lunes, 2 de mayo de 2022

Pistas para a formación litúrxica de Pastoral

"La vida litúrgica de la Iglesia se ha desarrollado y profundizado en general con renovado vigor en las encrucijadas culturales de la historia"

Heredada de la tradición apostólica, la oración de la Iglesia está necesariamente enraizada en la tradición histórica y abierta al futuro. Es riqueza siempre viva de la fe, sabiduría y vida de comunidad cristiana, y como tal está llamada a desarrollarse en un proceso orgánico de su doctrina y ritos.

La reforma litúrgica, y el Misal de san Pablo VI, constituyeron un cambio a un nuevo modelo. Lo hizo respetando los elementos nucleares, es decir las constantes, o verdades inalterables de la tradición viva de la Iglesia; en concreto, manteniendo el desarrollo orgánico de su estructura y sus formas litúrgicas. Esta reforma está abierta de cara a un futuro.

Necesitamos hoy una renovada integración de fe y cultura; lo cual implica necesariamente un camino de conversión y evangelización. Esta abarca todo el ámbito de la misión de la Iglesia, y no puede limitarse a la liturgia celebrada. Como expresión de la misma iglesia, la Eucaristía, sin embargo, estará siempre en el centro de esta evangelización, y seguirá siendo fuente de actualización y progreso futuro, no puede aislarse de los problemas socioculturales de cada época. Así ha sucedido a través de distintas épocas culturales, especialmente en la época patrística y en el posterior desarrollo de una cultura cristiana.

A esta integración se la ha llamado en términos generales proceso de inculturación. Es un proceso complejo y secular de la Iglesia en dialogo con cada cultura; presupone la evangelización y se realiza a diversos niveles y en distintas fases. Fluye de la realidad de la Eucaristía y del Misterio pascual, en una Iglesia misionera bajo la guía del Magisterio y movida por el Espíritu Santo. A este respecto recientemente el papa Francisco ha hablado de la importancia de conocer mejor en la Iglesia la existencia de una iniciativa importante de inculturación de hace varias décadas.

No existe un siglo de oro de la tradición litúrgica, ni un periodo normativo, pero si hubo períodos de multiforme creatividad, y asimismo de estancamiento cultural; de florecimiento de la espiritualidad litúrgica, o de su regresión a prácticas devocionales. Cada época se enfrento a los cambios culturales e ideas religiosas predominantes, desarrollando la vida litúrgica y sacramental que necesitaba la Iglesia.

Para que la liturgia eucarística siga progresando hacia la meta marcada por el Concilio, como fuente y culmen de la vida y misión de la Iglesia, necesitamos esta visión de conjunto.

“La liturgia, testigo privilegiado de la tradición viva de la Iglesia… vive de una relación correcta y constante entre santa traditio y legitima progressio…la tradición es una realidad viva y por ello incluye en si misma el principio del desarrollo, del progreso. (Benedicto XVI, discurso a los participantes en el convenio del Pontificio Ateneo de san Anselmo, mayo 6, 2011)”.

A modo de ejemplo, los Padres de la Iglesia (siglos IV-VI-II) fueron maestros de creatividad y profundización de la originalidad cristiana. Fue un período fecundo en el que se llevó a cabo un largo proceso de maduración e inculturación litúrgica. Los Padres seguirán siendo en nuestro tiempo insustituibles para la renovación de la teología y espiritualidad litúrgicas. Gracias a ellos hemos podido renovar la Iniciación cristiana, en especial el RICA.  Sin sus catequesis mistagógicas no podríamos avanzar hoy en la participación litúrgica y en la evangelización.

Los ejemplos podrían multiplicarse en cualquier otra época cultural. En todas ellas prevalece una constante: el sentido profundo de adoración y recogimiento en la celebración del Memorial del Señor. Así, la litrugia se fue renovando, por ejemplo, en el Barroco con un proceso de culturación creativa que hizo florecer el sentido de adoración y asombro en las celebraciones eucarísticas y fuera de ellas. La piedad popular se tradujo en un tono de fiesta y esplendor característico de las solemnidades.  Como consecuencia, fueron surgiendo una gran diversidad de prácticas de adoración al Santísimo.

Contemporáneamente se desarrollaron las artes, especialmente la arquitectura y polifonía religiosa. Durante todo este largo período de siglos el culto de la Iglesia encontró su camino de adaptación, a pesar de la rigidez litúrgica de las rúbricas impuestas por Trento e implantadas en el Misal de sal Pio V.

La vida litúrgica de la Iglesia se ha desarrollado y profundizado en general con renovado vigor en las encrucijadas culturales de la historia; pese a ciertos periodos de involución.

Con la guía del Magisterio, al igual que la vida eclesial, la liturgia sacramental seguirá renovándose, fiel a su patrimonio histórico y la búsqueda de Dios en nuestro mundo contemporáneo. Ya que posee en sí misma un dinamismo innato del “sentido de la fe”, o instinto de adaptación y progresivo enriquecimiento. Es el instinto por vivir intensamente el Misterio del Verbo encarnado y pascual de Cristo bajo la guía de su Espíritu. Liturgia: tradición y progreso.

domingo, 1 de mayo de 2022

Domingo da III Semana de Pascua

1 de mayo de 2022. Festividad de san José Obrero

"El mayor respaldo a nuestra fe viene de aquellos hombres que, sin dudar un solo instante, lo dejaron todo para dispararse por los cuatro puntos cardinales pregonando aquella buena noticia"

DÍA DE LA MADRE Y FIESTA DEL TRABAJO

Después de la resurrección de Jesucristo ha llegado para los apóstoles la hora de la misión. El número ciento cincuenta y tres de peces pescados milagrosamente simboliza el carácter pleno y universal de la misión de los discípulos y de la Iglesia. A Pedro, Cristo resucitado le dice por tres veces cuál ha de ser su misión: "Apacienta mis ovejas" (Evangelio). Después de Pentecostés los discípulos comenzaron a poner en práctica la misión que habían recibido, predicando la Buena Nueva de Jesucristo (primera lectura). Forma parte de la misión el que los hombres no sólo conozcan a Cristo, sino que también lo adoren como a Dios y Señor (segunda lectura).

En la misa se puede celebrar a las mamás con algunos signos y gestos:

· Como signo, tener mas destacada la imagen de la Virgen, con mas flores, etc.
 ·Las lecturas y guías de la misa pueden hacerlas mamás
 ·En la Oración universal incluir algunas peticiones por ellas (por ejemplo): “Pidamos al Dios de la Vida por nuestras Madres y todas las madres, especialmente las presentes; para que el Señor les retribuya todo el bien que nos han hecho desde el momento de nuestra concepción”.
· Participación de las madres en las ofrendas: Imagen de María, representando su intención de ser como ella; Entrega de tarjetas hechas por los niños previamente.
· Entregar tarjeta con imagen de María y oración para que los niños pongan su foto y coloreen.
· Al final de la misa, antes de la bendición: se pueden realizar algunos signos: Se invita a las mamás presentes a ponerse de pié, luego el sacerdote les da una bendición especial:
 

MONICIÓN DE ENTRADA

Muy buenos días, queridos hermanos, os damos una fraternal bienvenida a este lugar Santo en el que nos congregamos para celebrar la Santa Misa en el III domingo de Pascua. El Señor resucitado se nos hace presente; en verdad está con nosotros. Reconozcámoslo en nuestra asamblea; en la palabra que escucharemos; en el alimento santo que vamos a compartir. Con gozo y ensalzando al Señor que nos ha librado, entonamos el canto de entrada, de pie, para comenzar esta Santa Misa…
 

TEXTO DEL EVANGELIO (JUAN 21, 1-19)

En aquel tiempo, se apareció Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.

Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?». Le contestaron: «No». Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor». Al oír Simón Pedro que era el Señor se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.

Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos». Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas». Le dice por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».
 

REFLEXIÓN: "APARECE EL SEÑOR Y TODO AMANECE", POR JAVIER LEOZ

El domingo pasado, aquellos que eran amigos y apóstoles, estaban con las puertas cerradas a cal y canto; hoy tímidamente y al aire libre. Aquel día paralizados y petrificados por el miedo; hoy más sueltos aunque sin tener demasiado claras las ideas. Entonces asustadizos por los acontecimientos que se habían dado en Jerusalén; en este instante vueltos a la normalidad en su ser pescadores…pero con las redes vacías. Estaban tan acostumbrados a vivir al calor y al amparo del Maestro que se habían olvidado hasta de trabajar para vivir y, cuando regresan a lo de siempre, la suerte les da la espalda: ¡no hemos pescado nada! ¡Cuántos momentos y sucesos entrañables les vendrían a la memoria de aquellos hombres!; tormentas calmadas; Pedro sobre las aguas; curaciones; resurrecciones; idas y venidas; ¡todo! (pensaría alguno para sus adentros) fueron horas felices que quedaron para siempre en el pasado:

- Allá en el mar de Galilea Jesús los constituyó en el grupo de los “doce”.

- En la arena sus ojos se cruzaron con los de Jesús….oyeron su voz y, dejándolo todo, lo siguieron.

- Al murmullo de las aguas, tranquilas pero llenas de vida, contemplaron absortos la multiplicación de los panes y de los peces.

2.- Uno a uno, ¡ay si hablase Tiberíades!, repetiría la misma propuesta con la misma respuesta: ¡seguidme!... ¡contigo iremos Señor! Y, en el amanecer, cuando aquellos amigos que parecían vencidos por una pesca estéril e infructuosa, cuando el silencio era tenso por la ausencia de Aquel que en el corazón estaba presente…. de nuevo suena la misma voz con llamada al ánimo y a la esperanza, a la insistencia y al desafío: ¡echad de nuevo las redes! -Lo desconocido se hace amigo -Los ojos cansados se transforman en asombro -El ayer, de repente, se actualiza, se retoma… ¡amanece con el Señor! Y se rompen y saltan por los aires, una vez más, esquemas y redes, sayales y olas, tristezas y sufrimientos, dudas y noches oscuras. ¡Al amanecer, una vez más, Jesús lo hace todo nuevo! En el amanecer de aquel día, el intuitivo Juan, supo reconocer al que en una mesa de Jueves Santo le dejó que reclinase en su pecho. ¡Es el Señor! Los gestos se repetían con la complicidad de los que nunca jamás olvidaron. Después de “cortarse el fuego” amanece. Jesús, como una luz frente a la oscuridad. Sin su presencia todo esfuerzo habría sido en balde. Con su aparición toda expectativa se queda corta. ¡Es el Señor!

