domingo, 1 de enero de 2017
miércoles, 28 de diciembre de 2016
OS SANTOS INOCENTES
É imposible establecer o día ou o ano da morte dos Santos
Inocentes, xa que a cronoloxía do nacemento de Cristo e os acontecementos
bíblicos subseguintes son moi incertos. Todo o que sabemos é que os infantes
foron asasinados dentro dos dous anos despois da aparición da estrela aos
Sabios de Oriente (Belser, no Tübingen "Quartalschrift", 1890,
p.361). A Igrexa venera a eses nenos como mártires (flores martyrum);
constitúen os primeiros gromos da Igrexa mortos polo xeo da persecución; non só
morreron por Cristo, senón no seu lugar (Agustín, "Sermo 10us de
sanctis"). (...)
A Igrexa Latina instituíu a festa dos Santos Inocentes en
data descoñecida, non antes do final do século IV e non despois do final do
século V. Xunto coas festas de San Estevo e San Xoán, achouse por primeira vez
no o Sacramentario Leonino, datado ao redor de 485. (...)
Os latinos gardaban esta festa o 28 de decembro, os gregos o
29 de decembro, os sirios e caldeos o 27 de decembro. Estas datas non teñen
nada que ver coa orde cronolóxica do acontecemento; a festa celébrase dentro da
oitava de Nadal porque os Santos Inocentes deron a súa vida polo Salvador
recentemente nado. Estevo, o primeiro mártir (mártir por vontade, amor e
sangue), Xoán, o discípulo amado (mártir por vontade e amor), e estas primeiras
flores da Igrexa (mártires por sangue soamente) acompañan ao Santo Neno Xesús
cando aparece no mundo o día de Nadal. Unicamente a Igrexa de Roma dá o nome de
Inocentes a estes nenos; noutros países latinos chámaselles simplemente
Infantes e a festa tiña o título de "Allisio infantium" (...) Os
armenios celebraban a festa o luns despois do segundo domingo despois de
Pentecoste (Menologio Armenio, 11 de maio), porque cren que os Santos Inocentes
foron masacrados quince semanas despois do nacemento de Cristo.
(...) En Belén é día de precepto. A cor litúrxica da Igrexa
Romana é o violeta, non vermello, porque estes nenos foron martirizados nun
tempo en que non podían alcanzar a visión beatífica. Pero, por compaixón, por
así dicilo, cara ás nais llorosas de Belén, a Igrexa omite na Misa tanto a
Gloria como o Aleluia; este costume, con todo, era descoñecida nas Igrexas de
Francia e Alemaña. Na oitava, e tamén cando a festa cae en domingo, a liturxia
romana prescribe a cor vermella, a Gloria e o Aleluia. En Inglaterra a festa
chámase "Childermas" (Misa do Día dos Inocentes).
A Estación Romana do 28 de decembro é en San Paulo
Extramuros, porque se cre que esa igrexa posúe os corpos de varios dos Santos
Inocentes. O Papa San Sixto V trasladou unha parte destas reliquias a Santa
Maria a Maior (festa o 5 de maio; semidoble). A igrexa de Santa Xustina en
Padua, as catedrais de Lisboa e Milán, e outras igrexas tamén conservan corpos
que aseguran ser dalgúns dos Santos Inocentes. En moitas igrexas de Inglaterra,
Alemaña e Francia na festa de San Nicolás (6 de decembro) elixíase a un
neno-bispo, quen oficiaba na festa de San Nicolás e dos Santos Inocentes. Usaba
mitra e outras insignias pontificales, cantaba a colecta, predicaba, e daba a
bendición. sentaba na cadeira do bispo mentres que o coro de nenos cantaba nos
bancos dos cóengos. Eles dirixían o coro en ambos os días e tiñan unha
procesión solemne (Schmidt, "Thesaurus jur eccl.", III, 67 e sig.;
Kirchenlex., IV, 1400; P.L., CXLVII, 135).
http://ec.aciprensa.com/wiki/Santos_Inocentes
lunes, 26 de diciembre de 2016
SANTO ESTEVO, NOSO PATRÓN
BENEDICTO XVI, 10 enero 2007 (ZENIT.org)
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy queremos detenernos en la persona de san Esteban,
festejado por la Iglesia el día después de Navidad. San Esteban es el más
representativo de un grupo de siete compañeros. La tradición ve en este grupo
el germen del futuro ministerio de los «diáconos», si bien hay que destacar que
esta denominación no está presente en el libro de los «Hechos de los
Apóstoles». La importancia de Esteban, en todo caso, queda clara por el hecho
de que Lucas, en este importante libro, le dedica dos capítulos enteros.
La narración de Lucas comienza constatando una subdivisión
que tenía lugar dentro de la Iglesia primitiva de Jerusalén: estaba formada
totalmente por cristianos de origen judío, pero entre éstos algunos eran
originarios de la tierra de Israel, y eran llamados «hebreos», mientras que
otros procedían de la fe judía en el Antiguo Testamento de la diáspora de
lengua griega, y eran llamados «helenistas». De este modo, comenzaba a
perfilarse el problema: los más necesitados entre los helenistas, especialmente
las viudas desprovistas de todo apoyo social, corrían el riesgo de ser
descuidadas en la asistencia de su sustento cotidiano. Para superar estas
dificultades, los apóstoles, reservándose para sí mismos la oración y el
ministerio de la Palabra como su tarea central, decidieron encargar a «a siete
hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría» para que cumplieran
con el encargo de la asistencia (Hechos 6, 2-4), es decir, del servicio social
caritativo. Con este objetivo, como escribe Lucas, por invitación de los
apóstoles, los discípulos eligieron siete hombres. Tenemos sus nombres. Son:
«Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, Felipe, Prócoro, Nicanor,
Timón, Pármenas y Nicolás, prosélito de Antioquia. Los presentaron a los
apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos» (Hechos 6,5-6).
El gesto de la imposición de las manos puede tener varios
significados. En el Antiguo Testamento, el gesto tiene sobre todo el
significado de transmitir un encargo importante, como hizo Moisés con Josué
(Cf. Números 27, 18-23), designando así a su sucesor. Siguiendo esta línea,
también la Iglesia de Antioquía utilizará este gesto para enviar a Pablo y
Bernabé en misión a los pueblos del mundo (Cf. Hechos 13, 3). A una análoga
imposición de las manos sobre Timoteo para transmitir un encargo oficial hacen
referencia las dos cartas que San Pablo le dirigió (Cf. 1 Timoteo 4, 14; 2
Timoteo 1, 6). El hecho de que se tratara de una acción importante, que había
que realizar después de un discernimiento, se deduce de lo que se lee en la
primera carta a Timoteo: «No te precipites en imponer a nadie las manos, no te
hagas partícipe de los pecados ajenos» (5, 22). Por tanto, vemos que el gesto
de la imposición de las manos se desarrolla en la línea de un signo
sacramental. En el caso de Esteban y sus compañeros se trata ciertamente de la
transmisión oficial, por parte de los apóstoles, de un encargo y al mismo
tiempo de la imploración de una gracia para ejercerlo.
Lo más importante es que, además de los servicios
caritativos, Esteban desempeña también una tarea de evangelización entre sus
compatriotas, los así llamados «helenistas». Lucas, de hecho, insiste en el
hecho de que él, «lleno de gracia y de poder» (Hechos 6, 8), presenta en el
nombre de Jesús una nueva interpretación de Moisés y de la misma Ley de Dios,
relee el Antiguo Testamento a la luz del anuncio de la muerte y de la
resurrección de Jesús. Esta relectura del Antiguo Testamento, relectura
cristológica, provoca las reacciones de los judíos que interpretan sus palabras
como una blasfemia (Cf. Hechos 6, 11-14). Por este motivo, es condenado a la
lapidación. Y san Lucas nos transmite el último discurso del santo, una
síntesis de su predicación.
Como Jesús había explicado a los discípulos de Emaús que
todo el Antiguo Testamento habla de Él, de su cruz y de su resurrección, de
este modo, san Esteban, siguiendo la enseñanza de Jesús, lee todo el Antiguo
Testamento en clave cristológica. Demuestra que el misterio de la Cruz se
encuentra en el centro de la historia de la salvación narrada en el Antiguo
Testamento, muestra realmente que Jesús, el crucificado y resucitado, es el
punto de llegada de toda esta historia. Y demuestra, por tanto, que el culto
del templo también ha concluido y que Jesús, el resucitado, es el nuevo y auténtico
«templo». Precisamente este «no» al templo y a su culto provoca la condena de
san Esteban, quien, en ese momento --nos dice san Lucas--, al poner la mirada
en el cielo vio la gloria de Dios y a Jesús a su derecha. Y mirando al cielo, a
Dios y a Jesús, san Esteban dijo: «Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo
del hombre que está en pie a la diestra de Dios» (Hechos 7, 56). Le siguió su
martirio, que de hecho se conforma con la pasión del mismo Jesús, pues entrega
al «Señor Jesús» su propio espíritu y reza para que el pecado de sus asesinos
no les sea tenido en cuenta (Cf. Hechos 7,59-60).
