domingo, 13 de marzo de 2022

II Domingo de Coresma

13 de marzo de 2022, festividad de santa Cristina

"Es precisamente la oración de Jesús la que nos permite echar un vistazo al misterio profundo de su persona"

TRES CONSEJOS DEL PAPA FRANCISCO PARA LA CUARESMA

1. Siembra y cosecha. “La Cuaresma nos invita a la conversión, a cambiar de mentalidad, para que la verdad y la belleza de nuestra vida no radiquen tanto en el poseer cuanto en el dar, no estén tanto en el acumular cuanto en sembrar el bien y compartir”. v “La llamada a sembrar el bien no tenemos que verla como un peso, sino como una gracia con la que el Creador quiere que estemos activamente unidos a su magnanimidad fecunda”. v “Un primer fruto del bien que sembramos lo tenemos en nosotros mismos y en nuestras relaciones cotidianas, incluso en los más pequeños gestos de bondad
(…). En Dios no se pierde ningún acto de amor, por más pequeño que sea”. v “Sembrar el bien para los demás nos libera de las estrechas lógicas del beneficio personal y da a nuestras acciones el amplio alcance de la gratuidad, introduciéndonos en el maravilloso horizonte de los benévolos designios de Dios”.

2. ‘No nos cansemos de hacer el bien’. “Necesitamos orar porque necesitamos a Dios. Pensar que nos bastamos a nosotros mismos es una ilusión peligrosa”. v “El ayuno corporal que la Iglesia nos pide en Cuaresma fortalezca nuestro espíritu para la lucha contra el pecado”. v “La Cuaresma es un tiempo propicio para buscar a quien está necesitado; para llamar a quien desea ser escuchado y recibir una buena palabra; para visitar a quien sufre la soledad”.

3. ‘Si no desfallecemos, a su tiempo cosecharemos’. “En este tiempo de conversión, apoyándonos en la gracia de Dios y en la comunión de la Iglesia, no nos cansemos de sembrar el bien. El ayuno prepara el terreno, la oración riega, la caridad fecunda”. “Que la Virgen María, en cuyo seno brotó el Salvador nos obtenga el don de la paciencia y permanezca a nuestro lado con su presencia maternal, para que este tiempo de conversión dé frutos de salvación eterna”.
 

MONICIÓN DE ENTRADA

¡Hermanos y amigos! Bienvenidos a esta celebración. Que el Señor se fije en cada uno de nosotros y nos conceda su paz.

En este segundo domingo de Cuaresma, domingo de la Transfiguración del Señor, la liturgia nos invita a renovar nuestra amistad con Dios. Se nos presenta a Dios celebrando con su amigo Abraham un pacto de amistad eterna, donde ambos se declaran dispuestos a entregar su vida por esta alianza.

Jesús, en oración, en pleno trato de amistad con el Padre, deja entrever a los apóstoles que el sentido de su vida es cumplir a cabalidad aquella antigua promesa de amor, y les descubre la belleza y la gloria de vivir esa amistad. 

Seguros de la presencia del Resucitado aquí y ahora entre nosotros, pongámonos de pie para darle gracias al Padre bueno.
 

TEXTO DEL EVANGELIO (LC 9, 28-36)

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante, y he aquí que conversaban con Él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con Él. Y sucedió que, al separarse ellos de Él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías», sin saber lo que decía. Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor. Y vino una voz desde la nube, que decía: «Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle». Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.
 

REFLEXIÓN: "DIOS, JESÚS Y LOS AMIGOS" POR JAVIER LEOZ

1.- “Este es mi secreto, un secreto muy sencillo; sólo se puede ver bien con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos” (A. de Saint Exupéry) También a nosotros, con el evangelio de hoy, Jesús nos invita a adentrarnos y comprender su identidad. Subir junto a El, camino del calvario, es quedarnos embelesados por la cercanía de un Dios que se manifiesta claramente. ¡Si, Señor! ¡Buen adelanto lo que estamos llamados a gustar, disfrutar y ver en el cielo! La Transfiguración nos incita, por capilaridad, a contemplar y ver, tocar y fusionarnos a Cristo. Y, por supuesto, a su aparente fracaso (la muerte) y a su inminente triunfo (la resurrección). No hay vida sin cruz; no hay cristianismo sin cruz; no hay amigos de Jesús si, previamente, no existen hombros para llevar la cruz. ¿Será que nos gusta sólo la luz del cristianismo? En estos tiempos, en los que tanto preocupa el “ADN” de las personas, se me ocurre pensar que el Monte Tabor es un lugar privilegiado donde aprendemos a vislumbrar o intuir que Jesús encierra algo grande que escapa a nuestra razón, pero que colma de vida el corazón que todos llevamos dentro: ¡la gloria del Señor! La Transfiguración de Jesús, en este segundo domingo de cuaresma, nos descubre la identidad de Jesús: HIJO DE DIOS

2.- Pero, aún así, muchos seguirán sin creer, jactándose y sentenciando que no existió tal monte, ni hubo manifestación o nubes que se abrieron de par en par desplegando y completando el Misterio. Otros se quedarán en el Jesús histórico, sin más trascendencia que su nacimiento, su muerte o el movimiento de liberación que pudo, en su tiempo, desencadenar. Y, algunos más, ¡ojalá nosotros!”, concluiremos que la Transfiguración es una vivencia y un adelanto de la gloria que nos espera después de la muerte y por la resurrección de Jesús. Tabor, es subir para comprender y acoger la persona divina de Jesús El Tabor exige bajar al terreno, o valle de cada día, con nuevas actitudes, con renovado brillo en el rostro y con el corazón sobrecogido por la experiencia de haber estado cerca de Jesús Tabor, es elevar, en medio de nuestro mundo, no tres tiendas (¡cientos de miles!) para que muchos hombres y mujeres descubran que el resplandor de la Gloria de Dios sigue brillando para todo aquel que se aventure (con esfuerzo, seguimiento, escucha, valentía y audacia) a buscarla o, como nosotros, celebrarla. ¿Que todo ello acarrea y trae abundancia de cruces? Pues, mirad, así….de esa manera nos vestiremos en el Reino de los Cielos… ¡de luces!

3.- Si, el domingo pasado, Jesús nos invitaba a la lucha (para no sucumbir en nuestros ideales cristianos) hoy, el Señor, nos llama a la confianza. Nos arrastra hasta la intimidad con Dios. ¡Sin Dios nada! Jesús, aún queriendo estar en compañía de Dios, no quiere dejar abandonados a sus amigos. Por eso, este domingo, lo podemos llamar el “domingo de Dios, Jesús y sus amigos”. Que la Transfiguración nos haga vivir la presencia transformadora, vital, real y viva de Jesús de Nazaret.
 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por la Iglesia, para que se ponga en actitud de escucha y en un camino de conversión confiando en la misericordia de Dios y creyendo que, a pesar de todas sus debilidades, el Señor, el Señor es fiel a su alianza. Oremos.

2. Por los jefes de las naciones, especialmente por quienes gobiernan nuestro país, para que, teniendo teniendo siempre en mente la lógica del Evangelio, donde el primero es servidor, ejerzan la autoridad que han recibido en beneficio de toda la comunidad que les ha sido confiada, en la búsqueda del verdadero bien común. Oremos.

3. Por todos los que sufren en el mundo, especialmente por todos aquellos que son marginados por la sociedad, que viven en soledad, para que Dios tenga misericordia de ellos, les haga escuchar su voz de consuelo y puedan sentirse amados por quienes nos llamamos cristianos. Oremos.

4. Por todos nosotros, para que atendamos el llamado a escuchar la voz de Jesús, que sepamos atender su Palabra a través del Magisterio de la Iglesia, de las Sagradas Escrituras y de aquellos que son nuestros orientadores espirituales. Oremos.
 

ORACIÓN

"Tus amigos, Señor"

Subiste al Tabor, y lejos de olvidarnos,
nos invitaste a escalar contigo.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo,
Señor? Ascendiste al Tabor,
y sin dejarnos de lado,
nos hiciste partícipes de algo,
que lejos de ser sueño,
fue gloria, presagio, anuncio,
pasión, muerte y futuro.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo, Señor?
Te alejaste, por un momento,
de los que solicitaban tu mano
para quedar sanos tu mirada para recuperar
la fe en su vivir tus pisadas, para saber por dónde caminar.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo,
Señor? Nos cogiste, Señor,
y para que supiéramos lo qué era el bien
nos hiciste testigos de una Gloria de un triunfo,
de una cruz, de una pasión y de una resurrección que,
a todos los que creemos, nos espera
¿Se puede pedir algo más, a un amigo,
Señor? Trepamos contigo,
Señor, a la montaña y,
con nuestros ojos abiertos al Misterio
supimos que algo extraordinario ocurría
delante de nosotros: una voz del cielo,
dos rostros conversando contigo y un cielo abierto
¡Qué bien, Señor, estábamos en ese momento!
¿Se puede pedir algo más, a un amigo,
Señor? Sólo sabemos,
Señor, que somos tus amigos y que,
todos los domingos, en la eucaristía
nos rescatas del mundo a la Gloria de Dios del sin sentido,
a la sensatez de la mentira,
a la verdad de la debilidad,
a la fortaleza de la muerte,
a la resurrección.
Sólo sabemos, Señor,
que algo bueno tenemos cuando,
siendo como somos,
compartes con nosotros estos momentos
de bienestar para el alma y para la vida. Amén.

