jueves, 30 de septiembre de 2021

Conferencia del Nuncio en el congreso ACC

En su conferencia del Congreso de ACC, el Nuncio, monseñor Bernardito Auza, invitó a profundizar en la “Nueva Evangelización”

28 de septiembre de 2021

  • Aseguró que los obispos españoles en su documento Fieles al envío misionero señalan respuestas a los desafíos pastorales, que “son propuestas en el marco de la Nueva Evangelización”
  • “La primera respuesta al gran desafío de nuestro tiempo es, por lo tanto, la profunda conversión de nuestro corazón”, indica el Nuncio      

En su conferencia sobre Retos Pastorales de la Iglesia en España, pronunciada por el Nuncio de Su Santidad en la última jornada del IX Congreso de Acogida Cristiana en los Caminos de Santiago, monseñor Bernardito Auza invitó a todos los que participaron en este encuentro a recuperar el impulso evangelizador tras la pandemia del Covid, en la línea de la “nueva evangelización”, que nace en el Concilio Vaticano II y se expresa en el magisterio de San Pablo VI, San Juan Pablo II, el papa emérito Benedicto XVI y el papa Francisco. Es toda la Iglesia, dijo Auza, la que está “llamada siempre con mayor urgencia, en particular en las Iglesias locales de la “antigua evangelización”, como es Europa, y España en particular”, a proclamar el Evangelio, pues “la Iglesia desea continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido”.

El Nuncio de Su Santidad comentó, también, que “ casi 56 años de la clausura del Concilio y de la publicación del Decreto Ad gentes, sobre la actividad misionera; a casi 46 años de la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, del Papa Pablo VI, acerca de la evangelización en el mundo contemporáneo; y  a casi 31 años de la Carta Encíclica Redemptoris Missio, del Papa Juan Pablo II, sobre la permanente validez del mandato misionario, la Iglesia hoy nos recuerda con insistencia del compromiso misionero, siguiendo la auténtica enseñanza del Magisterio”. En este sentido, monseñor Auza aludió a la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, en la que el papa Francisco “recoge las reflexiones de la XIII Asamblea General del Sínodo de los Obispos sobre La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe”.

El Nuncio aludió, además, a la crisis de transmisión de la fe que se observa “de una generación a la otra”. “Se trata”, señaló, “de una experiencia de cada familia, de cada parroquia, de cada sociedad, de cada país. Esta aquí la gran tarea y el grande desafío, porque, a los hijos y a los nietos, la fe y los valores de los padres y de los abuelos ya parecen inaceptables o, al menos, opcionales; porque el mundo y el hombre de hoy parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia, que son los bloques fundamentales de los valores religiosos y éticos de nuestros padres”.

Monseñor Bernardito Auza indicó que el reto de la nueva evangelización pasa, como dice el Santo Padre Francisco por conectar “la alegría de recibir el mensaje del Evangelio y el anuncio misionero, vinculo patente desde los inicios del cristianismo. Esta alegría brota de un corazón agradecido por los dones recibidos y por la serenidad de saber que es Cristo quien lleva adelante la barca de la Iglesia, continuando en nuestras manos su obra de salvación”.

De este modo, afirmó el Nuncio, “nueva evangelización significa encontrar una respuesta adecuada a los signos de los tiempos, que nos indican las necesidades espirituales de los creyentes individuales y de las comunidades de fe de hoy en día. Significa encontrar nuevas maneras de proclamar el mismo Evangelio con el fin de responder a las situaciones presentes que las nuevas formas de pensamiento y de comportamiento crean, tanto en la Iglesia como en la sociedad. Consecuentemente, nueva evangelización significa fomentar una cultura profundamente enraizada en el Evangelio en un nuevo marco, en una nueva cultura, en nuevas situaciones humanas”.

El Nuncio aseguró que “la gente y sus circunstancias, entre las cuales la Iglesia está presente, han cambiado, a veces de manera radical, y así todo un nuevo conjunto de situaciones han aparecido en nuestros días. Consideremos los cambios culturales, económicos y científicos que hemos experimentado en las últimas décadas.  La Iglesia no se puede permitir quedarse de brazos cruzados si tiene que proclamar el mismo Evangelio a las gentes de hoy que tienen contextos culturales y sociales muy diferentes que antes. Nosotros, los discípulos de Cristo hoy, no podemos ser meros espectadores si queremos vivir y proclamar el Evangelio en estos nuevos contextos. Debemos comprometernos. Y nuestro compromiso toma el nombre de “nueva evangelización”.

Proponer siempre el Evangelio

Para monseñor Bernardito Auza, “la nueva evangelización tiene como objetivo “volver a proponer” el mismo Evangelio a todos aquellos que han sufrido una crisis de fe, en particular a aquellos que han perdido su fe en lugares donde las raíces del cristianismo son profundas, pero que han padecido una seria crisis de fe debido a la secularización”, un fenómeno que se da en todo el mundo y al que, precisamente, intentan los obispos españoles dar respuesta desde su reciente documento “Fieles al envío misionero”.

En efecto, el Nuncio resaltó que “el título que, desde la organización de este IX Congreso me ha sido asignado y que acepté, – Retos pastorales de la Iglesia en España – encuentra respuesta autorizada, y obligada, en el ya mencionado Plan Pastoral que, con el título “Fieles al envío misionero”, aprobaba la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, el pasado mes de abril. Los Sres. Obispos, han realizado un diagnóstico sobre la cultura actual y han señalado y programado las prioridades de su acción pastoral para el periodo 2021-2025, en perfecta sintonía con las orientaciones del Santo Padre, el Papa Francisco, cuyo magisterio se incorpora al documento total e íntegramente”.

Monseñor Auza recordó que “en su análisis de la sociedad española, los Obispos detectan algunos de los retos principales de la Iglesia en España”, entre ellos el de “la desconfianza inherente a una sociedad liquida y desvinculada”, el del  “desafío cultural” y el de “la perdida de la salud espiritual y del sentido de la vida”.

Para superar esos retos pastorales de la Iglesia en España, dijo el Nuncio, “los Obispos identifican las prioridades pastorales, capaces de dar respuesta a los retos pastorales. Estas prioridades están movidas por la atenta escucha y estudio de la orientación y enseñanza del Santo Padre el Papa Francisco recogiéndolas y aplicándolas en el trazado plan pastoral con las características de una Iglesia en salida y en sinodalidad. En suma, son propuestas en el marco de la Nueva Evangelización. Ahora bien, la primera prioridad pasa por nuestro corazón, como dicen los señores obispos “La primera respuesta al gran desafío de nuestro tiempo es, por lo tanto, la profunda conversión de nuestro corazón”.

“La nueva evangelización es sobre todo anunciar al Señor en el testimonio de la alegría de haberlo conocido, porque Dios no es la respuesta a una curiosidad intelectual o un compromiso, sino una experiencia de amor. Y este amor de Dios no varía según como nos comportemos: es amor incondicional”, remarcó monseñor Auza.


A ASEMBLEA CONXUNTA DE BISPOS E SACERDOTES

Neste mes de setembro conmemóranse os cincuenta anos da celebración dun dos fitos máis importantes da historia recente da Igrexa española: a Asemblea Conxunta de Bispos e sacerdotes. Un encontro que, por vez primeira despois da celebración do Concilio Vaticano II, xuntou a curas e bispos para escoitarse, dialogar e abordar un proceso de discernimento respecto a como concretar a posta en marcha de toda a riqueza dos documentos que xerara o Concilio.

A teoloxía do Concilio, onde se falaba dunha eclesioloxía de comuñón desde o compartir o ser Pobo de Deus; e na que a Igrexa se presentaba como Sacramento Universal de Salvación, esixía un novo xeito de acción pastoral que necesariamente tiña que afastarse da simbiose nacional-católica que xurdira despois do triunfo dos sublevados na guerra (in)Civil de 1936/39; e da xa famosa Pastora conxunta do 1937 dos Bispos españois. O bater das ás do Espírito urxía á Igrexa española a abandonar vellos esquemas e complicidades co Réxime franquista, abrindo un horizonte de renovación eclesial.

Unha parte non pequena dos curas, cada vez con maior conciencia de estar no mundo e ao servizo dos “gozos e esperanzas, das tristuras e angustias dos homes do noso tempo…(que) son á vez os gozos e esperanzas, tristezas e angustias dos discípulos de Xesús”(GS 1) quería responder á urxencia do concilio do “aggiornamento” das Igrexas locais.

En fidelidade a esta gran profecía do documento conciliar, e buscando prestar atención “aos sinais do tempos” á que nos urxía o mesmo documento, reuníronse en Madrid, do trece ao dezaoito de setembro do ano setenta e un, representantes dos curas de todas as dioceses españolas, que foran elixidos polos seus compañeiros logo da celebración das asembleas diocesanas, para debater as cuestións que habían ser abordadas neste encontro de diálogo e discusión cos Bispos. Comezaban a poñerse os cimentos dunha acción pastoral máis libre, participativa e dialogante.

Canto alí se abordou marcou as liñas de traballo pastoral e renovación eclesial da gran maioría das dioceses españolas. E máis alá de interpretacións políticas, que tamén as houbo, o que confluíu en Madrid naquel mes de setembro, foi a forza dunha parte do pobo de Deus, os curas, buscando tender pontes de entendemento cos bispos, moitos dos cales seguían a camiñar, por interese mutuo, coas institución do Réxime franquista na súa etapa final.