El lugar del martirio de Esteban, en Jerusalén, se sitúa
tradicionalmente algo más afuera de la Puerta de Damasco, en el norte, donde
ahora se encuentra precisamente la iglesia de Saint- Étienne, junto a la
conocida «École Biblique» de los dominicos. Al asesinato de Esteban, primer
mártir de Cristo, le siguió una persecución local contra los discípulos de
Jesús (Cf. Hechos 8, 1), la primera que se verificó en la historia de la
Iglesia. Constituyó la oportunidad concreta que llevó al grupo de cristianos
hebreo-helenistas a huir de Jerusalén y a dispersarse. Expulsados de Jerusalén,
se transformaron en misioneros itinerantes. «Los que se habían dispersado iban
por todas partes anunciando la Buena Nueva de la Palabra» (Hechos 8, 4). La
persecución y la consiguiente dispersión se convierten en misión. El Evangelio
se propagó de este modo en Samaria, en Fenicia, y en Siria, hasta llegar a la
gran ciudad de Antioquía, donde, según Lucas, fue anunciado por primera vez
también a los paganos (Cf. Hechos 11, 19-20) y donde resonó por primera vez el
nombre de «cristianos» (Hechos 11,26).
En particular, Lucas especifica que los que lapidaron a
Esteban «pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo» (Hechos 7,
58), el mismo que de perseguidor se convertiría en apóstol insigne del
Evangelio. Esto significa que el joven Saulo tenía que haber escuchado la
predicación de Esteban, y conocer los contenidos principales. Y San Pablo se
encontraba con probabilidad entre quienes, siguiendo y escuchando este
discurso, «tenían los corazones consumidos de rabia y rechinaban sus dientes
contra él» (Hechos 7, 54). Podemos ver así las maravillas de la Providencia
divina: Saulo, adversario empedernido de la visión de Esteban, después del
encuentro con Cristo resucitado en el camino de Damasco, reanuda la
interpretación cristológica del Antiguo Testamento hecha por el primer mártir,
la profundiza y completa, y de este modo se convierte en el «apóstol de las
gentes». La ley se cumple, enseña él, en la cruz de Cristo. Y la fe en Cristo,
la comunión con el amor de Cristo, es el verdadero cumplimiento de toda la Ley.
Este es el contenido de la predicación de Pablo. Él demuestra así que el Dios
de Abraham se convierte en el Dios de todos. Y todos los creyentes en Cristo
Jesús, como hijos de Abraham, se convierten en partícipes de las promesas. En
la misión de san Pablo se cumple la visión de Esteban.
La historia de Esteban nos dice mucho. Por ejemplo, nos
enseña que no hay que disociar nunca el compromiso social de la caridad del
anuncio valiente de la fe. Era uno de los siete que estaban encargados sobre
todo de la caridad. Pero no era posible disociar caridad de anuncio. De este
modo, con la caridad, anuncia a Cristo crucificado, hasta el punto de aceptar
incluso el martirio. Esta es la primera lección que podemos aprender de la
figura de san Esteban: caridad y anuncio van siempre juntos.
San Esteban nos habla sobre todo de Cristo, de Cristo
crucificado y resucitado como centro de la historia y de nuestra vida. Podemos
comprender que la Cruz ocupa siempre un lugar central en la vida de la Iglesia
y también en nuestra vida personal. En la historia de la Iglesia no faltará
nunca la pasión, la persecución. Y precisamente la persecución se convierte,
según la famosa fase de Tertuliano, fuente de misión para los nuevos
cristianos. Cito sus palabras: «Nosotros nos multiplicamos cada vez que somos
segados por vosotros: la sangre de los cristianos es una semilla»
(«Apologetico» 50,13: «Plures efficimur quoties metimur a vobis: semen est
sanguis christianorum»). Pero también en nuestra vida la cruz, que no faltará
nunca, se convierte en bendición. Y aceptando la cruz, sabiendo que se
convierte y es bendición, aprendemos la alegría del cristiano, incluso en
momentos de dificultad. El valor del testimonio es insustituible, pues el
Evangelio lleva hacia él y de él se alimenta la Iglesia. San Esteban nos enseña
a aprender estas lecciones, nos enseña a amar la Cruz, pues es el camino por el
que Cristo se hace siempre presente de nuevo entre nosotros.
domingo, 25 de diciembre de 2016
NADAL DO SEÑOR.- LECTIO
FESTIVIDADE DO NADAL
(Ano A: 25.XII.2016)
Hoxe está
de aniversario aquel a quen queremos seguir os cristiáns mais tamén calquera
persoa de boa vontade que no fondo do seu corazón ama a practica canto amou e
practicou Xesús, o Cristo, o Fillo de Deus, que hoxe se fixo irmán noso. Temos,
pois, que felicitalo, e agradecerlle a Deus Pai canto o seu Fillo benquerido
significa para nós. Pois con el viñemos á vida en certo modo todos nós en canto
cristiáns. Xesús cumpre anos, moitos. Aproximadamente, uns 2016 anos, se temos
en conta que ó parecer Xesús historicamente naceu máis ou menos uns anos antes
do comezo da que chamamos a era cristiá.
Dicimos felicitalo, pois Xesús segue vivo. Morrer, o que se di morrer, nunca morreu. De
modo que segue a vivir. El dicía que era a Vida. ¿Como podería morrer a Vida?
Imposíbel. E se segundo as nosas categorías ou o noso modo normal de pensar
morreu, en realidade habería que dicir máis ben que o mataron, non que morreu.
Morrendo desa maneira. converteuse en vida para sempre, para el e para todos nós.
Podemos ver así, na súa verdadeira perspectiva, a nosa vida e a nosa suposta
morte. Porque morrer, o que se di morrer, tampouco nós morreremos se é que de
verdade nos comportamos nas nosas vidas á semellanza do Neno de Belén.
Parece que
na festa de Nadal non habería que falar de morte ou cousas así, porque
xustamente estamos a celebrar a vida, o comezo dunha vida que veu dar vida a
todos. E, porén, a liturxia deste día faino, polo menos indirectamente. Cando
despois da comuñón desta eucaristía de hoxe recitemos a oración final, chamada
pos-comuñón, diremos alí: “Deus de misericordia, o Salvador do mundo, ó nacer
hoxe, fíxonos nacer á vida eterna. Que El nos conceda tamén o don da
inmortalidade”.
Isto quere
dicir que, co nacemento de Xesús na nosa carne mortal, quedou inoculada para
sempre na nosa natureza mortal algo así como a vacina ou o elixir da
inmortalidade. Deus, que é Vida (que existiu desde sempre e endexamais deixará
de existir), ó poñer con Xesús a súa tenda entre nós, como se nos di no evanxeo
de Xoán, ó unirse en Xesús á humanidade toda, fíxonos participar a todos da súa
divindade. De modo que polo nacemento de Xesús fomos todos convertidos en
pequenos deuses inmortais... Estas son as marabillas de Deus, porque –como lle informaba
o anxo da Anunciación a María- “para
Deus non hai imposibles”.
Claro que
isto non é algo así como un automatismo que se realiza sen máis en nós,
queirámolo ou non. Pois esta participación na divindade de Xesús, que en Belén
se fai hoxe irmán noso e que nos converte en inmortais, é unha angueira de cada
día, que terá certamente unha boa fin se nos unimos ó modo de ser e de actuar
de Xesús, pedíndollo ó tempo a Deus Pai. De feito, acabamos de pedirllo a El na
primeira oración da Eucaristía desta festa de Nadal deste xeito: “Deus, noso
Pai, fainos participar na divindade do teu Fillo, que quixo tomar a nosa
humanidade”.
Agora ben,
¿que significa, desde a perspectiva do nacemento de Xesús, iso ó que debemos
aspirar e que debemos pedir, a participación na divindade do Fillo de Deus?