 

lunes, 7 de marzo de 2022

I DOMINGO DE CORESMA

6 de MARZO de 2022, festividad de san Olegario

“El tiempo de Cuaresma que vamos a comenzar nos impulsará de nuevo a que con sencillez sepamos reconocer siempre nuestros fallos, de esta manera seremos menos exigentes con los que viven junto a nosotros"

TIEMPO DE CUARESMA

CONFIAR… ORAR… “MISERICORDEAR”… BENDECIR… AGRADECER… … PORQUE ES LA PASCUA DEL SEÑOR

“Anúnciales con obras y palabras, lo que el Señor ha hecho contigo” (Cf. Mc 1,19-20)

Un año más nos adentramos en el desierto cuaresmal con la firme voluntad de hacer un auténtico camino de conversión que renueve nuestra vida y desde ahí hacer una Iglesia más creíble y un mundo más habitable. No olvidamos que la gracia de Dios nos precede y es Él mismo el que quiere cambiar nuestro corazón y poner un rumbo nuevo a nuestra vida. El Espíritu Santo nos conducirá a la “Verdad plena” y nos hará gustar y saborear el misterio pascual.

Vivamos  este tiempo de cuaresma con más intensidad y así prepararnos para la Pascua, estando dispuestos a acoger lo que Dios quiera hacer con nosotros, abiertos a las sorpresas del Espíritu, para así, anunciar a otros, con obras y palabras lo que el Señor ha hecho con nosotros.

CONFIAR es la primera actitud con la que hemos de empezar esta Cuaresma, sabiendo que el Señor puede hacer posible, en nosotros, la conversión que nos pide. Su Palabra será alimento que nos fortalezca.

Hemos de entrar en este tiempo descubriendo la necesidad de ORAR para que toda nuestra vida gire en torno al proyecto de Dios y no en torno a nuestros gustos o criterios. Así llegaremos a descubrir cómo Jesucristo, transfigurándose, nos configura con Él, para estar cerca de los desfigurados. El papa nos ofrece esta palabra: “MISERICORDEAR”, que encierra en ella cómo es el corazón de Dios y a qué estamos llamados cada uno de nosotros, a tener un corazón que se inclina a las miserias de la humanidad, al dolor de cada persona. Solo convirtiendo nuestro corazón al Señor podremos acompañar el camino de la humanidad sufriente. BENDECIR al Señor, reconocer su grandeza, ser conscientes de lo que hace en cada uno de nosotros y bendecir a la humanidad, a cada hombre y mujer con los que nos encontramos, hacer posible con nuestras vidas y nuestra entrega, que sean colmados de los bienes que proceden de Dios para que sus vidas sean vividas en abundancia. Y por último saber AGRADECER la entrega de Jesús por todos y cada uno de nosotros. Su vida, su Palabra, su muerte y resurrección ha manifestado la grandeza de Dios y nos hace vivir alegres, una vida con propósito. Nuestro llanto se ha convertido en gozo, nuestra tristeza en alegría. Agradezcamos con nuestras palabras y nuestra vida este magnífico don. Vivamos nuestra existencia en continua actitud de agradecimiento.
 

MONICIÓN DE ENTRADA

Queridos hermanos, les damos una  cordial bienvenida a la celebración de la misa dominical. El miércoles hemos comenzado ya esta ruta de la Cuaresma, camino hacia la Pascua. Durante estos domingos y la Semana Santa, seremos testigos del inmenso amor que Dios nos tiene, llamándonos a la conversión y arrepentimiento, para gozar de la resurrección de Cristo.

Agradeciéndole el detalle, comenzamos sellando en la eucaristía la alianza que nos ofrece en Jesús, y que iremos renovando a lo largo de toda la Cuaresma. De pie, cantamos…
 

TEXTO DEL EVANGELIO (LC 4, 1-13)

En aquel tiempo, Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto, durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». Jesús le respondió: «Esta escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre’».

Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra; y le dijo el diablo: «Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. Si, pues, me adoras, toda será tuya». Jesús le respondió: «Está escrito: ‘Adorarás al Señor tu Dios y sólo a Él darás culto’».

Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; porque está escrito: ‘A sus ángeles te encomendará para que te guarden’. Y: ‘En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna’». Jesús le respondió: «Está dicho: ‘No tentarás al Señor tu Dios’». Acabada toda tentación, el diablo se alejó de Él hasta un tiempo oportuno.
 

REFLEXIÓN: "¿TENTACIÓN? ¿DE QUÉ Y PARA QUÉ?" POR JAVIER LEOZ

1.- Comenzamos este tiempo cuaresmal, y, amigos, no lo olvidemos: es un proceso de catequesis bautismales. Es decir ¡repasemos y descubramos nuestro nacimiento a la fe y a la vida nueva! ¿Que por quién? ¡Por Cristo y en Cristo! El hombre, desde que nace, brota para la vida y para la muerte, para la alegría y para la tristeza, para el éxito y para el fracaso. Y también, el evangelio de hoy nos lo muestra estupendamente, para las tentaciones de cada día. Pero ¿qué ocurre en aquí y ahora? ¿Tenemos sensación de ser tentados en lo importante o, más bien, rescatados de lo que no es necesario o, según algunos, secundario? ¿Qué es más decisivo, a la hora de elegir caminos, los que conducen hacia el pan de la buena imagen, del poder, del tener o…los que llevan a Dios? La experiencia nos lo remarca una y otra vez: no sólo de pan vive el hombre. O, por lo menos, lo fugaz no nos hace definitivos ni definitivamente felices. El mundo, los medios de comunicación social y otros entes, puede que –hoy más que nunca- nos estén transmitiendo: ¡si dejas de creer, si renuncias a tus principios cristianos, si te alejas del mundo de Dios…serás famoso, no tendrás problemas, pasarás desapercibido y dejarás de ser señalado! Comprobamos, viva réplica de los tiempos de Jesús, cómo algunos nos quieren poner altos, peligrosamente elevados con una condición: que dejemos de adorar a Dios y nos sometamos al dictado de la sociedad caprichosa, injusta y, a veces, endemoniada.

2.-Tenemos que apoyarnos en la Palabra del Señor. Para ello, y si podemos, qué bueno sería realizar lo que la Iglesia nos sugiere con tanta insistencia: retirarnos a un pequeño desierto. La eucaristía de cada domingo, el ejercicio del vía crucis, una oración ante el sagrario o la contemplación de la cruz, son reales desiertos que nos alejan de esa fábrica de ruidos y de traiciones, de prisas y de preocupaciones que es el entorno donde nos movemos. ¿Dónde buscamos hoy a Dios? ¿Te has molestado alguna vez en buscarlo? Corremos el riesgo de pensar que, bueno, ya estamos bautizados, ya nos hemos confirmado, ya somos sacerdotes o, ¡contento se puede ver el Señor o la misma Iglesia, de que nos hayamos casado delante del altar! Pero el Señor quiere algo más. Y nuestra fe, necesita algo más. Por eso mismo, la Eucaristía, la Palabra de Dios bien proclamada y atentamente escuchada, son lugares privilegiados donde buscar y poder encontrar al Señor. ¡Cuántos cristianos que no se dan cuenta que, en la Palabra de Dios, es donde el hombre encuentra el secreto de su felicidad! Al iniciar esta santa cuaresma, no vemos las cosas fáciles para el camino de la fe. Tampoco fue un camino de rosas para Jesús: ¡fue tentado! Nosotros, al igual que El, somos tentados al abandono. A dejar en un segundo o en un tercer plano, nuestra pertenencia a la gran familia de Dios. Tenemos la tentación de convertir a los falsos ídolos (los dominantes de nuestro mundo) en los dueños de nuestras conciencias, de la educación de nuestros niños y jóvenes o en los gestores o fabricantes de leyes que van en contra de la dignidad de la persona o de la misma vida. ¿Quién ha dicho que las tentaciones no existen?

3.- Hoy es más moderno ir de “guay” y de “progre” por las calles de nuestras ciudades. Hoy, es más fácil no ser cristiano que dar testimonio de nuestra fe. Hoy, es más fácil escuchar, seguir el continuo y falso canto de las sirenas de la felicidad que secundar, la dulce y humilde Palabra del Señor. Hoy, cuando somos tentados, preferimos dejarnos seducir por el efímero dulce del paladar que resistirnos y preguntarnos si, lo que dejamos a cambio, es a la larga más ventajo o beneficioso. ¿Tentación? ¿De qué? ¿De quién? Busca un poco en tu vida y, pronto, la encontrarás. La Pascua del Señor, en el horizonte, nos invita a ello.
 

ORACIÓN DE LOS FIELES

La Cuaresma es un tiempo precioso y propicio para que, en el don de gracia de sus cuarenta días, el alma se convierta y el corazón purificado se dirija a Dios. Oremos por nuestra conversión y purificación diciendo juntos: "No nos dejes caer en la tentación, Señor".

1. Por la Iglesia, para que este tiempo de Cuaresma sea la ocasión para tomar más conciencia de los dones recibidos con el bautismo, y seamos en el mundo, y para el mundo, profecía y testimonio del amor de Dios. Oremos.

2. Por los gobernantes de las naciones, especialmente los de nuestro país, para que sientan la necesidad de recurrir a Dios para pedirle una mirada límpida y nueva, ciencia recta junto aun corazón puro para ver mejor las necesidades y llevar bienestar a todos. Oremos.

3. Por la paz en el mundo, para que cesen los conflictos bélicos entre las naciones y se respete la libertad de todos los países y la vida humana. Oremos.

4. Por los enfermos y los que sufren, para que, si es la voluntad de Dios, puedan sanar pronto y recobrar la salud y, para que tengan siempre a su lado personas que las cuiden y las asistan con amor. Oremos.

5. Por todos nosotros, para que en este tiempo de Cuaresma Dios nos dé la fuerza de su Espíritu para poder mortificar nuestro cuerpo y ofrecerle un sacrificio agradable a su presencia. Oremos.
 

ORACIÓN

"Nos has llamado al desierto"

NOS HAS LLAMADO AL DESIERTO, SEÑOR DE LA LIBERTAD,
Y ESTÁ EL CORAZÓN ABIERTO A LA LUZ DE TU VERDAD.
SUBIMOS CON ESPERANZA LA ESCALADA CUARESMAL,
EL PUEBLO DE DIOS AVANZA HASTA LA CUMBRE PASCUAL.

