referirse a como han ser as actitudes, os comportamentos, as opcións que movan e fagan visible o servizo ministerial de curas, bispos, relixiosos/sas cada día e no medio da xente.

O servizo do compromiso non é unha cuestión superficial ou aparente, ao contrario: imbúenos e énchenos en totalidade.

¿Que sería dun sacerdocio sen presenza?

¿Que sería un servizo episcopal pechado no recuncho do institucional e desconectado do que senten e gozan, o que as aleda ou entristece ás persoas, sexan ou non crentes.?

A dignidade non é cuestión de credo, traémola ao mundo ao nacer.

Convertamos logo o cheiro en recuncho de cercanía, ilusión, presenza igualitaria, diálogo compartido, opinión respectada, esperanza alentada e igualdade agradecida.

Porque só sendo conscientes de cal é a nosa identidade de filiación fraterna, entenderemos que o servizo non se pode facer nin a distancia nin a través da tecnoloxía, senón no sorriso compartido, o agradecemento acollido e a entrega acompañada da sinceridade da mirada que non exclúe nin controla, non golpea nin fire, e si sabe tender a man.

Que o noso cheiro a ovella faga posible un mundo mellor, máis xusto, igualitario e fraterno. Ao estilo, sempre, de Xesús!

Clodomiro Ogando.

Instituto Teolóxico de Vigo.

 

lunes, 21 de junio de 2021

Outonos e Primaveiriñas do galego na liturxia

A dimensión celebrativa da fe mostra o importante que é expresala de xeito sinxelo, cunha linguaxe comprensible e cercana á vida. A interioridade das conviccións precisa ser expresada e manifestada externamente. A liturxia serve de canle para darlle visibilidade. Asemade, a celebración non debera nunca realizarse en abstracto, senón desde a cotidianeidade do que a persoa sente e vive.

Para que isto poida ser así precísase da lingua como elemento a través do cal vehicular a fondura do ser crente, expresar comunitariamente e dirixirse a Deus. Mais a lingua non pode ser algo estraño a esta cotidianeidade. Ao contrario, rezar, expresar a dimensión comunicativa cara a Deus, debe realizarse na lingua coa que a persoa comunica, se relaciona, expresa o que sente, vive, comparte ou pensa. No noso caso esa lingua é o galego. Con ela imos facendo posible a nosa sociabilidade, o noso ser coa xente. Con ela tamén expresamos a nosa relación con Deus.

Que isto sexa o habitual non quere dicir que sempre sexa así. Isto é o que lle ocorre ao galego coa liturxia católica. Falamos en galego, sentimos e comunicámonos en galego, pero non rezamos mesa mesma lingua. Algo non cadra nesta relación. Preguntémonos entón o porqué.

Unha das respostas á pregunta podería ser o feito de que o galego sempre foi a lingua dos pobres, da xente do campo, de quen se dicía que non tiñan cultura. Era a lingua usada polos paletos e rudos. Estaba mal visto, moi mal visto, utilizalo nos ámbitos de poder e nos considerados socialmente importantes. E a Igrexa, alomenos antes, érao. Como se ía falar galego; e máis aínda, como a relación con Deus ía ser expresada en galego! Detrás deste rexeitamento atópase, en non poucas ocasións, o autodesprezo de clase, a baixa estima da lingua, e a aspiración a ser e falar como os que teñen poder e representan ás clases dirixentes. Non é logo de estrañar, segundo un estudo recente sobre o uso da lingua galega na liturxia, que inda que un 63% da poboación afirma que o galego debe ser o idioma maioritario nas liturxias celebradas en Galicia, sexan só o 7% as Eucaristías en lingua galega.

Canto vimos contando non se refire a un pasado que nos queda lonxe; ao contrario, son datos que reflicten a situación actual do uso do galego na liturxia. E isto malia que o Concilio Vaticano II tentou devolverlle ás linguas vernáculas –vulgares– o lugar que a centralización tridentina e o medo a novos galicanismos lles suprimiran. Para que este esforzo de participación e comprensión da liturxia fose posible, o Concilio urxe a tomar en serio o proceso de inculturar a fe; de xeito que a evanxelización, en todos os seus aspectos e dimensións, se realizase tendo en conta a lingua e a cultura vehiculares en cada unha das Igrexas particulares, para que así que a acollida e a interiorización da fe non resultasen nin alleas nin estrañas.