Pois
significa algo que en si mesmo non deixa de ser verdadeiramente paradoxal. Cando Deus se encarna en Xesús, iso quere
dicir que temos aí diante, no Neno Xesús, un Deus humanizado. Xesús é home
verdadeiro e Deus verdadeiro. En consecuencia, participar na divindade de Xesús
é participar nesa divindade humanizada. Iso significa que se queremos ser
verdadeiramente divinos (e todos o queremos dunha ou doutra forma), temos que
ser verdadeiramente humanos. E, desde logo, semella que non debe de ser moi
doado iso de convertérmonos en verdadeiramente humanos cando Deus tivo que se
facer el mesmo humano coma calquera de nós para aprendernos así a nós a sermos
humanos de verdade.
Porque
sermos verdadeiramente humanos significa sermos próximos ós demais, querer e
amar a todos, sobre todo ós que máis precisan dese aprecio e dese amor, romper
coas desigualdades e inxustizas de calquera xénero que sexan, sufrir cos que
sofren e alegrarse cos que se alegran.
Todo isto
está incluído na mensaxe incríbel e universal do Nadal do Señor.
¿E como
andan as cousas da nosa sociedade despois de tantos anos da vinda humana e
humanizadora de Deus onda nós? Non fai falla darlle moitas voltas ó tema para
decatármonos de que queda aínda moito por facer para que os seres humanos nos
parezamos de verdade ó Deus humanizado do Nadal no noso comportamento cos
demais. As nosas relacións humanas, a saúde da nosa sociedade deben mellorar
aínda moito para que se poida dicir que a mensaxe do Nadal chegou xa en nós á
súa realización.
Pois dunha
sociedade só se poderá dicir que é verdadeiramente humana cando, á semellanza
do que se nos anuncia no Nadal, hai nela fe e ilusión no futuro, porque os
nenos (coma o Neno Xesús) son precisamente ese futuro que vai vir. Cando os
matrimonios poden ter fe e esperanza no seu futuro e no dos seus fillos. Cando
os nenos bulen polas rúas e hai máis rapaces e mozos ca xente coma min ou
algúns de vós, xa bastante eivados polos anos. Cando sexan máis os que nacen
cós que nos deixan.
Unha
sociedade é verdadeiramente humana, cando hai nela máis alegría, ilusión e
traballo ca medo ou angustia por non atopar nela o lugar para se desenvolver
como é debido. Cando estranxeiros, emigrantes e pobres son aceptados como
irmáns de Xesús e irmáns nosos. Cando todos cantos forman parte dela son
respectados nos seus dereitos sociais, culturais, lingüísticos, políticos ou
relixiosos. Cando se inverte máis en educación que noutras cousas supostamente
máis importantes.
En fin,
unha sociedade é humana e, polo tanto, tamén divina cando se amosa sensíbel e
aberta á palabra derradeira que Deus dirixe ó mundo no Neno de Nadal. Cando é
capaz de celebrar agradecida esta festa de Nadal. Celebrémola así, pois,
agradecidos, sentíndonos unidos á humanidade toda, destinataria desta Palabra.
FELIZ NADAL!!!
CREDO
ORACIÓN DOS FIEIS
Agradecémosche, Pai noso, o galano que hoxe nos fas do teu
fillo para a salvación e liberación da humanidade, pregándoche que o saibamos
aceptar agradecidos nas nosas vidas, dicindo: Pedímoscho, Pai.
TODOS: PEDÍMOSCHO,
PAI.
- Dános, Pai, fe no teu fillo Xesús como derradeira palabra
túa de amor ó mundo.
TODOS: PEDÍMOSCHO, PAI.
- Fai, Pai, que tódolos pobos e culturas sexan partícipes da
túa mensaxe de salvación e liberación que ti nos ofreces no neno de Belén.
TODOS: PEDÍMOSCHO, PAI.
- Concede, Pai, a cantos se atopan en situación de pobreza e
marxinación a graza de se sentir comprendidos e axudados nos seus problemas
polos demais.
TODOS: PEDÍMOSCHO, PAI.
Pedímoscho agradecidos, Pai, nesta festividade de Nadal, por
Xesús Cristo noso Señor. AMÉN.
Manuel Cabada Castro
jueves, 15 de diciembre de 2016
LECTIO
DOMINGO IV DE ADVENTO
(Ano A: 18 de Nadal de 2016)
Un
pensador alemán non moi coñecido, que viviu a comezos do século XIX, que se
apelidaba Krause, do que procede o chamado krausismo español, ideou un sistema
filosófico coñecido como “pan-en-teísmo”, que non é o mesmo que “panteísmo”.
Este último, o panteísmo, defendería que todo é Deus. Mais o “pan-en-teísmo” de
Krause sostiña, polo contrario, que todo está
en Deus; non que todo sexa Deus.
En
realidade, dicir que todo está en Deus no debería soarnos a algo novo, a cousa
recentemente inventada. Trátase dunha idea moi antiga e, desde logo, moi
cristiá. Aparece con frecuencia en santo Agostiño e moitos outros importantes
pensadores cristiáns, tanto antigos como modernos. Podemos imaxinarnos esta
situación como algo semellante ó que lles ocorre ós peixes que, sen dárense de
conta, están dentro da auga, que lles fai posible vivir e moverse. Semellante
tamén ás pombas ou gaivotas, que sen ser o aire, están no aire e poden vivir e
voar porque o aire as envolve e as enche de posibilidades. Os peixes e as aves
non son mar nin aire. Pero están no mar e no aire, e participan dalgunha
maneira do modo de ser do aire ou do mar.
Xa nos
Feitos dos Apóstolos aparece Paulo formulando algo semellante a isto cando
falaba sobre o modo como nos relacionamos todos nós con Deus. Dicía Paulo:
“Deus non está lonxe de cada un de nós, porque nel vivimos, nos movemos e
estamos”. Algo parecido, como vedes, ó que lles ocorre ás aves e ós peixes en
relación co seu aire ou coa súa auga.
Coido que
todo isto ten algo que ver coa primeira Lectura (do profeta Isaías), que
resulta moi apropiada para este tempo de preparación para o Nadal de Xesús:
“Velaí que a virxe está en cinta e dá a luz un fillo, ó que lle pon de nome
‘Emmanuel’ (que significa ´Deus connosco’)”.
O tempo de
Advento é un tempo de avivar a conciencia deste estar “deus connosco”, dese
achegamento tan grande de Deus a nós, tal como celebramos no Nadal ó
mostrársenos el a nos na presenza engaiolante dun neno humano. Por iso, Xesús
non é só un ser humano máis, senón o lugar do encontro máis íntimo que se pode
imaxinar entre Deus e a humanidade. Encontro tamén con toda a creación, que é a
base e o fundamento de todos e cada un de nós. Na aparición entre nós de Xesús
concéntranse, pois, divindade e humanidade dunha maneira inconcibíbel e
marabillosa. Paulo exprésao á súa maneira na súa carta ós Romanos (na segunda
Lectura de hoxe). Xesús Cristo, dinos nela Paulo, “naceu como home da semente
de David, pero foi constituído fillo de Deus con pleno poder polo Espírito
(Santo) santificador”.
É dicir,
seguindo co símil das aves e dos peixes, Xesús é un ser humano coma todos nós,
mais vive dunha maneira especial no “Espírito” de Deus, no aire de Deus. A
palabra “espírito”, como ben sabedes,
ten que ver co “aire” que respiramos e que nos dá vida. Para Paulo ese
“espírito” é Espírito santo, Espírito “santificador”, Espírito divinizador.
De modo
que en Xesús radica toda a nosa salvación. O mesmo nome de “Xesús” significa,
como ben sabedes tamén, “Salvador”, ou máis exactamente, “Yahvé salva”, “Deus
salva”. Por que pode salvarnos Xesús e de feito nos quere salvar e nos vai
salvar? Pois porque el ten, como Fillo único e benquerido de Deus Pai, todo o
poder do Pai e todo o seu amor e porque, ademais, é un máis de nós, igual en
todo a nós, absolutamente solidarizado connosco, por marxinada ou pobre que
sexa a situación dunha concreta persoa. El é absolutamente próximo a nós, a
todos nós, e ten poder infinito para liberarnos de todo mal, incluída a
liberación da morte ó concedernos a resurrección para sempre. En resumidas
contas, Xesús salva porque é “Emmanuel”, é dicir, porque é “Deus connosco”.
É o mesmo
que se nos di no famoso “Limiar” do evanxeo de Xoán, cando se nos fala alí de
Xesús como a “palabra” que Deus Pai dirixe ó mundo, á humanidade toda. É unha
palabra divina, pois trátase dunha palabra, segundo se nos explica alí, que
“vén de Deus” e que, ademais, ¡marabilla das marabillas!, é “Deus” mesmo, o
Deus humanizado. Desta “palabra”, dísenos no evanxeo de Xoán: “A palabra fíxose
carne e plantou entre nós a súa tenda”.