1. Tu pueblo, Señor,
camina desde la aurora al ocaso:
a tu Pascua se encamina
y te sigue paso a paso.

2. Señor, te reconocemos
y tu Palabra escuchamos,
tus caminos seguiremos
y tu ley de amor cantamos.

3. Se acerca, Señor,
tu día, en el que todo florece:
con su luz y su alegría
ya el camino resplandece.

 

viernes, 4 de marzo de 2022

Carta Pastoral de mons. Barrio na Coresma 2022

28 de febrero de 2022

  • Carta Pastoral del arzobispo para este tiempo litúrgico que se inició el miércoles día 2 de marzo con la imposición de la ceniza
  • Monseñor Barrio recuerda que el ayuno, la limosna y la oración son semillas para la siembra cuaresmal

En su Carta Pastoral para la Cuaresma, el arzobispo de Santiago recuerda el mensaje del papa Francisco para este tiempo litúrgico que se inicia el próximo miércoles día 2 de marzo con la imposición de la ceniza. Monseñor Barrio indica que el pontífice nos dice que la Cuaresma “es un tiempo favorable para la renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado”.

En este sentido, el prelado compostelano indica que “el ayuno, la limosna y la oración, semillas para la siembra cuaresmal, nos ayudarán en este propósito a entender nuestra relación con las cosas y las personas y nuestro estilo de vida y acción”.

Monseñor Barrio recuerda que este es un tiempo para “fortalecer nuestro espíritu” y asegura que “las gracias jubilares nos ayudan a fortalecer nuestra espiritualidad, viviendo el sentido penitencial y la conversión a Dios”.

El arzobispo señala también que “Jesús es la acequia de gracia que nos refresca y hace que no nos marchitemos”, y que la fe cristiana habla con las manos porque actúa mediante la caridad”. Y añade: “las manos llagadas del resucitado son signo de que el amor del Padre es más fuerte que la muerte: En su resurrección vivimos de su presente eterno y nuestros nombres quedan inscritos en el libro de la vida porque estamos tatuados en Dios”.

En este camino cuaresmal, el arzobispo invita a participar en la celebración de las 24 horas para el Señor, que tendrán lugar el viernes 25 y el sábado 26 de marzo: “en la adoración eucarística encontramos también el ambiente propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación cuya experiencia nos lleva a ser misericordiosos con los demás”.

El arzobispo pide, además, que en las parroquias, en las comunidades religiosas y en los Seminarios se programen momentos de adoración al Santísimo, lectura de la Palabra de Dios y celebraciones penitenciales en el contexto de esta celebración.

 

 

 


miércoles, 2 de marzo de 2022

MENSAJE DO SANTO PAI PARA A CORESMA 2022

«No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo.

Por tanto, mientras tenemos la oportunidad, hagamos el bien a todos» (Ga 6,9-10a)

 Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un tiempo favorable para la renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado. Para nuestro camino cuaresmal de 2022 nos hará bien reflexionar sobre la exhortación de san Pablo a los gálatas: «No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad (kairós), hagamos el bien a todos» (Ga 6,9-10a).

1. Siembra y cosecha

En este pasaje el Apóstol evoca la imagen de la siembra y la cosecha, que a Jesús tanto le gustaba (cf. Mt 13). San Pablo nos habla de un kairós, un tiempo propicio para sembrar el bien con vistas a la cosecha. ¿Qué es para nosotros este tiempo favorable? Ciertamente, la Cuaresma es un tiempo favorable, pero también lo es toda nuestra existencia terrena, de la cual la Cuaresma es de alguna manera una imagen [1]. Con demasiada frecuencia prevalecen en nuestra vida la avidez y la soberbia, el deseo de tener, de acumular y de consumir, como muestra la parábola evangélica del hombre necio, que consideraba que su vida era segura y feliz porque había acumulado una gran cosecha en sus graneros (cf. Lc 12,16-21). La Cuaresma nos invita a la conversión, a cambiar de mentalidad, para que la verdad y la belleza de nuestra vida no radiquen tanto en el poseer cuanto en el dar, no estén tanto en el acumular cuanto en sembrar el bien y compartir.

El primer agricultor es Dios mismo, que generosamente «sigue derramando en la humanidad semillas de bien» (Carta enc. Fratelli tutti, 54). Durante la Cuaresma estamos llamados a responder al don de Dios acogiendo su Palabra «viva y eficaz» (Hb 4,12). La escucha asidua de la Palabra de Dios nos hace madurar una docilidad que nos dispone a acoger su obra en nosotros (cf. St 1,21), que hace fecunda nuestra vida. Si esto ya es un motivo de alegría, aún más grande es la llamada a ser «colaboradores de Dios» (1 Co 3,9), utilizando bien el tiempo presente (cf. Ef 5,16) para sembrar también nosotros obrando el bien. Esta llamada a sembrar el bien no tenemos que verla como un peso, sino como una gracia con la que el Creador quiere que estemos activamente unidos a su magnanimidad fecunda.

¿Y la cosecha? ¿Acaso la siembra no se hace toda con vistas a la cosecha? Claro que sí. El vínculo estrecho entre la siembra y la cosecha lo corrobora el propio san Pablo cuando afirma: «A sembrador mezquino, cosecha mezquina; a sembrador generoso, cosecha generosa» (2 Co 9,6). Pero, ¿de qué cosecha se trata? Un primer fruto del bien que sembramos lo tenemos en nosotros mismos y en nuestras relaciones cotidianas, incluso en los más pequeños gestos de bondad. En Dios no se pierde ningún acto de amor, por más pequeño que sea, no se pierde ningún «cansancio generoso» (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 279). Al igual que el árbol se conoce por sus frutos (cf. Mt 7,16.20), una vida llena de obras buenas es luminosa (cf. Mt 5,14-16) y lleva el perfume de Cristo al mundo (cf. 2 Co 2,15). Servir a Dios, liberados del pecado, hace madurar frutos de santificación para la salvación de todos (cf. Rm 6,22).

En realidad, sólo vemos una pequeña parte del fruto de lo que sembramos, ya que según el proverbio evangélico «uno siembra y otro cosecha» (Jn 4,37). Precisamente sembrando para el bien de los demás participamos en la magnanimidad de Dios: «Una gran nobleza es ser capaz de desatar procesos cuyos frutos serán recogidos por otros, con la esperanza puesta en las fuerzas secretas del bien que se siembra» (Carta enc. Fratelli tutti, 196). Sembrar el bien para los demás nos libera de las estrechas lógicas del beneficio personal y da a nuestras acciones el amplio alcance de la gratuidad, introduciéndonos en el maravilloso horizonte de los benévolos designios de Dios.

La Palabra de Dios ensancha y eleva aún más nuestra mirada, nos anuncia que la siega más verdadera es la escatológica, la del último día, el día sin ocaso. El fruto completo de nuestra vida y nuestras acciones es el «fruto para la vida eterna» (Jn 4,36), que será nuestro «tesoro en el cielo» (Lc 18,22; cf. 12,33). El propio Jesús usa la imagen de la semilla que muere al caer en la tierra y que da fruto para expresar el misterio de su muerte y resurrección (cf. Jn 12,24); y san Pablo la retoma para hablar de la resurrección de nuestro cuerpo: «Se siembra lo corruptible y resucita incorruptible; se siembra lo deshonroso y resucita glorioso; se siembra lo débil y resucita lleno de fortaleza; en fin, se siembra un cuerpo material y resucita un cuerpo espiritual» (1 Co 15,42-44). Esta esperanza es la gran luz que Cristo resucitado trae al mundo: «Si lo que esperamos de Cristo se reduce sólo a esta vida, somos los más desdichados de todos los seres humanos. Lo cierto es que Cristo ha resucitado de entre los muertos como fruto primero de los que murieron» (1 Co 15,19-20), para que aquellos que están íntimamente unidos a Él en el amor, en una muerte como la suya (cf. Rm 6,5), estemos también unidos a su resurrección para la vida eterna (cf. Jn 5,29). «Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre» (Mt 13,43).

2. «No nos cansemos de hacer el bien»

La resurrección de Cristo anima las esperanzas terrenas con la «gran esperanza» de la vida eterna e introduce ya en el tiempo presente la semilla de la salvación (cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 3; 7). Frente a la amarga desilusión por tantos sueños rotos, frente a la preocupación por los retos que nos conciernen, frente al desaliento por la pobreza de nuestros medios, tenemos la tentación de encerrarnos en el propio egoísmo individualista y refugiarnos en la indiferencia ante el sufrimiento de los demás. Efectivamente, incluso los mejores recursos son limitados, «los jóvenes se cansan y se fatigan, los muchachos tropiezan y caen» (Is 40,30). Sin embargo, Dios «da fuerzas a quien está cansado, acrecienta el vigor del que está exhausto. […] Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, vuelan como las águilas; corren y no se fatigan, caminan y no se cansan» (Is 40,29.31). La Cuaresma nos llama a poner nuestra fe y nuestra esperanza en el Señor (cf. 1 P 1,21), porque sólo con los ojos fijos en Cristo resucitado (cf. Hb 12,2) podemos acoger la exhortación del Apóstol: «No nos cansemos de hacer el bien» (Ga 6,9).

No nos cansemos de orar. Jesús nos ha enseñado que es necesario «orar siempre sin desanimarse» ( Lc 18,1). Necesitamos orar porque necesitamos a Dios. Pensar que nos bastamos a nosotros mismos es una ilusión peligrosa. Con la pandemia hemos palpado nuestra fragilidad personal y social. Que la Cuaresma nos permita ahora experimentar el consuelo de la fe en Dios, sin el cual no podemos tener estabilidad (cf. Is 7,9). Nadie se salva solo, porque estamos todos en la misma barca en medio de las tempestades de la historia [2]; pero, sobre todo, nadie se salva sin Dios, porque sólo el misterio pascual de Jesucristo nos concede vencer las oscuras aguas de la muerte. La fe no nos exime de las tribulaciones de la vida, pero nos permite atravesarlas unidos a Dios en Cristo, con la gran esperanza que no defrauda y cuya prenda es el amor que Dios ha derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo (cf. Rm 5,1-5).