3.- A pie de tierra, el Resucitado (que habla, bendice, indica y comparte) que tiene mucho de Señor y otro tanto de “siervo mayor” se sienta y los hace sentar a los que un día llamó en ese mismo lugar para que descubran en la amabilidad y en la afabilidad, en la sencillez y en el servicio, en la amistad y en el compartir… sigue tan vivo como aquella primera vez….como la primera vez de aquel encuentro inolvidable en el lago. ¡Es el Señor! Y la noche, que infundía temor y cólera, abatimiento y desesperanza, se transforma en una jornada resplandeciente e iluminada por la presencia de Aquel que, una vez más, les sorprende, les llena y les habla con palabras y gestos de amigo. ¡Es el Señor! Y con el Señor las cosas toman un cariz totalmente distinto. El trabajo se convierte en misión y la iglesia, a pesar del cansancio, retoma el impulso perdido sabiendo que, cuando Cristo está en el centro, nada es imposible para Aquel que la sostiene. ¡Es el Señor!

4.- ¿Con qué signos se acerca hoy el Resucitado hasta nosotros? -No con redes o seminarios rebosantes de peces o llamados al sacerdocio…..y sí con rostros cargados de tristezas y de miserias. Con rostros doloridos por fracasos e incomprensiones, luchas y desatinos, dejadez o desencanto. -No con brasas o dinámicas de trabajo en las que a veces nos malgastamos y nos empeñamos en una agenda interminable……y sí con una llamada responsable a ser iglesia, mejor iglesia, con menos círculos cerrados y alejándonos de la imagen de un simple cortijo donde unos pocos dirigen, y los demás bregan y dejan la piel en la pesca (cada día más difícil) de ese mar inmenso que es el mundo que nos rodea. -No en lagos, barcas o reuniones que ponen al descubierto diferencias y discrepancias y siempre con más de lo mismo....y sí con una lectura reposada de su Palabra, con una vuelta a su Evangelio, con una sinceridad de vida, con un trabajar más y más horas en favor de su Reino, con un bajar a la realidad y a la vida de tantos que siguen remando mar adentro pero necesitados de palabras de aliento y de consuelo. ¡Es el Señor! Malo será que, por estar tan pendientes del micrófono y de las luces, de las flores y de las convocatorias, de los departamentos y de tanto montaje……olvidemos que el Señor nos exige y nos invita echar las redes en otras direcciones y, a veces, hasta con otras personas. Cuando los responsables de la evangelización se empeñan en mantener, al frente de sus estructuras, a agentes de pastoral gastados e indefinidamente perpetuados en los cargos, en vez de aparecer el Señor…..suele surgir el desencanto y la ralentización, no tanto por las ideas, cuanto por la incapacidad limitaciones naturales de llevarlas a cabo.
 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por el papa Francisco, sucesor de Pedro, para que continúe con valentía cumpliendo la misión de apacentar a las ovejas, auxiliado por el Espíritu Santo, en estos tiempos tan difíciles en los que hay que dar testimonio incluso con la propia vida. Oremos.

2. Por la Iglesia; para que, caminando al paso de la humanidad, sepa llevar a todos la esperanza gozosa de la resurrección en Cristo, Oremos.

2. Por los gobernantes de nuestro país, para que Cristo resucitado sea el modelo a seguir en la conducción de la nación. Oremos.

3. Por los que sufren viviendo sin fe, los que caminan sin esperanza, decepcionados, como los dos de Emaús; para que el Señor Jesús camine junto a ellos, abra sus ojos y encienda sus corazones, roguemos al Señor.. Oremos.

4.Por nosotros, aquí reunidos; para que seamos capaces de reconocerle a él en el prójimo, que camina a nuestro lado, en la sagrada escritura, en la comida eucarística, al partir el pan. Oremos.
 

ORACIÓN

Oh Dios, autor y protector de la vida humana
que haz concedido a estas hijas tuyas
el gozo de la maternidad,
dígnate aceptar nuestra alabanza
y escucha con bondad lo que te pedimos:
Que las guardes de todo mal,
que las acompañes siempre en el camino de esta vida
y que a su tiempo, las acojas en la felicidad
de tu morada eterna.
Por Jesucristo Nuestro Señor

miércoles, 20 de abril de 2022

¿QUE SIGNIFICA A RESURRECIÓN DE XESÚS PARA NÓS..?

Si el Evangelio en definitiva es Jesús, lo que es y significa Jesús sólo se descubre a partir de su resurrección. Todo el cristianismo se puede resumir en estas tres palabras: Jesús ha resucitado.

Nos encontramos ante la cuestión más desconcertante que se haya planteado jamás al espíritu humano y ante la frontera que separa necesariamente la fe de la increencia. Para quien no cree, la resurrección de Jesús es lo totalmente inadmisible. Para quien cree, es el coronamiento de la historia, la confirmación de que la salvación del hombre no es una ilusión, sino una realidad, la victoria decisiva sobre todo mal y todo límite humano.

1. El anuncio de la resurrección

Según nos cuentan los evangelios, la resurrección de Jesús encontró a los discípulos en una situación de desánimo y desilusión por el final sin gloria de su Maestro. Se había transformado en tristeza el entusiasmo suscitado por la predicación y los milagros de Jesús.

Ciertamente Jesús les había anunciado varias veces que después de su muerte resucitaría (cf. Mc 8,31ss; 9,31ss; 10,34ss). Pero este anuncio no pareció calar en la mente de los discípulos. Su muerte les provocó un dolor tan profundo como para anular toda esperanza. Por eso el Resucitado tuvo que reconquistar su confianza a través de una larga pedagogía de encuentros y de pruebas sobre su nueva realidad: tuvo que hacerse tocar por Tomás (cf. Jn 20,27), caminar (cf. Lc 24,15), comer con ellos (cf. Lc 24,30 y 43; Jn 21,10-12). Y son frecuentes las reprensiones de Jesús resucitado frente al estupor y la incredulidad de sus discípulos: «¡Qué necios y qué torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?» (Lc 24,25-26); «¿Por qué os alarmáis? ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior?» (Lc 24,38). Es ejemplar el episodio de los discípulos de Emaús, que se alejan de Jerusalén tristes y desilusionados por el naufragio de sus sueños: «Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto» (Lc 24,19-21).

El acontecimiento de la resurrección les resultó, pues, totalmente inesperado. Y fue la luz de la Pascua la que les permitió comprender la verdadera realidad de Jesús. Entonces pasaron de un conocimiento superficial e incompleto a la confesión convencida y el anuncio infatigable, hasta la entrega de la propia vida. La resurrección restituyó a Pedro y a sus compañeros la fe y el entusiasmo por Jesús, convirtiéndoles en difusores tenaces y perseverantes del Evangelio de salvación.

A partir de aquel acontecimiento, la Buena Noticia se concentra en un hecho fundamental: Jesús ha resucitado. Así lo vemos en los primeros discursos que encontramos en los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch 2, 14-39; 3, 13-16; 4, 10- 12). Tiene razón el Catecismo de la Iglesia Católica cuando afirma: «La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la Tradición, establecida por los documentos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del Misterio pascual al mismo tiempo que la cruz» (n. 638).

Y esta centralidad se observa sobre todo en el escritor más antiguo y prolífico del Nuevo Testamento, el apóstol Pablo. A los fieles de Corinto, que albergaban dudas sobre la realidad de la resurrección, les escribe con gran sinceridad: «Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo. Además, como testigos de Dios, resultamos unos embusteros» (1 Cor 15,14-15). Y, para demostrar la realidad y la verdad de este hecho, Pablo cita el más antiguo documento de la fe cristiana, escrito alrededor del año 40 (¡sólo diez años después de la muerte y resurrección de Jesús!): «Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, que fue sepultado y resucitó al tercer día, según la Escrituras; que se apareció a Cefas y, más tarde, a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí» (1 Cor 15, 5-8). El apóstol emplea aquí los verbos «fue visto», «apareció», que se refieren a percepciones reales y externas al sujeto, no a sueños o visiones subjetivas. Y hace un elenco de testimonios del Resucitado, escogidos entre los más autorizados.

2. ¿En qué consistió la resurrección?

En el Nuevo Testamento, el acontecimiento de la resurrección se expresa con varias palabras: exaltación, glorificación, ascensión, señorío cósmico, entrada en el santuario del cielo, presencia… Pero se prefiere el término «resurrección» porque es el más claro y completo para indicar que el que había muerto ha vuelto a la vida.

Para comprender lo que sucedió, vale la pena ver primero lo que no es la resurrección:

  1. No es «revivir», es decir, volver a la vida terrena como antes. Eso es lo que hizo Jesús con Lázaro, con el hijo de la viuda de Naim y con la hija de Jairo: restituyó su cuerpo a la vida ordinaria. Pero después volvieron a morir.
  2. No se trata tampoco solamente de la «inmortalidad del alma», que sería una especie de resurrección a medias. La resurrección se refiere a la entrada en la vida sin fin de toda la humanidad de Jesús, incluido su cuerpo. Por eso el sepulcro quedó vacío.
  3. Tampoco se trata de una «reencarnación», como admiten el hinduismo y el budismo, que consiste en la transmigración del alma a un cuerpo distinto. El cuerpo de Jesús sigue siendo el mismo.
  4. Mucho menos es como un «recuerdo vivo» de Jesús, que habría provocado en sus discípulos la convicción de que seguía presente. Porque fue el encuentro con Jesús resucitado lo que suscitó en sus discípulos la fe en la resurrección, no al revés.
  5. Y tampoco se trató de una realidad «inventada» por los discípulos por fraude o alucinación. Después de la muerte de Jesús, los discípulos estaban tristes, miedosos, incrédulos, escépticos. Sólo un gran acontecimiento pudo cambiarlos, devolviéndoles el primitivo entusiasmo por Jesús y por su seguimiento.