Unha vez
máis podemos admirar e loar a grandeza de Deus, o seu marabilloso modo de ser e
de se comportar. Deus sae en certo modo do interior de si mesmo, da
profundidade e inabarcabilidade da súa divindade para se facer un máis entre
nós sen deixar de ser o que desde sempre é: o Deus absolutamente infinito.
Para Xoán,
Xesús é a palabra que Deus dirixe ó mundo. Unha palabra que, liturxicamente, e
neste ano dentro de xustamente unha semana (no próximo domingo, día 25), se vai
facer carne e presenza agarimosa entre nós. Sen poder aínda falarnos (malia ser
a “palabra”!) como unha persoa que sabe xa falar, senón coma un neno, mellor,
como un “infante”, é dicir como un “non falante” (pois iso significa
“infante”). Mais ben sabemos que os nenos, coa súa soa presenz
a confiada,
amorosa e risoña, suscitan amor por si mesmos sen necesidade de palabras. En
realidade, eles falan tamén, mais cunha linguaxe chamada “non verbal”, é dicir,
non utilizando aínda palabras pertencentes a unha lingua concreta.
Tamén
sabemos moi ben os adultos que os xestos, os comportamentos, as miradas que se
dirixen ou non se dirixen a unha persoa determinada, os silencios ou calquera
outra actitude coa que nos relacionamos ou non nos relacionamos cos demais,
poden falar máis alto, dicir moito máis, có que expresamos ordinariamente coas
palabras do dicionario. Por iso a vivencia e presenza mesma de Xesús nacendo
coma un marxinado, nunha familia con moi poucos medios, no seo acolledor da
natureza, fálanos moito máis clara e convincentemente sobre os temas
fundamentais do evanxeo que o máis elevado discurso construído con palabras.
Deámoslle,
pois, grazas a Deus Pai por ternos querido falar de si mesmo por medio do seu
Fillo da maneira como el o fixo no xa próximo Nadal.
ORACIÓN DOS FIEIS:
Preguemos a Deus noso Pai, por medio do seu Fillo Xesús,
Salvador noso e “Deus connosco”, dicindo todos xuntos:
Señor, escoita a nosa oración.
- Para que nos
preparemos para recibir o Neno Xesús no próximo domingo como “Deus connosco”:
Señor, escoita a nosa oración.
- Para que
saibamos aledarnos coa próxima vinda de Xesús onda nós como “Salvador”:
Señor, escoita a nosa oración.
- Para que
academos sentirnos como verdadeiros irmáns de Xesús e de tódolos homes e
mulleres do mundo enteiro:
Señor, escoita a nosa oración.
Deus, noso Pai, dámosche grazas pola xa próxima vinda de
Xesús para estar connosco e nos salvar. Por Cristo Noso Señor.
AMÉN.
Manuel Cabada Castro
miércoles, 14 de diciembre de 2016
Debate Munilla - Iker Jiménez
Iker Jiménez, o coñecido presentador do programa Cuarto
Milenio que se emite todos os domingos en horario de máxima audiencia en Catro,
está a prodigarse ultimamente en declaracións contra o que el denomina a "corrección política" e non dubidou en lanzar unha clara mensaxe provida desde
o seu programa ou encomiar a Cristo e defender o Belén desde o seu videoblog en
Youtube.Esta valentía á hora de afastarse do politicamente correcto a pesar dos
riscos que iso leva no mundo televisivo e que non teña problemas en falar da
transcendencia chamou a atención de moitos católicos que ata agora pensaban que
o seu programa estaba máis centrado en fenómenos paranormales polo que pediron a
súa opinión respecto diso ao bispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla.
Un debate sobre o misterio e o sobrenatural
O bispo vasco non dubidou en analizar as formulacións de
Iker Jiménez a través do seu programa Sexto Continente de Radio María e
rapidamente o presentador de Catro contestou a monseñor Munilla a través do seu
videoblog producíndose un interesante e respectuoso debate sobre que é o misterio e as diferenzas entre o sobrenatural e o paranormal.
Na súa análise radiofónica, o bispo de San Sebastián fala
dun dos editorial que Iker Jiménez fai no seu programa e no que falaba da
actitude de moitos cristiáns e tamén eclesiásticos ante o que el chama o "misterio". O presentador de Cuarto Milenio comentaba como moitos sacerdotes
non cren no demo e "ata se permiten non crer no misterio" e dicía que a falta
de vocacións na Igrexa católica poderíase deber a que é difícil facer crer algo
aos demais que un mesmo non termina de crerse.
En primeiro lugar, a Munilla chámalle a atención e en certo
xeito alégralle que triunfe un programa "no que se fala da transcendencia, do
espiritual, do relixioso". Na súa opinión, "non é verdade que o materialismo
teña a última palabra, o home necesita de Deus, da transcendencia e o éxito dun
programa como este déixao patente".
Con todo, o prelado aclara que en ocasións o estilo
utilizado polo programa é de certo morbo polo ocultismo. Quizá se confunde a
procura relixiosa e espiritual coa procura de sensacións que dean medo, ás
veces confúndese a procura espiritual co xénero de procura do paranormal, isto
está mesturado e confundido.
A "confusión" de Iker Jiménez
E o bispo incide neste punto que pode levar á confusión aos
seguidores do programa de Jiménez polo que indica que a crítica que faría ao
programa centraríase nesta confusión entre paranormal e sobrenatural,
confúndese o misterio co ocultismo, confúndese a auténtica mística cos
iluminados.
Na súa análise, conclúe que este erro é no fondo non
entender o concepto de Revelación, ten unha procura da transcendencia pero sen
partir do dato fundamental e é que Deus se revelou, Deus descubriuse e fíxoo a
través de Xesucristo que fundou a Igrexa.
No fondo, engade o relixioso vasco, é unha confusión que
ten efectos nocivos na vivencia da relixiosidade.
"No fondo búscase buscar máis que atopar"
Aínda así destaca que o programa de Iker Jiménez fai unha
procura do espiritual aínda que no fondo búscase buscar máis que atopar. E
reflexiona que existe o risco de que os consumidores destes programas estean
abertos á curiosidade do mistérico pero non queiran atopar, porque se atopan
téñense que comprometer e seguir un camiño.
Por iso, Munilla cre que ás veces prevalece máis o desexo de
procura que o de encontro cando en realidade o encontro transforma a nosa vida
e convértenos en apóstolos daquilo que atopamos.
O merecido "tirón de orellas"
Doutra banda, o bispo guipuscoano non ten ningún problema en
recoñecer que a pesar desa confusión Iker Jiménez dixo verdades do barqueiro
que deberiamos escoitar, sobre todo as que se refiren a que na Igrexa hai
membros que perderon a fe no misterio.
Pon o exemplo do demo engade Munilla-,e é curioso que desde
un programa como este interpélesenos con algo que é absolutamente verdade. E o
prelado mostra como en ocasións desde a Igrexa ensínase que os milagres
realizados por Jesús que recolle o Evanxeo son en realidade un xénero literario
e que o importante era o ensino que quería expor o Señor.
De maneira contundente o bispo fai autocrítica e engade que este home desde un programa deunos un tirón de orellas que temos que recibir
con humildade porque é certo que en nosas filas existe moita redución da
predicación sobrenatural a unha mera interpretación horizontal ética.
A rápida contestación de Iker Jiménez
Iker Jiménez non tardou en contestar o comentario de
monseñor Munilla en Radio María e cun respecto exquisito ha valorado as
palabras do bispo pois para el hai moitas formas de enfocar a palabra
misterio.
Doulle a razón ao señor bispo, afirma o presentador de
televisión referíndose á confusión sobre o termo misterio. Non sei moi ben
onde están os límites entre o fenómeno relixioso, o paranormal ou o
sobrenatural, agrega.
Dirixíndose a Munilla confesa que cando saio aí fose e vexo
as estrelas vexo unha harmonía moi superior á miña persoa, á miña vida e di
crer que existe unha luz e unha escuridade. Eu creo nese misterio,
sentenza.
O "fogonazo" que dá sentido a todo
Quen é Deus para vostede e para min, pregunta ademais o
presentador de Cuarto Milenio ao bispo de San Sebastián, que conclúe que segurament
e no profundo non haxa tanta diferenza, no accesorio si e afirma
que cre que ata o máis materialista e descreído ten que ter ese fogonazo de
que todo isto ten que ter certo sentido.
