domingo, 5 de junio de 2022

Solemnidade de Pentecostes

5 de junio de 2022. Solemnidad de Pentecostés

"Pentecostés… con nuestras fatigas e incoherencias nos infunde aires nuevos y bríos nuevos, ganas e ilusión, compañía y fortaleza, honestidad y transparencia, vitalidad y ansias de conquistas para Dios"

EL ESPÍRITU SANTO OS LO ENSEÑARÁ TODO

Pentecostés es día en que se cumplió la promesa de Cristo a los apóstoles. La venida del Espíritu Santo tuvo lugar el quincuagésimo día después de la resurrección de Jesucristo. Fue cuando el Padre envió al Espíritu Santo para guiarlos en la misión evangelizadora.

«Si alguien tiene el Espíritu de Jesús, realiza los mismos gestos de Jesús». En el calendario cristiano con Pentecostés se termina el tiempo pascual de 50 días. Los cincuenta días pascuales y las fiestas de la Ascensión y Pentecostés, forman una unidad. No son fiestas aisladas de acontecimientos ocurridos en el tiempo, son parte de un solo y único misterio.

La FIESTA DE PENTECOSTÉS es el segundo domingo más importante del año litúrgico, después de la Pascua. Los cristianos tienen la oportunidad de vivir intensamente la relación existente entre la resurrección de Cristo, su ascensión y la venida del Espíritu Santo.
 

MONICIÓN DE ENTRADA

Sed bienvenidos, hermanos y amigos. Os deseamos paz y alegría de parte del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La Iglesia católica celebra este domingo la solemnidad de la Ascensión del Señor, el retorno de Jesús al Padre. Antes de ascender Jesús vuelve a prometer que enviará su Espíritu Santo. Después, bendice a sus discípulos y sube a la gloria del Padre iniciando su ministerio de intercesor. A partir de entonces los discípulos ya no verán a Jesús… pero los demás deben ver a Jesús en ellos y a través de ellos. A partir de la Ascensión, esa es nuestra misión: ser transparencia de Cristo, en cualquier circunstancia y en cualquier lugar. Seguros de la presencia del resucitado aquí y ahora en medio de nosotros, pongámonos de pie y celebremos con gozo nuestra acción de gracias.
 

TEXTO DEL EVANGELIO (JUAN 20, 19-23)

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
 

REFLEXIÓN: "PENTECOSTÑES: UNA IGLESIA EN MARCHA", POR JAVIER LEOZ

1.- Podemos pensar que aquellos hombres a los que el Resucitado enviaba por aquellos mundos de Dios... eran distintos a nosotros. Podemos pensar que todos, sin excepción, vestían el traje de la perfección Podemos pensar que, al ser tan tocados y elegidos por Dios, no había ventana abierta para la duda ni para la desesperanza, para el pecado o la deserción. Podemos pensar eso y llegar a equivocarnos con esa imagen idílica de lo que fueron y, tal vez, en algo no lo fueron tanto. Uno, cuando entra en la Palabra de Dios, concluye que aquellos sobre los que el Espíritu descendía en aquel primer Pentecostés, estaban tan traspasados de dudas como actualmente lo podemos estar nosotros. Tan llenos de miserias como de contradicciones está poblada nuestra misma vida. Tan condicionados por las debilidades como nosotros inmersos y atacados por el vacío espiritual que lo invade todo y lo penetra todo. 2000 años después de aquel tiempo inaugurado por el Espíritu Santo, el tiempo de la Iglesia, seguimos con las mismas luchas y con los mismos condicionantes para vivir como testigos del Resucitado.

2.- Unos quieren vivir esa experiencia al margen de la Iglesia. La ven como algo desfasado y cerrada en sí misma. Como que, hace tiempo, que dejó de escuchar la voz del Espíritu que le llama a la renovación personal y comunitaria. Otros, aun siendo conscientes de sus limitaciones y traiciones al espíritu del Evangelio, la queremos porque sabemos que si la Iglesia fuese perfecta y santa al cien por cien… no tendríamos cabida en ella y, porque la sentimos tan nuestra, trabajamos, ponemos la crucecita en nuestra declaración de la renta, formamos parte diferentes grupos, movimiento o nos desvivimos hasta la muerte por lo que es grande en ella: JESUCRISTO.

3.- Hoy, en Pentecostés, damos gracias a Dios por esta gran casa en la que todos tenemos un sitio y algo que ofrecer y realizar: LA IGLESIA.

- Una iglesia que se hace fuerte e irrompible cuando siente y se agarra a la comunión de hermanos en la misma fe y unidos por la misma esperanza

- Una iglesia que se lanza al futuro sin miedo alguno sabiendo que lleva entre manos la mayor riqueza que el mundo puede esperar: EL EVANGELIO.

- Una iglesia que habla sin tapujos, sin vergüenza y que, precisamente por ello, su mensaje provocará chispas cuando puede más la sin razón que el sentido común, la banalidad de las cosas que la dignidad humana, el personalismo más que lo comunitario, el cosmos mas que el propio hombre.

- Una iglesia a la que no le importa mirar de reojo, pero con afán de superación, a los orígenes de su nacimiento. En aquel alumbramiento la comunión de bienes y el perdón, la fraternidad y la alegría, la valentía y la audacia para presentar a Jesucristo….rompieron esquemas y tradiciones, corazones y modos de vida.

- Unos hombres y mujeres que llamaban la atención y que fueron formando esa gran familia que ha llegado hasta nuestros días. ¿Por qué hoy nuestra iglesia brilla más por el esplendor de su riqueza artística que por el estilo de vida que muchos cristianos no llevamos dentro de ella?

4.- Pentecostés… a los cincuenta días, es un soplo que nos viene bien para lanzarnos como iglesia a la conquista de ese mundo tan duro para entender y comprender, vivir y amar las cosas de Dios. Pentecostés…con todo lo que la Iglesia ha sido y es, supone un abrir de par en par la creatividad de todo creyente para que el mensaje de salvación de Jesucristo no quede clavado en las cuatro paredes de una sacristía o adornando la belleza de un templo. Pentecostés… con nuestras fatigas e incoherencias nos infunde aires nuevos y bríos nuevos, ganas e ilusión, compañía y fortaleza, honestidad y transparencia, vitalidad y ansias de conquistas para Dios.
 

ORACIÓN DE LOS FIELES

Hermanos, dejémonos conducir por el espíritu de Dios y pidamos con confianza por nuestras necesidades. A cada intención respondemos: "Escúchanos, Señor".

1. Por la Iglesia, comunidad de creyentes reunidos por el Espíritu Santo, para que fortalecida y conducida por el mismo Espíritu sea un signo para el mundo del Dios bueno y providente. Oremos.

2. Por nuestro obispo Fernado, para que en su ministerio pastoral resplandezca el amor de Dios que busca la unidad de todos los creyentes. Oremos.

3. Por nuestros gobernantes, para que, dejándose guiar por el Espíritu Santo, encuentren soluciones justas y equitativas a las dificultadas por las que atraviesa nuestra sociedad. Oremos.

4. Por quienes se unen a la cruz de Jesús, por medio del sufrimiento o el dolor, para que el Espíritu de Dios que mantuvo de pie junto a la cruz a María Santísima, colme sus corazones y haga descubrir el sentido de su dolor. Oremos.

5. Por nosotros, para que renovados por el Espíritu Santo nos abramos a la obra nueva que él quiera realizar en nosotros mismos y así podamos ser espejos vivientes de Cristo. Oremos._
 

ORACIÓN

VIVIR SEGÚN EL ESPÍRITU SANTO
Vivir según el Espíritu Santo, es difícil.
Vivir con el Espíritu Santo, no lo es tanto.
Es bueno pensar que,
él nos acompaña aunque no nos demos cuenta;
nos habla, aunque no lo escuchemos; nos conduce,
aunque acabemos eligiendo el camino contrario;
nos transforma, aunque pensemos que, todo, es obra nuestra.

VIVIR PENTECOSTES
es pedirle a Dios, que nos ayude a construir
la gran familia de la Iglesia es orar a Dios,
para sacar de cada uno lo mejor de nosotros mismos
es leer la Palabra y pensar: “esto lo dice Jesús para mí”
es comer la eucaristía, y sentir el milagro de la presencia real de Cristo es rezar,
y palpar –con escalofríos- el rostro de un Dios que nos ama.

¡PENTECOSTES ES EL DIOS INVISIBLE!
El Dios que camina hasta el día en que nos llame a su presencia.
El Dios que nos da nuevos bríos e ilusiones.
El Dios que nos levanta, cuando caemos.
El Dios que nos une, cuando estamos dispersos.
El Dios que nos atrae, cuando nos divorciamos de él.


¡PENTECOSTES ES EL DIOS DE LA BRISA!
El Dios que nos rodea con su silencio.
El Dios que nos indica con su consejo.
El Dios que nos alza con su fortaleza.
El Dios que nos hace grandes con su sabiduría.
El Dios que nos hace felices con su entendimiento.
El Dios que nos hace reflexivos con su santo temor.
El Dios que nos hace comprometidos, con el don de piedad.
El Dios que nos hace expertos, por el don de la ciencia.
Pentecostés, entre otras cosas, es valorar, vivir,
comprender y estar orgullosos de todo lo que nos prometió Jesús de Nazaret.
¿Cómo? Dejándonos guiar por su Espíritu.