Entonces, ¿qué pasó exactamente?

Hay que decir, ante todo, que los evangelios no nos describen el hecho mismo, el momento de la resurrección, sino sus consecuencias: que el sepulcro ha quedado vacío y que los discípulos vuelven a ver al mismo Jesús de antes, incluso con las llagas de su pasión en el cuerpo; pero con un cuerpo que, siendo el mismo, está en una situación diferente.

Esta situación diferente queda resaltada por el hecho de que Jesús puede entrar en una sala estando las puertas cerradas (cf. Jn 20,19 y 26). Y sobre todo porque no es reconocible a primera vista. No es la Magdalena o los discípulos los que lo reconocen, sino que es Jesús quien les concede la gracia de dejarse ver y reconocer (cf. Jn 20,14-16; 21,4-7).

San Pablo, que es quien más ha reflexionado sobre este asunto, explica que lo que ha ocurrido es una transformación gloriosa del cuerpo de Jesús, que, al ser traspasado por el soplo vital del Espíritu creador, ha sido transformado de corruptible en incorruptible, de débil en fuerte, de mortal en inmortal (cf. 1 Cor 15,35-58). Es decir, el cuerpo de Jesús, aun manteniendo su identidad y realidad humana, fue capacitado para vivir eternamente en Dios. Porque lo que realmente sucede después de su muerte es que el Hijo de Dios vuelve a entrar en la comunidad de amor del Padre pero ya con su humanidad resucitada. El Verbo que estaba desde siempre junto al Padre, se encarnó tomando una humanidad como la nuestra. Ahora vuelve al seno de la Trinidad, pero como Dios y hombre para siempre.

3. ¿Qué significa la resurrección de Jesús para nosotros?

Dice San Pablo: «Si tus labios profesan que Jesús es el Señor y tu corazón cree que Dios lo resucitó, te salvarás» (Rom 10,9). Por tanto, la resurrección no sólo tiene consecuencias para la persona de Jesús, sino también para nosotros. ¿Cuáles son estas consecuencias?

  1. La resurrección de Jesús crea una nueva humanidad. Recompone definitivamente la amistad entre Dios y los hombres, y abre para éstos la fuente de la vida divina. Jesús resucitado arrastra en su triunfo a todos los hombres porque tiene el poder de transformarlos a su imagen, liberándolos de la esclavitud del pecado y de sus consecuencias: la muerte y el mal físico, moral y psicológico. Esta repercusión benéfica de Cristo resucitado para el hombre, queda muy bien ilustrada en la curación del lisiado que pedía limosna en el Templo por Pedro. El apóstol le dio lo mejor que tenía, el don de Cristo resucitado: «No tengo plata ni oro, te doy lo que tengo: En nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar» (Hch 3,6-8). El vigor físico recobrado y el gozo espiritual del lisiado, que da un salto y se pone a alabar a Dios, es señal de la nueva humanidad inaugurada y realizada por la resurrección de Jesús. El hombre recupera su libertad integral.
  2. La resurrección de Jesús es el cumplimiento de la esperanza humana de inmortalidad. El hombre nunca se ha acostumbrado a morir, siempre ha soñado con vivir para siempre. Pero la dura experiencia de la vida le ha amargado siempre con la perspectiva del sufrimiento inevitable y de la muerte. Pues bien, ahora descubre que el dolor y la muerte no son la última palabra, que la vida no es un enigma sin meta ni salida. Lo que le ha pasado a Jesús nos pasará también a nosotros, su resurrección es fundamento y garantía de la nuestra.
  3. La resurrección de Jesús nos da una nueva luz y una nueva energía para soportar las dificultades de la vida. En ella hemos aprendido que Dios no es alguien que se conforme con las injusticias, como la de matar al mejor hombre que ha pisado nuestra tierra. Que Dios no ha creado hijos para que acaben en el sufrimiento y la muerte. Desde entonces sabemos que nuestras cruces acabarán en felicidad, nuestro llanto en cantares de fiesta. Que todos los que luchan por ser cada día más hombres, un día lo serán. Que todos los que trabajan para construir un mundo más humano y justo, un día lo disfrutarán. Que todos los que creen en Cristo y le siguen, un día sabrán lo que es vivir. Que todos los que tienen sed de amor, un día quedarán saciados.
  4. La resurrección de Jesús hace posible nuestro encuentro con él. Jesús es el Viviente que, estando ya junto al Padre para interceder por nosotros, se hace presente en nuestra vida para acompañarnos en nuestro caminar: «Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). La vida de cada uno de nosotros la vivimos dos, Jesús y yo. Y esta presencia amorosa y liberadora de Jesús en nuestras vidas cobra especial vigor cuando nos reunimos para la «fracción del pan». Porque en la eucaristía, no sólo recordamos su muerte y resurrección, sino que participamos realmente de su vida divina, hasta que lleguemos al encuentro definitivo.
  5. La resurrección de Jesús crea la Iglesia. Los discípulos se dispersaron en el momento de la pasión y de la muerte. Jesús resucitado los vuelve a convocar y establece definitivamente su familia, la Iglesia, que es la comunidad de los que han conocido la Buena Noticia de la resurrección y en la que se comparte y aviva la experiencia del Resucitado.
  6. La resurrección de Jesús nos envía como testigos a todo el mundo. En las apariciones, Jesús encargó a sus discípulos la misión definitiva: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo» (Jn 20,21). «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,18-20).
  7. La resurrección de Jesús es experiencia de misericordia y de perdón. Jesús perdona la traición de Pedro y el abandono de los demás discípulos. Pero, además, les encarga el ministerio del perdón: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos» (Jn 20,22-23).
  8. La resurrección de Jesús es un acontecimiento de verdadera promoción de la mujer. Los sentimientos profundos de fidelidad y de piedad de las discípulas de Jesús, les dieron el coraje de acompañarlo hasta la cruz y de ser las primeras en acercarse al sepulcro. Y Jesús se lo premió haciéndolas las primeras en recibir el anuncio jubiloso de la resurrección, las primeras en encontrarse con el Señor resucitado y las anunciadoras de la noticia a los apóstoles. Se produce aquí una revaloración radical de las mujeres. Para los judíos, no valía la pena perder el tiempo enseñando la Ley a las mujeres. Para Jesús, ya no son las últimas sino las primeras en conocer y transmitir la verdad fundamental de su resurrección.

A la vista de la importancia central de la resurrección de Jesús para nuestra vida, cabría hacer una última observación. La espiritualidad y la piedad cristiana tradicional ha insistido mucho en el acompañamiento del Jesús sufriente. Así se explica la importancia que tiene la Semana Santa y venerables prácticas piadosas como el «Vía crucis». Y esto ha quedado plasmado en la iconografía: Cristo crucificado es la imagen más frecuente en templos, casas y hasta en caminos. ¿Seguimos con igual intensidad a Cristo glorificado? San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, junto al «Vía crucis» (Camino de la cruz), propone un «Vía lucis» (Camino de la luz), es decir, una contemplación de catorce apariciones del Resucitado. ¿No necesitaríamos los cristianos actuales insistir más en la espiritualidad pascual, ser más expertos en el canto de la Pascua, que es el canto a la vida, al triunfo definitivo de todo lo que es vida?

Miguel Payá Andrés

 

lunes, 18 de abril de 2022

A CRUZ É A CARA VISIBLE DO AMOR DE DEUS

Sempre se dixo que a Deus xamais o viu ninguén. Aforismo falto de verdade, posto que Deus deixounos dous retratos de si mesmo: un deles é a cruz, xa que se amor escríbese con sangue, ningún retrato máis nítido de Deus-amor que a cruz do calvario. Alí o sangue do divino Salvador empapou o madeiro do Gólgota: sangran as chagas das súas mans e dos seus pés; sangue do seu costado aberto pola lanza; sangue na súa fronte coroada por espiñas. Se amor escríbese con sangue, ningunha páxina máis arroibada de agarimo que a escrita na tarde do primeiro Venres Santo. Alí o pecado do mundo e a bondade do Corazón de Deus déronse un abrazo redentor. O negro, cor do odio dos homes, cambiou, e o amor do fillo de Deus brillou como nunca o sol brillara xamais. A escuridade da mañá do paraíso terreal fíxose claridade de mediodía. A impresentabilidade dos nosos primeiros pais, fíxose familia agradable a Deus, e os anxos compracéronse contemplando o novo mundo. Nel retratábase Deus, co seu poder, coa súa bondade e misericordia. O mundo redimido é a foto cruenta do Deus-redentor, e nel podemos compracernos tamén os homes, onte pecadores e hoxe perdoados.

