jueves, 23 de febrero de 2012

A MISIÓN: DEBER DE TODOS




O sábado, día 18 deste mes, celebrouse en Roma o Consistorio polo que o Papa Bieito XVI nomeaba a 22 novos cardeais, un feito moi importante para vida interna da Igrexa, xa que os cardeais son os conselleiros e axudantes do Papa no pastoreo da Igrexa universal. Na véspera do Consistorio, o Cardeal Timothy Dolan, Arcebispo de Nova York, pronunciou un importante discurso ante o Papa e cardeais sobre a nova evanxelización, do que queremos publicar un pequeno extracto, que aparece na revista “Alfa y Omega”.
  “El Concilio Vaticano II reafirmó que hay misioneros explícitos, enviados a pueblos que nunca han escuchado el Nombre por el que todos son salvados, pero también que ningún cristiano está exento del deber de dar testimonio de Jesús y de ofrecer a otros Su invitación en su vida cotidiana. Así, la misión se convirtió en algo central para la vida de cada Iglesia local, para cada creyente.
  Debemos tener en nuestro corazón a esas personas que se consideran agnósticas o ateas. No quieren verse a sí mismas como objeto de la misión, o renunciar a su libertad. Pero la cuestión de Dios permanece presente también para ellos. Como primer paso de la evangelización, debemos tratar de mantener esta búsqueda viva; debemos preocuparnos de que los seres humanos no dejen de lado la cuestión de Dios, sino que, más bien, la vean como una cuestión esencial para sus vidas.
  Creemos, con los filósofos y poetas de antaño, que no tuvieron la ventaja de la Revelación, que incluso una persona que alardea de ser secular y desdeña la religión, tiene dentro una innegable chispa de interés por el más allá, y reconoce que la Humanidad y la creación, sin el concepto de algún tipo de creador, son un acertijo sombrío. Una película popular ahora es The Way, protagonizada por un actor famoso, Martin Sheen. Interpreta a un padre cuyo hijo, que se había distanciado de él, muere haciendo el Camino de Santiago. El padre decide, en su dolor, completar la peregrinación. Es el icono del hombre secular: satisfecho de sí mismo, displicente hacia la religión, denominándose ex católico, escéptico sobre la fe, y, sin embargo, incapaz de negar que dentro de él hay un interés irreprimible por lo trascendente, una sed de algo más -no, de Alguien-, que crece por el camino.
El misionero, el evangelizador, debe ser una persona alegre. La nueva evangelización se lleva a cabo con una sonrisa, no con un ceño fruncido. Alegría, amor... y, por último -siento mencionarlo-, la sangre. Un joven de Nueva York me dijo que volvió a la fe de su infancia porque leyó sobre los monjes trapenses martirizados en Argelia hace 15 años, y después de ver De Dioses y hombres, la película sobre ellos. A Tertuliano no le sorprendería”.


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