 

domingo, 29 de mayo de 2022

Domingo da VII Semana de Pascua: A Ascensión

29 de mayo de 2022. Solemnidad de la Ascensión del Señor

FIESTA DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

La fiesta de la Ascensión es la oportunidad que se ofrece al creyente para alegrarse por su rey: se alegra Israel por su creador, los hijos de Sión por su Rey (salmo). La Iglesia celebra el triunfo de su rey, de su cabeza, de su amigo. Y se siente en fiesta. Pero además contempla este misterio como el gran empuje de su misión evangelizadora por el mundo, tan necesitado del evangelio porque es el único que puede dar respuesta a sus interrogantes. Y se siente renovada en su esperanza teologal que le invita a dirigir sus pasos hacia lo difícil y arduo, pero posible, porque Dios anda por en medio con su bondad, fidelidad y poder. Y, en el centro, Jesús glorificado que sigue en medio de nosotros hasta el fin del mundo.
 

MONICIÓN DE ENTRADA

Sed bienvenidos, hermanos y amigos. Os deseamos paz y alegría de parte del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La Iglesia católica celebra este domingo la solemnidad de la Ascensión del Señor, el retorno de Jesús al Padre. Antes de ascender Jesús vuelve a prometer que enviará su Espíritu Santo. Después, bendice a sus discípulos y sube a la gloria del Padre iniciando su ministerio de intercesor. A partir de entonces los discípulos ya no verán a Jesús… pero los demás deben ver a Jesús en ellos y a través de ellos. A partir de la Ascensión, esa es nuestra misión: ser transparencia de Cristo, en cualquier circunstancia y en cualquier lugar. Seguros de la presencia del resucitado aquí y ahora en medio de nosotros, pongámonos de pie y celebremos con gozo nuestra acción de gracias.
 

TEXTO DEL EVANGELIO (LUCAS 24, 46-53)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Así está escrito que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros seréis testigos de estas cosas. Mirad, voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto».

Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de postrarse ante Él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.
 

REFLEXIÓN: "LA ASCENSIÓN, MOTIVO DE ENORME ALEGRÍA", POR JAVIER LEOZ

1.- Hace mucho tiempo que, Dios, se presentó en la tierra con ropaje de peregrino: -Unos intuyeron su presencia y otros, lo esperaban tan endiosado, que escasamente se hicieron eco de sus palabras o se apercibieron de su huella. -Vino ese peregrino con la misión de hacernos comprender, vivir y creer que no estamos solos; que Dios camina, muy especialmente, de aquellos y con aquellos que saben hacer de su tiempo y de su vida una ofrenda a los que lloran o a los que claman voz ante tanta injusticia. -Caminó ese peregrino como quien sabía que iba a encontrar corazones abiertos y dispuestos a lanzarse por el surco que, previamente, había abierto para llegar desde el cielo hasta la tierra con el ideal cristiano -Unos, miraron tan adentro del misterio, que pronto encontraron los signos de Dios sin más pruebas que la adhesión por la fe. -Otros se quedaron al margen de todo y pidiendo milagros, pruebas y hasta el carné de identidad o la credibilidad de aquel que curaba, resucitaba, animaba, reconfortaba o predicaba.

2.- La Ascensión del Señor.- -Jesús se va por la misma senda por la que vino pero cargado con los dolores de la humanidad entera. Nació en el silencio de la noche en Belén y se marcha dejando los ojos empañados de aquellos que vivieron sus horas bajas y altas, pequeñas y grandes, de muerte y de gloria -Sube pero, se lleva consigo, el drama de este mundo nuestro que parece más obcecado en vivir en las cloacas de la infelicidad que en el ascenso a los valores que son fermento de superación y santidad -Asciende, el Señor, pero no nos deja solos. Nos quedan muchos rasgos de su personalidad y de su entrega. Deja palabras y gestos que, ni los tiempos más difíciles, lograrán eclipsar y mucho menos aún triturar -Se eleva, el Señor, ante el asombro de aquellos que nunca lo hubieran dejado marchar. Es la hora de la madurez. De iniciar el apostolado sin el cómodo paraguas del Nazareno que evitaba angustias, chaparrones a tiempo y destiempo, saciaba estómagos agradecidos o se enfrentaba con diligencia, inteligencia y contundencia al poder establecido.

3.- La Ascensión del Señor.- El peregrino vuelve tras sus pasos pero es consciente de la riqueza de la semilla que ha ido dejando a un lado y a otro. Es la hora de la militancia activa. De dejar que se haga cuerpo y realidad misteriosa esa iglesia sometida a tantos bandazos y falta de credibilidad; es el momento de sentirnos fuertes con el Espíritu; es la jornada obligatoria de pasos decididos para todo aquel que haya sentido el paso y el peso especifico de Jesús de Nazaret.

4.- La Ascensión del Señor.- Hoy, esta festividad, sigue teniendo el brillo y el esplendor de la Pascua de la Resurrección. El Señor no se va ni se desentiende: ¡confía y espera! -Confía en nuestro dinamismo y en nuestra inquietud misionera. Los brazos cruzados nunca han sido los mejores amigos en aquellos inicios evangelizadores de hace 2000 años ni en la misión que, ahora mismo, nos preocupa. Hay que saltar hacia el cielo para que la soledad no nos sacuda…y hay que sembrar en la tierra para que el mensaje de Jesús no sea una simple idea plasmada en un antiguo y noble recetario.

- Espera en nuestra esperanza. Todo se multiplicará por mil, si lejos de dejarnos atrapar por el virus del pesimismo o del desencanto, entendemos y comprendemos que la fe exige riesgos y vértigos, audacia y valentía, despego e intrepidez, ascensión al cielo para recoger fuerzas y descenso al lugar de los vivos para llevar el aliento del Dios vivo. Jesús, por qué no decirlo, espera y trabaja con aquellas personas que saben ir contracorriente; que no se casan con lo que el mundo vende y da por bueno; con aquellos hombres y mujeres que saben, en definitiva, que el Reino de Dios, no será precisamente comprendido ni entendido por los que quieren una vida a su antojo y a su medida.

5.-La Ascensión del Señor.

- Y me gusta soñar que, este Misterio de su Ascensión, es un adelanto de lo que existe detrás de aquella puerta que separa la tierra y el cielo cuando se lucha trabajando y creyendo. Viviendo y soñando para resucitar. Resucitando y abriendo los ojos para contemplar la Gloria que Dios nos ha prometido. La Ascensión del Señor, nos enseña que la plenitud es ni más ni menos vivir eternamente felices con Dios. - Hoy damos gracias a Dios por los que comunican el valor de su Palabra.

- Por los que hacen visible el cielo obrando el bien en la tierra.

- Por los artistas que, a través de sus obras, nos hacen gustar la belleza de Dios.

- Por los músicos que nos invitan a preparar aquel cántico que un día, todos estamos llamados a interpretar como alabanza a Dios en el cielo.

-Por los que, siendo testigos de Jesús, preparan la futura casa del cielo haciendo más habitable la tierra.

-Por la Iglesia que es ese faro que nos guía (aunque algunos la emprendan a pedradas contra ella) invitándonos a no perder de vista la fuerza que viene desde la otra orilla. Hoy, el día de la Ascensión, es un motivo de alegría: ¡ahí tenéis mi obra! ¡Yo os ayudaré desde el cielo!
 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por el papa Francisco, para que con la fuerza del Espíritu Santo, de la que ya es testigo, siga conduciendo con esperanza a la Iglesia hacia la segunda venida de Cristo. Oremos.

2. Por los que gobiernan las naciones, para que también puedan dirigir su mirada hacia el cielo, de donde viene toda autoridad, y gobiernen con justicia y equidad. Oremos.

3. Por los más necesitados de este mundo, especialmente los que viven alrededor nuestro y que muchas veces ignoramos, para que por Dios sean consolados y por nosotros auxiliados en sus necesidades. Oremos.

4. Por quienes este día celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor, para que Dios nos permita ser testigos también del Pentecostés que nos levante y nos haga anunciar con fuerza y valentía que Cristo vive. Oremos.
 

ORACIÓN

La Ascensión del Señor, es el triunfo que nos espera.
Es la seguridad que nos acompaña.
Es el cielo que nos dinamiza.

La Ascensión del Señor, es llamada a superarnos.
Tesón en nuestros ideales cristianos.
Fortaleza frente a las adversidades Ilusión ante el desencanto.

La Ascensión del Señor, es garantía de futuro.
Es ciudad de puertas abiertas.
Es un sitio que aguarda Es misión cumplida en la tierra.

La Ascensión del Señor, es búsqueda de lo de arriba.
Es compromiso activo aquí y ahora.
Es motivación para trabajar con las manos en la tierra.
pero poniendo el calor del corazón en el cielo.

La Ascensión del Señor,
es saber que el Señor ha pasado,
que el Señor ha triunfado
que el Señor reina y, además, eternamente.

La Ascensión del Señor
es intuir que él aguarda sentado,
siendo confidente y amigo, compañero
y hermano a la derecha de Dios Padre.

La Ascensión del Señor
no es final trágico de una vida,
no es final oscuro de una película,
es puerta que se abre para, en el cielo,
tener una mano oportuna y amiga.

La Ascensión del Señor
es la corona que Dios pone a Cristo después que,
los hombres, pusiéramos en él aquella otra de espinas.

La Ascensión del Señor
es saber que Jesús vive en el cielo pero se desvive,
en el cielo, por nosotros. Amén.

 

domingo, 22 de mayo de 2022

Domingo da VI Semana de Pascua

22 de mayo de 2022. Pascua del Enfermo

PASCUA DEL ENFERMO 2022

El VI domingo de Pascua, este año con el lema "Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso", se celebra la Campaña del Enfermo.