No nos cansemos de extirpar el mal de nuestra vida. Que el ayuno corporal que la Iglesia nos pide en Cuaresma fortalezca nuestro espíritu para la lucha contra el pecado. No nos cansemos de pedir perdón en el sacramento de la Penitencia y la Reconciliación, sabiendo que Dios nunca se cansa de perdonar [3].  No nos cansemos de luchar contra la concupiscencia, esa fragilidad que nos impulsa hacia el egoísmo y a toda clase de mal, y que a lo largo de los siglos ha encontrado modos distintos para hundir al hombre en el pecado (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 166). Uno de estos modos es el riesgo de dependencia de los medios de comunicación digitales, que empobrece las relaciones humanas. La Cuaresma es un tiempo propicio para contrarrestar estas insidias y cultivar, en cambio, una comunicación humana más integral (cf. ibíd., 43) hecha de «encuentros reales» ( ibíd., 50), cara a cara.

No nos cansemos de hacer el bien en la caridad activa hacia el prójimo. Durante esta Cuaresma practiquemos la limosna, dando con alegría (cf. 2 Co 9,7). Dios, «quien provee semilla al sembrador y pan para comer» (2 Co 9,10), nos proporciona a cada uno no sólo lo que necesitamos para subsistir, sino también para que podamos ser generosos en el hacer el bien a los demás. Si es verdad que toda nuestra vida es un tiempo para sembrar el bien, aprovechemos especialmente esta Cuaresma para cuidar a quienes tenemos cerca, para hacernos prójimos de aquellos hermanos y hermanas que están heridos en el camino de la vida (cf. Lc 10,25-37). La Cuaresma es un tiempo propicio para buscar —y no evitar— a quien está necesitado; para llamar —y no ignorar— a quien desea ser escuchado y recibir una buena palabra; para visitar —y no abandonar— a quien sufre la soledad. Pongamos en práctica el llamado a hacer el bien a todos, tomándonos tiempo para amar a los más pequeños e indefensos, a los abandonados y despreciados, a quienes son discriminados y marginados (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 193).

3. «Si no desfallecemos, a su tiempo cosecharemos»

La Cuaresma nos recuerda cada año que «el bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día» (ibíd., 11). Por tanto, pidamos a Dios la paciente constancia del agricultor (cf. St 5,7) para no desistir en hacer el bien, un paso tras otro. Quien caiga tienda la mano al Padre, que siempre nos vuelve a levantar. Quien se encuentre perdido, engañado por las seducciones del maligno, que no tarde en volver a Él, que «es rico en perdón» (Is 55,7). En este tiempo de conversión, apoyándonos en la gracia de Dios y en la comunión de la Iglesia, no nos cansemos de sembrar el bien. El ayuno prepara el terreno, la oración riega, la caridad fecunda. Tenemos la certeza en la fe de que «si no desfallecemos, a su tiempo cosecharemos» y de que, con el don de la perseverancia, alcanzaremos los bienes prometidos (cf. Hb 10,36) para nuestra salvación y la de los demás (cf. 1 Tm 4,16). Practicando el amor fraterno con todos nos unimos a Cristo, que dio su vida por nosotros (cf. 2 Co 5,14-15), y empezamos a saborear la alegría del Reino de los cielos, cuando Dios será «todo en todos» (1 Co 15,28).

Que la Virgen María, en cuyo seno brotó el Salvador y que «conservaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19) nos obtenga el don de la paciencia y permanezca a nuestro lado con su presencia maternal, para que este tiempo de conversión dé frutos de salvación eterna.

Roma, San Juan de Letrán, 11 de noviembre de 2021, Memoria de san Martín de Tours, obispo.

 

FRANCISCO

 

martes, 22 de febrero de 2022

A RELIXIOSIDADE DO HOME

Relixión significa relación da divindade cos homes, e dos homes con Deus.

A historia sagrada comezou así: Deus chama a Abraham, cuxos proxenitores servían aos deuses pagáns no país de Caldea, e promételle unha terra propia e unha descendencia numerosa. Abraham cre a Deus e fíase da promesa que lle fai. Así se estrean as relacións de Iavé co seu pobo

Deus desexa que o home viva en comuñón con el, e proponlle un pacto de alianza. Parece coma se tomase exemplo dos costumes sociais en uso nos tempos primitivos. Os pactos de axuda eran frecuentes nas xeracións contemporáneas de Abraham. Cando xurdían litixios grupais, o máis débil pedía ao máis forte que lle dese protección, e este prometíalla mediante un pacto, cuxas condicións asinaban ambos os contendentes. O ritual deste convenio, chamado alianza, consistía en sacrificar un animal e descortizalo, e os contendentes proferían improperios contra o que fose infiel ao prometido na alianza pactada entre ambas as part 

Concluído o pacto, na arca da alianza gardábanse as táboas da lei, como testemuño do acordado, e plantábase unha árbore ou se fixaba unha mouteira de pedra, lembrando o lugar onde aquilo se asinou. Deste xeito oficializáronse as relacións de Deus co pobo de Israel. Con todo, o pacto de Deus cos homes, ten unha particularidade única: a diferenza abismal entre a grandeza e a bondade do Creador e as limitacións humanas. Uns pobos procuraban aliarse con outros buscando protexerse contra un terceiro. Non era así o comportamento de Deus. Este prometía protección ao seu pobo, como nos lembra a historia sagrada. Pero, tanto nun caso como no outro, ambos comprometíanse a ser fieis ao acordado. Compromiso que Israel non sempre cumpriu, de tal maneira que Deus tivo que imporlle repetidos correctivos pola súa infidelidade: ruína de Xerusalén, catividade a que se viu sometido o pobo nalgunhas ocasións, dispersión dos israelitas. Con todo, a fidelidade de Iavé mantívose inamovible e houbo periódicas renovacións do rito da antiga alianza, como aquela na que participou Moisés no monte Sinaí.

Con este rito aliancista do Sinaí, Deus demostra que o seu plan é facer un pobo que o adore só a el. Este plan maniféstao o Señor nos seguintes termos: “se observades a miña alianza, eu serei o voso Deus, e vós seredes o meu pobo”. Pero a historia repítese, e as limitacións humanas continúan tamén na Igrexa, que é divina e humana. Isto sábeo o Señor, polo cal actuando coa pedagoxía de sempre, quere que se repitan periodicamente ritos aliancistas, lembrando aos israelitas os compromisos das alianzas pasadas, por iso é polo que nestes tempos de decadencia relixiosa, pida á Igrexa que tamén ela se revise, para detectar as súas posibles carencias, e poder emendalas. Esta é a finalidade do Sínodo convocado polo Papa Francisco. A esta acción eclesial estamos convidados todos para que, iluminados pola luz do Espírito Santo podamos ver o que falla na nosa vida persoal, e tamén na nosa sociedade; e, unha vez diagnosticadas as causas da actual crise de fe, decidámonos a combatelas con todas as nosas forzas.

Sumémonos todos a este proceso renovador, posto que todos somos Igrexa, e debemos colaborar na súa misión social e evanxelizadora. 

Indalecio Gómez

Cóengo da Catedral

viernes, 11 de febrero de 2022

A IGREXA EN PROCESO SINODAL

A Igrexa ten por fundador e cabeza a Xesucristo; por alma ao Espírito Santo, que lle dá vida e a santifica; e a súa materia prima somos os homes, nos que abundan as limitacións de todo xénero. Isto obriga a emendar as imperfeccións e recuperar a vitalidade, para continuar a obra redentora do propio Xesucristo. Esta é a intencionalidade coa que o Papa Francisco convocou o sínodo universal, xa en curso, en cuxo dinamismo debemos implicarnos todos os cristiáns, posto que todos somos Igrexa.

A primeira actitude sinodal é a escoita, posto que a palabra é o principal medio de comunicación social, e dela tamén se serve o Señor, para darnos a coñecer a súa vontade. A primeira vez que Deus falou connosco, fíxoo con Abraham, advertíndolle que só Iavé é o Deus verdadeiro e que só a El debemos adorar: non aos deuses de pagáns, xa que iso sería unha idolatría, sempre reprobable. Abraham aceptou a información e prometeulle ao Señor que a súa fe sería só monoteísta. Pero correron os tempos, e o pobo esqueceu o que o pai Abraham había prometido ao Señor. Este, con todo, multiplicou as alianzas co seu pobo, lembrándolle o que Iavé dixéralles aos seus antepasados: “Eu serei o voso Deus, e vós seredes o meu pobo”. Grazas a esta singular providencia do Señor, a historia da salvación chegou á súa plenitude coa encarnación do Fillo de Deus, palabra eterna do Pai, que fundou a Igrexa para que continuase a súa misión no mundo. Isto garántelle a súa supervivencia, pero non está exenta das humanas limitacións, porque tamén ela ten algo de humana, e por aí viñéronlle repetidos declives ao longo dos seus XXII séculos de existencia.

Que fallou? A materia prima. O home, sen deixar de ser humano, non deixou de ser “home”, e fallaron os cimentos da Igrexa. Moitos dos nosos fallos non son fallos de cristiáns: son fallos humanos; e tales homes non serven para cimentos da Igrexa. O primeiro que se nos pide aos crentes é que sexamos homes de palabra, cidadáns honrados. De non ser así as nosas vidas desprestixian á Igrexa e empobrecen a súa misión.

En segundo lugar, non debemos cohibirnos de ser cristiáns; de ser fillos da Igrexa, a institución que máis achegou á humanidade.