A explicar como foi todo este proceso logo do remate do Concilio, dedicaremos a segunda parte da nosa reflexión. Achegarémonos ás constitucións conciliares buscando descubrir o que e o como se ha entender a necesidade de inculturar[1] a fe como pedagoxía evanxelizadora. Aí atoparemos, aplicado á nosa realidade galega, que o uso da lingua debe ser un puntal no que ir desenvolvendo este proceso de evanxelización, pois sen unha comprensión das categorías de fe na lingua propia dificilmente se pode falar de interiorización, maduración e crecemento adulto na vivencia da fe.

Ademais desta primeira achega aos textos do concilio que nos falan da inculturación da fe e, dentro desta, da utilización da lingua propia, avanzaremos por outros dous momentos eclesiais relevantes, a nivel galego e a nivel diocesano, nos que se abordou tamén o tema da utilización da lingua galega na liturxia: o Concilio Pastoral Galego[2]e o Sínodo Diocesano de Tui–Vigo[3]. Unha vez exposto como foi este proceso a prol da dignificación do uso da lingua na liturxia, deixamos ao criterio das persoas lectoras o xuízo que lles merece a incapacidade de acompasar a normativa existente co seu desenvolvemento na praxe litúrxico pastoral.

a.- O Concilio Vaticano II

         O Concilio Vaticano II, na constitución Gaudium et spes sobre o diálogo da Igrexa co mundo, urxe a inculturar a fe, é dicir, a expresala e vivila desde as categorías (o sentir da xente) da cultura na que se vive e desde as que se concretan as grandes experiencias, persoais e comunitarias, da vida das persoas. Isto non responde a unha moda ou a un intento de apuntarse ao carro do utilitarismo sociolóxico ou ao irenismo arribista, senón que responde a un xeito de proceder para “adaptar o Evanxeo a nivel do saber popular… porque así en tódolos pobos faise posible expresar a mensaxe cristiá de modo apropiado a cada un deles e ao mesmo tempo foméntase un vivo intercambio entre a Igrexa e as diversas culturas” (GS 44). Deste xeito evítase caer no colonialismo teolóxico pastoral pola imposición dun mesmo, único e exclusivo rito “euroromano” a todas as comunidades eclesiais; a todas as Igrexas particulares.

         Este pórtico desde o que se expresa a constitución sobre o diálogo da Igrexa no mundo responde á necesidade de facer a liturxia máis participativa e comprensible, como expresara a constitución Sacrosanctum concilium sobre a liturxia, no número trinta. Ao que engade, no número trinta e seis, parágrafo segundo, o seguinte: “como o uso da lingua vulgar é moi útil para o pobo en non poucas ocasións, tanto na Misa como na administración dos Sacramentos e noutras partes da Liturxia, se lle poderá dar maior cabida” (SC 36).

A decisión dos Pais Conciliares abriu un camiño de maior participación, comprensión e interiorización da fe por medio da liturxia, dándolle a volta a centos de anos dunha praxe que acentuaba a dimensión mistérica afastada da vida e presentando unha imaxe da Deus, a modo de emperador romano, que se limitaba a ver, controlar e xulgar, nunhas celebracións cheas de pompa e barroquismo; pero estériles para poder chegar ao sentir do corazón das persoas que nelas estaban. O principio fundamental era seguir a rúbrica.

A gran intuición de Xoán XXIII, concretada na celebración deste Concilio ecuménico, abre paso a un cambio revolucionario tanto ao interno como ao externo da mesma Igrexa. Sendo e sabéndose Pobo de Deus, e participando do sacerdocio común por mor do bautismo recibido e compartido; o aggiornamento ao que sempre apelaba o papa e a entrada de aire fresco polas ventás abertas da Igrexa parecía non ía ter xa marcha atrás.

b.- O Concilio Pastoral de Galicia

Buscando adaptar toda a riqueza do Concilio Vaticano II á realidade pastoral galega, os bispos das dioceses galegas convocan en 1968 un Concilio Pastoral. Diversas vicisitudes levaron a que se fose retrasando o seu comezo ata o 29-30 de xuño 1974, no que se inaugura e celebra a primeira sesión. Na terceira sesión será cando se aborde o tema que nos ocupa: a utilización (uso) da lingua galega na liturxia. Corría o ano 1976. Nun relatorio que levaba por título: “A liturxia renovada na pastoral da Igrexa, propúñase para discusión por parte da asemblea e aprobación nas conclusións, a importancia do uso do galego na praxe pastoral da Igrexa en Galicia.