Acompañar a quienes sufren como consecuencia de la enfermedad es una obra de misericordia y una finalidad fundamental en la pastoral de la salud de la Iglesia. Por ello, en la Campaña del Enfermo, que este año será el 11 de febrero y el VI domingo de Pascua (22 de mayo), se pondrá el acento en la importancia de «acompañar en el sufrimiento». Se pretende que en esta campaña los cristianos sean portadores de esperanza a cuantos sufren por la enfermedad, sin olvidar a cuantos cuidan a los enfermos y a aquellos que padecen enfermedades menos «visualizadas».
 

MONICIÓN DE ENTRADA

Muy buenos días, hermanos. Sed bienvenidos a esta eucaristía en el VI domingo de Pascua. Después de cinco semanas de Pascua, y cuando quedan dos para Pentecostés, con la oración de este domingo buscamos asegurarnos de que no decaiga el tono y el ritmo de la fiesta, porque pide a Dios que nos conceda «continuar celebrando con fervor estos días de alegría en honor de Cristo resucitado». Movidos por el Espíritu Santo y rogando a Dios nos conceda un día celebrar con Cristo la Pascua definitiva, comenzamos la celebración de nuestra misa cantando con alegría…
 

TEXTO DEL EVANGELIO (JUAN 14, 23-29)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho. Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros’. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis».
 

REFLEXIÓN: "LO INDISPENSABLE", POR JAVIER LEOZ

1.- “El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará….” (Jn 14,23-29) Recuerdo que, al conseguir el permiso de conducir, un monitor después de enseñarnos y de presentarnos en sucesivas clases teóricas el código de circulación, concluía con lo siguiente: quedaos con lo más importante. No os fijéis en el colorido de la señal y vayáis a olvidar lo que ella indica. Si no clavamos nuestros ojos en las lecturas de este VI Domingo de Pascua, podemos llegar a pensar que, aquella primitiva comunidad cristiana, cumplía y vivía a la perfección y al milímetro todo aquel estilo de vida que Jesús les había marcado. Es un poco la visión idílica que, en el corazón más que con la razón, nos hemos formado de aquellos hombres y mujeres. Lo cierto es que los contrastes y las primeras discusiones pronto comenzaron a nacer en el horizonte de la fe de aquellas gentes. No todos interpretaban de la misma manera “aquellas señales” del “nuevo código” que Jesús les había dejado para entender, comprender y vivir el amor de Dios y que Dios les tenía. De igual manera para nosotros, cristianos en este recién estrenado siglo XXI, nos puede resultar peligroso confundir señalización con verdad de fe, normas con salvación, leyes con seguridad, lo secundario….con lo indispensable. Iban dos peregrinos, adentrándose en una bonita ciudad de España. Uno de ellos respetaba exhaustiva y meticulosamente el ceda el paso y el stop, el giro a la derecha o el giro a la izquierda. ¡No había señal de tráfico que le resultase indiferente! En un momento dado su compañero le dijo: “oye…relájate un poco… disfruta del paisaje y déjate de lo secundario”.

2.- Lo indispensable nos lo reseña Jesús: vivir según la vocación a la que hemos sido llamados. Dar la talla como creyentes nos exige, además de una autocrítica, un pedir la fuerza del Espíritu para que no nos quedemos enganchados y petrificados en lo insignificante dejando pasar de largo lo que es vida y garantía de la solidez y pureza de nuestra fe. ¿Quién nos hace de chivato de esos nuevos caminos? ¿Quién nos sugiere el dónde y el cómo?: el Espíritu Santo --Él es en definitiva la mejor almohada donde puede descansar ese alma que todos llevamos dentro y que necesita ser contrastada con una fuerza superior que nos viene de lo alto. --Él es, en definitiva, el mejor consejero que nos hace desempolvar aquello que merece la pena conservar y arrojar por la ventana aquello que malogra o distrae nuestro caminar con Jesús. --Él es, en definitiva, el que inspira y empuja los derroteros de nuestro viaje en la tierra, y en la iglesia misma, para que sepamos dar el crédito, el valor justo y necesario a lo que es trigo o paja, simple continente o rico contenido, sabiduría divina o conocimiento científico, mandamiento divino o falsas seguridades humanas. Me gusta la opción que hacían aquellos primeros cristianos de recurrir al mejor consejero y a un necesario ministerio que Dios consolidó para su iglesia y su cometido: ministerio de Asuntos Interiores de la Iglesia presidido por el Espíritu Santo -Hacia El se dirigen nuestras quejas y nuestros fracasos cuando nos sentimos abatidos por mil circunstancias. -En El se nos recibe con nuevo soplo y se nos confiere nuevos bríos cuando las fuerzas nos fallan -En El se nos escucha cuando vamos con mil ideas pero con los corazones partidos -En El se nos alecciona para saber por dónde hemos de caminar y de dónde hemos de volver -En El se nos nombra de nuevo, no funcionarios, y sí administradores de la Gracia de Dios.

3.- Es gratificante y fuente de serenidad el pensar que EL ESPIRITU SANTO es quien avala y sostiene esta vida de Jesús que intentamos llevar, vivir, proponer y presentar en este mundo nuestro tan seguro de sí mismo y, por otro lado, tan sujeto a mil vaivenes. Hoy, cuando el Papa Benedicto XVI se encuentra en Brasil, no lleva otra cosa entre sus manos y en su mente sino aquello que el evangelio de hoy proclama: “Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde”.

4.- TE VAS A IR, SEÑOR, PERO… ¡VUELVE!
–Vuelve e infunde claridad al corazón del que te busca y no te alcanza -Regresa y fortalece al que te acogió por el Bautismo pero dejó languidecer su fe -Vuelve y recupera la mente del que pensó en Ti y luego olvido tu nombre -Regresa y haz fructificar los esfuerzos apostólicos en los que hacen falta cada vez más manos -Vuelve y reina sobre la sensación de orfandad en la que viven muchos cristianos -Regresa y tritura las dudas que asoman frente al horizonte de la fe -Vuelve y cura el alzheimer de tantos seguidores tuyos que olvidaron tu mandamiento -del amor -Regresa y sensibiliza a las personas que dicen quererte y les cuesta verte en los hermanos -Vuelve y dinamiza el silencio y las pruebas que nos asolan en tantos momentos -Regresa y vivifica la memoria donde un día sonó la voz del Espíritu Santo - Vuelve y que te encontremos en los trabajos que realizamos en cada hora y en cada jornada - Regresa por el envío de tu Espíritu Santo y trae, de nuevo, a nuestro pensamiento la intensidad de aquellas horas vividas contigo Porque tenemos miedo a perderte, porque tememos que no vuelvas….no te vayas Señor.
 

ORACIÓN DE LOS FIELES

Unidos a Jesucristo resucitado, presentemos al Padre, fuente de todo consuelo, nuestros deseos y necesidades. Oremos hoy especialmente por estos hermanos nuestros que han recibido el sacramento de la Unción y por todas las personas, familiares y amigos, que les acompañamos.

- Dios, dice el papa Francisco, nos cuida con la fuerza de un padre y con la ternura de una madre. Oremos por toda la Iglesia, para que seamos testigos de la misericordia de Dios con los enfermos. ROGUEMOS AL SEÑOR.

- En muchos países muchas personas mueren por falta de atención sanitaria. Para que sus gobernantes no abandonen a los enfermos y la solidaridad internacional les proporcione los medios necesarios para su asistencia. ROGUEMOS AL SEÑOR.

- Visitar a los enfermos, dice el Papa, es una invitación que Cristo hace a todos sus discípulos. Que la Jornada Mundial del Enfermo que celebramos nos ayude a crecer en el servicio y en la cercanía a las personas enfermas y a sus familias. ROGUEMOS AL SEÑOR.

- Por todos nuestros hermanos difuntos y cuantos han muerto víctimas de la pandemia, de la violencia o del hambre, para que ahora descansen en su reino. ROGUEMOS AL SEÑOR.
 

ORACIÓN

¡Oh Cristo, mi Buen Samaritano!
¡Oh Cristo, mi Buen Samaritano!
Tú que, al borde del camino de la vida,
ves mis dolores y sufrimientos
y lleno de piedad y compasión
me recoges con tus manos,
llenas de ternura y dulzura,
y me cargas suavemente sobre ti,
¡ayúdame a sentirte junto a mí!

¡Oh Cristo, mi Buen Samaritano!
Cuídame con tu amor misericordioso,
derrama tu vino sobre mis heridas,
santifícame con la fuerza de tu Santo Aceite,
consuélame con el afectuoso consuelo
que tú sólo nos sabes dar,
y cuando vuelvas en el último día,
¡paga por nosotros lo que te debamos!

¡Oh Cristo, mi Buen Samaritano,
nunca te separes de mí!
Amén.

 

domingo, 15 de mayo de 2022

Domingo da V Semana de Pascua

15 de mayo de 2022. Festividad de san Isidro, Día del Mundo de la Aldea

AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS

¿Qué otra cosa podemos querer cada uno de nosotros en el momento de la muerte que dejar como legado a nuestros seres queridos un deseo de amor y unidad entre ellos, para nuestra familia, para nuestra comunidad, para nuestro grupo? Así, tan humano, se muestra Jesús en su última cena, en su última despedida: «AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS».

Sin embargo da un paso más y nos invita a recibir nuestra identidad conscientemente y a trabajar por ser dignos, dignas, de llevarla encima. Se lo oí a un sacerdote en una homilía y mis oídos se estremecieron ante una afirmación tan rotunda y tan, he de  reconocerlo, profundamente verdadera. Dijo: «la señal de los cristianos no es la cruz sino el amor».

La cruz es un elemento clave porque nos recuerda que Cristo se entregó hasta la muerte por  cada uno de nosotros.