E en terceiro lugar, pídesenos que sexamos persoas abertas á palabra de Deus, que é portadora de fe e de esperanza. Por último, aos cristiáns pídesenos que sexamos “homes palabra”, porque a cidadanía poscristiá destes momentos non cre o que se lle di, se o que fala non vive o que di, aínda que o diga en nome do Señor. Nunha palabra, pídesenos que sexamos apóstolos, posto que pertencemos a unha Igrexa que é apostólica, e a Igrexa non a formamos só o clero e os relixiosos, senón todos os bautizados. De aí o noso gozo e a nosa responsabilidade apostólica. O Señor falounos de moitas maneiras noutros tempos por medio dos profetas e evanxelistas; con todo, moitas outras cousas quedan por dicirnos ás xeracións actuais, de tal maneira que posto a comunicárnolas, non caberían nos libros santos nin na tradición oral.

A palabra de Deus é o sol que nos ilumina a senda para atoparnos con El e cos irmáns; pero para que a súa luz teña efecto, requírese escoitala e obedecela. Aí está a nosa responsabilidade. Podemos facernos xordos ao que nos di Deus; nese caso, a voz divina sería un sol eclipsado, que non nos iluminaría a senda do ben, e consecuentemente, non influiría no noso presente nin no noso futuro.

Isto sería volver a unha actitude veterotestamentaria, na que a palabra divina era promesa que tardaba en cumprirse. Afortunadamente, as antigas promesas xa están cumpridas: O Verbo de Deus xa se fixo un de nós e está na súa Igrexa. Para que se converta en realidade salvífica, pídesenos unha escoita auditiva e comprometedora. A vida do cristián máis que cumprimento dun decálogo de obrigacións, debe ser unha correspondencia a Deus que nos amou e fíxose vida en nós. A súa entrega chegou ao sangue. Se o seu amor non tivo medida, tampouco debe tela a nosa correspondencia. Máis que preguntarnos que temos que facer como cristiáns, preguntémonos que máis podemos facer polo Señor que se encarna en cada home que pasa ao noso carón.

 

Indalecio Gómez Varela

Cóengo da Catedral

viernes, 4 de febrero de 2022

ARS CELEBRANDI

Presidir es una forma de arte,  como todo los que aspira a la excelencia. El arte nos ayuda a vivir la realidad del misterio de nuestra existencia en profundidad; está al servicio de la celebración. En la perspectiva de la fe, celebrar significa vivir anticipadamente la vida de Dios con el que comunicarnos, vida por excelencia y en plenitud. Así es el gran don de la liturgia a la cual nos abandonamos, don comparable a la gratitud divina de la Redención.

El arte de celebrar rectamente es un gran don que se va perfeccionando a lo largo de toda una vida; lo cual implica también corrección de malos hábitos.

La presidencia del celebrante, en comunión con Dios y con la asamblea que preside, está unida necesariamente a la participación fructuosa de los fieles. Por parte del sacerdote, este ministerio requiere competencia y sabiduría, preparación y amor reverencial, sentido de oración e interioridad. La presidencia es también una gran responsabilidad, poraue es servicio ministerial en representación de Cristo, del que es icono y siervo; ministerio que es una simple función porque tiene valor sacramental.

El arte de presidir, función principal del presbítero que actúa en nombre de Cristo, es eminentemente el don gratuito del Padre al cual se ofrece el sacrificio eucarístico del mismo Cristo y de su Iglesia viva y universal por el poder del Espíritu  Santo. 

La eucaristía no es un dialogo horizontal entre el sacerdote y los fieles. Es eminentemente una acción de gracias por el sacrificio de Cristo simbolizado por la cruz en el presbiterio (IGMR, 308) a la que ambos dirigen su mirada. Enraizada en la Escritura y los Padres de la Iglesia.

Desde el centro de la cruz y el altar, símbolos del banquete del sacrificio pascual de Cristo, la postura del sacerdote  (versus Deum) afirma nuestra actitud interior, eminentemente transcendente y escatológica: “Marana tha” (1 Cor 16,22).

Este es el poder inherente de la Liturgia, obra de Dios y de la Iglesia al servicio del pueblo. Lo más ajeno a este poder y don es la manipulación subjetiva en nombre de la “creatividad”. Como medios para lograrlo se multiplicaron las moniciones explicativas, la improvisación, y la resultate inflación de palabras, o verbosidad. Esto último además, produce en los oyentes una desconexión del ritmo celebrativo. Las moniciones a su debido tiempo deben fomentar la participación; pero la Ordenación General del Misal Romano (IGMR, 50, 57, 105) determina que deben expresarse “con brevísimas palabras…y bien preparadas con comentarios claros y sobrios”.

El estilo de la oración eclesial necesita ciertamente expresividad – lo contrario de la recitación mecánica y rutinaria – pero no es simplemente un asunto estético que debemos reinventar. Además este gusto estético nos lo da la fuerza de la Liturgia en la que debemos confiar. Hay que conocer las leyes litúrgicas a las que debemos ser fieles.

El camino de renovación del estilo litúrgico esta patente en la Constitución litúrgica del Vaticano II. La comprensión del estilo litúrgico está lejos de actitudes fundamentalistas y arcaicas que ignoran las constantes y riqueza de la tradición católica en su conjunto.

Para una adecuada celebración, los ritos “deben resplandecer con una noble sencillez” (SC 34) “el lenguaje del cuerpo”, como la mirada y los gestos son muy importantes. Además, cada elemento celebrativo requiere una entonación  diferente. Así, para poner un ejemplo, no leemos o decimos una oración, sino que la rezamos. Celebramos con naturalidad, dirección y vigor en gestos y ritos celebrativos evitando lo pomposo, lo trivial, y la artificiosidad.  Hay cosas básicas, como pronunciar con claridad. Debida entonación, y la ejecución de cada momento ritual y gesto simbólico, o palabra según su función.

Respeto a la misa, respetemos el silencio en el acto penitencial, en la oración colecta, durante la proclamación de la Palabra y después de la homilía.  Este es el sentido de estos momentos de silencio: en los que con la gracia del Espíritu Santo “se saborea la Palabra de Dios en los corazones y, por la oración, se prepara la respuesta (IGMR 56) sigue el silencio durante la proclamación de la Plegaria eucarística: exige que todos la escuchen con silencio y reverencia” (ibid, 78) Al momento después de la comunión se le llama el gran silencio, durante el cual “el sacerdote y los fieles oran un espacio de tiempo en secreto”  (ibid, 88 y 64) hay que evitar toda forma de precipitación que impida el recogimiento.

El sacerdote, hombre de Dios y maestro de oración, debe dar ejemplo. Como popularmente se ha dicho, “la imagen es el mensaje”.

Aunque nuestro objetivo no es entretener, ni informar; sino comunicar, escuchar y orar.

Siendo las acciones litúrgicas celebraciones de la Iglesia  (SC 26), el celebrante sigue siempre con espíritu orante la estructura y las leyes de los libros litúrgicos. Así, celebrar correctamente con espíritu de fe y en la presencia de Cristo es la mejor forma de mejorar y hacer relevante la liturgia eucarística. De hecho, la Liturgia es fundamentalmente comunicación, a través de la oración, el rito y la palabra, del Misterio de Cristo, para que los fieles vivan de él y den testimonio del mismo en el mundo. (CA, 1068). Es el legado de santidad que nos viene de la tradición y de la vida de la Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, artífice de la eficacia de los misterios, que sostuvo la fe de incontables generaciones.

 

domingo, 30 de enero de 2022

IV DOMINGO. REFLEXIÓN

¿QUIÉN ES LUCAS?

No estamos en condiciones de reconstruir la biografía precisa de nuestro evangelista, pero podemos esbozar algunos trazos que perfilen su figura. Lucas viviría en la provincia romana de Acaya y participaría de la situación sociocultural del resto de la gente. También en su interior habría echado raíces la desesperanza que anidaba en el corazón de sus convecinos. Algún misionero cristiano -tal vez Pablo o algún discípulo suyo- le anunciaría la buena noticia del evangelio de Jesús.

Ante el anuncio evangélico. Lucas se siente seducido por Cristo y se decide a seguirlo. Nuestro autor ha encontrado lo único que es importante descubrir en la existencia humana: Cristo es el único Señor de la vida. Lucas abandona la esclavitud que supone la dependencia de los pequeños señores, y se dispone a emprender la gran aventura de su existencia: seguir los pasos del Cristo vivo.

La tradición cristiana nos cuenta que Lucas era médico y compañero de Pablo. Cuando leemos el tercer evangelio, apreciamos la pluma de un escritor erudito. Un buen conocedor de la lengua griega y un excelente estilista. Al analizar el vocabulario de su texto, apreciamos que unas 400 palabras reflejan una terminología propia del lenguaje de la medicina.

Una vez incorporado a la comunidad cristiana, Lucas se propone escribir un evangelio. Tal vez, en su corazón, se dijera a sí mismo: «Yo he experimentado la salvación de Jesús y me siento liberado por él. Escribiré un libro en el cual contaré a mis hermanos mi experiencia de liberación. Les anunciaré gozosamente que Cristo es el único Señor. No vale la pena malbaratar la vida para sobrevivir al servicio de pequeños señores».

Observemos bien este detalle. Lucas no se propone realizar una descripción ni una biografía de Jesús. Lucas cuenta a sus condiscípulos una experiencia de fe: “He descubierto que Cristo es el Señor, y quiero anunciaros que tan solo él libera». Lucas escribe un evangelio. No nos presenta a Jesús para que lo admiremos de lejos, nos presenta al Señor de la misericordia para que nos decidamos a seguirlo llevando la cruz de cada día.
 