Inda que moitas veces a interpretación dos contidos da Asemblea se focalizou nunha lectura, mesmo interpretación, en clave política, o que alí se debateu, no sentido máis amplo do termo, foi un novo modelo de Igrexa e da súa presenza na sociedade española, xa en permanente ebulición e ilusionada cos novos tempos que se albiscaban. Un modelo que buscaba pasar de ser elite a ser semente chamada a crecer para dar o mellor dos froitos en forma de participación, afastamento do poder e corresponsabilidade, en virtude do sacerdocio común, dos demais membros do Pobo de Deus.

A Igrexa piramidal xa non era a imaxe que mellor mostraba o cambio que en toda a Igrexa se estaba a desenvolver. España non deixaba de ser católica, pero a Igrexa rompía os muros da cristiandade para ser unha Igrexa servidora e profética, voz das persoas sen voz, ao estilo dos profetas do Antigo Testamento, reivindicando a filiación que nos fai iguais en dignidade e dereitos.

Os cincuenta anos da súa celebración e ás portas do sínodo universal sobre a Sinodalidade son ocasión para achegarnos a uns textos que nos axuden a comprender por que a Igrexa española foi puntal, anos despois, na Transición do franquismo á democracia.

Clodomiro Ogando Durán

Instituto Teolóxico de Vigo.

 

lunes, 27 de septiembre de 2021

ATRAVESANDO MONTES E MARES

A Igrexa Católica desde os comezos do século pasado, 1914, dedica unha xornada (xa a 107ª) aos migrantes e refuxiados coa finalidade de orar, reflexionar e poñer en marcha accións para apoiar, defender e acompañar ás persoas que por diversos motivos saen do seu país ou vense forzadas a fuxir por causa de conflitos, represións, guerras e falta de medios de subsistencia.

Cada pouco tempo os medios de comunicación móstrannos imaxes de refuxiados e migrantes que poñen en perigo as súas vidas para buscar un lugar seguro para vivir. Nestes momentos ocupan o primeiro plano os de Afganistán por causas ben coñecidas.

Ante a cuestión dos migrantes e refuxiados a Doutrina da Igrexa afirma claramente dous dereitos: o dereito a emigrar e o dereito a permanecer no propio país, pois é consciente que a humanidade ten que ser unha soa familia humana, xa que cando reza a oración que ensinou Xesús (Mt 6, 9) dise NOSO PAI en calquera aldea, rexión, país ou continente.

Desde esta realidade é lóxica a actitude que o Papa Francisco pide poñer en práctica a tódalas persoas e países e que resume nestes catro verbos: ACOLLER, PROTEXER, PROMOVER e INTEGRAR, pois somos membros dunha única humanidade, da única raza humana ou dito nunha linguaxe especificamente cristiá: Somos Irmáns en Cristo e Fillos de Deus Noso Pai.

Pero nas nosas sociedades isto non sucede así como denuncia o Papa na súa mensaxe titulada, “Cara a un ‘nós’ cada vez máis grande”, para este día 26 de setembro na que escribe:

“O tempo presente móstranos que o ‘nós’ querido por Deus está roto e fragmentado, ferido e desfigurado. E iso ten lugar especialmente nos momentos de maior crise, como agora pola pandemia. Os nacionalismos pechados e agresivos e o individualismo radical esnaquizan ou dividen o ‘nós’, tanto no mundo como dentro da Igrexa. E o prezo máis elevado págano os que máis facilmente poden converterse nos ‘outros’: os estranxeiros, os migrantes, os marxinados, que habitan as periferias existenciais”.

Nos estudios sociolóxicos e históricos serios vese claramente que a mestura de persoas e pobos é unha constante na historia da humanidade, sendo por exemplo moitos os pobos que se asentaron na península Ibérica ou a atravesaron cara o Norte ou Sur, o Leste ou Oeste. O mesmo pasa nos outros países do mundo. Nos mapas da evolución e expansión dos seres humanos polo planeta, vemos que a humanidade apareceu no centro-leste de África e, partindo de aí, esténdese por toda a terra. Por tanto non hai etnias claramente distintas, aínda que si rexións máis afastadas ou máis vinculadas coas diversas mobilizacións humanas na historia. 

Esta conciencia de ser unha única familia humana que recibiu un planeta para vivir nel está moi arraigada nos Padres da Igrexa, e sacan consecuencias para a vida social. Como mostra chega con esta breve pasaxe de S. Ambrosio: “A natureza produciu tódalas cousas en común para todos. Pois Deus ordenou que todo se enxendrase de maneira que o sustento fose común a todos e a terra unha especie de posesión colectiva de todos. A natureza enxendrou un dereito común e a usurpación creou o dereito privado”.

Desde o punto de vista socioeconómico os inmigrantes son un empobrecemento para o seu país de orixe e unha riqueza para o de acollida. No libro de Bricker e Ibbitson, El Planeta vacío (p. 106), afírmase que criar un neno de clase media ata os 19 anos custa 250.000 $ e logo veñen os estudios superiores. Tendo só en conta os custos ata os 19 anos cabería preguntar: ¿Canta sería a débeda contraída, e nin sequera recoñecida, que se ten polos inmigrantes adultos chegados a un país nun período de tempo concreto?

A mensaxe antes citada do Papa clama: “Estamos chamados a comprometernos para que non haxa máis muros que nos separen, que non haxa máis ‘outros’, senón só un ‘nós’, grande como toda a humanidade. (…) Todo bautizado, onde queira que se atope, é membro de pleno dereito da comunidade eclesial local, membro da única Igrexa, residente na única casa, compoñente da única familia. (…) O encontro cos migrantes e refuxiados de outras confesións e relixións é un terreo fértil para o desenvolvemento dun diálogo ecuménico e interrelixioso sincero e enriquecedor”

Así que ante calquera persoa a nosa responsabilidade e tarefa debe ser esforzarse por ser irmán de tódalas persoas.

 

Antón Negro Expósito

Sacerdote e sociólogo.

Delegado de Cáritas Diocesana de Lugo

A CRUZ, PROTAGONISTA DA HISTORIA

Non quería ser pesimista, pero sendo realista, non podo menos de recoñecer que a cruz estivo sempre presente na historia da humanidade. Cruces nos camiños e cruces nos fogares; cruces nos templos e cruces nos cemiterios; cruces sobre os ombreiros e cruces colgadas do peito das persoas; cruces como recoñecemento dos méritos e da valía dos mellores cidadáns…

Por múltiples motivos, a través dos tempos, acumuláronse os eloxios cara ás cruces de éxito, e as lamentacións lembrando os tristes acontecementos do pasado. Lembróunolo a festa da Santa Cruz, que celebramos hai uns días.

Cal é a postura máis correcta, chorar os días invernais ou festexar os días primaverais? A resposta tamén é válida no referente ás cruces da vida. Certo que o mundo é camiño de Ceo, pero non é Ceo. Valoremos o bo de hoxe, e gocemos sabendo o que de mellor nos agarda no mañá. A existencia humana comeza no berce, e prolóngase máis aló da tumba. Esta consideración é indispensable para facer unha avaliación acertada das cruces compañeiras do noso vivir.

A cruz, que era un patíbulo ignominioso no que os romanos executaban aos escravos, cambiou de signo a partir do primeiro Venres Santo. Até entón era instrumento de morte. Agora é instrumento de vida. No Antigo Testamento, era patíbulo de condenación. Agora é sinal de salvación. Na antigüidade era signo de derrota. Despois da crucifixión do Fillo de Deus, é prezo de redención. Agora ben, esta sublimación da cruz depende de quen a leve e de como a leve; porque así como non é o traballo o que dignifica á persoa, senón que é a persoa a que dignifica o traballo; así ocorre tamén coas cruces que pesan sobre o ombreiro dos homes. De igual modo, non é a cruz a que dignifica ao crucificado, senón o crucificado o que sublima a cruz na que entrega a súa vida.

A cruz é o sinal do cristián da cal nos servimos ritualmente para signarnos e santiguarnos e para bendicir obxectos, campos e santuarios. Pero, ademais de signo ritual do cristián, é tamén compañeira inseparable de todo mortal. Camiñamos á sombra da cruz ou baixo o peso da cruz ou apoiándonos nela. Un cristián auténtico é un “crucificado”. Díxoo Xesús: “O que queira vir en pos do meu, que tome a súa cruz e sígame”. No Antigo Testamento, o crucificado era un maldito; agora é un “redimido”. Agora ben, non todas as cruces son de madeira, nin todas son redentoras. Na antigüidade, os montes dos xudeus estaban erizados de cruces, e actualmente tamén o están as nosas vidas: a pandemia, coas súas múltiples manifestacións; a fame negra que sega tantas vidas por falta de pan; a soidade, a persecución, a inseguridade social… son múltiples cruces das que colgan incontables crucificados. Pero, repito, non todas son redentoras. A súa virtualidade redentora non depende do seu tamaño nin da súa materialidade. O primeiro Venres Santo, escalaban o monte Calvario tres axustizados, cargados con senllas cruces. Seguro que todas eran da mesma madeira e do mesmo tamaño; con todo, só unha delas era redentora. Teñámolo en conta, e preguntémonos se non equivocariamos o noso labor moitos cristiáns, dedicándonos a fabricar cruces, no canto de afanarnos por ser redentores.