A segunda fotografía do bo Deus é a parábola do fillo pródigo. Un bo pai tiña dous fillos que facían felices á súa familia. Naquel fogar abundaba o agarimo e non faltaba pan, pero un mal día o diaño entrou en casa e a tentación venceu ao máis novo do fogar ofrecéndolle unha pseudoliberdade se deixaba o fogar paterno e marchaba a outros ambientes. O mozo caeu na trampa diabólica e pediulle ao seu pai a parte de herdanza que lle correspondía. Non lle pediu nin máis pan nin máis agarimo; de todo había abundancia na casa. O que el ansiaba era un mundo sen fronteiras para satisfacer os seus caprichos persoais e así o presenta ao seu bo pai que, adestrado en compracer sempre aos membros da súa familia, repártelles a herdanza aos seus fillos. Agora o mozo xa «é feliz»: ten diñeiro; non lle faltan amigos; todos o aprecian… o mundo que acaba de estrear faille a persoa máis ditosa da terra. Pero a terra non só é redonda, tamén é limitada, e a amizade que tiña por base un fondo adiñeirado, ía desfondándose e todo acabou derrubándose: tamén a situación privilexiada que vivía aquel mozo fóra da súa casa paterna. A falta de pan e agarimo tráenlle á mente o recordo do fogar que o vira nacer e pensa que a volta á súa antiga casa pode ser unha boa decisión. «Pero, con que cara vou onde meu pai? Como fillo non me atrevo: fareino como xornaleiro. A miña posición social será outra pero, polo menos, comerei pan amasado coa suor do meu traballo». Con todo, o pudor do antigo comportamento impídelle atoparse co seu pai. O amor filial do seu corazón de fillo non abonda para sortear esta dificultade. Aínda que agora quen manda na súa vida xa non é o corazón senón o seu estomago famento e, movido pola fame, ponse en camiño cara ao seu antigo fogar meditando as palabras que usaría para saudar ao seu pai. O fillo prodigo vai consentindo nun mal pensamento e pensa que o seu antigo pai xa non o mirará con ollos de amor senón con corazón de xuíz e pecharalle as portas que un día el tamén pechara con violencia e desprezo. Pero estaba equivocado: o pai continuaba mirándoo cos ollos do corazón, e abriulle as portas e os brazos para recibilo co agarimo de sempre. Mandou facer festa porque o fillo, nunca esquecido, volvía á súa casa e o corazón do pai enchíase do maior gozo da súa vida.

Así debuxa Xesús o rostro de Deus, o noso pai. E imaxino que o seu fillo volve estrear os seus ollos para mirar ao seu pai, cun amor con que nunca o mirou, e a festa fíxose grande, moi grande. Esta foi a mellor pascua do Señor. Así se nos manifesta o Señor en dúas pantallas de distinto matiz: na do Gólgota, o matiz é de cor de sangue, expresión do amor infinito con que Deus ama ao mundo; na parábola do fillo pródigo o matiz é de misericordia desbordante de amor de pai.

Mirémolo nós con ollos de corazón filial, para que a súa próxima Pascua sexa festiva en plenitude.


Indalecio Gómez


miércoles, 6 de abril de 2022

ARREPENTIMENTO E CONVERSIÓN

Con frecuencia usamos indistintamente estes termos para tratar asuntos de teoloxía espiritual, e aínda que ambos se complementan, o seu significado é distinto. Co termo arrepentimento, expresamos o recoñecemento do negativo da nosa conciencia moral; e coa palabra conversión, manifestamos a decisión da nosa volta ao bo camiño.

Para a revisión da vida espiritual, hai que ter presentes os datos da psicoloxía e o ensino da teoloxía. Para progresar na vida espiritual, non se pode prescindir de ningún dos datos destas dúas fontes, e menos discrepar delas. Os datos dannos a coñecer o nivel da nosa vida espiritual; pero non abonda, porque con só datos, fanse avaliacións, sácanse conclusións, pero non se toman decisións. Pódenos servir de exemplos o volcán das Palmas -avaliamos os danos sufridos polos veciños- e a actual contenda rusa – o coñecemento dos miles de inocentes vítimas axúdanos a tomar conciencia de como se están lesionando os dereitos humanos naquelas terras-. Pero non nos é suficiente coñecer a tráxica situación de que nos falan os medios de comunicación: é necesario sentirnos afectados por todo iso, na nosa propia carne, para tratar de porlle remedio con todas as nosas forzas. Se isto é así, non abonda con que eu recoñeza o que é o meu mal comportamento e as súas consecuencias, para que me decida a mellorar a miña conduta. Pois igualmente é necesario que eu considere esta situación para que me esforce por imitar ás boas persoas que aínda quedan no mundo.

A conversión é unha graza do Ceo. Só cando Deus dá ao home a sentir o poder destrutor do pecado, e percibe simultaneamente o misterio de Deus e o do seu ser de home, só entón decídese formalmente pola práctica da virtude. Pero isto unicamente conséguese cando Deus dá ao home a graza de experimentar o poder destrutor do pecado e a insuficiencia do esforzo humano para vencelo. 

O home é relación filial con Deus e fraterna cos irmáns, pero o pecado rompe ditas relacións e converte ao home nun “ser con dous brazos para satisfacer as súas apetencias naturais”; nun modeliño para contemplarse narcisistamente a si mesmo. Ante esta situación, o home experiméntase como nun canellón sen saída; sente náuseas da súa miseria e palpa a súa impotencia para saír daquela situación; circunstancia que aproveita o inimigo para afundilo no desalento.

É así, ante o poder destrutor do pecado e ante a impotencia humana para librarse de tal situación, como o home coñece quen é el, na súa pequenez e incapacidade, abandonado ás súas propias forzas, e clama a Deus, porque Deus ámao, e o home é a súa criatura amada. Entón o encontro prodúcese, porque o amor non entende de enfrontamentos.

Indalecio Gómez Varela

Cóengo da Catedral

domingo, 3 de abril de 2022

V DOMINGO DE CORESMA

Sección litúrgica "Dóminus"

5º Domingo del Tiempo de Cuaresma

3 de abril de 2022. Festividad de san Cresto

"Para el Señor, el momento presente, es lo más esencial. Y, lo más deleznable, aquellos que sin tener potestad para ello, se erigen en jueces de los defectos de los demás"

CAMINAMOS JUNTOS

· La Iglesia peregrina en la tierra, la Iglesia en marcha (LG 9) es la expresión simbólica de un pueblo que persigue una meta y para ello se pone en camino. Como Israel en el Antiguo Testamento caminó como pueblo hacia la libertad, la Iglesia está siempre en marcha. Las diversas clases de procesiones, peregrinaciones y desplazamientos dentro de las celebraciones en la Cuaresma, son como un símbolo de esta realidad.

· La comunidad “Sale” de un lugar, abandona una situación y un estilo de vida, se convierte, “camina en unión”, unos con otros en fraternidad, subrayando así la comunitariedad de su camino. Hacia una “meta”, que puede ser un santuario, una iglesia, o el altar para la comunión: siempre un lugar simbólico del misterio cristiano, en un proceso de identificación con lo que éste requiere significar.

· El “marchar”, el caminar en la vida cristiana y más en la celebración, viene a ser una parábola de la Iglesia en camino. Una comunidad escatológica que en cierto modo se trasciende a sí misma y avanza hacia la meta propuesta. Que se siente peregrina, sin afincarse excesivamente ni en un lugar ni en una situación.

· El caminar es una expresión de que viajamos con esperanza, con los pies en el “hoy y aquí” y convencidos de la presencia de Cristo en medio de nosotros, compañero de camino, como en Emaús: Cristo es el camino.
 

MONICIÓN DE ENTRADA

Buenos días, queridos hermanos. Nos alegra teneros nuevamente en la casa de Dios para celebrar juntos, hoy, la eucaristía correspondiente al quinto domingo de Cuaresma, últimas celebraciones previas a la Semana Santa, ya cercanas al Domingo de Ramos. Con la liturgia de este día nos seguimos preparando ya para las próximas celebraciones pascuales. Con esa confianza de participar un día de la Pascua definitiva con Jesús, comencemos esta misa. De pie, cantamos todos.
 

TEXTO DEL EVANGELIO (JUAN 8, 1-11)

En aquel tiempo, Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a Él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?». Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra.

Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?». Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».
 

REFLEXIÓN: "MISARABLE Y MISERICORDIA", POR JAVIER LEOZ

¡Qué distintos los pensamientos de Dios a los que nosotros tenemos! ¡Qué distintas nuestras miradas, sobre el mundo o sobre las personas, a las que Dios posee! ¿Por qué será?

1.- Nuevamente, en total sintonía con aquella impresionante parábola del Hijo Pródigo que, el domingo pasado contemplábamos, escuchamos el relato evangélico de este cuarto domingo de cuaresma: la misericordia de Dios es tremenda, infinitamente inalcanzable. ¿Cuándo entenderemos que, el Señor, tiene corazón de padre, manos que acogen y ojos con los que, siempre, mira con amor?

Una vez más, camino de la Semana Santa, Jesús –Hombre y Dios- nos va mostrando con más nitidez y con asombrosas pistas el rostro auténtico del Padre: aborrece el pecado pero ama al pecador. Poco le importan las historias pasadas de aquella mujer. Para el Señor, el momento presente, es lo más esencial. Y, lo más deleznable, aquellos que sin tener potestad para ello, se erigen en jueces de los defectos de los demás.

Es necesario, por supuesto, una autocrítica. Preguntarnos hasta qué punto, nuestra vida cristiana, se encuentra un tanto adulterada. Pero, no es menos cierto, que también estamos llamados a ser comprensivos con los demás y, por supuesto, a ser conscientes de que –si nosotros tenemos alguna que otra cicatriz abierta en nuestra carne- también los demás pueden tenerla ¿O no?

2.- En la quinta estación del vía crucis contemplamos a Simón de Cirene ayudando a llevar la cruz. Esa debe ser la actitud nuestra cuando, a nuestro paso, discurren situaciones que nos pueden parecer llamativas o pecaminosas. De nada sirve airearlas, publicarlas. ¿No sería mejor ayudar? A aquellos escribas les importaba un bledo la vida de aquella mujer (entre otras cosas porque sabían perfectamente que el adulterio ya estaba sentenciado de antemano sin necesidad de recurrir a Jesús). Pretendían una excusa para coger fuera juego al Señor. En definitiva, para dejarlo al descubierto. No lo consiguieron.

Muchas veces, queriendo o sin querer, con verdad o sin ella, podemos hundir a muchas personas; sentenciarlas o enterrarlas en vida. El morbo, y más con los poderes mediáticos llamando a nuestra puerta, se convierte en algo muy apetitoso pero también muy perjudicial para la salud pública y para la paz social.