MONICIÓN DE ENTRADA

Nuestra celebración dominical nos recuerda que cada uno de nosotros hemos sido elegidos, consagrados y enviados por Señor. Cada eucaristía renueva en nosotros esta vocación y hace crecer en nosotros la fe, la esperanza y el amor, virtudes que son nuestro sustento y que nos hacen fuertes con Cristo en el amor al Padre y a los hermanos. Con alegría nos disponemos, como comunidad, a participar de este sacramento de vida.
 

TEXTO DEL EVANGELIO (LC 4, 21-30)

Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor». Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy».
 

REFLEXIÓN: DIME CON QUIÉN ANDAS... Y TE DIRÉ LO QUE TE ESPERA. POR JAVIER LEOZ

1.- He querido cambiar, el final de un conocido refrán, para centrar el mensaje del Evangelio de este día. Seguir a Jesús no es ninguna bicoca. La fe en Cristo, no es una sustancia que nos produce dulces sueños o un escaparate que pone delante de nosotros surcos sembrados de oro o surtidores de buena suerte. Eso sí; confiar en Jesús, infunde seguridad en las decisiones; tranquilidad en nuestra conciencia y transparencia en el caminar.

2.- Nuestro encuentro con El, desde el día de nuestro Bautismo, fue un golpe de gracia y de vida pero, cuando pasa el tiempo, vamos cayendo en la cuenta de lo qué supone comprometerse con El. O de lo qué nos espera, si somos capaces y estamos interesados, claro está, de acoplar hasta las últimas consecuencias, su estilo de vida con la nuestra. Porque, nos puede ocurrir lo mismo que a aquellos que, en la sinagoga, quedaron encantados por las palabras de Jesús pero, a continuación, comenzaron a pensárselo dos veces: ¿no es este Jesús el hijo del carpintero? ¿Y esos milagros? También, esta reacción y actitud, la solemos emplear muchísimas veces en personas de nuestro entorno cuando nos cuesta admitir el bien que nos hacen o, simplemente, el que llevan la razón.

3.- El domingo pasado nos quedábamos con la sensación del éxito de Jesús: ¡todos los ojos puestos en El! Hoy, por el contrario, todas las manos parecen estar sobre El para empujarlo y despeñarlo por una ladera. La vida, en todos los estados y en variadas situaciones, nos trae a la memoria esta cruda realidad: tan pronto te aplauden como te critican. Pero, aquel/lla que es o quiera ser profeta, ha de saber (hemos de saber) que no ha venido al mundo para ser elogiado, ni tampoco con el ánimo de ser impopular, sino para sentirse tan en las manos de Dios que, cumplir su voluntad, es la ocupación y la preocupación de todo apostolado. Lo demás…queda en segundo plano. Agarrarse a Dios, y estar menos pendiente de la imagen, da fuerza al apostolado. Lo contrario…lo debilita. ¿Lo vemos así? ¿No preferimos que la sociedad, el mundo, los que nos rodean pongan los ojos en nosotros y en nadie más? Recientemente, por activa y por pasiva, se nos ha recordado en España que, la Iglesia es una de las instituciones con menos credibilidad. Pues, mira por donde, en ese sentido, ya está a la altura de Jesús Maestro. Si, El, fue denostado, despreciado entre los suyos y no reconocido ¿Por qué con la iglesia habría de ser distinto? ¿Qué espera nuestra sociedad de la Iglesia? ¿Que le diga que “sí” a todo? ¿Qué piense y actúe como el mundo y no como Dios? ¿Que renuncie a lo que es vital en ella y traicione al espíritu de su fundador para subir puntos en el barómetro de su consideración? Dime con quien andas y te diré qué te espera. Un joven no creyente, en una carta a un medio de comunicación social, escribía lo siguiente en estos días: “agradezco a mis padres el hecho de que me inculcaron valores; ojala en vez de suprimir horas de religión en la enseñanza, pusieran más. Creo que a los jóvenes les vendrá bien el día de mañana situarse desde una escala de valores y no desde el dictado de la sociedad”. Frente al intento de despeñar la realidad cristiana de nuestra tierra, por desfiladeros peligrosos y con argumentos ridículos, han de surgir cristianos dispuestos a dar la cara por Cristo.

4.- Hemos de prepararnos ante unos tiempos que, según estamos percibiendo, nos traen nuevos retos y no pocas dificultades. Pero ¡no temamos! El Señor va por delante. Que seamos capaces de abrirnos paso en medio de una turba que, más que airada, está despistada y sin control. Escandaliza y es sospechoso, que en medio del río revuelto, algunos tengan más empeño en poner al servicio de otras religiones y atacando otras sensibilidades, la mismísima Catedral de Córdoba y, por el contrario, a los que seguimos a Jesús de Nazaret poco menos que pretendan aquello de “a éstos ni pan ni agua”. Nada. Se cumple una vez más. Sólo desprecian a uno… en su propia casa. ¿Será que Jesús tenía entre nosotros muchas casas pero pocos corazones dispuestos a dar batalla por El?
 

 

DESTACADO CARDENAL EUROPEO DICE QUE LA IGLESIA DEBE CAMBIAR

EXCLUSIVO: En una amplia entrevista con “La Croix”, el cardenal Jean-Claude Hollerich SJ habla con franqueza sobre temas candentes en la Iglesia católica

Por Loup Besmond de Senneville | Ciudad del Vaticano | La Croix International, 24-1-2022

La disminución del número de creyentes en Europa, la lucha de la Iglesia por seguir desempeñando un papel en la sociedad occidental, el debate sobre el celibato sacerdotal y las nuevas visiones sobre la sexualidad.

El cardenal Jean-Claude Hollerich, el jesuita de 63 años que dirige la Arquidiócesis de Luxemburgo y es presidente de COMECE (la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea), habla con franqueza sobre estos y otros temas candentes en esta entrevista exclusiva con Loup Besmond de Senneville de La Croix.

La Croix : Has sido misionero en Japón, eres jesuita, arzobispo de Luxemburgo, cardenal. ¿Siempre has buscado a Dios de la misma manera?

Cardenal Jean-Claude Hollerich: Cuando llegué a Japón siendo un joven sacerdote, fue un gran impacto. En ese momento yo era un joven empapado del catolicismo popular de Luxemburgo.

Con otros jesuitas, cada uno con un origen católico diferente, llegamos a un modelo de catolicismo que todos vimos muy rápidamente que no correspondía a las expectativas de Japón. Para mí, esto representó una crisis. Tuve que dejar de lado toda la piedad que había sido la riqueza de mi fe hasta entonces y abandonar los caminos que amaba.

Me enfrenté a una elección: renunciar a mi fe porque no podía encontrar los caminos que conocía, o emprender un viaje interior. Elegí la segunda opción. Antes de poder proclamar a Dios, tenía que convertirme en un buscador de Dios. Dije con insistencia: “Dios, ¿dónde estás? ¿Dónde estás, tanto en la cultura tradicional como en el Japón posmoderno?” Cuando regresé a Europa hace diez años, tuve que empezar de nuevo.

Para ser honesto, pensé que encontraría el catolicismo que había dejado en mi juventud. Pero ese mundo ya no existía. Hoy, en esta Europa secularizada, tengo que hacer lo mismo: buscar a Dios.

¿Ha vuelto Europa hoy a ser tierra de misión?

Sí, lo ha sido durante mucho tiempo.

El Luxemburgo de mi juventud era un poco como Irlanda, con grandes procesiones, mucha piedad popular, etc. Cuando yo era niño, todos los niños iban a la iglesia. Mis padres no fueron, pero me enviaron, porque era normal hacerlo.

Recuerdo que en la escuela, una niña de mi clase no hizo su primera comunión y eso armó un escándalo. Ahora, lo que causa el escándalo es cuando un niño realmente la toma.

Pero al reflexionar, puedo ver que este pasado no fue tan glorioso. Obviamente no lo vi de niño, pero ahora me doy cuenta de que ya había muchas grietas e hipocresías en esa sociedad en ese entonces.

Básicamente, la gente no creía más de lo que cree hoy, incluso si iban a la iglesia. Tenían una especie de práctica dominical cultural, pero no estaba inspirada en la muerte y resurrección de Jesús.

¿Crees que este catolicismo cultural está acabado?

Todavía no. Varía en diferentes partes del mundo. Pero estoy convencido de que la Covid acelerará este proceso.

En Luxemburgo, tenemos un tercio menos de feligreses. Estoy seguro de que no volverán. Entre ellos hay personas de cierta edad a las que les resultará doloroso volver a la práctica religiosa, ir a una iglesia. Pero también están aquellos católicos para quienes la misa dominical era un ritual importante que brindaba estabilidad a sus vidas.

Para muchos, llamarse católico sigue siendo una especie de disfraz dotado de una moralidad general. Les ayuda a mantenerse al día con la sociedad, a ser “buenos cristianos”, pero sin definir realmente lo que eso significa.

Pero esta era debe terminar. Ahora debemos construir una Iglesia basada en la fe. Ahora sabemos que somos y seremos una minoría. Esto no debería sorprendernos ni entristecernos.

Tengo la dulce certeza de que mi Señor está presente en Europa hoy.

¿Y no tienes dudas al respecto?

Oh no. No hay dudas en absoluto. Ya no es una pregunta que me persiga.

Cuando era más joven, tenía miedo de no encontrarlo. Era como si estuviera obsesionado por este miedo. Tenía que averiguarlo o me hundiría. Ahora estoy mucho más tranquilo.

¿Es esa la sabiduría de la edad?

No sé si existe tal cosa como la sabiduría de la edad. (Risas). ¡Sería feliz si lo hubiera!

Pero en el fondo siempre hacemos las mismas estupideces y siempre nos topamos con la misma pared. Al menos sabemos que el muro está ahí y que dolerá.

También sé ahora que soy solo un instrumento del Señor. Hay muchos otros. Esta conciencia me hace siempre desconfiar un poco de todos aquellos que dicen tener la fórmula inmejorable para anunciar a Dios.

¿No hay una receta mágica?