Nesta terceira sesión ten unha aprobación maioritaria a conclusión 11.1, na que se di: “oCPG pídelles a tódolos cristiáns, Bispos, Curas e Leigos, cada quen segundo a súa específica misión, que participen na promoción da Lingua galega, por ser un valor humano que está asociado coa liberación do home galego e, por tanto, coa evanxelización….que participen na promoción da lingua galega…” (11.1).

Ante esta petición a toda a comunidade cristiá de Galicia, no mesmo número once paragrafo cinco, chama a normalizar o uso do galego nas celebracións litúrxicas: “É vontade do CPG que esta sesión sexa o principio dunha etapa nova para a Liturxia en galego, polo recoñecemento conciliar de toda a Xerarquía da Rexión; pola xeneralización dela como cousa ordinaria; é mais, sobre todo, polo compromiso dos responsables para levala a cabo“ (11.5).

Finalmente, neste mesmo número once, no parágrafo nove, clarifica que o uso da lingua non ha conformarse cun traducir textos do latín ao galego, porquea liturxia en galego non remata con verte-las fórmulas latinas na nosa lingua, é todo un universo cultural alleo o que compre verter no noso; e para iso é imprescindible a colaboración dos estudosos das ciencias sobre do pobo” (11.9). A utilización dunha lingua na celebración litúrxica ha expresar o sentir, o vivir, as ledicias e as mágoas, de quen nela participa. Non é un simple traducir letras, palabras ou frases á literalidade dunha nova lingua. Resoa neste parágrafo a constitución sobre o diálogo da Igrexa co mundo, no seu número corenta e catro, ao que xa fixemos referencia, e no que definía e insistía na importancia e necesidade da inculturación como metodoloxía do traballo pastoral.

E non vaiamos pensar que era unha cuestión de mero trámite que evitase un posicionamento desconsiderado coas persoas que vivían no mundo rural. A conclusión remarca a importancia do uso da lingua en toda Galicia, rural e urbana, tal e como se di na conclusión aprobada: “que nas igrexas da cidade se chegue a celebrar polo menos unha misa en galego nos días festivos (11.7). Conclusión e chamamento que foi quedando no limbo dos xustos.

As decisións do Concilio Pastoral supuxeron que se fixese o esforzo por preparar materiais en galego, coa conseguinte aprobación de Roma, para a súa utilización: Misal, leccionarios, algúns rituais, libro da oración da comunidade e a liturxia das horas. E inda que o ritmo foi lento, a día de hoxe o proceso non está rematado. Tampouco a demanda foi tan maioritaria como para esgotar os exemplares.

         c.- O Sínodo Diocesano de Tui – Vigo

Un terceiro evento eclesial, este xa no ámbito concreto dunha das dioceses galegas, a Diocese de Tui-Vigo[4], leva a que fixemos a nosa atención no Sínodo diocesano celebrado na primeira década deste século, concretamente entre 2002 e 2006. Un Sínodo cunha alta participación das persoas segrares da Diocese, e no cal, como non, unha das conclusións que supuxo moito diálogo e non pouca discusión, foi a da utilización da lingua galega de xeito habitual, e sen ningún tipo de identificacións con outras cuestións que nada tiñan que ver co uso da lingua, na liturxia.

No segundo documento, “A Igrexa celebra a súa fe”, apróbase unha constitución na que se di de xeito expreso: “Considerar o galego e o castelán como idiomas en pé de igualdade para unha verdadeira inculturación da fe, e polo tanto dar a coñecer a normativa diocesana que promove o uso do idioma galego nas celebracións; e urxir o seu cumprimento”.(Constitución sinodal número 39).

Tentando utilizar as palabras xustas, buscando que ninguén se sentise agraviado polo que a constitución recollía e desexando que as palabras alí expresadas pasasen dos bos desexos á praxe pastoral, recoñécese a igualdade, e polo tanto a importancia, do galego (o castelán sempre tivo o seu recoñecemento e valoración) como medio de inculturar a fe; e da necesidade de promovelo para que sexa unha lingua habitual na súa utilización nas celebracións. Mais non queda aí a constitución aprobada maioritariamente, senón que se urxe a que se cumpra.