As cruces ofrécenolas a vida. Poñamos da nosa parte, unha actitude redentora, unindo os nosos pequenos ou grandes sacrificios, aos do Señor, que coa súa heroica xenerosidade, redimiunos a todos.

Indalecio Gómez Varela

Cóengo da Catedral

 

viernes, 10 de septiembre de 2021

MÚSICA Y FE

El libro de los Salmos canta la excelencia de la música: “¡Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa”. Y san Pablo exhorta: “Cantad y tocad con toda el alma para el Señor”. También la tradición viva de la Iglesia testimonia el aprecio por la música; una estima que brota de la fe. Recordemos un texto de san Agustín: “Cuando recuerdo las lágrimas que derramé con los cánticos de la Iglesia, y lo que ahora me conmuevo cuando se cantan con voz clara y modulación convenientísima, reconozco de nuevo la gran utilidad de esta costumbre. Apruebo la costumbre de cantar en la Iglesia, a fin de que el espíritu se despierte con el deleite del oído”. El espíritu y la sensibilidad no pueden ser separados en una religión que tiene como fundamento la Encarnación, el hacerse hombre del Hijo de Dios.

Se dice, con razón, que la afinidad entre las artes y la religión – y, en nuestro contexto, entre las artes y el cristianismo – constituye un hecho reconocido y estudiado por los grandes pensadores. No puedo resumir en poco espacio la historia del pensamiento al respecto. Me conformo con evocar un recuerdo personal: la participación en las XIII Jornadas de Teología fundamental, desarrolladas en Barcelona del 7 al 9 de junio de 2007, con el título “Belleza y Teología fundamental”. Se trató de unos días de reflexión en los que el binomio “música y fe” estuvo muy presente. Baste evocar las tres principales ponencias. La primera, desde una perspectiva filosófica, corrió a cargo de Eugenio Trías: “Arte y belleza en la frontera de lo racional”. La segunda, desde un horizonte artístico-teológico, le correspondió a Jordi-Agustí Piqué: “Música y teología”. La tercera ponencia, desde la óptica teológico-fundamental, a Elmar Salmann, “El trasfondo ‘irracional’ de las razones de la fe”.

En el fondo de las tres ponencias se podía captar la necesidad de atender a la razón fronteriza, que limita con la sensibilidad, con las emociones y con las pasiones. La música desempeña este papel mediador, puesto que traspasa los umbrales de la conciencia, a la vez que muestra afinidad con las matemáticas o con la astronomía. También la fe se mueve en este terreno, el de la razón simbólica – o sacramental -, que incluye el logos – la razón -, pero sin separarlo de la estética, de los sentidos, de la percepción e incluso de la imaginación.

Para un católico, entre las referencias básicas de su fe, además de la Escritura y de la tradición, está el oficio del magisterio de la Iglesia, confiado al papa y a los obispos, cuya misión es interpretar, con la autoridad derivada de Cristo, la Palabra de Dios, transmitida en la Escritura unida a la tradición. Desde 1903, fecha de un importante “motu proprio” de san Pío X, el magisterio de la Iglesia ha publicado 253 documentos sobre música. Un número tan elevado de textos indica la relevancia que el magisterio eclesial reconoce a la música, profundamente vinculada a la liturgia y a la teología. Estos documentos son recogidos en la obra “Cantate Domino. Antología de documentos de la Iglesia sobre música desde 1903” que ha publicado la Comisión Episcopal para la Liturgia de la Conferencia Episcopal Española (Madrid 2021).

Óscar Valado Domínguez (Vigo 1981), sacerdote de la archidiócesis de Santiago de Compostela, músico y doctor en Teología, es el director de esta antología. Valado, estudioso de García Morente, ha contribuido con diversas publicaciones al estudio de la relación entre música y fe (tanto desde la perspectiva litúrgica como teológica). Con esta Antología hace una aportación de primer nivel. Los documentos de cada pontificado – desde el de san Pío X al de Francisco – son contextualizados con la ayuda de sendas introducciones escritas por diversos especialistas (entre ellos, Daniel Goberna Sanromán, prefecto de música de la catedral de Tui; el ya fallecido musicólogo José López Calo; y el organista de la catedral compostelana, Manuel J. Cela Folgueiras). Unos cuidados índices completan el volumen.

Como ha dicho el papa Francisco, la música sacra ayuda “a la asamblea litúrgica y al pueblo de Dios a percibir y participar, con todos los sentidos, físicos y espirituales, en el misterio de Dios. La música sacra y el canto litúrgico tienen la tarea de donarse en el sentido de la gloria de Dios, de su belleza, de su santidad que nos envuelve como una nube luminosa”.

Guillermo Juan Morado.

Sacerdote diocesano y director del Instituto Teológico de Vigo

 

A ESPIRITUALIDADE CRISTIÁ

A espiritualidade é un proceso que, segundo Von Balthasar, protagonízase en tres etapas: A autoestima da propia persoa como valor creado; a actividade do individuo para realizarse como persoa; a pasividade do crente, para deixarse realizar baixo a acción do Espírito Santo.

Nas dúas primeiras etapas, subxace un puro humanismo valorándose o home como home e créndose capaz de realizarse como persoa, aínda que sen poder conseguilo plenamente.

A misión do cristián non se limita a crerse un súper valor con capacidade para configurar unha sociedade conforme aos seus criterios terreos. A nosa vocación é a de construír un mundo segundo o plan de Deus. Para iso necesitamos un referente, e tal referente é Xesucristo, que nos di: “Aprendede de min que son manso e humilde de corazón”. Xesucristo é home e é Fillo de Deus simultaneamente. Como home, faise o noso modelo para que sexamos auténticas persoas, e como Fillo de Deus, dános o exemplo para que aceptemos a vontade do Pai e encarnémola na nosa vida cotiá. Xesús vive un proceso de obediencia ao Pai. A súa obediencia ao Pai é o nuclear da súa condición de fillo. O ser fillo é o fundamento da súa espiritualidade e o modelo do noso comportamento.

A afiliación de Xesús é un proceso, con catro momentos fundamentais: A Encarnación; o seu Bautismo; a proclamación do Reino, e a súa Resurrección.

Nos tres primeiros momentos deste proceso, a actitude de Xesús foi pasiva: foi concibido por obra e graza do Espírito Santo; cando o bautizou Xoán no Xordán, abríronse os ceos, e o Espírito descendeu sobre El en forma de pomba, e, movido polo mesmo Espírito, convocou aos Apóstolos para proclamar o seu Reino.

Tras a resurrección, a postura de Xesús faise activa. Funda a Igrexa, na que actúa dinámicamente para levar a feliz termo a súa misión salvadora, en cumprimento da vontade do Pai. Isto ten que ser motivo de inmensa gratitude para nós. Despois da nosa desobediencia, o amor de Deus vestiuse hábito de misericordia na persoa de Xesucristo. Dieus non ten outra posibilidade de amarnos que a de ser misericordioso. O home pode deixar de ser fillo de Deus, pero Deus non pode deixar de ser o noso Pai, e a porta pola que bole o seu amor cara a nós, é o corazón do seu Fillo. Cristo é a porta santa, a porta xubilar de todos os anos Santos. Entremos por esta porta neste ano xubilar, e atoparémonos con Xesús, “canon” da nosa espiritualidade, na súa dobre vertente de obediencia ao Pai e de entrega aos homes; e cheos de xúbilo, como peregrinos, vaiamos pregoando por todas partes, que todos somos amados intensamente por Deus.

Isto cústanos crelo, xa que o noso amor resultoulle moi caro ao Señor, e no noso haber, non temos fondos para corresponder, pero Xesús dinos: “Vide e bebede todos del porque o amor do meu corazón é gratuíto para todos”; tratade de amarvos uns a outros, como vos amo eu, e con isto, xa me considero ben pago.

Indalecio Gómez Varela

Cóengo da Catedral de Lugo

 

LUX. LAS EDADES DEL HOMBRE

Como un devoto fiel –pues lo he convertido ya en tradición personal–, he acudido también este año a la vigésima quinta edición de las Edades del Hombre, que bajo el vocablo latino ‘LUX’ se alberga hasta el 19 de diciembre, en Burgos, Carrión de los Condes y Sahagún.

Aunque reconozco que mi declaración es de forofo empedernido, la presente exposición como las anteriores vale igualmente la pena, desde la consideración tanto artística como pedagógica, pues se ha enmarcado en la celebración del VIII Centenario de la Catedral de Burgos y del Año Santo Compostelano 2021-2022.

Esta vigésima quinta edición de la muestra se desarrolla en tres provincias y cinco sedes expositivas, ejemplos de la arquitectura románica, mudéjar y gótica: la Catedral de Burgos; las iglesias de Santiago y Santa María del Camino, en Carrión de los Condes (Palencia) y el santuario de la Peregrina y la iglesia de San Tirso, en Sahagún (León). Los templos escogidos son preciosas arquetas que dan cobijo a las numerosas piezas de escultura y pintura, perlas sueltas que van explicitando la idea fundamental de la muestra.