El mesmo conta que tivo ese fogonazo, esa revelación unha vez nunha cova e cando colleu en brazos por primeira vez á súa filla.
Afirma que en contraposición ao bispo que ten a súa fe moi clara, el é un
buscador, como tantos outros, que non ten as cousas claras e encantaríalle
telas.
"Quérennos arrincar a nosa raíz transcendente"
Ademais de crrer en leste misterio, Iker Jiménez afirma
que el se atafega co demo ao que ve nesa imaxe de vapor escuro que rodea ao mundo, véxoo na violencia, na
brutalización e en como nos queren arrincar a nosa raíz transcendente e eu
rebélome.
E asegura que nesta cruzada el perde moito pois o máis
cómodo sería caer na morneza. Moita xente esta falta desta transcendencia,
estamos nunha sociedade no que calquera indicio de transcendencia cérnase.
E para concluír Iker Jiménez di a Munilla que lle gustaron
as discrepancias do seu comentario e engadiu que sei que o misterio chega, que
falar da alma non está mal, para min a alma non se pode comprar nin vender, é o
máis importante da nosa esencia.
domingo, 11 de diciembre de 2016
LECTIO
DOMINGO III DE ADVENTO (GAUDETE)
(Ano A: 11 Nadal
2016)
O tempo de
Advento ten, como ben sabedes, unha certa ambigüidade en canto que por un lado
podemos dicir que principalmente se refire á espera da festa de Nadal, do
nacemento do Señor, mais por outro banda faise tamén alusión á derradeira vinda
do Señor á fin dos tempos, cando o Cristo glorioso restaure definitivamente
tódalas cousas.
Por iso, é
dicir, por esta que chamo “ambigüidade” do tempo de Advento, a actitude de
espera e de esperanza na vinda de Xesús en Nadal vén sendo tamén unha especie
de aprendizaxe da actitude que debemos ter sempre, durante todo o ano, durante
toda a nosa vida, ata o noso definitivo encontro co Señor.
Temos que
ter, polo tanto, actitudes de espera, de esperanza, de alegría e de paciencia
sempre, durante toda a nosa vida. Trátase dunha especie de cóctel de actitudes
aparentemente difíciles de harmonizar, pero que constitúen de feito a sustancia
mesma da nosa vida. Proclámao para todos, tamén para nós, o profeta Isaías
cando nos di cousas como as que acabamos de escoitar na primeira Lectura:
“Ponde firmes os xeonllos que tremen”. “Collede ánimo, non temades”. “Velaí
chega o voso Deus, El mesmo, e
salvaravos”. “Os rescatados do Señor ... conseguirán ledicia e felicidade, pois
o sufrimento e o pranto fuxirán”.
Para un
cristián que cre na mensaxe de Xesús coa forza que nos dá a súa graza, a vida
enteira é coma un día no que hai de todo, chuvia, nubes brancas e negras, sol
que nos amosa ás veces claramente a súa face, quenturas e friaxes. Días que
teñen tamén as súas noites, mais noites que esperan a chegada do rei sol, que
indefectiblemente chegará para que alume o novo día. Esta comparanza reflicte
algo do que nos quere ensinar o tempo de Advento.
Algo
semellante nos vén anunciar a carta de Santiago da segunda Lectura. Estamos
todos envoltos nun proceso que non remata e ó que deberiamos a cotío estar
abertos. É un proceso semellante ó que se ten que someter toda semente que
queira frutificar e sobrevivir máis alá de si mesma, mais manténdose ela mesma
dunha forma nova, superior, como planta vizosa e produtora de novas sementes.
Este é o misterio da vida, de toda vida, que leva consigo procesos difíciles e
complicados como o mesmo morrer, aínda que o proceso real non remate aí. Proceso
que require paciencia, esforzo, confianza, esperanza. Santiago dínolo na súa
carta desta fermosa maneira: “Tede paciencia, irmáns, deica a volta do Señor.
Reparade en como o labrego, coa esperanza posta nos preciosos froitos da terra,
agarda con paciencia as augas temperás e as serodias. Tede tamén vós paciencia
e collede folgos, porque o Señor axiña chegará”.
O tempo de
Advento convídanos, pois, a sermos “sementes”. Pero sementes conscientes do que
nos pasa en canto sementes que somos, conscientes dos cambios e procesos que
ocorren en nós e que nos han levar a unha vida máis plena, máis verdadeira. Un
gran de millo ou de trigo non sabe o que lle pasa cando se converte en semente,
cando cae na terra, na escuridade, na humidade, nas chuvias, neves ou fríos da
invernía que lle veñen enriba. Un gran de trigo ou de millo non pode saber nin
crer, non pode sufrir, nin esperar. Nós, en cambio, podemos saber e sentir todo
iso. Esa é a nosa diferenza e a nosa grandeza. Ese é o noso misterio, que nos asemella
a Xesús na súa vida, nos seus padecementos, morte e resurrección.
Este
Xesús, guieiro e modelo noso, é o que nos pon hoxe diante dos ollos o evanxeo
de Mateo. Dísenos nel que Xoán Bautista é loado por Xesús en canto “preparador”
da súa Boa Nova. Pero só, e nada máis, en canto “preparador” ou iniciador do
novo camiño de Xesús. Sabemos ben que o Bautista se centrou no labor de
achanzar en certo modo o terreo para poderen os seu oíntes escoitar con
proveito a mensaxe de Xesús. A linguaxe do Bautista era unha linguaxe de
penitencia, de conversión, de temor ó xuízo de Deus. Un Deus concibido aínda
sobre todo como castigador ou vingador. Xesús amósase, polo contrario, como
“alegre anunciador” da Boa Nova, da alegre noticia. Como aquel que se presenta
a si mesmo como “liberador” de todo mal, de toda limitación, como destrutor da
morte, pois a resposta de Xesús ós discípulos do Bautista é esta: contádelle a
Xoán que “os mortos resucitan”. Mais tamén teñen que lle informar a Xoán
Bautista -segundo lles encarga Xesús- que el, Xesús, toma partido polos pobres,
polos necesitados e marxinados da sociedade. Contádelle que “ós pobres se lles
está a anunciar a Boa Nova”. É dicir, Xesús preséntase a si mesmo ante os
discípulos de Xoán para que llo comuniquen a el, como o que, a diferenza de
Xoán, vén amosarnos un Deus que nel, en Xesús, está aí non para condenar, senón
para salvar, para amar e dar a súa vida por todos, para proclamar e construír
esperanza, para sufrir cos que sofren e aledarse cos que se aledan.
Comprenderedes ben así por que o papa Francisco, na súa primeira
encíclica ou Exhortación de hai só tres anos, nos falaba tanto da “alegría”, da
alegría que todo cristián ha de ter. O
mesmo título dela o anunciaba: “Evangelii Gaudium”, é dicir, a alegría do
Evanxeo. Este escrito do papa comeza así: “A alegría do Evanxeo enche o corazón
e a vida enteira dos que se atopan con Xesús. Os que se deixan salvar por El
son liberados do pecado, da tristeza, do baleiro interior, do illamento. Con
Xesús Cristo sempre nace e renace a alegría. Nesta Exhortación quero dirixirme
ós fieis cristiáns para convidalos a unha nova etapa evanxelizadora marcada por
esa alegría”.
O papa
dinos que se trata dunha “nova” etapa de evanxelización, aínda que estea de
feito, polo que antes comentei, en perfecta continuidade coa presentación de si
mesmo que lles fai Xesús ós discípulos de Xoán Bautista para que lle leven a el
a resposta de Xesús. Aquí está tamén a razón pola que Xesús, aínda que fai unha
gran loanza do Bautista ó dicir del que é “moito máis ca un profeta” e que
“ningún nado de muller fora meirande ca el”, engada a continuación que, malia
dicir iso do Bautista, “o máis pequeno no reino dos ceos é meirande ca el”, co
Bautista.
Convertámonos,
pois, a esta “alegre” e liberadora esperanza da “nova” Boa Nova de Xesús.
CREDO
ORACIÓN DOS FIEIS
Na nosa
oración comunitaria de hoxe dicimos: Ven, Señor Xesús.
Todos: Ven, Señor Xesús.
- Ven á túa
Igrexa, Señor, para que nos enchamos
do teu Espírito, da túa Boa Nova, e
sexamos así xeradores de esperanza e alegría para os demais:
Todos: Ven, Señor Xesús.
- Ven, Señor,
ó noso mundo dividido, no que se asoballa a persoas e pobos, para que o teu
Reino lle dea esperanza á humanidade:
Todos: Ven, Señor Xesús.