Que nosotros, como cristianos, busquemos siempre lo que Jesús ofreció a esta mujer, su compasión y comprensión. Qué bien lo expresa San Agustín “Sólo dos quedan allí: la miserable y la Misericordia”. Qué bien nos vendría una reflexión al hilo de este tiempo cuaresmal: ¿Cómo nos posicionamos frente a los defectos de los demás, cómo jueces o como personas que saben comprender y arrimar el hombro?

3.- Todos los cardenales, con motivo de la elección del nuevo Papa, nos orientaban en esa misma dirección durante esta semana: ¡Hay que presentar el rostro de la misericordia de Dios a nuestro mundo!

Que el Año de la Fe nos haga redescubrir, potenciar, cuidar y valorar aquello de: no anteponer a la bondad del corazón los juicios que destruyen a las personas.
 

ORACIÓN DE LOS FIELES

A Dios Padre que nunca nos deja solos, como nunca dejó solo a Jesús en el cumplimiento de su voluntad, confiemos nuestra oración diciendo todos juntos: QUÉDATE CON NOSOTROS, SEÑOR.

1. Por nuestra Santa Iglesia, para que siempre sea un lugar de acogida, donde todos podamos ser escuchados, y encontremos la misericordia y el perdón. Oremos.

2. Pidamos también por la paz y la dignidad de los pueblos, para que cesen las guerras, las prevaricaciones, el terrorismo y todas aquellas prácticas perversas que aniquilan a la humanidad y la hacen esclava de poderes violentos. Oremos.

3. Por quienes han sido juzgados de manera injusta y viven en prisión, para que el Señor, que conoce las consciencias de cada persona sea su juez y los mantenga firmes en la fe, colmándolos de paciencia y fortaleza hasta alcanzar su libertad.. Oremos.

4. Por todos aquellos que sufren persecución a causa de la fe, para que no pierdan el coraje de dar testimonio de Cristo y de su Evangelio. Oremos.

5. Por todos los que hoy celebramos esta eucaristía y hemos escuchado la Palabra de Dios, para que no nos creamos mejores que los demás ni nos convirtamos en jueces, sino que aprendamos de Jesús a ser comprensivos y misericordiosos con todos. Oremos.
 

ORACIÓN

AYÚDAME A MIRAR COMO TÚ, SEÑOR
A no dejarme llevar por mis juicios,
interesados, duros y excesivamente crueles. 
A observar, no tanto los aspectos negativos, 
cuanto la bondad y lo noble de los que me rodean.

AYÚDAME A MIRAR COMO TÚ, SEÑOR
A no conspirar ni levantar castillos
en las ruinas sufrientes de  tantos hermanos 
A no señalar defectos e  historias pasadas 
que, entre otras cosas, 
sólo sirven para causar sensación o daño

AYÚDAME A MIRAR COMO TÚ, SEÑOR 
A ser prudente, como tú lo fuiste 
con aquella mujer, que  adulterada en su vida,
comenzó otra vida nueva
ante tu forma de mirarle y corregirle

AYÚDAME A MIRAR COMO TÚ, SEÑOR 
A ver el lado bueno de las personas 
A no recrearme con el  sufrimiento ajeno 
A no ser altavoz de calumnias y mentiras
A ser hombre y no jugar a ser juez

AYÚDAME A MIRAR COMO TÚ, SEÑOR 
A no manipular ni airear 
las cruces de las personas  que las soportan
A no enjuiciar ni condenar 
los defectos de tantos  próximos a mi vida 
A no hacer estandarte ni burla 
de los que están hundidos en sus miserias

AYÚDAME  A MIRAR COMO TÚ, SEÑOR
Para que, frente a la mentira, reine la verdad 
Para que, frente a la condena, brille tu misericordia 
Para que, frente a la burla,  salga la comprensión 
Para que, frente a la humillación, despunte la bondad

 

lunes, 28 de marzo de 2022

RAFAELA SANTOS: "LA MUERTE ES EL MOMENTO DONDE NADA ACABA Y TODO EMPIEZA"

El lunes día 28, la neuropsiquiatra Rafaela Santos intervendrá en una Jornada sobre ‘Alma, muerte y más allá’, en la Universidad de Navarra. Con este motivo, en una entrevista con Omnes reflexiona sobre el miedo a la muerte, la escasa tolerancia a la frustración en los jóvenes, sobre el cerebro, o el sentido de la vida.

“Cuando estaba pensando en el título tuve la consulta con un paciente joven diagnosticado de cáncer”, comenta la doctora Santos, “y me dijo: ‘mi juego ha terminado… ‘Game over’. Me golpeó en un primer momento, pero inmediatamente reaccioné pensando que es un término que Dios utiliza… ‘ludens in orbe terrarum’…, mis delicias son jugar con los hijos de los hombres. Le dije que Dios juega con nosotros si se lo permitimos. Que no tuviera miedo porque para Dios, juzgar y jugar… es quitar una Z”.

Rafaela Santos es especialista es psiquiatría, presidenta ejecutiva de la Fundación Humanae, y autora de libros en torno a la resiliencia, por ejemplo ‘Mis raíces’. El lunes 28 interviene en la XIII Jornada Teológico-Didáctica del Instituto Superior de Ciencias Religiosas (ISCR) de la citada universidad, y le pedimos un adelanto de alguna de sus ideas.

La sugerencia fue atendida, y aquí van algunas reflexiones, que no dejan indiferente. Asegura que “el miedo a la muerte es algo natural porque hemos sido creados por y para el amor y la felicidad, hechos para la posesión no para la renuncia y la muerte”; que “la muerte es el momento donde nada acaba y todo empieza, es la cita definitiva”, y respecto a los jóvenes, “nos preocupa que su escasa tolerancia a la frustración provoque que sólo en el año pasado, 300 jóvenes entre 15 y 30 años se suicidaron”. Vamos con ello.

En la Jornada hablará usted sobre ‘La muerte: ¿game over?’ La muerte, ¿final del juego, de la partida? ¿Puede avanzar alguno de sus argumentos?

 – Sinceramente es la conferencia más difícil que me han propuesto. Desde que me pidieron este tema me ha venido al pensamiento con alguna frecuencia y confieso que me ha ayudado muy positivamente tenerlo presente.

Respecto al título, desde el primer momento tenía claro que no iba a darle un enfoque desde el punto de vista médico, ni mucho menos un sentido dramático. La muerte es una realidad a la que nos enfrentamos, antes o después, y tratar de esconderla sería insensato.

Cuando estaba pensando en el título tuve la consulta con un paciente joven diagnosticado de cáncer y me dijo: “mi juego ha terminado… “Game over”. Me golpeó en un primer momento, pero inmediatamente reaccioné pensando que es un término que

Dios utiliza… “ludens in orbe terrarum“… mis delicias son jugar con los hijos de los hombres. Le dije que Dios juega con nosotros si se lo permitimos. Que no tuviera miedo porque para Dios, juzgar y jugar… es quitar una Z.

La realidad es que nacemos para vivir y vivimos para morir, aunque si se trata de personas jóvenes cuesta mucho más entenderlo. Podríamos decir que la muerte es el momento donde nada acaba y todo empieza. Para mí es la cita definitiva

Con la pandemia, guerras como la de Ucrania, etc., el sufrimiento físico o moral y la muerte de tanta gente se ven más cercanos.

  La muerte es algo que siempre le pasa a los demás.  Al no tener experiencia personal, podemos verla sólo como espectadores, y en ese sentido algunos reaccionan con pánico y otros con temeridad. Ninguno de esos dos extremos se puede llamar valentía. Hay que reflexionar sobre su sentido para ponernos en nuestro sitio. Hay personas que mueren cuando llega su momento y otras que lo hacen la víspera porque siempre viven con el miedo a morir.

En su justa medida, el miedo a la muerte es algo natural porque hemos sido creados por y para el amor y la felicidad, hechos para la posesión no para la renuncia y la muerte. Nuestro cerebro está programado para la supervivencia y la felicidad, pero, aunque tengamos programas automáticos, somos libres de elegir en cada momento el altruismo sobre el egoísmo. Podemos ser felices arriesgando la vida por salvar a otro, y por ese motivo, el sufrimiento tiene un sentido y nos hace mejores.

Le preguntaría, en este sentido, cómo afrontar los acontecimientos con serenidad, y también con una fortaleza que en ocasiones nos falta. Usted es especialista en resiliencia, quizá una de las mayores de España. Las adversidades pueden con nosotros a veces.

– Las adversidades pueden con nosotros si dejamos que nos venzan. Como he comentado en alguna otra ocasión, nosotros vamos modelando nuestro cerebro con los mensajes que le damos: si pensamos que no vamos a poder superar una adversidad, seguro que no podremos, pero si ese acontecimiento lo percibimos como un reto, y nos convencemos de que vamos a poder, aunque no sepamos cómo hacerlo, nuestro cerebro se pone a trabajar en nuestro favor buscando la manera de salir de esa situación, convirtiendo la dificultad en oportunidad de mejora.

Esa actitud para superar cualquier dificultad se llama resiliencia y se puede entrenar y desarrollar sabiendo que lo que somos hoy es consecuencia de nuestro ayer y por tantos las victorias actuales tienen sus raíces en el esfuerzo anterior.

Hace unos días, la joven escritora Ana Iris Simón se refirió a las altas tasas de suicidio de los jóvenes. Han aumentado nada menos que un 250 % durante la pandemia (en los jóvenes), y los psicólogos (y psiquiatras) no dan abasto. El suicidio parece ser el principal problema de salud pública en Europa. ¿Es así? ¿Qué reflexión le merecen estos datos?

– Durante la pandemia se han disparado los problemas de ansiedad, depresión, insomnio, miedo al contagio, etc. Según datos de la OMS, la llamada “Fatiga pandémica” ha afectado al 60 % de la población y el consumo de psicofármacos se ha triplicado. Este dato es alarmante en la salud mental, ya que la depresión es la principal causa de incapacidad en el mundo.