La figura protagonista del relato expositivo de “Lux” es la Virgen María. A ella le han sido dedicadas muchas de las grandes catedrales como la burgalesa homenajeada e igualmente entre nosotros la de Tui y la concatedral viguesa. Por otra parte es destacadísima la presencia de la Virgen en tierras castellanoleonesas y especialmente a lo largo del Camino de Santiago, que es el segundo de los elementos esenciales de esta nueva edición de Las Edades del Hombre. Ambos componentes se encuentran además íntimamente unidos, pues en el transcurso del camino se encuentran numerosísimas iglesias, ermitas y monasterios con advocación mariana y que son testigos de la destacada importancia de la Virgen en la historia de la fe de la Iglesia y de muchos pueblos españoles, tierra de María.

La muestra que se inicia en la Catedral de Burgos, remozada y resplandeciente más que nunca hasta ahora en el octavo centenario de su primera piedra, acoge siete capítulos de la exposición ‘LUX’ reuniendo alrededor de 120 obras llegadas de catedrales españolas, que buscan en una muestra genuina de cultura y arte, desarrollar la idea de Fe y arte en la época de las catedrales (1050-1550). Tras un preámbulo titulado Nuevos tiempos, nuevos cambios, le siguen otros capítulos sobre la historia y el significado de las catedrales como cátedras y sedes del magisterio del Obispo, a la vez que signo de la iglesia militante en la tierra que camina como iglesia doliente en el tiempo en busca de la luz eterna: Episcopalis Sedis, Obispos y Cabildo testigos de la luz, Los grandes protectores, Ecclesia Militans, Dolens Ecclesia, A la espera de la luz definitiva, Triumphans Ecclesia y Maeistas Domini, Maiestas Mariae…

En Carrión de los Condes las iglesias citadas albergan ‘LUX’ en tres capítulos: Ave Maria, Tota Pulchra y Virgo et Mater, con medio centenar de obras maestras del arte, entre otros de Pedro Berruguete y de su hijo Alonso, Diego de Siloé y Felipe Vigarny, además de otras obras medievales de gran mérito artístico y religioso. En Sahagún, la exposición se refugia en dos templos iconos del arte mudéjar: en ellos se admiran con gozo y pasmo alrededor de 50 obras de arte, agrupadas en dos capítulos bajo los nombres de Mater Misericordiae y Salve, Regina. 

Por las circunstancias sanitarias, han tenido la agudeza de hacernos peregrinar por la muestra, en absoluto silencio e individualmente, bajando al móvil propio una aplicación con código QR —o si no es factible con audioguía personal e higienizada—, que te hace disfrutar, sin molestias externas, de unos textos muy bien elaborados tanto en las referencias artísticas como teológicas y catequéticas. Todo un baño de cultura y espiritualidad, que no impide otros disfrutes: de la naturaleza, la arquitectura, el camino jacobeo o incluso de la gastronomía ancestral con babero y buen yantar, por ejemplo, en el mesón templario de Villalcázar de Sirga tan próxima a la Frómista natal de nuestro san Telmo…

¡Qué bueno sería que a las cinco diócesis gallegas se les ocurriese inventar una fundación semejante como escuela de evangelización que, a través del aprecio por la belleza y el arte bien explicados, contribuyese a aumentar la formación y la cultura incluso religiosa, de la que están ayunas tantas gentes de nuestro tiempo!

 

Mons. Alberto Cuevas F.

Sacerdote y periodista

lunes, 23 de agosto de 2021

SAN XOSÉ, CORAZÓN DE PAI

San Xosé é unha figura extraordinaria e á vez unha persoa moi próxima. Durante estes meses de pandemia, escribe o Papa, estamos a comprobar como a nosa vida está sostida e tecida por persoas comúns -correntemente esquecidas- pero que están a escribir hoxe os acontecementos da nosa historia (médicos, enfermeiras, forzas de seguridade, capeláns), todos os que están aparentemente ocultos teñen un protagonismo na historia da salvación, do mesmo xeito que o santo Patriarca. Neste contexto, Francisco presenta a paternidade de San Xosé baixo uns enfoques dignos de ser resaltadas para beneficio de nue, tra propia vida:

1.- Pai amado. A grandeza de san Xosé consiste en ser o esposo de María e o pai de Xesús. A súa vida foi un servizo á Encarnación e a súa vocación de amor doméstico posto ao servicio do Mesías.

Por o papel que Xosé desempeñou na historia da salvación sempre foi amado polo pobo cristián como pai e protector.

2.- Pai de tenrura. Xesús viu a tenrura de Deus en Xosé. Esta tenrura coa que Xosé atendía a Xesús, dá ocasión ao Papa para referirse á tenrura con que Deus mira as nosas debilidades coa súa misericordia, especialmente no sacramento da Reconciliación. “Xosé ensínanos que ter fe en Deus e inclúe crer que el pode actuar mesmo a través dos nosos medos, as nosas fraxilidades, da nosa debilidade”

3.- Pai da obediencia. Xosé estaba moi angustíado polo embarazo incomprensible de María. A resposta de Xosé á vontade de Deus foi inmediata: “cando Xosé espertou do soño fixo o que lle mandara o anxo do Señor! Para fuxir a Exipto ou para volver á terra de Israel, obedeceu sen vacilar. En cada circunstancia da súa vida, Xosé soubo pronunciar o seu ” fíat” como María na Anunciación, e como Xesús en Xetsemaní. Xosé coñece a través de sucesivos soños o que Deus espera del en cada momento, a súa resposta é pronta e decidida, a pesar das dificultades que pode supoñer a súa obediencia.

4.- Pai na acollida. Ante feitos que non entende, Xosé acolle a María, sen poñer condicións previas, deixando de lado os seus razoamentos para dar paso ao que acontece, asume a responsabilidade. Acolle os sucesos, sen esixir explicacións. “Xosé deixa de lado os seus razoamentos para dar paso ao que acontece e por máis misterio que lle pareza, acólleo, asume a súa responsabilidade e reconcíliase coa súa propia historia”, un exemplo de realismo que non supón pasividade senón fortaleza. A fe dá sentido a cada acontecemento.

5.- Pai da valentía creativa. A seguinte actitude de Xosé relaciónase coa anterior; “necesitamos engadir outra característica importante: a valentía creativa”; é a través de Xosé, da súa valentía creativa, como Deus actuou ante o crime de Herodes; non necesita facer un milagre, porque Xosé “era o verdadeiro milagre co que salvou ao Neno e á súa nai”.

6.- Pai traballador. A Rerum Novarum de León XIII destacou a relación co traballo que caracteriza a San Xosé; “del, Xesús aprendeu o valor, a dignidade e a alegría que significa comer o pan que é froito do propio traballo”. O traballo convértese en participación na obra mesma da salvación, en oportunidade de acelerar a chegada do Reino para desenvolver as propias calidades poñéndoas ao servizo da sociedade. Todo isto mostra a necesidade de que ninguén quede excluído, e todos poidan contar cun traballo para o seu sustento e a súa realización persoal.

7.- Pai na sombra. Xosé preséntase como a sombra do Pai celestial na terra coidando a Xesús desde o seu nacemento. San Xosé é modelo de toda paternidade, unha tarefa que incumbe a todos pois, “todas as veces que alguén asume a responsabilidade da vida doutro, en certo sentido exercita a paternidade” e “a felicidade de Xosé non está na lóxica do auto-sacrificio, senón no don de si mesmo. Nunca se percibe neste home a frustración, senón só a confianza. O seu silencio persistente non contempla queixas, senón xestos concretos de confianza”.

O Papa Francisco regalounos unha carta apostólica Patris Corde (Corazón de Pai), con ocasión do 150 aniversario da declaración de San Xosé como Patrón da Igrexa universal.

O obxectivo da Patris Corde, escribe o Papa, é que creza o amor a este gran santo, é ser impulsados a implorar a súa intercesión e imitar as súas virtudes. En efecto, a misión específica dos santos non é só a de conceder milagres e grazas, senón a de interceder por nós ante Deus, como fixeron Abrahán e Moisés, como fai Xesús, “único mediador” (1 Tm 2,5), que é o noso «avogado» ante Deus Pai (1 Xn 2,1), “xa que vive eternamente para interceder por nós (Hb 7,25; cf. Rom 8,34). E imitalos para alcanzar, como eles, o don da Vida Eterna en Cristo.

Destaca Francisco que, despois de María, ningún santo ocupa no Maxisterio pontificio tanto espazo como Xosé: declarado polo beato Pío IX, Patrón da Igrexa Universal, por Pío XII, Patrón dos traballadores, e presentado por San Xoán Paulo ll, como o Custodio do Redentor. O pobo fiel invócao como Patrón da boa morte. Por este motivo o papa Francisco quere compartir algunhas reflexións persoais sobre el; un desexo que, segundo explica, creceu durante os meses de pandemia na que se puido experimentar como «as nosas vidas están tecidas e sostidas por persoas comúns -correntemente esquecidas- que non aparecen en portadas de diarios e de revistas, nin nas grandes pasarelas do último show pero, sen dúbida, están a escribir hoxe os acontecementos decisivos da nosa historia: médicos, enfermeiros e enfermeiras, encargados de repor os produtos nos supermercados, limpadoras, coidadoras, transportistas, forzas de seguridade, voluntarios, sacerdotes, relixiosas e tanto pero tantos outros que comprenderon que ninguén se salva só». (Da meditación do Papa, 27/3/2020).