No. Sólo existe la humildad del Evangelio.

Y cuando eras más joven, ¿creías en las recetas mágicas?

Sí, por supuesto, creía en ellos. Pero es una hermosa locura de juventud. También muestra el entusiasmo de los jóvenes.

¿Por qué el mensaje del cristianismo sigue siendo relevante hoy?

Porque la gente no ha cambiado en dos mil años. Seguimos buscando la felicidad y no la encontramos. Todavía tenemos sed de infinito y nos encontramos con nuestros propios límites.

Cometemos injusticias que tienen graves consecuencias para otras personas, lo que llamamos pecado. Pero ahora vivimos en una cultura que tiende a reprimir lo humano. Esta cultura de consumo promete satisfacer los deseos humanos, pero no lo hace.

Sin embargo, en momentos de crisis, de conmoción, la gente se da cuenta de que en su corazón hay un montón de preguntas latentes. El mensaje del Evangelio es excepcionalmente fresco al responder a esta búsqueda de sentido y felicidad.

El mensaje sigue siendo relevante, pero los mensajeros a veces aparecen con disfraces de tiempos pasados, lo que no es el mejor servicio hacia el mensaje en sí.

Por eso tenemos que adaptarnos. No para cambiar el mensaje en sí, por supuesto, sino para que se entienda, aunque seamos nosotros quienes lo anunciemos.

El mundo sigue buscando, pero ya no mira en nuestra dirección, y eso duele. Debemos presentar el mensaje del Evangelio de tal manera que las personas puedan orientarse hacia Cristo.

Precisamente por eso, el Papa Francisco inauguró en octubre pasado el Sínodo sobre la sinodalidad, del que eres relator general. ¿Dijiste recientemente que no sabes lo que escribirás en el informe?

Tengo que ser yo quien escuche. Si hago muchas propuestas, desanimaré a las personas que tienen una opinión diferente. Entonces son las personas las que tienen que llenar mi cabeza y las páginas.

Este es un sínodo. Debe estar abierto. Como dice el Papa, es el Espíritu Santo quien es el maestro de obras. Así que también debemos dejar espacio para el Espíritu Santo. Este método es importante hoy porque ya no podemos conformarnos con dar órdenes de arriba hacia abajo. En todas las sociedades, en la política, en los negocios, lo que cuenta ahora es la creación de redes.

Este cambio en la toma de decisiones va de la mano con un verdadero cambio de civilización, al que nos enfrentamos. Y la Iglesia, como siempre lo ha hecho a lo largo de su historia, debe adaptarse a ella. La diferencia es que esta vez el cambio de civilización tiene una fuerza sin precedentes. Tenemos una teología que nadie entenderá en 20 o 30 años. Esta civilización habrá pasado.

Por eso necesitamos un nuevo lenguaje que debe basarse en el Evangelio. Y toda la Iglesia debe participar en el desarrollo de este nuevo lenguaje: este es el sentido del sínodo.

Como presidente de COMECE, participaste en una reunión en Roma a principios de octubre con los partidos europeos de derecha y centro-derecha. A la salida, el cardenal Pietro Parolin les animó a no considerar el cristianismo como un supermercado del que sólo se pueden elegir determinados valores. ¿Existe esta tentación entre los políticos?

Sí, claramente. A la derecha, retoman símbolos cristianos. Les gustan los rosarios y los crucifijos, pero esto no siempre está ligado al misterio de Cristo. Esto está relacionado con nuestra cultura europea pasada. Quieren referirse a una cultura para conservarla. Este es un mal uso de la religión.

En la izquierda también conozco a políticos que se dicen cristianos comprometidos, que luchan contra el cambio climático, pero que votan en el Parlamento Europeo para hacer del aborto un derecho fundamental y para limitar la libertad de conciencia de los médicos. Eso también es tomar la religión como un supermercado.

Uno puede ser demócrata cristiano, socialista, ecologista, etc. , y seguir siendo cristiano. Esta diversidad de formaciones políticas es de gran beneficio para la sociedad. Pero los políticos a menudo tienden a mantener en privado sus preferencias religiosas. En este caso, ya no se trata de una religión, sino de una convicción personal. La religión requiere un espacio público para expresarse.

Pero, ¿no es más difícil para los cristianos involucrarse en política?

En primer lugar, es cierto que hay menos cristianos. En segundo lugar, es cierto que cada vez se involucran menos en política. Vemos esto después de cada elección.

Por otro lado, es evidente que el mensaje de los obispos a la sociedad ya no llega. Usted ha experimentado esto en Francia durante varios años. Esta es la consecuencia de que estemos en minoría.

Para ayudar a la gente a entender lo que queremos, debemos entablar un largo diálogo con aquellos que ya no son cristianos, o que son sólo cristianos en la periferia. Si tenemos ciertas posiciones no es porque seamos conservadores, sino porque creemos que la vida y la persona humana deben estar en el centro.

Para poder decir esto, creo que necesitamos tener diálogos y amistades con tomadores de decisiones o políticos que piensan diferente. Aunque no sean cristianos, compartimos con ellos una sincera preocupación por colaborar por el bien de la sociedad. Si no queremos vivir en una sociedad compartimentada, debemos ser capaces de escuchar las historias de los demás.

¿Significa esto que la Iglesia debe renunciar a defender sus ideas?

No, no se trata de eso. Debemos intentar comprender al otro, construir puentes con la sociedad. Para hablar de antropología cristiana, debemos basarnos en la experiencia humana de nuestro interlocutor. Porque aunque la antropología cristiana es maravillosa, pronto dejará de ser comprendida si no cambiamos de método.

¿Y de qué nos sirve hablar si no somos oídos? ¿Hablamos por nosotros mismos, para asegurarnos de que estamos en el lado correcto? ¿Es para tranquilizar a nuestros propios seguidores? ¿O hablamos para ser escuchados?¿Cuáles son las condiciones para esta escucha?

En primer lugar, la humildad. Pienso que aunque no sea necesariamente consciente, la Iglesia tiene la imagen de una institución que sabe todo mejor que otras. Por lo tanto, necesita mucha humildad, de lo contrario no puede entrar en un diálogo.

Esto también significa que debemos demostrar que queremos aprender de los demás. He aquí un ejemplo: me opongo totalmente al aborto. Y como cristiano, no puedo tener una posición diferente. Pero también entiendo que hay preocupación por la dignidad de la mujer, y hoy ya no se escucha el discurso que teníamos en el pasado para oponernos a las leyes del aborto.

Entonces, ¿qué más podemos hacer para defender la vida?

Cuando un discurso ya no pesa, no hay que obstinarse en utilizarlo, sino buscar otros caminos.

En Francia, muchos creen que la Iglesia ha perdido gran parte de su credibilidad a causa de los delitos sexuales que se cometen en su seno. ¿Cómo te posicionas frente a esta crisis?

Antes que nada, quiero decir que estos abusos son un escándalo. Y cuando vemos los números en el Informe Sauvé, podemos ver que no es el desliz de unos pocos. Hay una falla sistémica en alguna parte, y debe abordarse.

No debemos temer las heridas que esto nos pueda causar, que no son absolutamente nada comparadas con las de las víctimas. Por lo tanto, debemos ser muy honestos y estar preparados para recibir algunos golpes.

Hace unas semanas estuve en Portugal, donde estaba celebrando la Misa. Había allí un niño pequeño que, mientras servía la Misa, me miraba como si yo fuera el buen Dios. Pude ver que me vio como un representante de Dios, lo cual era, de hecho, durante la liturgia.

Abusar de tales niños es un crimen real. Es una falta mucho más grave que si un profesor o un entrenador deportivo cometiera tales actos. El hecho de que esto haya sido tolerado para proteger a la Iglesia duele. ¡Hicimos la vista gorda! Es casi irreparable.

Ahora llego a tu pregunta. Algunas personas han perdido la confianza. Para recuperarla, cuando sea posible, hay que tener una gran humildad. Cuando se acompaña a una comunidad oa una persona, se debe tener siempre presente el principio de absoluto respeto por aquellos a quienes se acompaña. No puedo dejar de lado ni siquiera a una persona.

Me parece obvio que estas preguntas estarán en la mente y en el corazón de todos durante el proceso sinodal. Tenemos que aceptar el cambio.

Si hay un fallo sistémica, ¿crees que se necesitan cambios sistémicos?

Si. Obviamente, en mi diócesis, como en muchas otras, tenemos una carta de buena conducta que todos tienen que firmar, tanto los sacerdotes como los laicos que trabajan para la Iglesia.

Antes de la ordenación, también sometemos a los seminaristas a ocho sesiones psicológicas diseñadas para detectar la pedofilia. Estamos haciendo todo lo que podemos, pero no es suficiente. Necesitamos una Iglesia que esté estructurada de tal manera que estas cosas ya no sean posibles.

¿Qué significa eso?

Si a las mujeres y los jóvenes se les hubiera dado más voz, estas cosas se habrían descubierto mucho antes. Debemos dejar de actuar como si las mujeres fueran un grupo marginal en la Iglesia. No están en la periferia de la Iglesia, están en el centro. Y si no damos voz a los que están en el centro de la Iglesia, tendremos un gran problema.

No quiero ser más específico: esta pregunta se hará inevitablemente en el Sínodo, en varias culturas, en diversos contextos. Pero las mujeres han sido ignoradas demasiado. Debemos escucharlos, como hacemos con el resto del pueblo de Dios.

Los obispos deben ser como pastores que escuchan a su pueblo. No es solo que digan: “Sí, escucho, pero eso no me interesa”. Necesitan estar en medio de su rebaño.

¿Qué otros cambios hay que hacer?

La formación del clero debe cambiar. No debe centrarse sólo en la liturgia, aunque entiendo que los seminaristas le dan gran importancia. Los laicos y las mujeres deben tener voz en la formación de los sacerdotes. Formar sacerdotes es un deber de toda la Iglesia, por lo que toda la Iglesia debe acompañar este paso, con hombres y mujeres casados y solteros.