Y a veces, es verdad, nos quedamos mirando las heridas que sangran y se nos pasa por alto el motivo, que no es el odio, ni la soledad, ni el abandono, el único motivo por el que Cristo está ahí clavado en la cruz es el amor. Tan fácil y tan complejo como amarnos a pesar de nuestras diferencias, a pesar de nuestras incomprensiones, a pesar de nuestros conflictos. Siempre, por encima, Jesús nos recuerda que ha de estar nuestro amor mutuo y que solo ese amor será la manera de reconocernos como hermanos, como hijos.

Hoy también es el día del amor. Feliz día. Feliz domingo.
 

MONICIÓN DE ENTRADA

Muy buenos días, hermanos. Sean bienvenidos a esta santa eucaristía, en el quinto domingo de Pascua. Hemos vivido ya cuatro semanas de Pascua y hemos inaugurado la quinta. Las lecturas bíblicas nos van ayudando a entrar cada vez con mayor conocimiento en lo que significa la vida nueva del Resucitado y las consecuencias que tiene para la comunidad cristiana. Agradecidos con Dios por lo que hace en nosotros, comenzamos la celebración de nuestra misa cantando con alegría…
 

TEXTO DEL EVANGELIO (JUAN 13, 31-33A.34-35)

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en Él. Si Dios es glorificado en Él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.

»Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros».
 

REFLEXIÓN: "JESÚS, EL PROTOTIPO DEL BUEN PASTOR", POR JAVIER LEOZ

1.- “La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros” (Jn 13.31-33a.34-35) La secularización lo invade y lo penetra todo. Si resulta difícil para un creyente descubrir y ver los signos de Dios en el mundo, ni que decir tiene que, al tibio en la fe, le resulta inconcebible y por otra parte de poco interés o práctico detenerse en esas disquisiciones. Mis interrogantes, en medio de esta Pascua, son las siguientes: ¿Sostenemos los cristianos la pancarta viva del amor de Jesús o, por el contrario, nos quedamos detrás de ella perdidos con un lenguaje y formas que muchos no comprenden, ni otros tantos entienden? ¿Somos señales por las cuales, aquellos que nos rodean y nos ven, (o que nos traicionan y lapidan) intuyen que Dios y Cristo condicionan y son decisivos en nuestros hechos y comportamientos?

2.- Hace algunos años un científico ateo ascendía a una gran montaña guiado por algunos cristianos. Observó que sus guías, cuando atardecía, se detenían en cualquier rincón y se ponían a rezar y celebrar la eucaristía. Se acercó el científico y les preguntó qué era lo que hacían. "Hacemos oración", contestaron. "¿Y a quién se dirigen en la oración?", volvió a preguntar. "A Dios", le respondieron. El científico sonrió maliciosamente y les preguntó: "¿Han visto ustedes a Dios alguna vez?". Le respondieron que no. "Y, ¿lo han tocado con sus manos?". Nuevamente le dijeron que no. "¿Han escuchado la voz de Dios con sus oídos?". La respuesta nuevamente fue negativa. El científico concluyó: "¡Entonces no sean ustedes locos! Si nunca han visto a Dios, ni lo han tocado, ni oído, ustedes no deben creer en Dios". Los cristianos no le dijeron nada por el momento. A la mañana siguiente, mientras amanecía con una aurora espectacular, el científico salió de la carpa y, al ver las huellas de un león, les comentó a los guías: "Por aquí pasó un León". Uno de los cristianos le preguntó al ateo: "Pero señor, ¿acaso ha visto usted al león?". "No lo he visto", respondió. Volvió a preguntarle: "O, ¿acaso lo oyó cuando pasó por aquí?". "Nada de eso", dijo el científico. "¿Lo tocó con sus manos?", insistió el guía. "Tampoco". El cristiano concluyó: "Entonces usted está loco: ¿Cómo puede creer que pasó por aquí un León, si usted no lo vio, ni lo oyó, ni tocó con sus manos?". El científico, señalando el suelo, repuso enojado: "Es que aquí sobre la arena están las huellas del León". Entonces el cristiano, mirando el cielo y señalando la aurora que asombraba a todos, concluyó: "Señor, ahí tiene usted las huellas de Dios; por tanto, no cabe duda de que Dios existe y actúa. Un Dios que también lo ama y ha dejado su huella en toda la creación, incluso en usted mismo, aunque usted no lo reconozca".

3.- HUELLAS DE DIOS: Si somos abiertos a lo nuevo sin olvidar ni dejar lo esencial: el mensaje de Jesús --Si, en la forma de ser y actuar, se nota que Dios modela toda nuestra existencia --Si no nos quedamos instalados en lo “de siempre” y nos abrimos con tesón y sin vergüenza a un mundo que mayormente le preocupa lo inmediato pero que, por otro lado, pregunta por lo que no conoce --Si descubrimos, en nosotros primero, la presencia de un Dios que nos exige sólo una cosa: amarnos --Si, con humildad, reconocemos que “esa sola cosa” que nos pide nos la puso difícil el Señor: amarnos como El nos amó (desde Dios). No es complicado amar (como nosotros lo hacemos) la cuesta arriba se nos presenta cuando tenemos que amar como Jesús amó. Es la mejor señalización para que los demás descubran que la FE no es un dictado que se dice o se acoge de memoria.

4.- UN MANDAMIENTO NUEVO PARA UN MUNDO NUEVO: La libertad nos deja libres… si la empleamos para hacer felices a los demás y no para que sean nuestros esclavos El diálogo nos hace hermanos… si lo utilizamos para acercarnos y no para imponer nuestros criterios El compartir es sinónimo de amor… cuando no se mira a quién se da ni se espera nada a cambio El amor es cristiano… cuando tiene su origen en Cristo y se ofrece al otro La alegría es contagiosa… si nace espontáneamente de un corazón ocupado por Dios y no preocupado por las cosas La esperanza tiene futuro y nos empuja hacia delante… si no se conforma con lo que ve y lucha por lo que está por venir El amor es siempre nuevo… si no se mide por horas El amor es siempre nuevo… si no se utiliza con segundas intenciones El amor es siempre nuevo… si bebe de la misma fuente que Jesús: DIOS El amor es siempre nuevo… si no apunta favores con nombres y apellidos El amor es siempre nuevo… si no hace de su entrega una farsa El amor es siempre nuevo… si no busca otro interés que el agradar El amor es siempre nuevo… si no habla y actúa El amor es siempre nuevo… si no se repliega en uno mismo El amor es siempre nuevo… si rompe moldes y vergüenzas El amor es siempre nuevo… si no juzga por lo que ve y se brinda a costa de todo El amor es siempre nuevo… si no se confunde “hacer el bien” con “una simple ONG” El amor es siempre nuevo… si busca su ser en la transparencia y no en la apariencia El amor es siempre nuevo… si es como la nieve: cae suavemente y sin meter ruido El amor es siempre nuevo… si es como el agua: por donde pasa genera vida El amor es siempre nuevo… si es como la luna: ofrece luz en la oscuridad El amor es siempre nuevo… si es como el sol: calienta a todos por igual El amor es siempre nuevo… si es como las estrellas: guían en las dificultades El amor es siempre nuevo… si es como la tierra: germina cuando se siembra El amor es siempre nuevo… si es como Jesús: gratuito, inmenso y universal El amor es siempre nuevo… si es como el Espíritu: sopla suavemente y en todas direcciones El amor es siempre nuevo… si es como Dios: ama sin distinción El amor es siempre nuevo… si es como María: está al pie de la cruz y a la puerta de la Resurrección El amor es siempre nuevo… si es como la Pascua: anuncio de VIDA El amor es siempre nuevo… si es como Pentecostés: quema odios y divisiones El amor es siempre nuevo… si es como el Evangelio: no se proclama… se vive y se ofrece.
 

ORACIÓN DE LOS FIELES

Invoquemos, queridos hermanos, a Dios Padre Todopoderoso, y, confiados en la resurrección de su Hijo, pidámosle que escuche nuestra oración.

Contestaremos todos: «HAZ QUE TE GLORIFIQUEMOS, SEÑOR».

1. Por el papa Francisco, obispos y sacerdotes, para que no olviden que son presencia del amor de Cristo en el mundo, llamados a anunciar lo que por amor les a sido revelado para que, a través de ellos todos los hombres encuentren a Dios. Oremos.

2. Por aquellos que tienen la responsabilidad del gobierno de los pueblos, para que, imitando el modo de amar y servir de Cristo, se comprometan en el desarrollo de iniciativas que privilegien la igualdad y la fraternidad entre los pueblos. Oremos.

3. Para que el mandato de «amarnos los unos a los otros como Dios nos ha amado», permita que nuestros corazones se conmuevan y lleven el auxilio que los más necesitados de nuestro medio claman con urgencia. Oremos.

4. Por nosotros, para que experimentemos en nuestras vidas el amor de Cristo resucitado y llevemos, con alegría, el gran anuncio del mandamiento nuevo que Jesús nos hace hoy. Oremos.
 

ORACIÓN

POR TI, SEÑOR
Daremos razón de tu nombre,
aunque, el hablar de ti,
nos cause desasosiego o incomprensión
Ofreceremos, nuestras manos abiertas,
aún a riesgo de ser tratados como ilusos
de que, lo que damos o hacemos,
no sirve de nada ante un mundo
en el que sólo se valora lo que se paga.

POR TI, SEÑOR
Miraremos al cielo buscando
un rasgo de tu presencia
Miraremos hacia el duro asfalto
para llevar tu Buena Noticia
la alegría de tu ser resucitado
tu Palabra, como aliento y vida
tu rostro que tonifique nuestra triste existencia.

POR TI, SEÑOR
Amaremos, aun no siendo amados
Y, en medida rebosante y sin cuenta,
colmaremos y calmaremos
los corazones que necesitan paz
las almas que se han tornado en tibias
los pies que se resisten a caminar
los ojos que se han quedado en el vacío.