Tras esta Introdución o Papa presenta a paternidade de San Xosé baixo distintos enfoques, extraendo en cada un consecuencias para a vida do cristián. Segundo o Papa, son sete os caracteres da vida de San Xosé dignos de ser resaltados para enriquecemento da nosa propia vida: Pai amado, Pai de tenrura, Pai na obediencia, Pai na acollida, Pai na valentía creativa, Pai acolledor e por último Pai na sombra.

Oremos para que San Xosé e o Divino Médico fágannos saír desta pandemia con maior fe e amor á eucaristía.

O 8 de decembro de 2020, o Papa Francisco regalounos unha carta apostólica Patris Corde (Corazón de Pai), con ocasión do 150 aniversario da declaración, polo papa Pío IX, de San Xosé como Patrón da Igrexa universal. Acompaña a esta carta a concesión de indulxencias especiais para este ano. É un bo obsequio para toda a Igrexa.

O Papa propón a San Xosé como modelo de entrega e vida oculta. San Xosé ten un protagonismo especial na historia da salvación. Fixo da súa vida un servizo ao misterio da Encarnación. Os dous evanxelistas que evidencian a súa figura, Mateo e Lucas, reiteren pouco, pero o suficiente para entender que tipo de pai foi e a misión que a Providencia lle confiou. O Papa na carta expón en breves trazos a información que proporcionan os evanxeos sobre a vida de Xosé: un humilde carpinteiro, desposado con María, nome xusto e cumpridor da vontade de Deus, testemuña do nacemento de Xesús, e da súa adoración polos pastores e os Magos; desempeñou o papel que lle correspondía como pai legal de Xesús.

A pesar da súa vida oculta, e os poucos datos que temos sobre a súa vida, preséntasenos como unha persoa sinxela e humilde, que está no centro da vida da familia de Nazaret e, por iso, hoxe é o custodio e Patrón excelso da familia da Igrexa.

San Xosé amou a Xesús con corazón de pai e da súa vida podemos aprender moito. As súas actitudes e exemplo son para nós luz e camiño para a nosa vida cristiá. Un modelo de santidade na obediencia silenciosa, a acollida de feitos que non entende e a protección de Xesús e María da arrogancia e violencia dos poderosos. Unha fe inquebrantable nos designios de Deus no silencio e a escoita de Deus.

Celebremos e imitemos a San Xosé.

Daniel García García

Publicado no Boletín Informativo da Adoración Nocturna


lunes, 16 de agosto de 2021

BOTELLÓNS

Levamos meses nos que case todos os telexornais dedican varios minutos a botar filípicas contra os mozos, ou xa maduros, e os seus botellóns nos que aparecen varias imaxes nas que se ven sen máscara e sen gardar as distancias de seguridade… e unha e outra vez mostran imaxes cos seus reiterativos comentarios. Cada día se seguen a repetir as mesmas mensaxes sen aportar nada novo.

Pero, a pesar de tantos xa pesados sermóns televisivos e radiofónicos, os botellóns seguen e seguirán sen dúbida no futuro próximo. Non deixa de ser acertado o vello dito: “Predícame frade que por un oído me entra e por outra me sae”. É verdade que o feito revela falta de madurez, inxustiza, insolidariedade e irresponsabilidade coma moitos outros dos que facemos; tamén posiblemente que non se lles presentou un ideal de xustiza polo que traballar. A veces din que “temos dereito a divertirnos”, pero non teño visto recollido en ningunha lexislación ese dereito, máis si a obriga de socorrer ao necesitado. Tampouco vale o de “son libre e fago o que me peta”, porque iso significa a lei da selva, a amoralidade, e que outro o empregue en contra túa. Vou facer algunhas consideracións que poidan axudar a entender un pouco máis esta problemática:

As persoas somos seres sociais, espirituais e corporais. Isto quere dicir que non somos individuos (indivisos) nin gregarios (manadas), pero tampouco somos vento nin mesmo anxos. A sociabilidade humana e humanizadora esixe ao mesmo tempo o cultivo da interioridade, da espiritualidade e, por tanto, momentos de silencio consigo mesmo e con Deus para ter algo persoal que comunicar cando se vaia ao encontro do outro. A sociabilidade demanda a solidariedade cos irmáns e en especial cos que máis nos necesitan. A corporeidade lévanos ao contacto físico, á presencialidade, ao xuntarnos para elaborar, compartir e realizar os propios proxectos de vida. Sempre convén ter de fondo que o itinerario vital humano non é nin ser neno, nin adolescente, nin mozo, nin adulto, nin ancián. De aí calquera pode comprender que non é san psíquica e socialmente illar a algún grupo humano do resto dos grupos.

Nos medios de comunicación case sempre se lle chama FESTA pero, é iso o apropiado? Lembremos que no mundo da economía e da fiscalidade non é o mesmo acceder á propiedade por herdanza, doazón, permuta, compravenda, retracto… pois cada palabra axuda a clarificar a realidade, por tanto tamén aquí necesitamos distinguir festa de diversión, borracheira, fuxida dos problemas da vida… Nos estudos sociais e antropolóxicos dise que a festa ten tres partes: a) A afirmación e celebración de que a vida ten sentido, o que se vive con algunha forma de espiritualidade. b) A comida compartida en unión como anticipo da irmandade pola que se traballa e loita. c) A alegría que se expresa no lúdico, no xogo, na danza… porque xa se está saboreando ese ben futuro que arelamos e traballamos. Nos botellóns faltan algúns destes elementos da festa.

Para a xente de Igrexa esta realidade descúbrenos un grave reto, que o Evanxeo expresa con estas verbas: “Andaban como ovellas sen pastor e púxose a ensinarlles con calma” (Mc. 6,34). Falta a necesaria implicación, discernimento e solidariedade cos mozos e coa súa problemática.

Teño escoitado a pais/nais presumir de que son amigos dos seus fillos/fillas. Pois ben, entón serán os seus fillos uns orfos con todo o que iso significa. Clasicamente dicíase que aos pais/nais atópanse na casa e aos amigos na rúa. Necesitamos pais/nais, irmáns, primos, tíos, avós, amigos… e cada quen ten o seu lugar específico na vida e certamente tamén cada persoa ten a súa maneira concreta de desenvolvela. Tamén algúns ensinantes téñense por “colegas” dos alumnos, esquecendo que se  necesitan educadores e mestres. É certo que a estrutura do sistema educativo pon moi difícil educar, ao que se engade a propia comodidade. Todo lles empuxa a que sexan só profesores con boas habilidades pedagóxicas… Pitágoras consideraba que “Educar non é dar unha carreira para vivir, senón temperar a alma para as dificultades da vida”.

Con frecuencia deixamos a responsabilidade de educar exclusivamente aos gobernos, pero, desde cando os gobernos e poderosos van querer unha xuventude libre, responsable e solidaria cos empobrecidos? O sabio Forges resumiuno moi ben nunha xa antiga viñeta que dicía: “Date conta: para os poderes, 500.000 mozos bailando e bebendo as fins de semana, non son un problema. O ‘perigoso’ sería que eses mozos empregaran esas enerxías en esixir un posto de traballo”. Non creo que precise explicacións. Isto non quita que sexa certo que os principais culpables de que a xuventude estea así son os gobernantes, e que lles esixamos, por tanto, as súas responsabilidades.

Remato cunhas preguntas: Sería posible atreverse a loitar por un futuro de xustiza, liberdade e irmandade para toda a humanidade? Queremos ser solidarios cos máis empobrecidos da humanidade para conseguir que toda a humanidade sexa unha familia? Temos o dereito e a obriga de esixirnos mutuamente (sen distinción de idade, sexo, relixión, país e raza) a responsabilidade de comprometernos para a solución das inxustizas sociais e dos problemas dos empobrecidos? Estamos dispostos a responsabilizarnos da vida e dos irmáns?

Antón Negro Expósito

Sacerdote e sociólogo


martes, 10 de agosto de 2021

DE REGRESO POR OUTRO CAMIÑO

A historia sagrada é unha constante peregrinación en dobre dirección. peregrinación de Deus cara ao home, e peregrinación dos homes cara a Deus.

A procura de Deus é un armazón de sancións e de bendicións. Deus sae ao encontro do pobo para liberalo da escravitude faraónica. O Señor vai diante abrindo camiño cara á terra de promisión. A columna de nube e o facho de lume que preceden ao pobo, son garantía de que Israel vai por bo camiño e que Deus o librará da escravitude exipcia. E así sucedeu, pero os israelitas pouco sensibles á xenerosidade de Iahvé abandonaron o bo camiño, e veu a sanción por parte do Señor. Ao exilio seguiu o éxodo certamente, pero o camiño de retorno á patria non foi un verxel axardinado, senón un deserto árido, pleno de carencias.

Con todo, as carencias do deserto non son castigos punitivos para o pobo infiel, senón correctivos dos que se vale Iahvé para denunciar a perversión de Israel, á vez que o recordo de que a misericordia divina mantense viva, xa que Deus, posto a amar, ama para sempre. O deserto é camiño de liberación, pero para alcanzala hai que aceptar múltiples carencias e camiñar en esperanza.

O deserto é alternativa de expiación e de esperanza: alí haberá carencia de pan e abundancia de maná; sede asfixiante e auga como en Meribá. Precioso ensino cristián: o mundo non é Ceo, pero é camiño de Ceo. Para alcanzar a meta hai que pór interese: hai que achegar vontade e esforzo, e Deus achegará o demais. Con estes condicionantes, o acceso á meta está garantido.