- Ven, Señor,
á nosa vida para que, iluminados pola luz do próximo Nadal, sexamos tamén luz e
abeiro de paz e consolo para os que sofren.
Todos: Ven, Señor Xesús.
Manuel Cabada Castro
viernes, 9 de diciembre de 2016
O Papa Francisco á Inmaculada.-
Ás catro da tarde, Francisco realizou a tradicional visita
do Papa ao monumento á Purísima situado na Praza de España, un dos lugares
emblemáticos da cidade de Roma.
Segundo informa Zenit, o santo pai Francisco visitou hoxe
pola tarde en Roma, Praza de España, onde está a famosa columna coa imaxe de
María Inmaculada, para o tradicional acto de veneración. Ese ano ademais da
cesta de flores, foi posto un cesto con pans, para lembrar o recentemente
concluído Xubileu da Misericordia e a quen ten dificultade para o
sustentamento cotián.
Superando importantes medidas de seguridade, miles de
persoas esperábanlle alí, onde chegou o Santo Pai, mentres o coro da Capela
Sixtina cantaba as ladaíñas en honra de María e o Tota Pulcra est Maria.
Aos pés da imaxe de María, o Papa recitou esta oración:
Oh María, nosa Nai Inmaculada,
no día da túa festa veño a ti,
e non veño só: traio comigo
a todos aqueles que o teu Fillo confioume,
nesta cidade de Roma e no mundo enteiro,
para que ti os bendigas e os salves dos perigos.
Tráioche Nai, aos nenos,
especialmente a aqueles sós, abandonados,
e que por este motivo son enganados e explotados.
Tráioche Nai, ás familias,
que levan adiante a vida e a sociedade
co seu empeño cotián e escondido;
de maneira particular ás familias que fan máis esforzo
debido a tantos problemas internos e externos.
Tráioche Nai, a todos os traballadores, homes e mulleres,
e confíoche especialmente a quen por necesidade,
esfórzase para realizar un traballo indigno
e a quen perdeu o traballo e non logra atopalo.
Temos necesidade da túa mirada inmaculada,
para atopar a capacidade de mirar ás persoas
ou as cousas con respecto e recoñecemento,
sen intereses egoístas ou hipocrisías.
Necesitamos do teu corazón inmaculado,
para amar de maneira gratuíta,
sen segundas intencións senón buscando o ben do outro,
con simplicidade e sinceridade,
renunciando a máscaras e maquillaxes.
Necesitamos as túas mans inmaculadas,
para acariñar con tenrura, para tocar a carne de Jesús
nos irmáns pobres, enfermos desprezados,
para levantar a quen caeu e dar apoio a quen vacila.
Temos necesidade dos teus pés inmaculados,
para ir cara a quen non sabe dar o primeiro paso,
para camiñar polos carreiros de quen está perdido,
para ir atopar ás persoas soas.
Agradecémosche, oh nai, porque mostrándoche
a nós libre de toda mancha de pecado,
ti lémbrasnos que antes de todo está a graza de Deus,
está o amor de Xesucristo que deu a vida por nós,
está a forza dl Espírito Santo que renova todo.
Feixe que non cedamos ao desánimo,
senón que confiando na túa constante axuda
empeñámonos a fondo para renovarnos nós
a esta cidade e ao mundo enteiro.
Reza por nós, Santa Nai de Deus.
Concluída a oración o Santo Pai saudou a diversos enfermos
en cadeira de rodas que se atopaban presentes.
Os bombeiros teñen a honra de levar a coroa de flores cada
ano, en particular quen está por retirarse. Fixérono pola mañá cedo. A coroa de
flores foi levada a 28 metros de altura e alí debidamente suxeitada ao brazo da
imaxe. Un pouco máis abaixo, na plataforma situada a 23 metros de altura serán
levados outros ramos de flores. Roma está moi ligado á imaxe da Inmaculada pois
foi inaugurada en 1857 grazas ao traballo de 220 bombeiros.
A praza de España toma o nome da embaixada de España ante a
Santa Sé, que alí ten a súa sede e diante da cal se celebra a cerimonia.
O papa Francisco, despois de render homenaxe á Nai de Jesús
na Praza de España, dirixiuse á basílica de Santa María a Maior, deténdose en
oración diante do ícono da Virxe que leva a invocación de Salus Populi
Romani.
sábado, 3 de diciembre de 2016
LECTIO
DOMINGO II DE ADVENTO
(Ano A: 4 de decembro 2016)
Estamos no
segundo chanzo (2º domingo de Advento) desta escaleira que nos vai achegando,
con humildade e abraio, ó berce de Nadal: alí onde está o Xesús Neno no presebe
de Belén.
Hoxe, a
liturxia, as lecturas que acabamos de escoitar, póñennos diante dun cadro,
dunhas imaxes, que nos tempos que corren semellan pura utopía.
Mais
Isaías é profeta e non un escritor de novelas. Eses escritos -as novelas- nos
que nos mergullamos cando dispoñemos dun pouco de lecer, con ilusión e secreto
contento, para así refuxiármonos dalgunha maneira da dura realidade que a vida
tantas veces nos impón.
Pero non.
Isaías, movido e acendido no seu interior pola experiencia do espírito de Deus,
fálanos dun futuro que terá que ocorrer, pois Deus quéreo. Fálanos dunha
aparición neste mundo noso, no vello tronco da historia humana, dun xermolo
humano-divino que se constituirá nun novo reino, nunha nova maneira de
relacionármonos os humanos entre nós e co noso Deus. Un reino que, como
sabemos, será un “reino de xustiza, de amor e de paz”.
Oiamos e
ollemos de novo as imaxes coas que nos describe Isaías eses novos tempos,
anunciados por el. Na súa fermosura, non teñen desperdicio e compréndese así
moito mellor con elas o que el nos quere anunciar ca con moitas ideas e
conceptos ben precisos e aquilatados, que á fin e ó cabo non deixan de ser
sempre algo abstracto:
“O lobo
habitará co carneiro e o leopardo deitarse co cabrito; o becerro e o leonciño
pacerán xuntos: un meniño pequeno sacaraos ó pasto. A vaca e a osa pacerán
xuntas, xuntas deitaranse as súas crías; o león, o mesmo có boi, comerá palla.
Un meniño de leite xogará no tobo da cobra, e un neno destetado collerá a
víbora coa súa man. Ningún será malvado nin fará o mal en todo o meu monte
santo: o país estará cheo de coñecemento do Señor, o mesmo que as augas enchen
o mar”.
Ou sexa. O
Deus que se nos amosará liturxicamente dentro de só tres semanas, nas festas de
Nadal, é un Deus que quere implantar e implantará un mundo de convivencia
harmoniosa na humanidade toda e en toda a fermosa creación, saída das mans e do
corazón de Deus. Un mundo, un cosmos inmenso e variado, no que non haberá xa
nin inimigos ou agresores, nin agredidos, senón só convivencia fraternal e
pacífica e mutua colaboración.
Claro que
todo isto non ocorrerá sen nós, é dicir, sen a nosa propia acción e sen o noso
compromiso coa paz, co amor, coa convivencia, coa igualdade entre todos,
recoñecéndonos dese modo como fillos dun mesmo Pai e irmáns entre nós.
Porque se
Deus se nos amosa en Xesús coma un Deus pacífico e familiar, tampouco quererá
el impoñerse ditatorialmente a si mesmo no mundo. Se tal cousa ocorrese,
deixaría automaticamente de ser el o Deus libre e dador de liberdade e
destruiría ó tempo en nós calquera pegada de liberdade para relacionármonos
libremente con el, cos demais e coa creación que nos sostén e amorosamente
arrodea.
Por iso,
nun moi fondo sentido, dependemos nós de Deus e el depende tamén de nós. Foi el
quen quixo que as cousas fosen así. E por iso é moi sabio e de moi vastas
consecuencias aquel dito ou consello de Santo Ignacio de Loiola que soa así:
“Fai todo coma se todo dependese de ti e confíalle a Deus o resultado a Deus
coma se todo dependese del”. Deus e mais nós, nós e mais el. “Entre” os dous somos
quen de cambiar o mundo.
Entenderemos ben así tamén por qué outro profeta, Xoán Bautista, algo
máis achegado a nós ca Isaías, teña que incitar ós seus contemporáneo á
“conversión” para dese modo estaren en condicións de aceptar a mensaxe de Xesús,
que anda xa entre eles, é dicir, entre nós. O clamor do Bautista diríxese a
todos, a grandes e cativos, a pecadores e a oficialmente “relixiosos”,
servíndose das palabras de Isaías: “Preparade os camiños do Señor, endereitade
os seus vieiros”.