Respecto al suicidio en España, lo intentan cada día 200 personas y 11 de ellos lo consiguen. Hay que saber tratar este tema con mucho tacto y observar las diferencias de conducta entre el que amenaza con el suicidio y aquel que lo planea definitivamente. Desean “marcharse en paz” dejando las cosas cerradas. Por eso, muchos de ellos se muestran más cariñosos de lo habitual y de forma solapada se despiden.

Respecto a los jóvenes nos preocupa que su escasa tolerancia a la frustración provoque el incremento que señala ya que, sólo en el año pasado, 300 jóvenes entre 15 y 30 años se suicidaron. La pérdida de motivación y significado crea un mundo plano, uniforme, sin relieves, que provoca tristeza.

Una última cuestión. Por su experiencia profesional, ¿ayuda el sentido de la vida a mantener una estabilidad emocional, psicológica o psíquica, como prefiera llamarlo, y en el fondo, a ser felices? Me refiero a las convicciones, a la solidaridad con los demás, a la familia, a la religión…

– Tener un sentido de por qué vivir, descubrir lo importante y amarlo es el secreto para dar significado a la vida y es el mejor efecto terapéutico. Como Viktor Frankl decía, quien tiene un por qué para vivir siempre encuentra el cómo mantener a salvo su esperanza, su fortaleza psicológica, y justo esa es la clave para la estabilidad y la felicidad, encontrar ese por qué, tener un sentido de la vida es lo que nos centra y nos permite avanzar a pesar de los pesares, es la brújula que nos ayuda en las tormentas y que nos impide perder el norte.

El año pasado, doctores y colegios de psicólogos preveían que tras la pandemia del Covid-19 llegarían consecuencias, secuelas, en especial mentales, en forma de miedos, traumas… Da la impresión de que sus predicciones se cumplen. Además, están los habituales de nuestra civilización, con o sin pandemia. Por ejemplo, adicciones, trivialización del sexo, maltratos, la soledad que se ensancha, y tantos otros. Nos quedamos con ganas de más en la entrevista con la doctora Rafaela Santos, pero la Jornada del lunes 28 en el ISCR está a la vuelta de la esquina.

lunes, 21 de marzo de 2022

A IGREXA: ARCA UNIVERSAL DE SALVACIÓN

A Igrexa é a arca universal de salvación. Fundouna Xesucristo persoalmente, pero non prescindiu do Pai Celestial, orixe de todo ben; nin da súa mesma entrega martirial, prezo do noso rescate; nin da virtude santificadora do Espírito Santo; pero tamén quixo contar cos homes. Proba diso é que comezou a súa obra chamando aos Apóstolos, homes de Galilea, aos que constituíu fundamento da Igrexa nacente, e nomeounos pescadores de homes.

A súa vocación foi positiva, eles comezaron a lanzar as redes, non só no lago de Galilea, senón tamén noutros mares do orbe. A pesca foi abundante e as redes non romperon, pero outros moitos peixes quedaron con vida nas augas salinas doutros mares. Tamén para eles ten o Señor vontade salvífica, e en evitación de que se malogre a súa sorte, Xesús segue recrutando novos pescadores, que, imitando aos apóstolos de Galilea, subiron á barca e lanzaron as súas redes en incontables mares do mundo. Refírome á multitude de misioneiros que, ao longo da historia, escoitaron a chamada do Señor, e coas súas redes de apóstolos, capturaron innumerables seguidores de Xesús, os cales, seguindo as pegadas do Mestre, atoparon a fe e o perdón. Pero aínda quedan moitos peixes nadando noutras augas que non son os mares salvadores da Igrexa de Xesús, e tamén a eses peixes ten que capturalos a rede salvadora da Igrexa de hoxe.

A posición dos homes ante a Igrexa é moi diversa: uns sitúanse hostilmente, fronte a ela e tratan de destruíla. Outros ignórana, porque a descoñecen, non poden valorala. Outros minusvalórana, e só acoden a ela ocasionalmente. Queda unha minoría de cristiáns fieis aos compromisos bautismais, que se consideran Igrexa, quérena e préstanlle a súa colaboración; afortunadamente ningún de nós somos hostís a ela. Con todo, moitos dos chamados “practicantes”, non a coñecen abondo para poder mirala con simpatía.

En previsión de superar esta deficiencia, o actual sínodo convídanos a reflexionar xuntos, achegando cada un as súas experiencias persoais. Comunicando aos demais, a achega positiva da Igrexa á historia da humanidade, e colaborando con ela, para que poida levar a feliz termo a misión que lle encomendou o seu mesmo fundador. 

Este labor sinodal é transcendente e urxente, e chama a todas as portas. Da resposta depende o futuro inmediato das nosas Igrexas locais. O declive que actualmente padece a Igrexa en boa parte da cristiandade, non é unha situación terminal, posto que a súa perpetuidade está garantida pola promesa do Señor; pero a súa fecundidade evanxelizadora nestes momentos, está condicionada pola nosa empobrecida vocación apostólica.

A Igrexa non ten muros nin fronteiras, pero necesita evanxelizadores de calidade. Isto pídenos que revisemos a nosa actuación pastoral, non vaia suceder que nos esteamos movendo a nivel dun profesionalismo ministerial, realizando a nosa pastoral sen espírito e ilusión evanxelizadores.

Rompendo moldes anquilosados e estreando actitudes ilusionantes, camiñemos xuntos na mesma dirección, convencidos de que o Señor está connosco no noso camiñar cotián. O cansazo leva ao derrotismo. A falta de comuñón pastoral non inspira esperanza. O escabroso do ambiente provoca tristeza e abandono. Para superar estes inconvenientes traiamos á memoria a palabra do Señor, que prometeu non deixarnos sós no combate.

 

Indalecio Gómez Varela 

Cóengo da Catedral de Lugo

sábado, 19 de marzo de 2022

FESTA DE SAN XOSÉ, DIA DO SEMINARIO

Deus, que pola súa ontolóxica amorosa, sentiu vocación de entrega, creou ao home para ter a quen amar, xa que amar é entregarse. Deste xeito, o amor creador de Deus achegou o Ceo á terra e con estas relacións, Deus e o home fixéronse amigos, e a terra converteuse en paraíso de encontro para os dous. Pero sorprendentemente a concupiscencia humana interpúxose no camiño, e aquela tarde Adán non esperou ao divino amigo como era o seu costume, senón que avergoñado, e medorento, agochouse entre a ramaxe do xardín, Que ocorrera? A amizade murchara no corazón de Adán; e posto que o amor non pon distancia por medio, senón todo o contrario, Deus busca atoparse co amigo de sempre, pero o amigo de outrora non se deixou atopar, porque o amor desaparecera do seu corazón e no seu lugar fixera acto de presenza a infidelidade e a culpabilidade, que o facía imprescindible; esta situación foi a causa da súa fuxida. Pero non foi esta a actitude do Señor. Deus posto a amar, ama para sempre. No corazón do Creador, mantense o amor primeiro, coa única particularidade de que o amor creador e paterno do primeiro encontro, é agora un amor misericordioso e compasivo. No corazón de Deus hai cabida para todos: para Xoán, o discípulo fiel, e para Pedro, arrepentido de negar ao Mestre. 

Co Evanxeo na man, está claro que o que impide a santidade, non son os pecados pasados, senón os apegos presentes. Quen negase a Cristo onte, mañá pode ser unha Teresa de Calcuta. Para iso é necesario ter quen nos conduza ao Cristo da Misericordia, o cal, se recoñecemos as nosas faltas, dinos: “vai en paz e non peques máis”.

Dos sabios podemos aprender os segredos da ciencia. Dos bos gobernantes podemos copiar a prudencia para rexer acertadamente as nosas comunidades. Dos astronautas, aprendemos como vai o ceo. Dos bos cristiáns podemos tomar exemplo para ver como se vai ao Ceo.

Isto é tan transcendental, que Xesucristo chamou a algúns dos seus discípulos para a misión de ensinar aos seus irmáns o camiño da salvación. Estes son os sacerdotes cuxo nome significa “don de Deus”, “facedor das cousas santas”, “guías do camiñante”…

A escaseza de sacerdotes é unha pobreza na Igrexa. A Igrexa necesita moitos sacerdotes de calidade. Necesita sacerdotes virtuosos, porque un San Francisco Xavier cristianizou a mais infieis el só, que centos de sacerdotes mediocres. Necesítanse abundantes sacerdotes, porque a súa misión é sobrenatural, pero os tesouros de que son portadores, lévanos en mans de barro e a súa presenza é limitada; pola súa condición de seres humanos, non poden multiplicar a súa presenza persoal e estar á vez en varios lugares. De aí a necesidade numérica de vocacións sacerdotais, e de aí a importancia da virtude dos mesmos, porque ninguén pode dar o que non ten, ninguén pode convencer co que predica, se non vive o que di. Por iso afírmase que ademais de predicar a palabra de Deus deben afanarse por ser eles mesmos “palabra de Deus”. Ao dicir de Santa Teresa de Jesús, as obras do sacerdote deben ser “falas de Deus”.

Pidamos ao Señor abundancia de sacerdotes e crecente santidade sacerdotal, e valoremos o labor do seu ministerio que tantas renuncias esixe e tantos sacrificios supón, porque así como o clima primaveral favorece o crecemento da vexetación dos nosos campos, tamén o ambiente cristián das familias propicia a floración vocacional nos nosos fogares.