Xa queda dito: peregrinar é camiñar facendo camiño. Faise camiño ao andar. Para facelo con acerto, requírese un referente: tomar exemplo dos magos de oriente; pedir información nas dúbidas e proseguir no emprendido até chegar á meta, onde espera o Señor. Alcanzado o desexado obxectivo, todo cambia para o peregrino: cambia a cotización de valores; cambia o proxecto de comportamento; cambia o futuro da súa vida, e reemprende o regreso á súa terra por outro camiño.

O novo camiño é distinto e as actitudes do peregrino son outras. Enriqueceuse con novos amigos, e o encontro coa súa familia é novo. O esposo que chega é o mesmo esposo de antes, pero cambiou as longas horas do bar por unha vida máis caseira. Agora xa non é o ditador de casa, que impuña caprichosamente os seus persoais puntos de vista a todos os demais, senón un pai responsable que vai diante marcando co seu exemplar comportamento o bo camiño que deben seguir os seus fillos; agora xa non é a persoa discordante, que coas súas caprichosas desavinzas rompían a harmoniosa convivencia da veciñanza. É o mesmo home de antes, pero con novas connotacións. O seu encontro co Señor converteuno noutro home.

Cando Moisés baixaba do monte despois de estar co Señor, os israelitas notábanllo porque cambiara a cor da súa pel. O peregrino que volve de regreso vén co mesmo nome e co mesmo aspecto da súa partida: non cambiou o colorido do seu rostro nin a súa partida de nacemento, pero agora é un home de ben.

Sucédelle o que, a aquela parella de noivos, cuxo comportamento estaba tiznado de inmoralidades, pero a moza tivo a oportunidade de asistir a unha quenda de Exercicios Espirituais, e alí atopouse co Señor, e ao regreso, o mozo convídolle ás antigas inmoralidades, ao que ela negouse rotundamente. E cando o mozo, para arrastrala ao mal, dille: «oe que eu son aquel», ela, moi acertadamente contéstalle: «si, ti serás aquel, pero eu xa non son aquela» O encontro co Señor, cambiáraa radicalmente.

Este é o froito das auténticas peregrinacións. Alguén dixo que todo peregrino ten algo de turista, e todo turista ten algo de peregrino. Pero isto non abonda. A peregrinación químicamente pura é a que nos leva ao encontro co Señor. Entón o peregrino regresa á súa casa por outro camiño e isto nótao todo o mundo.

Indalecio Gómez Varela

Cóengo da Catedral de Lugo

 

viernes, 6 de agosto de 2021

La cuestión de Hamlet y el Cristo

La reflexión me nace devorando con fruición el libro que me regala y dedica el amigo Ignacio Uría “Entre columnas. Historia, periodismo y otros animales”: sintética antología de algunos de sus artículos, que resultan siempre lianas que te enredan y acarician o molestan. ¡Gracias, Nacho, por la frescura que aportas en este estío de sequedal y angustia que está siendo la pandemia!

Pues resulta que barrenando sobre la tópica y mítica duda del personaje shakesperiano, me encuentro en el libro citado con esta profunda reflexión: “Por eso, príncipe Hamlet, déjame decirte otra vez que te equivocas: la cuestión no reside en ser o no ser, en vengarte o perdonar. La verdadera pregunta, amigo mío, es otra. Así que reconoce, si eres hombre, que la última demanda, la radical encrucijada es creer o no creer. En Dios, claro”.  Porque las demás dudas son efectivamente, pequeñeces, tonterías de filosofía amateur. “Lo cierto, Hamlet, es que todos creemos en algo. Todos tenemos nuestros propios dioses, aunque sean de bolsillo”: la globalización, el fútbol o la bolsa de valores, la ciencia, el azar… Por eso la verdadera respuesta a la  pregunta acerca de lo esencial viene a ser -para Hamlet o para cualquiera-,  que o crees en Dios o acabas creyendo en cualquier cosa.

En la coctelera de mi magín le daba vueltas yo estos días a las dudas de los devotos del Cristo de la Victoria a quienes, por la pandemia, se nos invita a acudir con cuentagotas a visitarle en su trono de la Concatedral: ir o no ir; acudir o no acudir; rezar allí o dejarse estar aquí en casa. Y semejante duda, imagino que cabe suponer por parte de los responsables de la custodia del santo Cristo: salir o no salir, ir a verles o que vengan: “voy yo a encontrarles en masa, en sus calles -creyeron que pensaba el Cristo-, o es más saludable para todos, que vengan ellos a verme personal e individualmente, cada cual con sus gozos y sus penas”. 

 Y tras esas elucubraciones he vuelto al principio: la respuesta de la fe no está en los modos ni en las modas, que pueden variar y tienen que modelarse en función de las circunstancias e incluso de las personas.  La cuestión es creer o no creer, que en zapatillas viene a traducirse en confiar o no confiar; en seguir manteniendo la relación personal con Cristo, a quien en esta ciudad calificamos de la Victoria y que personalmente podemos llamar seguramente de todas nuestras luchas, afanes, ansias y victorias.

Concluyo invitando a sacar bienes de nuestra pena, con la moraleja que debemos extraer de la situación de otro año más sin procesión: la imagen del santísimo Cristo de Vigo seguirá estando como cada día confinada en la concatedral de santa María, esperando las visitas y la piadosa oración de quienes quieran acercarse durante todo el año y en cualquier momento, a darle gracias y a suplicarle favores. Pero ha de saberse y explicitarse que Cristo resucitado no está enterrado y encerrado únicamente en sus imágenes -por artísticas, hermosas y cargadas de devoción que se presenten-, está sobre todo sacramentalmente presente, a cualquier hora y cualquier día del año, en el sagrario de la Concatedral y en el de las demás iglesias, para poder acercarnos a charlar amigablemente con Él; y está presente y aguardando que vayamos a  escucharle en la palabra que nos dice semanalmente en la misa dominical y en los demás sacramentos; y está también, aunque muy bien disfrazado, en los cada vez más numerosos pobres y necesitados, para que nos compadezcamos solidarios y cariñosos con Él: “lo que hagáis a estos a mí me lo hacéis…”

Sí que es cierto por ello que la hamletiana cuestión, también en este caso, no es la de ir o no ir, salir o no salir, “alumbrar o no alumbrar”, sino creer o no creer.

Mons. Alberto Cuevas F.

Sacerdote y periodista.


miércoles, 4 de agosto de 2021

A HISTORIA DAS PEREGRINACIÓNS

A Igrexa e as peregrinacións son contemporáneas. Unha e outras camiñaron sempre dándose a man. Na mesma noite do nacemento do Mesías, os pastores de Belén, desprazáronse ao portal para adorar ao Neno e ofrecéronlle os froitos do seu rabaño. Pasados algúns meses, talvez anos, os Magos desprazáronse desde oriente para ofrecer ao Rei que nacera había pouco tempo, ouro, incenso e mirra. Comezara a historia das peregrinacións. Delas importa coñecer a súa orixe, as súas pegadas e os seus froitos.

De pegadas de peregrinos están sementados os vales e os montes de medio mundo. Cada cruceiro que hoxe atopamos nos camiños rurais doutros tempos, está a lembrarnos que por alí pasaron homes de fe. Todas as ruínas dos mosteiros medievais fálannos de que alí facían un alto no seu camiño os peregrinos que se dirixían a ulteriores santuarios. Diríase que as pegadas que deixaron os pés dos peregrinos no barro do camiño, xa se borraron, pero non se borrou totalmente o testemuño daquelas xeracións que buscaban atoparse con Deus no camiñar da vida. Con todo, temos que recoñecer que a historia das peregrinacións non sempre discorreu en intensidade lineal continua. Como nos camiños de Santiago hai subidas e baixadas, tamén na piedade das xeracións cristiás houbo frecuentes declives.

Os tres primeiros séculos pasounos a Igrexa envolta en ocultamento para protexerse dun mundo que a miraba con receo. Foron tempos difíciles para a Igrexa nacente, que tivo que refuxiarse no ambiente escurantista das catacumbas, para protexerse da hostilidade inimiga. Pero a paz constantiniana trouxo un clima de primaveral florecemento para a Igrexa. Os cristiáns puideron prescindir da máscara da súa relixiosidade, e presentarse ante o mundo sen ningún tipo de prexuízos sociais. No século IV, a Igrexa saíu á rúa manifestándose como a gran benefactora da humanidade. Foi a época en que a relixiosidade popular fíxose presente en todos os ambientes; pero pronto apareceu o tempo outonal dos últimos séculos do primeiro milenio, que desembocou no tristemente chamado tempo de ferro da Igrexa. Con todo, aínda que no outono as ramas perden as súas follas, as árbores mantéñense en pé e volverán dar froito. E así sucedeu. Na Idade Media xorden as ordes mendicantes: Dominicos, Franciscanos, Carmelitas…, cuxo labor evanxelizador avivou a actitude relixiosa do antigo e do novo mundo. Poderiamos dicir que nesta época a fe fíxose operativa e itinerante; e multiplicáronse os centros de espiritualidade. Segundo datos históricos, só na diocese de Lugo existían uns 75 mosteiros, conventos e santuarios. Era a floración cristiá de entón. Pero os outonos sucédense e son presaxio de novos invernos, e a invernía relixiosa pronto fixo acto de presenza nos últimos tempos da nosa historia. A fe deixou de ser o primeiro valor na sociedade contemporánea, e o materialismo ateo acaparou a moralidade das últimas xeracións.