Somos, pois, nós –non Deus- os que temos
que cambiar, os que temos que nos converter ós grandiosos e case incríbeis
proxectos seus sobre nós. Proxectos que só buscan en definitiva a nosa
plenitude e felicidade.
O Bautista
formula esta proclama súa desde o exemplo da súa propia vida persoal de
renuncia a comodidades e seguridades, a todo iso que a meirande parte da xente
do seu tempo e tamén do noso busca e anceia para si. O Bautista é parco no
comer, no vestir e nas cousas das que fai uso. Renunciara tamén á cómoda e
envexábel función de exercer o oficio sacerdotal no templo de Xerusalén, como
sería normal se continuase a súa tradición familiar, sendo como era el o único
fillo do sacerdote Zacarías.
Por todo
isto, o Bautista ten suficiente autoridade moral para chamarlles na cara “raza
de víboras” tanto a fariseos coma a saduceos, ou sexa, ós representantes
sociais e relixiosos mellor situados entre os demais. Porque os seus feitos non
se correspondían co seu status social e relixioso. Non eran, polo tanto, tal
como eles fachendeaban, verdadeiros e consecuentes “fillos de Abrahán”.
Pola súa
parte, Xoán, o “Bautista”, é dicir, o “bautizador”, sinálalles co seu dedo á
xente e a través dos séculos tamén a nós, Xesús como o verdadeiro e auténtico
bautizador, porque –segundo nos indica o mesmo Xoán e á diferenza del- Xesús
nos bautizará a nós co “Espírito Santo”.
Neste
segundo domingo de Advento teremos, pois, que lle pedir ó Espírito Santo que
descenda sobre nós, como descendeu sobre Xesús ó ser humildemente bautizado por
Xoán. Dese modo seremos bautizados tamén nós coa forza e o poder do Espírito do
Pai e do Fillo. É el quen nos dará graza e ímpeto para preparármonos para esta
vinda en carne mortal de Xesús no Nadal e sermos así capaces de construír entre
todos ese reino de paz e harmonía universal anunciado polo profeta Isaías.
CREDO
ORACIÓN DOS FIEIS
Invocamos
como fillos a Deus Pai para que atenda a nosa oración, dicindo: Escóitanos,
Pai.
TODOS: ESCÓITANOS, PAI.
- Axúdanos, Pai, a preparármonos coa túa graza para
recibirmos con ledicia e agradecemento o teu fillo Xesús no Nadal.
TODOS: ESCÓITANOS, PAI.
- Ilumina, Pai, coa forza do Espírito que vén de ti, a nosa
mente e fortalece o noso corazón para loitarmos contra os atrancos que se
opoñen á implantación neste mundo do teu reino de xustiza, fraternidade e
harmoniosa convivencia entre todos.
TODOS: ESCÓITANOS, PAI.
- Suscita, Pai, nos gobernos das nacións espírito solidario
para que teñen sempre presente nas súas políticas as necesidades e problemas
dos máis desfavorecidos.
TODOS: ESCÓITANOS, PAI.
Pedímoscho, Pai, por Xesús Cristo noso Señor. AMÉN.
Manuel
Cabada Castro
viernes, 2 de diciembre de 2016
PREGÓN DE ADVENTO
Alzade a vista,
restregade os ollos,
oteade o horizonte e dádevos conta do momento.
Abride todos os sentidos, aguzade o oído.
Captade os berros e susurros, o vento e a vida...
Empezamos Advento,
e unha vez máis renace a esperanza no horizonte.
Ao fondo, clareando xa, o Nadal.
Un Nadal sosegado, íntima, pacífica,
fraternal, solidario, encarnado;
tamén superficial, desgarrado, violento...
mais sempre desposado coa esperanza.
É Advento esa nena esperanza
que todos levamos, sen saber como, nas entrañas;
unha chama temblorosa, imposible de apagar,
que atravesa o espesor dos tempos;
un camiño de solidariedade ben percorrido;
a alegría contida en cada traxecto;
unhas pegadas que non enganan;
unha xestación chea de vida;
anuncio contido de boa nova;
unha tenrura que se desborda...
Cheo de esperanza grita Isaías:
“Camiñemos á luz do Señor”.
Con esperanza pregoa Xoán Bautista:
“Convertédevos, porque xa chega o reino de Deus”.
Con sorpresa inaudita
acolle Xosé ao seu fillo e Mesías.
Coa esperanza de todos os pobres
rumorea María a súa palabra de acollida:
“Fágase en min segundo a túa palabra”.
Alegrádevos, saltade de xúbilo.
Póndevos voso mellor traxe.
Perfumádevos con perfumes caros.
Que se note! Vén Deus..
Preparade o camiño.
Xa chega o noso Salvador.
Espertade á vida!
Florentino Ulibarri
A NOSA SALVACIÓN ESTÁ XA MÁIS CERCA
VÉN, SEÑOR, XESÚS!
Que cando chegues e chames á miña porta
atopes a miña mente esperta,
o meu corazón inclinado totalmente a ti,
os meus pés sen desviarse do teu camiño
e as miñas mans envorcadas de cheo na realización do teu
Reino.
Que non me durma, Señor,
e que, na noite da miña vida,
manteña acendida a lámpada da miña fe,
aberta a xanela das miñas primeiras ilusións
confiado na voz profética que me chega puntualmente en cada
Advento.
VÉN, SEÑOR, XESÚS!
Son moitos os que desexan verme adormentado.
Son moitos os que me contan que non virás.
Son moitos, mesmo dos meus, os que se cansaron de esperar.
Axúdame, Señor, a ser persoa de esperanza,
a esperar coa ilusión dun neno
o escintileo da estrela dun novo mañá,
a noite máxica dun Nadal luminoso,
o misterio que asombra os meus ollos e o meu corazón
ao ver a túa humanidade e divindade xuntas,
como garantía da miña propia humanidade engrandecida.
VÉN, SEÑOR, XESÚS!
Que me manteña esperto, Señor,
para seguir mirando o horizonte da miña vida
sabendo que ao longo do Advento da miña historia chegarás,
porque estou convencido de que cumpres sempre as túas
promesas.
E porque xa estás para sempre no meu corazón
desde o momento en que empecei a desexar que chegases?
E diso, Señor, fai xa moito tempo.
VÉN, SEÑOR, XESÚS!
Amén.
Isidro Lozano
sábado, 2 de julio de 2016
PORTADORES DO EVANXEO
«Poñédevos a camiño»
Aínda que o esquecemos unha e outra vez, a Igrexa está
marcada polo envío de Xesús. Por iso é perigoso concibila como unha institución
fundada para coidar e desenvolver a súa propia relixión. Responde mellor ao
desexo orixinal de Xesús, a imaxe dun movemento profético que camiña pola
historia segundo a lóxica do envío: saíndo de si mesma, pensando nos demais,
servindo ao mundo a Boa Noticia de Deus. «A Igrexa non está aí para ela mesma,
senón para a humanidade» (Benedicto XVI).
Por iso é hoxe tan perigosa a tentación de repregármonos
sobre os nosos propios intereses, o noso pasado, as nosas adquisicións
doutrinais, as nosas prácticas e costumes. Máis aínda, facémolo endurecendo a
nosa relación co mundo. Que é unha Igrexa ríxida, anquilosada, encerrada en si
mesma, sen profetas de Xesús nin portadores do Evanxeo?
«Cando entredes nun pobo… curade aos enfermos e dicide: está
preto de vós o reino de Deus»
Esta é a grande noticia: Deus está preto de nós animándonos
a facermos máis humana a vida. Pero non basta con afirmarmos unha verdade para
que sexa atractiva e desexábel. É necesario revisarmos a nosa actuación: que é
o que pode levar hoxe ás persoas cara ao Evanxeo?, como poden captar a Deus
como algo novo e bo?
Seguramente, nos falta amor ao mundo actual e non sabemos
chegar ao corazón do home e a muller de hoxe. Non basta predicar sermóns desde
o altar. Temos de aprendermos a escoitar máis, acoller, curar a vida dos que
sofren… só así atoparemos palabras humildes e boas que acheguen a ese Xesús
cuxa tenrura insondábel nos pon en contacto con Deus, o Pai Bo de todos.