Como ocorreu co Concilio Vaticano II e co Concilio Pastoral de Galicia, tamén o votado, aprobado e decidido polos representantes do Pobo de Deus que camiña na Diocese de Tui-Vigo, quedou nunha fermosa mañá de aplausos e parabéns, que non foron quen de plasmarse na praxe habitual da vida pastoral diocesana.[5]

Desde o noso compromiso por ser unha Igrexa chamada a estar nas periferias, e disposta a primeirear  e a periferear, sabendo mirar cara ás beiras, e con sensibilidade aos problemas e dificultades das persoas, neste primeireo a sensibilidade ante a lingua ha manifestarse nas celebracións e na maneira de celebrar; pero unido a isto é fundamental tamén a presenza nas periferias das nosas parroquias rurais. Periferias que nos chegan en forma de persoas maiores soas e precisadas de ser escoitadas e acompañadas. Nun mundo rural no que a xente marcha, o primeireo eclesial está na presenza activa, sinxela, xenerosa e cercana. Só estando e falando a mesma lingua, é como a Igrexa se converte na alma do pobo.

A non identificación durante séculos foi creando unha fenda entre curas e fregueses; unha separación que mostraba non só o non entendemento, senón tamén a fenda entre un xeito de vivir e falar, e como consecuencia de sentir, respecto aos segrares. E cando nos referimos á utilización da lingua galega, quede claro, facémolo desde criterio de pastoralidade e evanxelización, afastando calquera intento de politización ou moda. Como en máis dunha ocasión se ten afirmado para desautorizar o esforzo de rezar, sentir e expresar a fe na lingua utilizada maioritariamente polas persoas que conforman as comunidades, non é a crispación, e si a sinodalidade comunitaria o que acentuará a comuñón participativa nas nosas comunidades.

Malia aos atrancos neste xa longo camiño, no que, como nos di a primeira carta de Pedro, estamos chamados e chamadas a dar razón da nosa esperanza (1Pe 3,15); e parafraseando ao cantautor José Antonio Labordeta, tamén nós seguimos a pensar que chegará un día en que todos, ao ergue-la vista, veremos unha terra na que se viva e diga: o galego na liturxia xa é e esta.

Fagamos o imposible, entón, para que comecen de vez as mil primaveras máis para a lingua galega!

Clodomiro Ogando.

Instituto Teolóxico de Vigo.


[1] “Inculturación: Proceso mediante o cal a Igrexa encarna o Evanxeo nas diversas culturas e, ao mesmo tempo, introduce aos pobos coas súas culturas na súa mesma comunidade; transmite ás mesmas os seus propios valores, asumindo o que hai de bo nelas e renovándoas desde dentro. Pola súa banda, coa inculturación, a Igrexa faise signo máis comprensible do que é o instrumento máis apto para a misión” (Xoán Paulo II, RM 52).

[2] O Concilio Pastoral de Galicia. Introducións, textos, documentación, índices (1996) LUMIEIRA, A Coruña

[3] Diocese Tui-Vigo. XVI Sínodo Diocesano, 2002-2006. Vigo 2006

[4]Inda que nos centramos na Diocese de Tui -Vigo, nalgunhas das outras dioceses de Galicia elaboráronse disposicións respecto ao uso da lingua galega na liturxia. Disposicións que, na maioría das veces, quedaron nunha cuestión puramente teórica, debido á pouca receptividade ao uso da lingua na liturxia por parte dunha gran maioría dos curas.

Traemos dous exemplos ao respecto: 1.- Boletín Oficial do Arcebispado de Santiago de Compostela, nº 3.617, de febreiro de 2007, no elenco de disposición para o ano 2007, ao referirse á utilización do galego na liturxia, dise o seguinte: “É necesario que os sacerdotes sexan sensibles de cara á progresiva incorporación da lingua galega na liturxia e que non só acollan ben as peticións que poidan presentar os fieis, senón que, adiantándose, sexan eles os que ofrezan a posibilidade de te-las celebracións en lingua galega, realizando un serio esforzo para que os fieis poidan coñece-las partes dialogadas e así participen no culto cunha meirande incorporación na lingua que falan habitualmente. Para xeral coñecemento, relaciónanse seguidamente o estado das edicións litúrxicas en galego. Estado das edicións litúrxicas en galego. – Deica hoxe foron publicados os seguintes libros litúrxicos e subsidios para a liturxia Misal Romano (Edición en tamaño máis manual). Propio das dioceses de Galicia. Ritual do Bautismo de nenos. Ritual da Confirmación. Ritual das Exequias. Cantoral para a celebración das Exequias. Ritual para os ministerios do Lector e do Acólito. Ritual do Matrimonio. Ritual das Ordenacións. Directorio e ritual para os Ministros Extraordinarios da Eucaristía. 57 Cantoral Litúrxico Galego. Dez anos de encontros de música relixiosa en Pontevedra. (Casettes, Partituras, Letras). Leccionario I. Ciclo A. Leccionario I. Ciclo B. Leccionario I. Ciclo C. Leccionario II (*). Feiras de Advento, Coresma e Pascua. Leccionario II.(**) Feiras do tempo ordinario. Leccionario III. (*) Propio dos Santos. Leccionario III (**) Misas rituais, votivas e por algunhas necesidades Diurnal. Oración dos fieis. Oracional Galego A Santa Misa (tríptico para os fieis coas respostas da Misa). – Están en proceso de preparación: Ritual da Unción e pastoral dos enfermos. Ritual da Penitencia. Celebracións dominicais en ausencia de presbítero. Bendicional. 