POR TI, SEÑOR
Mantendremos, eternamente nuevo,
el mandamiento que Tú nos dejaste:
amar, sin mirar a quién
amar, sin contar las horas
amar, con corazón y desde el corazón
amar, buscando el bien del contrario
amar, buscándote en el hermano.

 

domingo, 8 de mayo de 2022

Domingo da IV Semana de Pascua

8 de mayo de 2022. Festividad de Nuestra Señora de Luján. Domingo del Buen Pastor

"Desde el comienzo del cristianismo, el «buen pastor» es la imagen de Jesús de Nazaret que, en su calidad de pastor, cuida y salva a su rebaño"

DOMINGO DEL BUEN PASTOR

Desde el comienzo del cristianismo, el «buen pastor» es la imagen de Jesús de Nazaret que, en su calidad de pastor, cuida y salva a su rebaño. Desde los tiempos del cristianismo primitivo se asoció la imagen del pastor que sale en busca de la oveja perdida con la de Cristo como Buen Pastor.

¿Quién es un verdadero pastor? Un pastor es una persona a la que se ha conferido autoridad dentro de una iglesia cristiana para dirigir y cuidar una congregación de creyentes.

¿Qué hace el pastor con sus ovejas? Un pastor cuida a sus ovejas. Les ayuda a encontrar comida y agua. No las deja lastimarse ni perderse. Las conoce y las ama y daría su vida para salvarlas.

“Yo doy mi vida por las ovejas”. No se trata de dar la vida muriendo, sino de poner toda tu vida al servicio de los demás. Solo lo que se da, se gana. Todo lo que se guarda, se pierde.
 

MONICIÓN DE ENTRADA

Hermanos en Cristo, muy buenos días: cada año la iglesia celebra la fiesta del Buen Pastor" en el cuarto domingo de Pascua. Jesús nos conoce a cada uno de nosotros íntimamente, como la palma de sus manos, y nos ama tan profundamente que de su propia voluntad entrega su vida por nosotros. Él es el único mediador de la salvación. Por el bautismo somos hijos de Dios que, a veces, tenemos que sufrir al igual que lo hizo nuestro líder, pero que, si permanecemos fieles a él, seremos partícipes de su gloria celestial cuando lo veamos cara a cara. Agradecidos a Cristo, nuestro buen pastor, por el inmenso amor que nos tiene, pongámonos de pie para recibir la procesión de entrada mientras cantamos.
 

TEXTO DEL EVANGELIO (JUAN 10, 27-30)

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».
 

REFLEXIÓN: "JESÚS, EL PROTOTIPO DEL BUEN PASTOR", POR JAVIER LEOZ

1.- LA FIGURA DEL BUEN PASTOR NOS INTERPELA A: -Ser menos jefes y más pastores de la Iglesia -Pedir a DIOS que necesitamos más pastores en su Iglesia y menos jefes en la iglesia -A no poner excesivo peso en los hombros de los demás y a cargar, cuando haga falta, con aquel que –tal vez- está un poco cansado -A no conformarnos con aquellos que están alrededor y sí a, salir de nuestro círculo con valentía, para recuperar a los que hace tiempo se perdieron, los perdimos o los dejamos escapar.

2.- LA FIGURA DEL BUEN PASTOR NOS URGE A: -No ser funcionarios eclesiales y sí personas que quieren ser felices llevando el mensaje de Jesús. -Mirar a los ojos a los que, tal vez, hemos olvidado o marginado porque nos resultaban incómodos o proféticos para nuestra vida. -Realizar un esfuerzo mayor en el conocimiento, y menos en los juicios, sobre aquellos a los que desde nuestra posición privilegiada castigamos con el látigo de la indiferencia.

3.- LA FIGURA DEL BUEN PASTOR NOS EMPUJA A: -Preguntar por aquellos que, tal vez, se encuentran inmersos en mil soledades, al borde del “crac” personal o de una “ruptura existencial”. -Interesarnos por aquel al que le pusimos veto en nuestro redil. -Curar las heridas producidas por la excesiva dureza del cayado con unos o...por la blandura y el consentimiento del mismo cayado con otros.

4.- LA FIGURA DEL BUEN PASTOR NOS ENSEÑA A: -Salvar a personas, con nombres y apellidos concretos, que viven circunstancias de orfandad y de decepción, de pasotismo o indiferencia. -A comprender y liberar (no indagar) en las historias personales de aquellos que viven bajo el peso de ellas. Si Dios perdona… ¿nosotros por qué no? -A dar la vida (en gestos y palabras, en decisiones y cercanía) no a los pocos que tal vez eclipsan la realidad donde vivo sino, también, por aquellos otros que han visto para siempre algunas puertas.

5.- LA FIGURA DEL BUEN PASTOR NOS INVITA A: -Poner menos empeño en actividades, reuniones y delegaciones....y a interesarnos más por aquellos pastores que dando el todo de su vida se encuentran al borde de muchos precipicios. -Cerrar el paraguas de tantas ideas que gastan a las personas y que se quedan sobre la mesa y...a recorrer muchos caminos que nos llevan a esas personas, a sus circunstancias y a su realidad concreta. -Construir una Iglesia donde, de verdad, sintamos la presencia del Pastor (Jesús) por el testimonio, la palabra, el interés, la cercanía, la comprensión, etc., a través de aquellos pastores que hablan y actúan en su nombre.
 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Para que el papa, los obispos y todos los que tienen alguna misión pastoral sigan las huellas de Cristo, que está en medio de nosotros como el que sirve. Roguemos al Señor.

2. Para que nuestros gobernantes aprendan de Jesús a servir y no a servirse del pueblo. Roguemos al Señor.

3. Por los más necesitados de nuestros pueblos, especialmente por los jóvenes que han caído en la delincuencia, los vicios y la corrupción, para que la voz del Buen Pastor suene en su interior y resplandezca esa luz que les saque de las tinieblas. Roguemos al Señor.

4. Por los que este día compartimos la Santa Misa en torno al Buen Pastor, para que al escuchar su voz nos comprometamos a hacer vida su mensaje y vivir en unidad. Roguemos al Señor.
 

ORACIÓN

Señor, hay «amores»
que duran lo mismo que una moda.
Tú, en cambio, Jesús,
has dejado en mi vida una huella
que, como el amor auténtico,
no pasa nunca.
Acéptame como seguidor,
como peregrino y compañero
en tu misma senda.
Enséñame a ser
protagonista de mis propios pasos,
para ofrecer un rastro de tu luz,
a quienes aguardan al borde del camino.
Hazme dejar huellas que guíen,
hazme testigo. Amén.

 

lunes, 2 de mayo de 2022

Pistas para a formación litúrxica de Pastoral

"La vida litúrgica de la Iglesia se ha desarrollado y profundizado en general con renovado vigor en las encrucijadas culturales de la historia"

Heredada de la tradición apostólica, la oración de la Iglesia está necesariamente enraizada en la tradición histórica y abierta al futuro. Es riqueza siempre viva de la fe, sabiduría y vida de comunidad cristiana, y como tal está llamada a desarrollarse en un proceso orgánico de su doctrina y ritos.

La reforma litúrgica, y el Misal de san Pablo VI, constituyeron un cambio a un nuevo modelo. Lo hizo respetando los elementos nucleares, es decir las constantes, o verdades inalterables de la tradición viva de la Iglesia; en concreto, manteniendo el desarrollo orgánico de su estructura y sus formas litúrgicas. Esta reforma está abierta de cara a un futuro.

Necesitamos hoy una renovada integración de fe y cultura; lo cual implica necesariamente un camino de conversión y evangelización. Esta abarca todo el ámbito de la misión de la Iglesia, y no puede limitarse a la liturgia celebrada. Como expresión de la misma iglesia, la Eucaristía, sin embargo, estará siempre en el centro de esta evangelización, y seguirá siendo fuente de actualización y progreso futuro, no puede aislarse de los problemas socioculturales de cada época. Así ha sucedido a través de distintas épocas culturales, especialmente en la época patrística y en el posterior desarrollo de una cultura cristiana.

A esta integración se la ha llamado en términos generales proceso de inculturación. Es un proceso complejo y secular de la Iglesia en dialogo con cada cultura; presupone la evangelización y se realiza a diversos niveles y en distintas fases. Fluye de la realidad de la Eucaristía y del Misterio pascual, en una Iglesia misionera bajo la guía del Magisterio y movida por el Espíritu Santo. A este respecto recientemente el papa Francisco ha hablado de la importancia de conocer mejor en la Iglesia la existencia de una iniciativa importante de inculturación de hace varias décadas.

No existe un siglo de oro de la tradición litúrgica, ni un periodo normativo, pero si hubo períodos de multiforme creatividad, y asimismo de estancamiento cultural; de florecimiento de la espiritualidad litúrgica, o de su regresión a prácticas devocionales. Cada época se enfrento a los cambios culturales e ideas religiosas predominantes, desarrollando la vida litúrgica y sacramental que necesitaba la Iglesia.

Para que la liturgia eucarística siga progresando hacia la meta marcada por el Concilio, como fuente y culmen de la vida y misión de la Iglesia, necesitamos esta visión de conjunto.

“La liturgia, testigo privilegiado de la tradición viva de la Iglesia… vive de una relación correcta y constante entre santa traditio y legitima progressio…la tradición es una realidad viva y por ello incluye en si misma el principio del desarrollo, del progreso. (Benedicto XVI, discurso a los participantes en el convenio del Pontificio Ateneo de san Anselmo, mayo 6, 2011)”.