«Cando entredes nunha casa, dicide primeiro: Paz a esta
casa»
A Boa Noticia de Xesús comunícase con respecto total, desde
unha actitude amistosa e fraterna, contaxiando paz. É un erro pretender
impoñela desde a superioridade, a ameaza ou o resentimento. É antievanxélico
tratar sen amor ás persoas só porque non aceptan a nosa mensaxe. Pero, como o
aceptarán se non se senten comprendidos por quen nos presentamos en nome de
Xesús?
José Antonio PagolaTradutor: Xaquin Campo Freire
domingo, 26 de junio de 2016
LECTIO
DOMINGO XIII (T. O.)
(Ano C: 26 de xuño de 2016)
No domingo
anterior falabamos, utilizando unha expresión seguramente demasiado abstracta
ou subida, sobre Deus como “futuro
absoluto” (unhas palabras que procedían do gran teólogo Karl Rahner). É dicir,
Deus como alguén que está sempre alén dos nosos limitados conceptos ou das
nosas máis atrevidas previsións por moi grandiosas que estas sexan.
Agora ben,
precisamente por ser Deus tan grande, tan infinito, atráenos moi poderosamente,
á maneira dunha estrela descomunal que fai orbitar arredor dela, en continuo
movemento, outros corpos celestes máis pequenos ca ela. Estes corpos celestes
somos en certo modo nós.
Seguindo a
comparanza astronómica, Xesús vén sendo para nós a manifestación humana máis
perfecta deste Deus infinito, que nos supera totalmente e ó mesmo tempo nos
atrae desde o máis íntimo dos nosos corazóns. Xesús é atraído infinitamente por
seu Pai Deus é, ó tempo, atráenos fortemente a todos nós, en canto que nel se
fai presente Deus mesmo de maneira única.
Ser
cristiáns quere dicir deixármonos atraer por Xesús para desa maneira podermos
encontrar a Deus. Nós somos e queremos ser seguidores de Xesús, porque el vai
sempre diante, da mesma maneira que o futuro está sempre diante do presente e
do pasado. Neste sentido un cristián ten que ser necesariamente un
“progresista”, é dicir, un que mira cara ó futuro e que avanza cara ó que
espera. Porque o que imos ser e o que estamos a construír é, falando á maneira
bíblica, un “Reino de Deus”, que está por vir, que aínda non está entre nós a
non ser de maneira só moi incipiente. Por iso a nosa fe está estreitamente
unida á nosa esperanza: dúas actitudes fundamentais de todo cristián que xunto
coa caridade ou o amor constitúen as tres chamadas “virtudes teologais”.
A que vén
todo isto que vos estou a comentar? Pois simplemente porque me parece que o que
nos conta hoxe Lucas vai bastante por aquí. Xesús era un home aberto e
decididamente lanzado cara ó futuro. Para entendérmonos, Xesús era un
verdadeiro e auténtico “progresista”, no sentido máis literal de ir cara a
adiante, un sentido que vai moito máis alá (claro!) dos clixés políticos ós que
estamos acostumados. As cousas vellas e tradicionais non lle ían a el nin lle
servían en canto se constituían en rémoras para a construción do seu Reino: un
reino de xustiza, de amor e de paz. As continuas polémicas dos seus
contemporáneos, tanto políticos como sobre todo relixiosos, contra el
baseábanse nisto. Pois a relixión do seu tempo en boa parte ficara parada,
detida, inmóbil, ancorada en normas, preceptos e sacrificios exteriores, que
non lles deixaban ás persoas nin liberdade nin capacidade de poder avanzar e
progresar.
Ollo! Ben
o sabemos. O progresismo humano e relixioso de Xesús non é un progresismo
barato, abstracto, aéreo, senón ben encarnado nos problemas, nas ameazas e nos
sufrimentos polos que habería de pasar. Tanto el coma quen queira ser humilde
seguidor seu.
Desde o
punto de vista desta actitude de Xesús na súa vida e como confirmación dela,
non está mal escoitar de novo o que nos comentaba Lucas no evanxeo de hoxe.
Xesús –dísenos alí- “decidiu en firme ir a Xerusalén”. É dicir, decidiu
avanzar, coma quen di, cara á boca do lobo. Porque é alí, en Xerusalén, no
centro da política e da relixión do seu tempo, onde terá que dar claro
testemuño da súa mensaxe.
Non o deterá nos seus plans, camiño de
Xerusalén, o feito de que os samaritanos non o vexan a el con bos ollos nin lle
vaian conceder pousada entre eles. En calquera caso, dada a claridade de ideas
que tiña desde o seu discurso inaugural en Nazaret sobre as liñas fundamentais
da súa boa nova, Xesús non se deixará aconsellar polo violento ardor relixioso
dos seus discípulos, que desexaban que un raio partise polo medio os
samaritanos. Non. Non é así, con castigos ou vinganzas, como se constrúe o seu
reino, tal como pensaban aínda os profetas do Antigo Testamento.
Preséntanselle nesta camiñada posibles seguidores, candidatos que se lle
ofrecen para acompañalo na tarefa de realización do seu reino. Mais advírtelles
claramente que o seu camiño ten poucos acougos e escasas seguridades humanas. O
camiño é esforzo continuado e non leito para nel se deitar. “As raposas
–acláralles Xesús- teñen tobeiras e os paxaros teñen niños; pero eu [‘o Fillo
do Home’] non teño onde pousar a cabeza”.
Na
construción do seu reino, do “Reino de Deus”, non se debe tampouco perder o
tempo en lamentacións sobre o pasado ou en ritos apazugadores: “Deixa que os
mortos enterren os seus mortos”. “Quen, despois de pór a man no arado, mira
para atrás non é apto para o Reino de Deus”. O pasado –ben o estades a ver-
pasado está.
O que
decide e importa, na construción do Reino de Deus, é polo tanto ollar cara a
adiante, cara ó futuro que só se encontrará connosco tras o noso esforzo
persoal e a imprescindíbel axuda do Espírito, que como o vento inchará as velas
das nosas lanchas. Tal como lles escribe Paulo ós Gálatas na segunda Lectura de
hoxe, o noso guieiro ha ser o Espírito. Ese Espírito que nos libera da “lei”
opresora e escravizadora e nos orienta cara a Cristo, que é quen
verdadeiramente nos libera de todo temor ou angustia. Lembrade o que escribe
Paulo nesta carta: “Para vivirmos en liberdade liberounos Cristo... A vós
chamáronvos á liberdade”. E trátase dunha liberdade que se realiza no amor, tal
como engade aquí mesmo Paulo. Porque a lei en Paulo era só preparación para a
nova actitude cristiá. Agora é no amor, que non se pode entender sen a
liberdade, onde desemboca e se realiza a lei. “Toda a lei –di Paulo- está
completa neste precepto: ‘Amarás o teu próximo coma a ti mesmo’”.
Polo
tanto, a vivencia ou a actitude cristiá ten que ser esencialmente dinámica,
aberta ó futuro, realizadora do ben e do amor. Sen ollar cara a atrás, nin para
fachendear das cousas ben feitas nin tampouco para angustiármonos
indefinidamente por aquelas nas que non estivemos á debida altura. A nosa
tarefa consiste en seguirmos o paso de Xesús, que vai sempre diante nosa,
aprendéndonos co seu exemplo a aturar con paciencia e amor as dificultades coas
que nos atoparemos inevitabelmente na vida. O que non resulta axeitado é ficar
parados, estáticos, inoperantes ou sometidos á desesperanza, porque a vida é
sempre camiño e ilusión, aínda que estea sempre entrecruzada pola dor e o
sufrimento. Tal como foi a vida e o camiñar deste Xesús que vai sempre diante
nosa, dándonos azos, alento e esperanza.
CREDO
ORACIÓN DOS FIEIS
Invoquemos a Deus noso Pai, por medio de Xesús Cristo, para
que nos mova cara ó futuro de seu
Reino, dicindo: Escóitanos, Pai.
TODOS: Escóitanos, Pai.
- Dános, Pai, fe e esperanza no Reino ó que nos chamas, un
reino de xustiza, de amor e de paz.
TODOS: Escóitanos, Pai.
- Fortalece e aumenta, Pai, os nosos ánimos para seguirmos a
Xesús no seu camiño cara á construción
dun mundo onde tódolos pobos e culturas gocen de paz, fraternidade e
prosperidade.
TODOS: Escóitanos, Pai.
- Axúdanos, Pai, a non deixármonos vencer por ameazas, medos
ou sufrimentos nos nosos comúns esforzos pola vinda do teu Reino.
TODOS: Escóitanos, Pai.
Pedímoscho, Pai, por Xesús Cristo noso Señor. AMÉN.
Manuel Cabada Castro
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