2.- Asemade, na Diocese de Ourense con motivo do Sínodo Diocesano, no caderno de traballo elaborado para os grupos sinodais, afírmase: “A piedade popular é  un medio singular de inculturación da fe na forma de ser do noso pobo, unha de cuxas expresións máis significativas é o uso da lingua galega. Nos últimos tempos constátase un retroceso do seu uso nas celebracións litúrxicas e nas expresións da piedade popular”. cfrDOCUMENTO 3 “Unha Liturxia viva para unha Igrexa gozosa”.

As demais Dioceses, segundo os informantes aos que se lles preguntou ao respecto, manifestan que nas súas respectivas dioceses non teñen a dia de hoxe, disposicións concretas, dependendo, xa que logo, o uso do galego da sensibilidade ou non de cada comunidade/cura. 

[5]Dito o cal, si debemos mencionar e valorar, o esforzo actual que desde Vigairía de Pastoral, e coa axuda da Delegación de Medios, se está a desenvolver para ir elaborando novos materiais litúrxicos en galego, como poden ser as antífonas musicadas dos Salmos responsoriais ou a Liturxia das horas. Materiais que podemos ver e consultar na páxina web oficial da Diocese (www.diocesetuivigo.org), feito que, atendendo ao manifestado no corpo do artigo, lévanos e pensar que parece ir por un pouco por diante a páxina oficial da diocese respecto á gran maioría dos pastores, xa no mundo rural xa no urbano, en canto ao uso e utilización do galego na liturxia .

 

miércoles, 16 de junio de 2021

SEN ESPIRITUALIDADE NON SALVAREMOS A VIDA NA TERRA

En momentos de grandes crisis, de desastres naturales y ahora con la epidemia del coronavirus, los seres humanos dejan salir a la superficie aquello que está en su esencia como humanos: la solidaridad, la cooperación, el cuidado de unos a otros y de su entorno y la espiritualidad.

En los encuentros para la elaboración de la Carta de la Tierra oímos de boca de Mijaíl Gorbachov, justamente de él considerado ateo por ser comunista y jefe de Estado: o desarrollamos una espiritualidad con nuevos valores, centrados en la vida y en la cooperación o no habrá solución para la vida en la Tierra.

Esta pandemia es un llamamiento a esa espiritualidad salvadora. Como dice la Carta de la Tierra: “Como nunca antes en la historia, el destino común nos convoca a un nuevo comienzo… Esto requiere un cambio en la mente y en el corazón; requiere un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad universal… solo así se llega a un modo sostenible de vida” (Conclusión).

Estamos viviendo una emergencia ecológica planetaria. Acertadamente nos alertó la Laudato Sì del Papa Francisco (2015): “Las previsiones catastróficas ya no se pueden mirar con desprecio e ironía. El ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta, de tal manera que el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes” (n.161).

Esta advertencias refuerzan la urgencia de una espiritualidad de la Tierra. Ella demanda un nuevo paradigma, presentado por el Papa Francisco en su última encíclica Fratelli tutti (2020): debemos dejar de imaginar que somos los dueños (dominus) de la naturaleza para poder ser de hecho hermanos y hermanas (frater, soror). Si no hacemos esta transformación habrá que tener presente esta advertencia: “nadie se salva solo, únicamente es posible salvarse juntos” (n. 32).