 

Indalecio Gómez Varela

Cóengo da Catedral


domingo, 13 de marzo de 2022

II Domingo de Coresma

13 de marzo de 2022, festividad de santa Cristina

"Es precisamente la oración de Jesús la que nos permite echar un vistazo al misterio profundo de su persona"

TRES CONSEJOS DEL PAPA FRANCISCO PARA LA CUARESMA

1. Siembra y cosecha. “La Cuaresma nos invita a la conversión, a cambiar de mentalidad, para que la verdad y la belleza de nuestra vida no radiquen tanto en el poseer cuanto en el dar, no estén tanto en el acumular cuanto en sembrar el bien y compartir”. v “La llamada a sembrar el bien no tenemos que verla como un peso, sino como una gracia con la que el Creador quiere que estemos activamente unidos a su magnanimidad fecunda”. v “Un primer fruto del bien que sembramos lo tenemos en nosotros mismos y en nuestras relaciones cotidianas, incluso en los más pequeños gestos de bondad
(…). En Dios no se pierde ningún acto de amor, por más pequeño que sea”. v “Sembrar el bien para los demás nos libera de las estrechas lógicas del beneficio personal y da a nuestras acciones el amplio alcance de la gratuidad, introduciéndonos en el maravilloso horizonte de los benévolos designios de Dios”.

2. ‘No nos cansemos de hacer el bien’. “Necesitamos orar porque necesitamos a Dios. Pensar que nos bastamos a nosotros mismos es una ilusión peligrosa”. v “El ayuno corporal que la Iglesia nos pide en Cuaresma fortalezca nuestro espíritu para la lucha contra el pecado”. v “La Cuaresma es un tiempo propicio para buscar a quien está necesitado; para llamar a quien desea ser escuchado y recibir una buena palabra; para visitar a quien sufre la soledad”.

3. ‘Si no desfallecemos, a su tiempo cosecharemos’. “En este tiempo de conversión, apoyándonos en la gracia de Dios y en la comunión de la Iglesia, no nos cansemos de sembrar el bien. El ayuno prepara el terreno, la oración riega, la caridad fecunda”. “Que la Virgen María, en cuyo seno brotó el Salvador nos obtenga el don de la paciencia y permanezca a nuestro lado con su presencia maternal, para que este tiempo de conversión dé frutos de salvación eterna”.
 

MONICIÓN DE ENTRADA

¡Hermanos y amigos! Bienvenidos a esta celebración. Que el Señor se fije en cada uno de nosotros y nos conceda su paz.

En este segundo domingo de Cuaresma, domingo de la Transfiguración del Señor, la liturgia nos invita a renovar nuestra amistad con Dios. Se nos presenta a Dios celebrando con su amigo Abraham un pacto de amistad eterna, donde ambos se declaran dispuestos a entregar su vida por esta alianza.

Jesús, en oración, en pleno trato de amistad con el Padre, deja entrever a los apóstoles que el sentido de su vida es cumplir a cabalidad aquella antigua promesa de amor, y les descubre la belleza y la gloria de vivir esa amistad. 

Seguros de la presencia del Resucitado aquí y ahora entre nosotros, pongámonos de pie para darle gracias al Padre bueno.
 

TEXTO DEL EVANGELIO (LC 9, 28-36)

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante, y he aquí que conversaban con Él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con Él. Y sucedió que, al separarse ellos de Él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías», sin saber lo que decía. Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor. Y vino una voz desde la nube, que decía: «Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle». Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.
 

REFLEXIÓN: "DIOS, JESÚS Y LOS AMIGOS" POR JAVIER LEOZ

1.- “Este es mi secreto, un secreto muy sencillo; sólo se puede ver bien con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos” (A. de Saint Exupéry) También a nosotros, con el evangelio de hoy, Jesús nos invita a adentrarnos y comprender su identidad. Subir junto a El, camino del calvario, es quedarnos embelesados por la cercanía de un Dios que se manifiesta claramente. ¡Si, Señor! ¡Buen adelanto lo que estamos llamados a gustar, disfrutar y ver en el cielo! La Transfiguración nos incita, por capilaridad, a contemplar y ver, tocar y fusionarnos a Cristo. Y, por supuesto, a su aparente fracaso (la muerte) y a su inminente triunfo (la resurrección). No hay vida sin cruz; no hay cristianismo sin cruz; no hay amigos de Jesús si, previamente, no existen hombros para llevar la cruz. ¿Será que nos gusta sólo la luz del cristianismo? En estos tiempos, en los que tanto preocupa el “ADN” de las personas, se me ocurre pensar que el Monte Tabor es un lugar privilegiado donde aprendemos a vislumbrar o intuir que Jesús encierra algo grande que escapa a nuestra razón, pero que colma de vida el corazón que todos llevamos dentro: ¡la gloria del Señor! La Transfiguración de Jesús, en este segundo domingo de cuaresma, nos descubre la identidad de Jesús: HIJO DE DIOS

2.- Pero, aún así, muchos seguirán sin creer, jactándose y sentenciando que no existió tal monte, ni hubo manifestación o nubes que se abrieron de par en par desplegando y completando el Misterio. Otros se quedarán en el Jesús histórico, sin más trascendencia que su nacimiento, su muerte o el movimiento de liberación que pudo, en su tiempo, desencadenar. Y, algunos más, ¡ojalá nosotros!”, concluiremos que la Transfiguración es una vivencia y un adelanto de la gloria que nos espera después de la muerte y por la resurrección de Jesús. Tabor, es subir para comprender y acoger la persona divina de Jesús El Tabor exige bajar al terreno, o valle de cada día, con nuevas actitudes, con renovado brillo en el rostro y con el corazón sobrecogido por la experiencia de haber estado cerca de Jesús Tabor, es elevar, en medio de nuestro mundo, no tres tiendas (¡cientos de miles!) para que muchos hombres y mujeres descubran que el resplandor de la Gloria de Dios sigue brillando para todo aquel que se aventure (con esfuerzo, seguimiento, escucha, valentía y audacia) a buscarla o, como nosotros, celebrarla. ¿Que todo ello acarrea y trae abundancia de cruces? Pues, mirad, así….de esa manera nos vestiremos en el Reino de los Cielos… ¡de luces!

3.- Si, el domingo pasado, Jesús nos invitaba a la lucha (para no sucumbir en nuestros ideales cristianos) hoy, el Señor, nos llama a la confianza. Nos arrastra hasta la intimidad con Dios. ¡Sin Dios nada! Jesús, aún queriendo estar en compañía de Dios, no quiere dejar abandonados a sus amigos. Por eso, este domingo, lo podemos llamar el “domingo de Dios, Jesús y sus amigos”. Que la Transfiguración nos haga vivir la presencia transformadora, vital, real y viva de Jesús de Nazaret.
 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por la Iglesia, para que se ponga en actitud de escucha y en un camino de conversión confiando en la misericordia de Dios y creyendo que, a pesar de todas sus debilidades, el Señor, el Señor es fiel a su alianza. Oremos.

2. Por los jefes de las naciones, especialmente por quienes gobiernan nuestro país, para que, teniendo teniendo siempre en mente la lógica del Evangelio, donde el primero es servidor, ejerzan la autoridad que han recibido en beneficio de toda la comunidad que les ha sido confiada, en la búsqueda del verdadero bien común. Oremos.

3. Por todos los que sufren en el mundo, especialmente por todos aquellos que son marginados por la sociedad, que viven en soledad, para que Dios tenga misericordia de ellos, les haga escuchar su voz de consuelo y puedan sentirse amados por quienes nos llamamos cristianos. Oremos.

4. Por todos nosotros, para que atendamos el llamado a escuchar la voz de Jesús, que sepamos atender su Palabra a través del Magisterio de la Iglesia, de las Sagradas Escrituras y de aquellos que son nuestros orientadores espirituales. Oremos.
 

ORACIÓN

"Tus amigos, Señor"

Subiste al Tabor, y lejos de olvidarnos,
nos invitaste a escalar contigo.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo,
Señor? Ascendiste al Tabor,
y sin dejarnos de lado,
nos hiciste partícipes de algo,
que lejos de ser sueño,
fue gloria, presagio, anuncio,
pasión, muerte y futuro.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo, Señor?
Te alejaste, por un momento,
de los que solicitaban tu mano
para quedar sanos tu mirada para recuperar
la fe en su vivir tus pisadas, para saber por dónde caminar.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo,
Señor? Nos cogiste, Señor,
y para que supiéramos lo qué era el bien
nos hiciste testigos de una Gloria de un triunfo,
de una cruz, de una pasión y de una resurrección que,
a todos los que creemos, nos espera
¿Se puede pedir algo más, a un amigo,
Señor? Trepamos contigo,
Señor, a la montaña y,
con nuestros ojos abiertos al Misterio
supimos que algo extraordinario ocurría
delante de nosotros: una voz del cielo,
dos rostros conversando contigo y un cielo abierto
¡Qué bien, Señor, estábamos en ese momento!
¿Se puede pedir algo más, a un amigo,
Señor? Sólo sabemos,
Señor, que somos tus amigos y que,
todos los domingos, en la eucaristía
nos rescatas del mundo a la Gloria de Dios del sin sentido,
a la sensatez de la mentira,
a la verdad de la debilidad,
a la fortaleza de la muerte,
a la resurrección.
Sólo sabemos, Señor,
que algo bueno tenemos cuando,
siendo como somos,
compartes con nosotros estos momentos
de bienestar para el alma y para la vida. Amén.

 

lunes, 7 de marzo de 2022

I DOMINGO DE CORESMA

6 de MARZO de 2022, festividad de san Olegario

“El tiempo de Cuaresma que vamos a comenzar nos impulsará de nuevo a que con sencillez sepamos reconocer siempre nuestros fallos, de esta manera seremos menos exigentes con los que viven junto a nosotros"

TIEMPO DE CUARESMA

CONFIAR… ORAR… “MISERICORDEAR”… BENDECIR… AGRADECER… … PORQUE ES LA PASCUA DEL SEÑOR

“Anúnciales con obras y palabras, lo que el Señor ha hecho contigo” (Cf. Mc 1,19-20)

Un año más nos adentramos en el desierto cuaresmal con la firme voluntad de hacer un auténtico camino de conversión que renueve nuestra vida y desde ahí hacer una Iglesia más creíble y un mundo más habitable. No olvidamos que la gracia de Dios nos precede y es Él mismo el que quiere cambiar nuestro corazón y poner un rumbo nuevo a nuestra vida. El Espíritu Santo nos conducirá a la “Verdad plena” y nos hará gustar y saborear el misterio pascual.