A modo de ejemplo, los Padres de la Iglesia (siglos IV-VI-II) fueron maestros de creatividad y profundización de la originalidad cristiana. Fue un período fecundo en el que se llevó a cabo un largo proceso de maduración e inculturación litúrgica. Los Padres seguirán siendo en nuestro tiempo insustituibles para la renovación de la teología y espiritualidad litúrgicas. Gracias a ellos hemos podido renovar la Iniciación cristiana, en especial el RICA.  Sin sus catequesis mistagógicas no podríamos avanzar hoy en la participación litúrgica y en la evangelización.

Los ejemplos podrían multiplicarse en cualquier otra época cultural. En todas ellas prevalece una constante: el sentido profundo de adoración y recogimiento en la celebración del Memorial del Señor. Así, la litrugia se fue renovando, por ejemplo, en el Barroco con un proceso de culturación creativa que hizo florecer el sentido de adoración y asombro en las celebraciones eucarísticas y fuera de ellas. La piedad popular se tradujo en un tono de fiesta y esplendor característico de las solemnidades.  Como consecuencia, fueron surgiendo una gran diversidad de prácticas de adoración al Santísimo.

Contemporáneamente se desarrollaron las artes, especialmente la arquitectura y polifonía religiosa. Durante todo este largo período de siglos el culto de la Iglesia encontró su camino de adaptación, a pesar de la rigidez litúrgica de las rúbricas impuestas por Trento e implantadas en el Misal de sal Pio V.

La vida litúrgica de la Iglesia se ha desarrollado y profundizado en general con renovado vigor en las encrucijadas culturales de la historia; pese a ciertos periodos de involución.

Con la guía del Magisterio, al igual que la vida eclesial, la liturgia sacramental seguirá renovándose, fiel a su patrimonio histórico y la búsqueda de Dios en nuestro mundo contemporáneo. Ya que posee en sí misma un dinamismo innato del “sentido de la fe”, o instinto de adaptación y progresivo enriquecimiento. Es el instinto por vivir intensamente el Misterio del Verbo encarnado y pascual de Cristo bajo la guía de su Espíritu. Liturgia: tradición y progreso.

domingo, 1 de mayo de 2022

Domingo da III Semana de Pascua

1 de mayo de 2022. Festividad de san José Obrero

"El mayor respaldo a nuestra fe viene de aquellos hombres que, sin dudar un solo instante, lo dejaron todo para dispararse por los cuatro puntos cardinales pregonando aquella buena noticia"

DÍA DE LA MADRE Y FIESTA DEL TRABAJO

Después de la resurrección de Jesucristo ha llegado para los apóstoles la hora de la misión. El número ciento cincuenta y tres de peces pescados milagrosamente simboliza el carácter pleno y universal de la misión de los discípulos y de la Iglesia. A Pedro, Cristo resucitado le dice por tres veces cuál ha de ser su misión: "Apacienta mis ovejas" (Evangelio). Después de Pentecostés los discípulos comenzaron a poner en práctica la misión que habían recibido, predicando la Buena Nueva de Jesucristo (primera lectura). Forma parte de la misión el que los hombres no sólo conozcan a Cristo, sino que también lo adoren como a Dios y Señor (segunda lectura).

En la misa se puede celebrar a las mamás con algunos signos y gestos:

· Como signo, tener mas destacada la imagen de la Virgen, con mas flores, etc.
 ·Las lecturas y guías de la misa pueden hacerlas mamás
 ·En la Oración universal incluir algunas peticiones por ellas (por ejemplo): “Pidamos al Dios de la Vida por nuestras Madres y todas las madres, especialmente las presentes; para que el Señor les retribuya todo el bien que nos han hecho desde el momento de nuestra concepción”.
· Participación de las madres en las ofrendas: Imagen de María, representando su intención de ser como ella; Entrega de tarjetas hechas por los niños previamente.
· Entregar tarjeta con imagen de María y oración para que los niños pongan su foto y coloreen.
· Al final de la misa, antes de la bendición: se pueden realizar algunos signos: Se invita a las mamás presentes a ponerse de pié, luego el sacerdote les da una bendición especial:
 

MONICIÓN DE ENTRADA

Muy buenos días, queridos hermanos, os damos una fraternal bienvenida a este lugar Santo en el que nos congregamos para celebrar la Santa Misa en el III domingo de Pascua. El Señor resucitado se nos hace presente; en verdad está con nosotros. Reconozcámoslo en nuestra asamblea; en la palabra que escucharemos; en el alimento santo que vamos a compartir. Con gozo y ensalzando al Señor que nos ha librado, entonamos el canto de entrada, de pie, para comenzar esta Santa Misa…
 

TEXTO DEL EVANGELIO (JUAN 21, 1-19)

En aquel tiempo, se apareció Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.

Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?». Le contestaron: «No». Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor». Al oír Simón Pedro que era el Señor se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.

Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos». Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas». Le dice por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».
 

REFLEXIÓN: "APARECE EL SEÑOR Y TODO AMANECE", POR JAVIER LEOZ

El domingo pasado, aquellos que eran amigos y apóstoles, estaban con las puertas cerradas a cal y canto; hoy tímidamente y al aire libre. Aquel día paralizados y petrificados por el miedo; hoy más sueltos aunque sin tener demasiado claras las ideas. Entonces asustadizos por los acontecimientos que se habían dado en Jerusalén; en este instante vueltos a la normalidad en su ser pescadores…pero con las redes vacías. Estaban tan acostumbrados a vivir al calor y al amparo del Maestro que se habían olvidado hasta de trabajar para vivir y, cuando regresan a lo de siempre, la suerte les da la espalda: ¡no hemos pescado nada! ¡Cuántos momentos y sucesos entrañables les vendrían a la memoria de aquellos hombres!; tormentas calmadas; Pedro sobre las aguas; curaciones; resurrecciones; idas y venidas; ¡todo! (pensaría alguno para sus adentros) fueron horas felices que quedaron para siempre en el pasado:

- Allá en el mar de Galilea Jesús los constituyó en el grupo de los “doce”.

- En la arena sus ojos se cruzaron con los de Jesús….oyeron su voz y, dejándolo todo, lo siguieron.

- Al murmullo de las aguas, tranquilas pero llenas de vida, contemplaron absortos la multiplicación de los panes y de los peces.

2.- Uno a uno, ¡ay si hablase Tiberíades!, repetiría la misma propuesta con la misma respuesta: ¡seguidme!... ¡contigo iremos Señor! Y, en el amanecer, cuando aquellos amigos que parecían vencidos por una pesca estéril e infructuosa, cuando el silencio era tenso por la ausencia de Aquel que en el corazón estaba presente…. de nuevo suena la misma voz con llamada al ánimo y a la esperanza, a la insistencia y al desafío: ¡echad de nuevo las redes! -Lo desconocido se hace amigo -Los ojos cansados se transforman en asombro -El ayer, de repente, se actualiza, se retoma… ¡amanece con el Señor! Y se rompen y saltan por los aires, una vez más, esquemas y redes, sayales y olas, tristezas y sufrimientos, dudas y noches oscuras. ¡Al amanecer, una vez más, Jesús lo hace todo nuevo! En el amanecer de aquel día, el intuitivo Juan, supo reconocer al que en una mesa de Jueves Santo le dejó que reclinase en su pecho. ¡Es el Señor! Los gestos se repetían con la complicidad de los que nunca jamás olvidaron. Después de “cortarse el fuego” amanece. Jesús, como una luz frente a la oscuridad. Sin su presencia todo esfuerzo habría sido en balde. Con su aparición toda expectativa se queda corta. ¡Es el Señor!

3.- A pie de tierra, el Resucitado (que habla, bendice, indica y comparte) que tiene mucho de Señor y otro tanto de “siervo mayor” se sienta y los hace sentar a los que un día llamó en ese mismo lugar para que descubran en la amabilidad y en la afabilidad, en la sencillez y en el servicio, en la amistad y en el compartir… sigue tan vivo como aquella primera vez….como la primera vez de aquel encuentro inolvidable en el lago. ¡Es el Señor! Y la noche, que infundía temor y cólera, abatimiento y desesperanza, se transforma en una jornada resplandeciente e iluminada por la presencia de Aquel que, una vez más, les sorprende, les llena y les habla con palabras y gestos de amigo. ¡Es el Señor! Y con el Señor las cosas toman un cariz totalmente distinto. El trabajo se convierte en misión y la iglesia, a pesar del cansancio, retoma el impulso perdido sabiendo que, cuando Cristo está en el centro, nada es imposible para Aquel que la sostiene. ¡Es el Señor!

4.- ¿Con qué signos se acerca hoy el Resucitado hasta nosotros? -No con redes o seminarios rebosantes de peces o llamados al sacerdocio…..y sí con rostros cargados de tristezas y de miserias. Con rostros doloridos por fracasos e incomprensiones, luchas y desatinos, dejadez o desencanto. -No con brasas o dinámicas de trabajo en las que a veces nos malgastamos y nos empeñamos en una agenda interminable……y sí con una llamada responsable a ser iglesia, mejor iglesia, con menos círculos cerrados y alejándonos de la imagen de un simple cortijo donde unos pocos dirigen, y los demás bregan y dejan la piel en la pesca (cada día más difícil) de ese mar inmenso que es el mundo que nos rodea. -No en lagos, barcas o reuniones que ponen al descubierto diferencias y discrepancias y siempre con más de lo mismo....y sí con una lectura reposada de su Palabra, con una vuelta a su Evangelio, con una sinceridad de vida, con un trabajar más y más horas en favor de su Reino, con un bajar a la realidad y a la vida de tantos que siguen remando mar adentro pero necesitados de palabras de aliento y de consuelo. ¡Es el Señor! Malo será que, por estar tan pendientes del micrófono y de las luces, de las flores y de las convocatorias, de los departamentos y de tanto montaje……olvidemos que el Señor nos exige y nos invita echar las redes en otras direcciones y, a veces, hasta con otras personas. Cuando los responsables de la evangelización se empeñan en mantener, al frente de sus estructuras, a agentes de pastoral gastados e indefinidamente perpetuados en los cargos, en vez de aparecer el Señor…..suele surgir el desencanto y la ralentización, no tanto por las ideas, cuanto por la incapacidad limitaciones naturales de llevarlas a cabo.
 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por el papa Francisco, sucesor de Pedro, para que continúe con valentía cumpliendo la misión de apacentar a las ovejas, auxiliado por el Espíritu Santo, en estos tiempos tan difíciles en los que hay que dar testimonio incluso con la propia vida. Oremos.