En función de esa misión común se ha establecido una colaboración y una articulación entre dos familias religiosas, con sus tradiciones espirituales, amigables con la creación y la vida de los más destituidos: los franciscanos con el Servicio Interfranciscano de Justicia, Paz y Ecología de la Conferencia de la Familia Franciscana de Brasil y los jesuitas con el Observatorio Luciano Mendes de Almeida, la Red de Justicia socioambiental de los Jesuitas y el Movimiento Católico Global por el Clima, sumándoseles como compañeros el centro juvenil MAGIS, y la Facultad Jesuita de Filosofía y Teología (FAJE).

Las espiritualidades y los valores de cada una de estas dos tradiciones nos podrán inspirar nuevas formas de cuidar la herencia sagrada que la evolución y Dios nos han entregado, la Tierra, la Magna Mater de los antiguos, la Pachamama de los andinos y la Gaia de los modernos.

En su encíclica de ecología integral Laudato Si, el Papa Francisco presenta a San Francisco “como el ejemplo por excelencia de todo lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos” (n.10). Y dice todavía más: “Corazón universal, para él cualquier criatura era una hermana, unida a él con lazos de cariño. Por eso se sentía llamado a cuidar todo lo que existe… hasta de las hierbas silvestres que debían tener su lugar en el huerto” de cada convento de los frailes (n.11.12).

Para San Ignacio de Loyola, gran devoto de San Francisco, ser pobre significaba más que un ejercicio ascético, un despojamiento de todo para estar más próximo a los otros y construir con ellos fraternidad. Ser pobre para ser más hermano y hermana.

Para los primeros compañeros de San Ignacio la vida en pobreza, individual y comunitaria, siempre acompañó el cuidado de los pobres, parte esencial del carisma jesuítico. Y San Francisco vivía estas tres pasiones: a Cristo crucificado, a los pobres más pobres y a la naturaleza. Llamaba a todas las criaturas, hasta al feroz lobo de Gubbio, con el dulce nombre de hermanos y hermanas.

Ambos vislumbraban a Dios en todas las cosas. Como lo expresó bellamente San Ignacio: “Encontrar a Dios en todas las cosas y ver que todas las cosas vienen de lo alto”. Y decía más, muy en la línea del espíritu de San Francisco: “No es el mucho saber lo que sacia el alma, sino el sentir y saborear internamente las cosas”. Sólo puede saborear internamente todas las cosas si las ama verdaderamente y se siente unido a ellas. En San Francisco abundan afirmaciones semejantes.

Tales modos de vida y de relacionarse son fundamentales si queremos reinventar una forma amigable, reverente y cuidadosa de la Tierra y la naturaleza. De ahí nacerá una civilización biocentrada. Como afirma la Fratelli tutti, fundada en una “política de la ternura y de la gentileza”, “en el amor universal y en la fraternidad sin fronteras”, en la interdependencia entre todos, en la solidaridad, la cooperación y el cuidado de todo lo que existe y vive, especialmente de los más desprotegidos.

La Covid-19 es una señal que la Madre Tierra nos envía para que asumamos la misión que nuestro Creador y el universo nos han confiado de “proteger y cuidar el Jardín del Edén”, es decir, de la Madre Tierra (Gn 2,15). Si juntos, estas dos Órdenes de los franciscanos y los jesuitas, asociados a otros, se proponen realizar este sagrado propósito, darán una señal de que no se ha perdido todo del Paraíso terrenal. Él empieza a crecer dentro de nosotros y se expande hacia fuera de nosotros, haciendo, de verdad, de la Madre Tierra, la verdadera y única Casa Común en la cual podremos vivir juntos en fraternidad, amorosidad, justicia y paz y alegre celebración de la vida. ¿Son sueños? Sí, son los Grandes Sueños, necesarios, que anticipan la realidad futura.

*Leonardo Boff, ecoteólogo, por parte de la familia franciscana.

 

O CORPO DE XESUCRISTO CONSTRÚE POBO

No comezo do Evanxeo de Xoán hai un magnífico himno dedicado á PALABRA. O eixo desa pasaxe é a afirmación seguinte: “A palabra fíxose carne, e plantou entre nós a súa tenda”. A Palabra era Luz, Vida, Salvadora, Creadora, Deus, Verdade, Graza e constitúenos fillos de Deus.

Esa Palabra feita carne, Xesús de Nazaret, viviu e matárono nos tempos en que gobernaba en Xudea un tal Poncio Pilatos, un Delegado do Emperador Romano. Xesús abaixouse e pasou por un de tantos (Flp. 2,7) para moitos dos seus contemporáneos. Mais celebrou a Pascua dos xudeus e aí creou unha presenza entre nós no que en xeral se chama comuñón, COMÚN UNIÓN, alimento de fraternidade e de vida que non remata, senón que continúa despois desta vida. 