En segundo lugar, necesitamos cambiar nuestra forma de ver la sexualidad. Hasta ahora hemos tenido una visión bastante reprimida de la sexualidad.

Obviamente, no se trata de decirle a la gente que puede hacer cualquier cosa o de abolir la moralidad, pero creo que debemos decir que la sexualidad es un regalo de Dios.

Lo sabemos, pero ¿lo decimos? No estoy seguro. Algunas personas atribuyen el aumento de los abusos a la revolución sexual. Pienso exactamente lo contrario: en mi opinión, los casos más horribles ocurrieron antes de la década de 1970.

En esta área, los sacerdotes también deben poder hablar sobre su propia sexualidad y ser escuchados si tienen problemas para vivir el celibato. Deben poder hablar de ello libremente, sin temor a ser reprendidos por su obispo.

En cuanto a los sacerdotes homosexuales, que son muchos, sería bueno que lo hablaran con su obispo sin que éste los condene.

En cuanto al celibato y la vida sacerdotal, preguntémonos con franqueza si un sacerdote debe ser necesariamente célibe.

Tengo una opinión muy alta del celibato, pero ¿es indispensable? En mi diócesis tengo diáconos casados que desempeñan su papel diaconal de una manera maravillosa, que dan homilías a través de las cuales tocan a las personas mucho más poderosamente que nosotros que somos célibes.

¿Por qué no tener sacerdotes casados también?

De la misma manera, si un sacerdote ya no puede vivir esta soledad, debemos ser capaces de comprenderlo, no de condenarlo. Soy ya viejo ahora, así que esto no me preocupa tanto.

¿Has sentido la dificultad de vivir esta soledad?

Sí, por supuesto.

En ciertos momentos de mi vida, fue muy claro. Y también es obvio que todo sacerdote se enamora de vez en cuando. La pregunta es cómo comportarse en este caso.

En primer lugar, uno debe tener la honestidad de reconocerlo a sí mismo, y luego actuar de tal manera que pueda continuar viviendo su sacerdocio.


sábado, 29 de enero de 2022

HISTORIA E ACTUALIDADE DO MOVEMENTO ECUMÉNICO II

O Concilio Vaticano II

22 de enero de 2022

A iniciativa do papa Xoán XXIII de crear un Secretariado para a Unidade dos Cristiás dentro da estrutura da Curia Romana (1960) xa facía pensar en que o Concilio ía a ser un punto de inflexión da Igrexa con respecto ao Movemento ecuménico.  O Secretariado, dirixido polo xesuita Augustin Bea, convertirase ou funcionará na práctica como unha comisión conciliar. Non en van, o anuncio da celebración do Concilio foi feita polo Papa na igrexa de San Paulo extramuros, ao remate da Semana de Oración pola unidade dos cristiás (25.01.1959)

O Ecumenismo vai a ser así un punto de referencia clave para a obra conciliar, nomeadamente na súa reflexión sobre a Igrexa. O decreto Unitatis redintegratio, xunto coa constitución Lumen gentium e o decreto Orientalium ecclesiarum, serán os pilares da  entrada oficial de la Igrexa católica no Movemento Ecuménico.

A partir do Concilio a Igrexa católica estableceu diálogo teolóxico y relacións bilaterais fraternas con todas as Igrexas históricas de Oriente e de Occidente. Tamén o realiza directamente co Consello Mundial de Igrexas, no cal é membro da súa Comisión doutrinal, Fe e Constitución. Este diálogo multilateral internacional tamén está apoiado en outros a nivel nacional e rexional en diversas partes do mundo.

a) Froito deste traballo, publicáronse varios importantes documentos de converxencia por parte desa comisión, que están marcando as relacións ecuménicas actuais:

O Documento de Lima (1982): Bautismo, Eucaristía e Ministerio.

A Conferencia Mundial de Fe e Constitución en Santiago de Compostela (1993): sobre a comuñón na Igrexa

A publicación dun documento que está a ser estudiado polas diferentes igrexas: “A Igrexa: cara a unha visión común” (2013).

b) No ámbito bilateral, xa o temos mencionado, un fito histórico foi o acordo entre a Igrexa Católica e a Federación Luterana Mundial en 1999, coa firma da Declaración Conxunta sobre a sobre a doutrina da xustificación.

c) Isto posibilitou a conmemoración conxunta dos cincocentos anos do inicio da Reforma no ano 2017.

d) E, ao mesmo tempo, deu comezo ao proceso de conmemorar tamén desa forma a gran iniciativa de comuñón que no seu tempo supuxo a Confesión de Augsburgo (1530-2030), a pesares de que, como sucedera anos antes, non se puido evitar a división.

f) Outro acontecemento que vai a marcar as axendas ecuménica máis cerca vai ser a conmemoración do 1700 aniversario do Concilio de Nicea, que marcou a constitución do Credo que nos une a tódolos cristiás (325-2025).

g) Así mesmo, tamén é importante sinalar os pasos que se están dando no diálogo coas igrexas ortodoxas bizantinas entorno á figura do ministerio de Pedro na Igrexa, un ministerio que eles nunca negaron nin negan. Por iso, están revisando de forma conxunta como se executaba no primeiro milenio da Igrexa indivisa (Ravenna, 2007; Chieti, 2016).

Se visitamos a páxina web do Pontificio Consello para a Promoción da Unidade dos Cristiáns (http://www.christianunity.va/content/unitacristiani/it.html), darémonos conta da toda riqueza que significa para nos, os católicos, establecer diálogo coa meirande maioría dos cristiáns, nomeadamente con aqueles que están aumentando de forma exponencial en todo o mundo: os Pentecostáis.

Benito Méndez

Profesor do ITC


"EU SÍNTOME..."

Cando as persoas empezamos a falar dicindo: “é que eu síntome…”, hai que esperar e ver como e onde se sente ou se senta esa persoa, se se sente, senta, sobre un tallo, unha cadeira, sofá, mesa, cama, tacóns de agulla, enriba dun cigarro, nas botas de boxeador, no chan, area, pedras, silvas,… ou empoderados/as que pode significar estar con poder enriba dos/as outros/as e con frecuencia oprimindo.

As persoas certamente que temos sentimentos e emocións variadas… e unha persoa pode sentir tantas cousas e tan diversas, mesmo contraditorias, que pouco nos van dicir quen é e como é ese ser humano, e o que pode chegar a ser. As persoas non son un sentimento nin son unha emoción, aínda que estes condicionen con maior ou menor intensidade os seus estados de ánimo e esperanzas. De feito, cando aparece un cadáver en calquera lugar, o primeiro que buscan os médicos forenses son as súas impresións dixitais e/ou o seu ADN para empezar a saber quen é: se foi pai/nai de… se fillo/a de… se familiar de… Os estudos da bioquímica humana non son só para eses temas forenses, senón que tamén antes dun transplante fanse análises bioquímicas serias para ver se é compatible ou non coa persoa a que se lle vai transplantar. Calquera médico sabe que un determinado fármaco (un químico) pode influír no estado anímico dunha persoa.

As persoas é certo que somos seres espirituais, pero tamén é verdade que somos seres corporais e, cando imos a calquera lugar, a nosa corporeidade é o primeiro que aos nosos interlocutores lles vai entrar polos ollos coas correspondentes cicatrices externas ou internas que no corpo van impresas. Ademais a vestimenta, peiteado, maneira de andar e de sentar… son unha linguaxe, unha maneira de expresarse, de comunicarse e entenderse.

Así que como me sinto é unha cousa, e quen son eu é outra realidade máis fonda. Por outra parte quen estou chamado a ser é seguramente o “leiv motiv” máis importante para o desenvolvemento da vida persoal, da propia vocación. Igualmente hai que distinguir o que tantas veces escoitamos dicir: “ti, de que vas?”, que non é o mesmo ca cuestión “quen es ti?”. Non son equivalentes de ningunha maneira “ser” e “ir de…”. Neste segundo caso de “ir de…” algúns chámanlle á iso ser chaqueteiros e outros din que son os de pantalóns gris, pois calquera chaqueta lles combina ben…

Temos que ser conscientes dos sentimentos e das emocións propias, recoñecelas, e logo hai que gobernalas persoalmente para que poidamos levar unha vida pacífica e dialogante na sociedade. Debemos ser donos dos sentimentos e non ser dominados por eles para así poder levar unha vida libre e responsable cos nosos irmáns, para non ser uns tiranos cos demais en función da emoción ou sentimento que teñamos. Se queremos ter un proxecto de vida responsable e compartido, unhas metas a alcanzar na vida, debemos saber gobernar e orientar os sentimentos e emocións.

Aos gobernantes do país, que seica son xente alfabetizada e lida, habería que pedirlles que fosen razoables e xustos e non andasen a intentar manipularnos co xogo das emocións. Habería que pedirlles que desde unha cosmovisión, unha percepción do mundo harmónica e coherente, xusta e liberadora, se articularan as leis e os proxectos sociais. Non debería haber as contradicións que hai, por exemplo, no noso sistema legal sobre a maioría de idade segundo para que cousas: xa que se é maior de idade en cuestións complicadas que condicionarán a vida gravemente (aborto, cambio de sexo…) e para outras menos importantes non se é. Non se ve lóxico que se multe por poñer a vida en perigo ao non levar o cinto de seguridade e ao mesmo tempo que sexa legal atentar contra a propia vida coa eutanasia, etc.

Este espazo non permite unha reflexión máis ampla. Remato con esta expresión moi usada polos logoterapeutas, que chama a tratar ás persoas non desde os sentimentos senón desde un proxecto vital humanizador: “Se tratas a unha persoa como é, fala peor do que é, pero se a tratas como pode chegar a ser, axúdaslle a mellorar”.


Antón Negro