2. Por la Iglesia; para que, caminando al paso de la humanidad, sepa llevar a todos la esperanza gozosa de la resurrección en Cristo, Oremos.

2. Por los gobernantes de nuestro país, para que Cristo resucitado sea el modelo a seguir en la conducción de la nación. Oremos.

3. Por los que sufren viviendo sin fe, los que caminan sin esperanza, decepcionados, como los dos de Emaús; para que el Señor Jesús camine junto a ellos, abra sus ojos y encienda sus corazones, roguemos al Señor.. Oremos.

4.Por nosotros, aquí reunidos; para que seamos capaces de reconocerle a él en el prójimo, que camina a nuestro lado, en la sagrada escritura, en la comida eucarística, al partir el pan. Oremos.
 

ORACIÓN

Oh Dios, autor y protector de la vida humana
que haz concedido a estas hijas tuyas
el gozo de la maternidad,
dígnate aceptar nuestra alabanza
y escucha con bondad lo que te pedimos:
Que las guardes de todo mal,
que las acompañes siempre en el camino de esta vida
y que a su tiempo, las acojas en la felicidad
de tu morada eterna.
Por Jesucristo Nuestro Señor

miércoles, 20 de abril de 2022

¿QUE SIGNIFICA A RESURRECIÓN DE XESÚS PARA NÓS..?

Si el Evangelio en definitiva es Jesús, lo que es y significa Jesús sólo se descubre a partir de su resurrección. Todo el cristianismo se puede resumir en estas tres palabras: Jesús ha resucitado.

Nos encontramos ante la cuestión más desconcertante que se haya planteado jamás al espíritu humano y ante la frontera que separa necesariamente la fe de la increencia. Para quien no cree, la resurrección de Jesús es lo totalmente inadmisible. Para quien cree, es el coronamiento de la historia, la confirmación de que la salvación del hombre no es una ilusión, sino una realidad, la victoria decisiva sobre todo mal y todo límite humano.

1. El anuncio de la resurrección

Según nos cuentan los evangelios, la resurrección de Jesús encontró a los discípulos en una situación de desánimo y desilusión por el final sin gloria de su Maestro. Se había transformado en tristeza el entusiasmo suscitado por la predicación y los milagros de Jesús.

Ciertamente Jesús les había anunciado varias veces que después de su muerte resucitaría (cf. Mc 8,31ss; 9,31ss; 10,34ss). Pero este anuncio no pareció calar en la mente de los discípulos. Su muerte les provocó un dolor tan profundo como para anular toda esperanza. Por eso el Resucitado tuvo que reconquistar su confianza a través de una larga pedagogía de encuentros y de pruebas sobre su nueva realidad: tuvo que hacerse tocar por Tomás (cf. Jn 20,27), caminar (cf. Lc 24,15), comer con ellos (cf. Lc 24,30 y 43; Jn 21,10-12). Y son frecuentes las reprensiones de Jesús resucitado frente al estupor y la incredulidad de sus discípulos: «¡Qué necios y qué torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?» (Lc 24,25-26); «¿Por qué os alarmáis? ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior?» (Lc 24,38). Es ejemplar el episodio de los discípulos de Emaús, que se alejan de Jerusalén tristes y desilusionados por el naufragio de sus sueños: «Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto» (Lc 24,19-21).

El acontecimiento de la resurrección les resultó, pues, totalmente inesperado. Y fue la luz de la Pascua la que les permitió comprender la verdadera realidad de Jesús. Entonces pasaron de un conocimiento superficial e incompleto a la confesión convencida y el anuncio infatigable, hasta la entrega de la propia vida. La resurrección restituyó a Pedro y a sus compañeros la fe y el entusiasmo por Jesús, convirtiéndoles en difusores tenaces y perseverantes del Evangelio de salvación.

A partir de aquel acontecimiento, la Buena Noticia se concentra en un hecho fundamental: Jesús ha resucitado. Así lo vemos en los primeros discursos que encontramos en los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch 2, 14-39; 3, 13-16; 4, 10- 12). Tiene razón el Catecismo de la Iglesia Católica cuando afirma: «La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la Tradición, establecida por los documentos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del Misterio pascual al mismo tiempo que la cruz» (n. 638).

Y esta centralidad se observa sobre todo en el escritor más antiguo y prolífico del Nuevo Testamento, el apóstol Pablo. A los fieles de Corinto, que albergaban dudas sobre la realidad de la resurrección, les escribe con gran sinceridad: «Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo. Además, como testigos de Dios, resultamos unos embusteros» (1 Cor 15,14-15). Y, para demostrar la realidad y la verdad de este hecho, Pablo cita el más antiguo documento de la fe cristiana, escrito alrededor del año 40 (¡sólo diez años después de la muerte y resurrección de Jesús!): «Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, que fue sepultado y resucitó al tercer día, según la Escrituras; que se apareció a Cefas y, más tarde, a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí» (1 Cor 15, 5-8). El apóstol emplea aquí los verbos «fue visto», «apareció», que se refieren a percepciones reales y externas al sujeto, no a sueños o visiones subjetivas. Y hace un elenco de testimonios del Resucitado, escogidos entre los más autorizados.

2. ¿En qué consistió la resurrección?

En el Nuevo Testamento, el acontecimiento de la resurrección se expresa con varias palabras: exaltación, glorificación, ascensión, señorío cósmico, entrada en el santuario del cielo, presencia… Pero se prefiere el término «resurrección» porque es el más claro y completo para indicar que el que había muerto ha vuelto a la vida.

Para comprender lo que sucedió, vale la pena ver primero lo que no es la resurrección:

  1. No es «revivir», es decir, volver a la vida terrena como antes. Eso es lo que hizo Jesús con Lázaro, con el hijo de la viuda de Naim y con la hija de Jairo: restituyó su cuerpo a la vida ordinaria. Pero después volvieron a morir.
  2. No se trata tampoco solamente de la «inmortalidad del alma», que sería una especie de resurrección a medias. La resurrección se refiere a la entrada en la vida sin fin de toda la humanidad de Jesús, incluido su cuerpo. Por eso el sepulcro quedó vacío.
  3. Tampoco se trata de una «reencarnación», como admiten el hinduismo y el budismo, que consiste en la transmigración del alma a un cuerpo distinto. El cuerpo de Jesús sigue siendo el mismo.
  4. Mucho menos es como un «recuerdo vivo» de Jesús, que habría provocado en sus discípulos la convicción de que seguía presente. Porque fue el encuentro con Jesús resucitado lo que suscitó en sus discípulos la fe en la resurrección, no al revés.
  5. Y tampoco se trató de una realidad «inventada» por los discípulos por fraude o alucinación. Después de la muerte de Jesús, los discípulos estaban tristes, miedosos, incrédulos, escépticos. Sólo un gran acontecimiento pudo cambiarlos, devolviéndoles el primitivo entusiasmo por Jesús y por su seguimiento.

Entonces, ¿qué pasó exactamente?

Hay que decir, ante todo, que los evangelios no nos describen el hecho mismo, el momento de la resurrección, sino sus consecuencias: que el sepulcro ha quedado vacío y que los discípulos vuelven a ver al mismo Jesús de antes, incluso con las llagas de su pasión en el cuerpo; pero con un cuerpo que, siendo el mismo, está en una situación diferente.

Esta situación diferente queda resaltada por el hecho de que Jesús puede entrar en una sala estando las puertas cerradas (cf. Jn 20,19 y 26). Y sobre todo porque no es reconocible a primera vista. No es la Magdalena o los discípulos los que lo reconocen, sino que es Jesús quien les concede la gracia de dejarse ver y reconocer (cf. Jn 20,14-16; 21,4-7).

San Pablo, que es quien más ha reflexionado sobre este asunto, explica que lo que ha ocurrido es una transformación gloriosa del cuerpo de Jesús, que, al ser traspasado por el soplo vital del Espíritu creador, ha sido transformado de corruptible en incorruptible, de débil en fuerte, de mortal en inmortal (cf. 1 Cor 15,35-58). Es decir, el cuerpo de Jesús, aun manteniendo su identidad y realidad humana, fue capacitado para vivir eternamente en Dios. Porque lo que realmente sucede después de su muerte es que el Hijo de Dios vuelve a entrar en la comunidad de amor del Padre pero ya con su humanidad resucitada. El Verbo que estaba desde siempre junto al Padre, se encarnó tomando una humanidad como la nuestra. Ahora vuelve al seno de la Trinidad, pero como Dios y hombre para siempre.

3. ¿Qué significa la resurrección de Jesús para nosotros?

Dice San Pablo: «Si tus labios profesan que Jesús es el Señor y tu corazón cree que Dios lo resucitó, te salvarás» (Rom 10,9). Por tanto, la resurrección no sólo tiene consecuencias para la persona de Jesús, sino también para nosotros. ¿Cuáles son estas consecuencias?