Con todo, un novo sol nacente parece ofrecernos esperanza de retorno á relixiosidade de tempos pasados. Dá a impresión de que algúns de nós non podemos vivir sen Deus, e saímos en busca de valores eternos. Iso parece indicarnos a afluencia de peregrinos que polos vellos camiños de Santiago diríxense a Compostela para agradecerlle ao Apóstolo a fe que, polo seu medio, Deus regalou aos nosos avós, e a reenxendre nas novas xeracións, ás que pertencemos os que aínda vivimos.


Sexamos auténticos no noso peregrinar, e os nosos desexos cumpriranse.

Indalecio Gómez Varela

Cóengo da Catedral

jueves, 29 de julio de 2021

Un cristianismo para la era secular y post-secular

La ‘ultra modernidad’ (que otros denominan ‘era postmoderna’ y que, en el contexto de lo religioso, nosotros preferimos el termino de ‘era post-secular’), es el resultado de todo un proceso que ha conducido al ser humano occidental a buscar emanciparse de numerosas coacciones colectivas, religiosas y otras, que limitaban su libertad individual. Hoy, esta última, no está inicialmente frenada más que por la libertad de los otros y algunas reglas indispensables al vivir juntos.

Pero esta libertad está vacía, no tiene contenido, es una libertad negativa, una libertad que nos expone a toda suerte de alineaciones y a dependencias, una libertad qué siendo objeto de manipulaciones exteriores nos lleva al fundamentalismo del mercado y al dictado de lo tenido por correcto. En una sociedad liberal la cuestión del sentido de la vida es reenviada a la esfera privada, a la intimidad de cada uno, pues la sociedad, en ella misma, no es portadora de sentido. La sociedad, aunque divinizada, está radicalmente secularizada.

En la sociedad occidental ultramoderna, (EEUU, Francia, Gran Bretaña, Alemania y centro Europa, los países nórdicos, y gran parte de España), la radicalización incluso de la secularización está conduciendo a lo religioso al corazón de la vida colectiva pública. Es un retorno activo, no siempre visible, de la participación de los actores e instituciones religiosas en la elaboración del bien común individual y colectivo, mientras que se ha creído poder encerrar lo religioso en la conciencia individual privada y en la práctica de ritos al interior de los edificios de culto. Es la exculturación sociocultural y política de lo religioso. Algo a lo que nunca el cristianismo ha querido reducirse. Un retorno que acepta inscribirse en el marco del debate público democrático y que no demanda nada de particular más que de participar, al lado y con los otros, en una discusión colectiva sin que la calificación religiosa de los contribuyentes sea un motivo de descalificación o de marginalización. Tampoco de supremacía.

La secularización desencantada

¿Por qué hablamos de una radicalización de la secularización? Porque los ideales seculares que hemos tenido tendencia a presentarlos como alternativas a los ideales religiosos se encuentran ellos mismos desencantados. Ya no es la creencia en las promesas políticas la que viene a reemplazar la creencia en las promesas religiosas; tampoco la creencia en la autoridad de los “maîtres d’école” (grandes intelectuales) se sustituiría a la de los sacerdotes; el reconocimiento del profesionalismo de los asistentes sociales reemplazaría el compromiso existencial de las mujeres y hombres de caridad; la confianza acordada a los técnicos y sabios reemplazaría aquella acordada a los saberes y técnicas tradicionales. Pues todas estas autoridades seculares están ellas mismas quebrantadas, puestas en discusión.

Esta secularización de los ideales seculares es particularmente neta en el dominio de la política, con el aumento del desenganche e incredulidad de los ciudadanos hacia la política, hacia los políticos, como muestran Informes Internacionales, incluso con afán prospectivo. Pienso, por ejemplo, en el “Informe de Tendencias Globales” que publicó en marzo pasado el Consejo Nacional de Inteligencia de EE UU. En tal coyuntura es llamativo constatar que, tanto en los filósofos y sociólogos agnósticos o ateos como André Comte-SponvilleJürgen HabermasSalvador GinerEdgar Morin, como en los inscritos en una tradición religiosa como Paul RicoeurPierre ManentJesús Martinez GordoAndrés Torres Queiruga, encontramos diversas formas de reconsiderar el ámbito y el papel de lo religioso, en el marco de las sociedades secularizadas y pluralistas de hoy, en el sentido de un reconocimiento de la legitimidad de su participación en los debates públicos a condición que no quieran imponer nada. Entiéndase bien.

No se trata de una vuelta de lo religioso en el sentido en el que se volvería a un estado anterior a la “era secular” que diría Charles Taylor, en las relaciones Iglesia-Estado, cómo si las religiones volvieran a recuperar el poder sobre la sociedad y los individuos. Este último planteamiento solamente es sostenido por los nostálgicos de la “era de cristiandad” que, afortunadamente, no ha de volver. En la actualidad, se trata de reconfigurar el espacio y el papel de lo religioso en las sociedades radicalmente secularizadas dónde las promesas seculares están, ellas mismas, desencantadas.

El cristianismo en medio de la modernidad desencantada 

En tal coyuntura, tanto lo religioso como lo secular evolucionan y reajustan sus relaciones: un cristianismo cada vez más desmitologizado y valorando, defendiendo y postulando su ética universal de la fraternidad, “el ethos del amor” universal e incondicional, como sostiene Hans Joaseste cristianismo encuentra positivamente una política o un político desescatologizado y desencantado en la búsqueda de fuerzas convincentes y motivantes para construir la sociedad de mañana. De ahí las sinergias positivas entre lo político y lo religioso, lo que no impide que haya conflictos y desacuerdos profundos como se ha visto en el caso del “matrimonio para todos” en Francia, y la ley de eutanasia, y de las uniones “trans”, en España. Pero, en eso consiste la democracia moderna.

Siendo el cristianismo una religión de la Encarnación de dimensión universalista, se inscribe sin problema en una configuración favorable a la participación de las religiones en la vida pública. En Europa occidental las Iglesias católica y protestante han aprendido poco a poco a integrar su autocomprensión en el hecho de que no representan ya en la actualidad, ellas solas, las normas de lo religioso en la era secular y ya, aunque en germen en España, todavía, la era post – secular. Estamos viviendo, en nuestros días, el paso del cristianismo heredado al cristianismo por elección, lo que no quiere decir que tengamos que hacer “tabla rasa” de la herencia de 20 siglos de cristianismo, en la actualidad más universal, geográficamente hablando, de los que nunca ha sido en la historia. Esta nueva condición social del cristianismo le permite hacer valer sin complejos sus posiciones y sus acciones en las sociedades pluralistas, en las que el Estado pena a regular una pluralidad acentuada de concepciones del hombre y del mundo y de las diferentes opciones éticas presentes en la sociedad.

La interpelación de lo religioso a lo político

La interpelación religiosa que impide a lo político dormitar si se encierra en el bienestar de sus votantes, es una evocación del papel de los cristianos respecto de lo político (en otras latitudes hablaría de los budistas, musulmanes, judíos etc., siempre que propugnen el universalismo ético) que no está tan lejos de las posturas actuales de algunas iglesias cristianas respecto del poder. Frente al riesgo de no tratar humanamente a los refugiados, los extranjeros y los autóctonos en situación de extrema precariedad (por ejemplo, las personas de edad avanzada con pocos recursos, y las personas incapacitadas), y frente a los riesgos de la estigmatización de ciertas poblaciones como los gitanos, los migrantes pobres, etc., las autoridades religiosas y los que se dicen cristianos, deben movilizar la ética de la fraternidad cristiana, el “ethos del amor”. Que sea Caritas católica, la Acción Social Protestante, numerosos benévolos sacan recursos movilizadores, de carácter ético, del cristianismo para comprometerse en las acciones de solidaridad e interpelar a los poderes públicos sobre su deber de humanidad.

Pero también sobre otros temas las religiones quieren hacer patente su voz: sobre la sexualidad, género, filiación, la gestación por otra persona o la procreación médicamente asistida, la legalización de la eutanasia etcétera. En estos temas, especialmente ciertas voces laicas, tienen tendencia a querer reenviar las iglesias a su sacristía y les solicitan que se limiten a lo que, supuestamente les concierne únicamente, esto es, a las cuestiones espirituales y de culto. Como si las religiones se limitarán al fuero interno y a las prácticas en los edificios del culto.

Cabe preguntarse si, finalmente, no habría tendencia a seleccionar el papel de la religión en el espacio público, en forma positiva en ciertos ámbitos, especialmente en el de la ética social y de forma negativa en otros, particularmente en los de la ética sexual y familiar. Pero la participación de grupos religiosos al debate público no es de geometría variable según los temas, y su legitimidad no depende de su grado de conformidad con las tendencias seculares del momento. Lo esencial es respetar las leyes del país, inscribir su acción en el marco democrático de una sociedad laica donde, incluso, si las voces cristianas son rigurosamente opuestas a una evolución, esta evolución debe ser aceptada y desembocar en una ley que pueda devenir una ley de todos y para todos. Entre tanto, aquí también, habrá conflictos, como los ha tenido el cristianismo, en su interior (como en la actualidad, valorando la acción del papa Francisco), como en sus relaciones con la sociedad y el poder de cada momento, a lo largo de su historia.