Vivamos  este tiempo de cuaresma con más intensidad y así prepararnos para la Pascua, estando dispuestos a acoger lo que Dios quiera hacer con nosotros, abiertos a las sorpresas del Espíritu, para así, anunciar a otros, con obras y palabras lo que el Señor ha hecho con nosotros.

CONFIAR es la primera actitud con la que hemos de empezar esta Cuaresma, sabiendo que el Señor puede hacer posible, en nosotros, la conversión que nos pide. Su Palabra será alimento que nos fortalezca.

Hemos de entrar en este tiempo descubriendo la necesidad de ORAR para que toda nuestra vida gire en torno al proyecto de Dios y no en torno a nuestros gustos o criterios. Así llegaremos a descubrir cómo Jesucristo, transfigurándose, nos configura con Él, para estar cerca de los desfigurados. El papa nos ofrece esta palabra: “MISERICORDEAR”, que encierra en ella cómo es el corazón de Dios y a qué estamos llamados cada uno de nosotros, a tener un corazón que se inclina a las miserias de la humanidad, al dolor de cada persona. Solo convirtiendo nuestro corazón al Señor podremos acompañar el camino de la humanidad sufriente. BENDECIR al Señor, reconocer su grandeza, ser conscientes de lo que hace en cada uno de nosotros y bendecir a la humanidad, a cada hombre y mujer con los que nos encontramos, hacer posible con nuestras vidas y nuestra entrega, que sean colmados de los bienes que proceden de Dios para que sus vidas sean vividas en abundancia. Y por último saber AGRADECER la entrega de Jesús por todos y cada uno de nosotros. Su vida, su Palabra, su muerte y resurrección ha manifestado la grandeza de Dios y nos hace vivir alegres, una vida con propósito. Nuestro llanto se ha convertido en gozo, nuestra tristeza en alegría. Agradezcamos con nuestras palabras y nuestra vida este magnífico don. Vivamos nuestra existencia en continua actitud de agradecimiento.
 

MONICIÓN DE ENTRADA

Queridos hermanos, les damos una  cordial bienvenida a la celebración de la misa dominical. El miércoles hemos comenzado ya esta ruta de la Cuaresma, camino hacia la Pascua. Durante estos domingos y la Semana Santa, seremos testigos del inmenso amor que Dios nos tiene, llamándonos a la conversión y arrepentimiento, para gozar de la resurrección de Cristo.

Agradeciéndole el detalle, comenzamos sellando en la eucaristía la alianza que nos ofrece en Jesús, y que iremos renovando a lo largo de toda la Cuaresma. De pie, cantamos…
 

TEXTO DEL EVANGELIO (LC 4, 1-13)

En aquel tiempo, Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto, durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». Jesús le respondió: «Esta escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre’».

Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra; y le dijo el diablo: «Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. Si, pues, me adoras, toda será tuya». Jesús le respondió: «Está escrito: ‘Adorarás al Señor tu Dios y sólo a Él darás culto’».

Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; porque está escrito: ‘A sus ángeles te encomendará para que te guarden’. Y: ‘En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna’». Jesús le respondió: «Está dicho: ‘No tentarás al Señor tu Dios’». Acabada toda tentación, el diablo se alejó de Él hasta un tiempo oportuno.
 

REFLEXIÓN: "¿TENTACIÓN? ¿DE QUÉ Y PARA QUÉ?" POR JAVIER LEOZ

1.- Comenzamos este tiempo cuaresmal, y, amigos, no lo olvidemos: es un proceso de catequesis bautismales. Es decir ¡repasemos y descubramos nuestro nacimiento a la fe y a la vida nueva! ¿Que por quién? ¡Por Cristo y en Cristo! El hombre, desde que nace, brota para la vida y para la muerte, para la alegría y para la tristeza, para el éxito y para el fracaso. Y también, el evangelio de hoy nos lo muestra estupendamente, para las tentaciones de cada día. Pero ¿qué ocurre en aquí y ahora? ¿Tenemos sensación de ser tentados en lo importante o, más bien, rescatados de lo que no es necesario o, según algunos, secundario? ¿Qué es más decisivo, a la hora de elegir caminos, los que conducen hacia el pan de la buena imagen, del poder, del tener o…los que llevan a Dios? La experiencia nos lo remarca una y otra vez: no sólo de pan vive el hombre. O, por lo menos, lo fugaz no nos hace definitivos ni definitivamente felices. El mundo, los medios de comunicación social y otros entes, puede que –hoy más que nunca- nos estén transmitiendo: ¡si dejas de creer, si renuncias a tus principios cristianos, si te alejas del mundo de Dios…serás famoso, no tendrás problemas, pasarás desapercibido y dejarás de ser señalado! Comprobamos, viva réplica de los tiempos de Jesús, cómo algunos nos quieren poner altos, peligrosamente elevados con una condición: que dejemos de adorar a Dios y nos sometamos al dictado de la sociedad caprichosa, injusta y, a veces, endemoniada.

2.-Tenemos que apoyarnos en la Palabra del Señor. Para ello, y si podemos, qué bueno sería realizar lo que la Iglesia nos sugiere con tanta insistencia: retirarnos a un pequeño desierto. La eucaristía de cada domingo, el ejercicio del vía crucis, una oración ante el sagrario o la contemplación de la cruz, son reales desiertos que nos alejan de esa fábrica de ruidos y de traiciones, de prisas y de preocupaciones que es el entorno donde nos movemos. ¿Dónde buscamos hoy a Dios? ¿Te has molestado alguna vez en buscarlo? Corremos el riesgo de pensar que, bueno, ya estamos bautizados, ya nos hemos confirmado, ya somos sacerdotes o, ¡contento se puede ver el Señor o la misma Iglesia, de que nos hayamos casado delante del altar! Pero el Señor quiere algo más. Y nuestra fe, necesita algo más. Por eso mismo, la Eucaristía, la Palabra de Dios bien proclamada y atentamente escuchada, son lugares privilegiados donde buscar y poder encontrar al Señor. ¡Cuántos cristianos que no se dan cuenta que, en la Palabra de Dios, es donde el hombre encuentra el secreto de su felicidad! Al iniciar esta santa cuaresma, no vemos las cosas fáciles para el camino de la fe. Tampoco fue un camino de rosas para Jesús: ¡fue tentado! Nosotros, al igual que El, somos tentados al abandono. A dejar en un segundo o en un tercer plano, nuestra pertenencia a la gran familia de Dios. Tenemos la tentación de convertir a los falsos ídolos (los dominantes de nuestro mundo) en los dueños de nuestras conciencias, de la educación de nuestros niños y jóvenes o en los gestores o fabricantes de leyes que van en contra de la dignidad de la persona o de la misma vida. ¿Quién ha dicho que las tentaciones no existen?

3.- Hoy es más moderno ir de “guay” y de “progre” por las calles de nuestras ciudades. Hoy, es más fácil no ser cristiano que dar testimonio de nuestra fe. Hoy, es más fácil escuchar, seguir el continuo y falso canto de las sirenas de la felicidad que secundar, la dulce y humilde Palabra del Señor. Hoy, cuando somos tentados, preferimos dejarnos seducir por el efímero dulce del paladar que resistirnos y preguntarnos si, lo que dejamos a cambio, es a la larga más ventajo o beneficioso. ¿Tentación? ¿De qué? ¿De quién? Busca un poco en tu vida y, pronto, la encontrarás. La Pascua del Señor, en el horizonte, nos invita a ello.
 

ORACIÓN DE LOS FIELES

La Cuaresma es un tiempo precioso y propicio para que, en el don de gracia de sus cuarenta días, el alma se convierta y el corazón purificado se dirija a Dios. Oremos por nuestra conversión y purificación diciendo juntos: "No nos dejes caer en la tentación, Señor".

1. Por la Iglesia, para que este tiempo de Cuaresma sea la ocasión para tomar más conciencia de los dones recibidos con el bautismo, y seamos en el mundo, y para el mundo, profecía y testimonio del amor de Dios. Oremos.

2. Por los gobernantes de las naciones, especialmente los de nuestro país, para que sientan la necesidad de recurrir a Dios para pedirle una mirada límpida y nueva, ciencia recta junto aun corazón puro para ver mejor las necesidades y llevar bienestar a todos. Oremos.

3. Por la paz en el mundo, para que cesen los conflictos bélicos entre las naciones y se respete la libertad de todos los países y la vida humana. Oremos.

4. Por los enfermos y los que sufren, para que, si es la voluntad de Dios, puedan sanar pronto y recobrar la salud y, para que tengan siempre a su lado personas que las cuiden y las asistan con amor. Oremos.

5. Por todos nosotros, para que en este tiempo de Cuaresma Dios nos dé la fuerza de su Espíritu para poder mortificar nuestro cuerpo y ofrecerle un sacrificio agradable a su presencia. Oremos.
 

ORACIÓN

"Nos has llamado al desierto"

NOS HAS LLAMADO AL DESIERTO, SEÑOR DE LA LIBERTAD,
Y ESTÁ EL CORAZÓN ABIERTO A LA LUZ DE TU VERDAD.
SUBIMOS CON ESPERANZA LA ESCALADA CUARESMAL,
EL PUEBLO DE DIOS AVANZA HASTA LA CUMBRE PASCUAL.

1. Tu pueblo, Señor,
camina desde la aurora al ocaso:
a tu Pascua se encamina
y te sigue paso a paso.

2. Señor, te reconocemos
y tu Palabra escuchamos,
tus caminos seguiremos
y tu ley de amor cantamos.

3. Se acerca, Señor,
tu día, en el que todo florece:
con su luz y su alegría
ya el camino resplandece.