  1. La resurrección de Jesús crea una nueva humanidad. Recompone definitivamente la amistad entre Dios y los hombres, y abre para éstos la fuente de la vida divina. Jesús resucitado arrastra en su triunfo a todos los hombres porque tiene el poder de transformarlos a su imagen, liberándolos de la esclavitud del pecado y de sus consecuencias: la muerte y el mal físico, moral y psicológico. Esta repercusión benéfica de Cristo resucitado para el hombre, queda muy bien ilustrada en la curación del lisiado que pedía limosna en el Templo por Pedro. El apóstol le dio lo mejor que tenía, el don de Cristo resucitado: «No tengo plata ni oro, te doy lo que tengo: En nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar» (Hch 3,6-8). El vigor físico recobrado y el gozo espiritual del lisiado, que da un salto y se pone a alabar a Dios, es señal de la nueva humanidad inaugurada y realizada por la resurrección de Jesús. El hombre recupera su libertad integral.
  2. La resurrección de Jesús es el cumplimiento de la esperanza humana de inmortalidad. El hombre nunca se ha acostumbrado a morir, siempre ha soñado con vivir para siempre. Pero la dura experiencia de la vida le ha amargado siempre con la perspectiva del sufrimiento inevitable y de la muerte. Pues bien, ahora descubre que el dolor y la muerte no son la última palabra, que la vida no es un enigma sin meta ni salida. Lo que le ha pasado a Jesús nos pasará también a nosotros, su resurrección es fundamento y garantía de la nuestra.
  3. La resurrección de Jesús nos da una nueva luz y una nueva energía para soportar las dificultades de la vida. En ella hemos aprendido que Dios no es alguien que se conforme con las injusticias, como la de matar al mejor hombre que ha pisado nuestra tierra. Que Dios no ha creado hijos para que acaben en el sufrimiento y la muerte. Desde entonces sabemos que nuestras cruces acabarán en felicidad, nuestro llanto en cantares de fiesta. Que todos los que luchan por ser cada día más hombres, un día lo serán. Que todos los que trabajan para construir un mundo más humano y justo, un día lo disfrutarán. Que todos los que creen en Cristo y le siguen, un día sabrán lo que es vivir. Que todos los que tienen sed de amor, un día quedarán saciados.
  4. La resurrección de Jesús hace posible nuestro encuentro con él. Jesús es el Viviente que, estando ya junto al Padre para interceder por nosotros, se hace presente en nuestra vida para acompañarnos en nuestro caminar: «Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). La vida de cada uno de nosotros la vivimos dos, Jesús y yo. Y esta presencia amorosa y liberadora de Jesús en nuestras vidas cobra especial vigor cuando nos reunimos para la «fracción del pan». Porque en la eucaristía, no sólo recordamos su muerte y resurrección, sino que participamos realmente de su vida divina, hasta que lleguemos al encuentro definitivo.
  5. La resurrección de Jesús crea la Iglesia. Los discípulos se dispersaron en el momento de la pasión y de la muerte. Jesús resucitado los vuelve a convocar y establece definitivamente su familia, la Iglesia, que es la comunidad de los que han conocido la Buena Noticia de la resurrección y en la que se comparte y aviva la experiencia del Resucitado.
  6. La resurrección de Jesús nos envía como testigos a todo el mundo. En las apariciones, Jesús encargó a sus discípulos la misión definitiva: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo» (Jn 20,21). «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,18-20).
  7. La resurrección de Jesús es experiencia de misericordia y de perdón. Jesús perdona la traición de Pedro y el abandono de los demás discípulos. Pero, además, les encarga el ministerio del perdón: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos» (Jn 20,22-23).
  8. La resurrección de Jesús es un acontecimiento de verdadera promoción de la mujer. Los sentimientos profundos de fidelidad y de piedad de las discípulas de Jesús, les dieron el coraje de acompañarlo hasta la cruz y de ser las primeras en acercarse al sepulcro. Y Jesús se lo premió haciéndolas las primeras en recibir el anuncio jubiloso de la resurrección, las primeras en encontrarse con el Señor resucitado y las anunciadoras de la noticia a los apóstoles. Se produce aquí una revaloración radical de las mujeres. Para los judíos, no valía la pena perder el tiempo enseñando la Ley a las mujeres. Para Jesús, ya no son las últimas sino las primeras en conocer y transmitir la verdad fundamental de su resurrección.

A la vista de la importancia central de la resurrección de Jesús para nuestra vida, cabría hacer una última observación. La espiritualidad y la piedad cristiana tradicional ha insistido mucho en el acompañamiento del Jesús sufriente. Así se explica la importancia que tiene la Semana Santa y venerables prácticas piadosas como el «Vía crucis». Y esto ha quedado plasmado en la iconografía: Cristo crucificado es la imagen más frecuente en templos, casas y hasta en caminos. ¿Seguimos con igual intensidad a Cristo glorificado? San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, junto al «Vía crucis» (Camino de la cruz), propone un «Vía lucis» (Camino de la luz), es decir, una contemplación de catorce apariciones del Resucitado. ¿No necesitaríamos los cristianos actuales insistir más en la espiritualidad pascual, ser más expertos en el canto de la Pascua, que es el canto a la vida, al triunfo definitivo de todo lo que es vida?

Miguel Payá Andrés

 

lunes, 18 de abril de 2022

A CRUZ É A CARA VISIBLE DO AMOR DE DEUS

Sempre se dixo que a Deus xamais o viu ninguén. Aforismo falto de verdade, posto que Deus deixounos dous retratos de si mesmo: un deles é a cruz, xa que se amor escríbese con sangue, ningún retrato máis nítido de Deus-amor que a cruz do calvario. Alí o sangue do divino Salvador empapou o madeiro do Gólgota: sangran as chagas das súas mans e dos seus pés; sangue do seu costado aberto pola lanza; sangue na súa fronte coroada por espiñas. Se amor escríbese con sangue, ningunha páxina máis arroibada de agarimo que a escrita na tarde do primeiro Venres Santo. Alí o pecado do mundo e a bondade do Corazón de Deus déronse un abrazo redentor. O negro, cor do odio dos homes, cambiou, e o amor do fillo de Deus brillou como nunca o sol brillara xamais. A escuridade da mañá do paraíso terreal fíxose claridade de mediodía. A impresentabilidade dos nosos primeiros pais, fíxose familia agradable a Deus, e os anxos compracéronse contemplando o novo mundo. Nel retratábase Deus, co seu poder, coa súa bondade e misericordia. O mundo redimido é a foto cruenta do Deus-redentor, e nel podemos compracernos tamén os homes, onte pecadores e hoxe perdoados.

A segunda fotografía do bo Deus é a parábola do fillo pródigo. Un bo pai tiña dous fillos que facían felices á súa familia. Naquel fogar abundaba o agarimo e non faltaba pan, pero un mal día o diaño entrou en casa e a tentación venceu ao máis novo do fogar ofrecéndolle unha pseudoliberdade se deixaba o fogar paterno e marchaba a outros ambientes. O mozo caeu na trampa diabólica e pediulle ao seu pai a parte de herdanza que lle correspondía. Non lle pediu nin máis pan nin máis agarimo; de todo había abundancia na casa. O que el ansiaba era un mundo sen fronteiras para satisfacer os seus caprichos persoais e así o presenta ao seu bo pai que, adestrado en compracer sempre aos membros da súa familia, repártelles a herdanza aos seus fillos. Agora o mozo xa «é feliz»: ten diñeiro; non lle faltan amigos; todos o aprecian… o mundo que acaba de estrear faille a persoa máis ditosa da terra. Pero a terra non só é redonda, tamén é limitada, e a amizade que tiña por base un fondo adiñeirado, ía desfondándose e todo acabou derrubándose: tamén a situación privilexiada que vivía aquel mozo fóra da súa casa paterna. A falta de pan e agarimo tráenlle á mente o recordo do fogar que o vira nacer e pensa que a volta á súa antiga casa pode ser unha boa decisión. «Pero, con que cara vou onde meu pai? Como fillo non me atrevo: fareino como xornaleiro. A miña posición social será outra pero, polo menos, comerei pan amasado coa suor do meu traballo». Con todo, o pudor do antigo comportamento impídelle atoparse co seu pai. O amor filial do seu corazón de fillo non abonda para sortear esta dificultade. Aínda que agora quen manda na súa vida xa non é o corazón senón o seu estomago famento e, movido pola fame, ponse en camiño cara ao seu antigo fogar meditando as palabras que usaría para saudar ao seu pai. O fillo prodigo vai consentindo nun mal pensamento e pensa que o seu antigo pai xa non o mirará con ollos de amor senón con corazón de xuíz e pecharalle as portas que un día el tamén pechara con violencia e desprezo. Pero estaba equivocado: o pai continuaba mirándoo cos ollos do corazón, e abriulle as portas e os brazos para recibilo co agarimo de sempre. Mandou facer festa porque o fillo, nunca esquecido, volvía á súa casa e o corazón do pai enchíase do maior gozo da súa vida.

Así debuxa Xesús o rostro de Deus, o noso pai. E imaxino que o seu fillo volve estrear os seus ollos para mirar ao seu pai, cun amor con que nunca o mirou, e a festa fíxose grande, moi grande. Esta foi a mellor pascua do Señor. Así se nos manifesta o Señor en dúas pantallas de distinto matiz: na do Gólgota, o matiz é de cor de sangue, expresión do amor infinito con que Deus ama ao mundo; na parábola do fillo pródigo o matiz é de misericordia desbordante de amor de pai.

Mirémolo nós con ollos de corazón filial, para que a súa próxima Pascua sexa festiva en plenitude.


Indalecio Gómez