Participando da Cea de quen é a Palabra feita carne unímonos con El e somos Corpo de Cristo en palabras de Paulo de Tarso (1 Cor. 12, 27; Rm. 4, 5; etc.). Ás veces, para diferenciar a época actual da histórica de Xesús fai 2000 anos, dicimos Corpo Místico de Cristo, pero non esquezamos que El afirma estar realmente presente agora e sempre nos máis necesitados, que para un cristián son Corpo de Cristo.

Calquera pode comprobar que a vida humana é de condición social, tanto no momento do nacemento e infancia, como xa na vida adulta. Ao nacer precisamos que nos dean de comer, nos ensinen a falar e nos dean unha cultura, unhas ferramentas para poder desenvolvernos na vida. Necesitamos ser enxendrados socialmente, e seguimos precisando durante toda a vida da colaboración do próximo. Esa condición social leva a que constituamos institucións que son amparos e axudas para a vida das persoas. A función de toda institución, por tanto, non é aprisionar á persoa, senón ser un amparo e axuda que a capacite para desenvolver ao máximo as capacidades que cadaquén ten, e esa función débena cumprir desde a institución máis próxima á persoa, a familia, ata as máis afastadas como o Estado e as Organizacións Internacionais.

Pola súa propia condición o Alimento Eucarístico, o Corpo de Cristo, crea grupos e comunidades de diverso tipo nesa gran amplitude de movementos eclesiais e comunidades cristiás polo mundo enteiro, de aí que vexamos moitas veces esta afirmación: “a Eucaristía fai a Igrexa”. Así vemos a implicación entre o Corpo de Cristo e os diversos acontecementos e festas da vida das persoas e dos pobos. Estamos tan acostumados a ver nos carteis das festas das poboacións galegas que apareza MISA SOLEMNE, e mesmo novena, xunto ao pasarrúas, sesión vermut, verbena… que non nos paramos a pensar no senso antropolóxico, social e relixioso que manifesta, e o que iso significa.

Que “as persoas sexan o Corpo de Cristo” forma parte tanto das nosas raíces como das aspiracións máis profundas, o que leva a considerar coherentes as referencias a Xesucristo presentes en tantas bandeiras e escudos de cidades e nacións de España e de Europa enteira. Sen ir máis lonxe atopamos no escudo da cidade de Lugo e no de Galicia a figura dese cáliz románico, patrimonio europeo e propiedade dunha ben pequena parroquia da diocese e provincia de Lugo.

A corporeidade de Cristo, da que formamos parte, fai a todos e a cada un importantes tal como lles dicía Paulo de Tarso aos irmáns de Corinto na súa misiva (1 Cor 12, 12-31). Nela chama a que todos sexamos corresponsables desde as diferentes capacidades e funcións desempeñadas. Destas conviccións fai máis de 350 anos xurdiu a Ofrenda do Antigo Reino de Galicia ao Corpo Eucarístico de Cristo na Catedral de Lugo, realizada cada ano por un dos alcaldes das sete cidades capitais de provincia do Reino.

A Ofrenda, para non caer en mentira e falsidade, debe levar consigo comportamentos axeitados. Esixe a mutua colaboración en igualdade das persoas e tamén das institucións. Hai que asumir cada un as propias responsabilidades e promover ou permitir que outros asuman as súas. Débese vivir a solidariedade e facilitala entre os diversos membros do Corpo de Cristo, o cal nos envía a construír unha humanidade que estea unida nunha verdadeira familia.

Xesucristo en moitas pasaxes do Evanxeo afirma que está especialmente presente nos pequenos e máis necesitados. Aí está o chamado por moitos “Evanxeo dos Ateos” cando en Mateo 25, 31-46 atopamos: “Vinde, benditos do meu Pai… porque tiven fame e déstesme de comer, tiven sede…” e ante a pregunta destes sorprendidos: “Cando te vimos famento… sedento…forasteiro…?”. Respóndelles: “canto fixestes cun destes irmáns meus máis pequenos fixéstelo comigo”.

A aspiración a unha unión solidaria entre todas as persoas está no corazón de toda persoa de boa vontade, á vez que tamén é unha esixencia para todo cristián, e porque une a ambas as dúas enténdese que esta Ofrenda se leve celebrando xa 350 anos. Renovemos o compromiso de colaboración e apoio mutuo!

Antón Negro

Delegado Episcopal de Cáritas

 

jueves, 10 de junio de 2021

FRATERNIDADE E MUNDO GLOBAL

O catro de outubro de 2020, festa de S. Francisco de Asís, o papa Francisco publicou a súa terceira encíclica, Fratelli tutti, sobre a fraternidade universal. Podería parecer, para quen non a tivera lido, que é un texto máis, ao uso do maxisterio papal. Mais se baixamos ao miúdo do que contén, descubrimos que Francisco recupera dous elementos raíz da fe cristiá que durante moito tempo non tiveran presenza nin na teoloxía nin na praxe da Igrexa católica: a dimensión social da fe e o compromiso de vivila na praxe para evitar caer nunha abstracción puramente especulativa. Deste xeito destérrase caer na tentación da chamada “fuga mundi”, como se as persoas crentes non pisaramos cada día chan e non tiveramos os mesmos problemas que aquelas que non o son! Só quen actúa responde ao envío evanxélico que chama a ir e anunciar a mensaxe de Xesús de xeito activo e transformador.

O fío condutor e transversal da encíclica é a fraternidade, categoría desde onde propoñer as relacións interpersoais e o necesario coidado do mundo onde esta fraternidade se vive e desenvolve en samaritanía evanxélica, en todo canto precisamos para vivir de xeito humanizador. Polo tanto a fraternidade compromete entón tamén a institucións, lexislacións, nacionais e internacionais e calquera outro tipo de propostas que teñan ás persoas coma protagonistas; para que sexan vividas sempre desde o principio compartido que nos une: somos irmáns e irmás, tratémonos sempre como tales.

Francisco reivindica a fraternidade desde a raíz evanxélica e na perspectiva da súa dimensión social. Recoñecer a alguén na irmandade supón rexeitar a tentación do individualismo unidimensional (Herbert Marcuse), para avanzar na reivindicación de que como seres sociais, as persoas non podemos avanzar se non é en unión. Esta proposta do seu maxisterio busca recuperar unha idea matriz da fe cristiá esquecida polo influxo do individualismo liberal, que só é capaz de visualizar ás persoas en función do beneficio e da rendibilidade que lle producen e nunca pola razón de ser da igualdade equiparada en dereitos e deberes, sen distinción de clase, raza, lingua, cultura ou relixión. Insiste o papa na urxencia desta relación de visibilidade igualitaria, tan necesaria hoxe fronte as antropoloxías líquidas do nihilismo baleiro, no ser e sentir da presenza activa no mundo.

Neste avanzar pasando da teorización á realización práctica no día a día do actuar das persoas, Francisco volve insistir na dinámica da necesidade de entender a vida como procesos nos que as persoas crecemos e maduramos. Un crecemento e unha madureza que non nos pechan ás persoas ao modo das mónadas de Gottfried Leibniz, senón que nos abren á proposta de encontro e recoñecemento dos rostros dos outros/as, seguindo a xeira do personalismo deEmmanuel Lévinas. A persoa non pode nunca ser secuestrada nin invisibilizada polo individuo. Somos cos outros. Somos para os outros. Calquera intento de deconstrución deste principio rompe a dinámica do humanismo fraterno e ponse de costas á fraternidade evanxélica. Disto imos tendo cada vez máis no mundo actual, no que valemos só en función do que lle proporcionamos aos poderosos.

No dinamismo deste proceso é no que imos descubrindo que non toda proposta nin todo sistema, sexa político ou sexa económico, é neutral. Porque quen desde populismos extremos encapsulan ás persoas buscando controlalas, dirixilas, manipulalas ou dominalas, ben sibilinamente ben sen pudor algún, impedíndolles ser elas mesmas e desenvolver as súas capacidades, non buscan fraternidade senón adhesión inquebrantable.

Fratelli tutti quere ser unha man tendida que mova ás persoas, a todas elas, a ter conciencia de si mesmas e a non deixarse roubar a liberdade e a capacidade de propoñer camiños que buscan colaboración e participación desde onde facer posible que se recoñeza, con toda a súa forza, a voz de quen non ten voz: periferias e descartes. Migrantes, menas, maltratadas… todas as vítimas sempre han ter acubillo para quen pon á persoa no centro.

Clodomiro Ogando.

Instituto Teolóxico de Vigo.