Una laicidad democrática y no autoritaria no debe descalificar y deslegitimar los interlocutores religiosos bajo el pretexto que estarían en contra de ciertas evoluciones, incluso en el caso de que hubieran sido legalizadas. Así, por ejemplo, en cuanto a la condición de género del ser humano, la igualdad de los hombres y de las mujeres, hay diferentes formas de concebirlas y no hay ninguna razón para que un Estado secular excomulgue, esto es, impida y castigue, la expresión pública, pacifica, de ciertas concepciones en provecho de otras. Lo que no quiere decir que no legisle de acuerdo a la mayoría, aunque, si es responsable, procurará hacerlo con el mayor acuerdo posible.

En ciertos temas no vale la mayoría del 51 %. Las tensiones son inevitables entre las religiones y las evoluciones dominantes en la sociedad. Estás tensiones no son solamente inevitables, sino que son estructurales y testimonian una buena salud de la laicidad. En efecto el deber de la democracia es el de permitir lealmente la expresión de estas tensiones más que de querer aniquilarlas con el único provecho de uno de los polos del debate. Es lo que Paul Ricard llamaba una “laicidad positiva de confrontaciones” que hace justicia a la diversidad de la sociedad civil.

Hay que redescubrir que las religiones alimentan también compromisos solidarios y profundamente altruistas, que son depósitos de compromiso y de esperanza que pueden socializar a las personas, en particular los jóvenes, en una normatividad estructurada y estructurante, prevenirlos contra el pesimismo e incitarlos a actuar, sean las que sean las dificultades del presente.

Los riesgos de las lecturas políticas del cristianismo

Reconocer este depósito de convicciones y de acciones que representa el cristianismo, como otras religiones, no significa por otra parte que, como toda realidad militante y de convicción, el cristianismo pueda generar, y de hecho ha generado en ciertas circunstancias, actividades intolerantes e incluso fanatismos y violencias. Así, por ejemplo, las religiones pueden conducir a encerrar a sus miembros en su red, cortándoles lo más posible de la sociedad en la que se desarrollan, incluso hacerles percibir la sociedad global como una realidad diabólica de la que es preciso huir y combatir.

Es el caso de Rod Dreher con lo que denomina “la opción benedictina”. En efecto, el cristianismo no está indemne de estas tendencias, así en el catolicismo tradicionalista conservador que manifiesta simpatías por la extrema derecha y en las franjas fundamentalistas del protestantismo que quisieran reconquistar la sociedad. Aunque la utilización partidista de lo religioso no se limita a la extrema derecha y al mundo tradicional. También en la extrema izquierda, como vemos ahora, por ejemplo, en Nicaragua, con la lectura que se hace en España, atribuyendo la responsabilidad de su mala situación, casi en exclusiva, al maligno poder estadounidense.

Superar el individualismo reinante

Por otra parte, si el humanismo democrático se ha construido a veces en oposición a las religiones, estas últimas pueden, en un mundo secular desencantado, devenir preciosos garantes de una superación de un individualismo que se cruza con una mundialización, rasgos de la sociedad de nuestros días. El cristianismo, en la diversidad de sus expresiones confesionales, se encuentra cada vez más tranquilo para esta defensa del humanismo democrático pues no son extranjeras a su propia emergencia.

En las incertidumbres y en las inseguridades identitarias del régimen ultramoderno, el cristianismo reencuentra no el poder, sino la influencia. Es, incluso, esta pérdida de poder sobre la sociedad y en su aceptación del marco laico de la sociedad del cristianismo posmoderno y post-secular (aunque no todos los cristianos comulgan, todavía con esta idea), lo que le permite ser apreciado, también como proveedor de sentido y de esperanza en una sociedad bastante desbrujulada. Un cristianismo incubador y propulsor de acciones solidarias en un entorno en el que “el cada uno para si” tiende a desarrollarse con fuerza.

Javier Elzo.

 

martes, 27 de julio de 2021

YO ESTOY CONTIGO TODOS LOS DÍAS

 Queridos abuelos, queridas abuelas:

“Yo estoy contigo todos los días” (cf. Mt 28,20) es la promesa que el Señor hizo a sus discípulos antes de subir al cielo y que hoy te repite también a ti, querido abuelo y querida abuela. A ti. “Yo estoy contigo todos los días” son también las palabras que como Obispo de Roma y como anciano igual que tú me gustaría dirigirte con motivo de esta primera Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores. Toda la Iglesia está junto a ti —digamos mejor, está junto a nosotros—, ¡se preocupa por ti, te quiere y no quiere dejarte solo!

Soy muy consciente de que este mensaje te llega en un momento difícil: la pandemia ha sido una tormenta inesperada y violenta, una dura prueba que ha golpeado la vida de todos, pero que a nosotros mayores nos ha reservado un trato especial, un trato más duro. Muchos de nosotros se han enfermado, y tantos se han ido o han visto apagarse la vida de sus cónyuges o de sus seres queridos. Muchos, aislados, han sufrido la soledad durante largo tiempo.

El Señor conoce cada uno de nuestros sufrimientos de este tiempo. Está al lado de los que tienen la dolorosa experiencia de ser dejados a un lado. Nuestra soledad —agravada por la pandemia— no le es indiferente. Una tradición narra que también san Joaquín, el abuelo de Jesús, fue apartado de su comunidad porque no tenía hijos. Su vida —como la de su esposa Ana— fue considerada inútil. Pero el Señor le envió un ángel para consolarlo. Mientras él, entristecido, permanecía fuera de las puertas de la ciudad, se le apareció un enviado del Señor que le dijo: “¡Joaquín, Joaquín! El Señor ha escuchado tu oración insistente”.[1] Giotto, en uno de sus famosos frescos,[2] parece ambientar la escena en la noche, en una de esas muchas noches de insomnio, llenas de recuerdos, preocupaciones y deseos a las que muchos de nosotros estamos acostumbrados.

Pero incluso cuando todo parece oscuro, como en estos meses de pandemia, el Señor sigue enviando ángeles para consolar nuestra soledad y repetirnos: “Yo estoy contigo todos los días”. Esto te lo dice a ti, me lo dice a mí, a todos. Este es el sentido de esta Jornada que he querido celebrar por primera vez precisamente este año, después de un largo aislamiento y una reanudación todavía lenta de la vida social. ¡Que cada abuelo, cada anciano, cada abuela, cada persona mayor —sobre todo los que están más solos— reciba la visita de un ángel!

A veces tendrán el rostro de nuestros nietos, otras veces el rostro de familiares, de amigos de toda la vida o de personas que hemos conocido durante este momento difícil. En este tiempo hemos aprendido a comprender lo importante que son los abrazos y las visitas para cada uno de nosotros, ¡y cómo me entristece que en algunos lugares esto todavía no sea posible!

Sin embargo, el Señor también nos envía sus mensajeros a través de la Palabra de Dios, que nunca deja que falte en nuestras vidas. Leamos una página del Evangelio cada día, recemos con los Salmos, leamos los Profetas. Nos conmoverá la fidelidad del Señor. La Escritura también nos ayudará a comprender lo que el Señor nos pide hoy para nuestra vida. Porque envía obreros a su viña a todas las horas del día (cf. Mt 20,1-16), y en cada etapa de la vida. Yo mismo puedo testimoniar que recibí la llamada a ser Obispo de Roma cuando había llegado, por así decirlo, a la edad de la jubilación, y ya me imaginaba que no podría hacer mucho más. El Señor está siempre cerca de nosotros —siempre— con nuevas invitaciones, con nuevas palabras, con su consuelo, pero siempre está cerca de nosotros. Ustedes saben que el Señor es eterno y que nunca se jubila. Nunca.

En el Evangelio de Mateo, Jesús dice a los Apóstoles: «Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado» (28,19-20). Estas palabras se dirigen también hoy a nosotros y nos ayudan a comprender mejor que nuestra vocación es la de custodiar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y cuidar a los pequeños. Escuchen bien: ¿cuál es nuestra vocación hoy, a nuestra edad? Custodiar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y cuidar de los pequeños. No lo olviden.

No importa la edad que tengas, si sigues trabajando o no, si estás solo o tienes una familia, si te convertiste en abuela o abuelo de joven o de mayor, si sigues siendo independiente o necesitas ayuda, porque no hay edad en la que puedas retirarte de la tarea de anunciar el Evangelio, de la tarea de transmitir las tradiciones a los nietos. Es necesario ponerse en marcha y, sobre todo, salir de uno mismo para emprender algo nuevo.

Hay, por tanto, una vocación renovada también para ti en un momento crucial de la historia. Te preguntarás: pero, ¿cómo es posible? Mis energías se están agotando y no creo que pueda hacer mucho más. ¿Cómo puedo empezar a comportarme de forma diferente cuando la costumbre se ha convertido en la norma de mi existencia? ¿Cómo puedo dedicarme a los más pobres cuando tengo ya muchas preocupaciones por mi familia? ¿Cómo puedo ampliar la mirada si ni siquiera se me permite salir de la residencia donde vivo? ¿No ya es mi soledad una carga demasiado pesada? Cuántos de ustedes se hacen esta pregunta: mi soledad, ¿no es una piedra demasiado pesada? El mismo Jesús escuchó una pregunta de este tipo a Nicodemo, que le preguntó: «¿Cómo puede un hombre volver a nacer cuando ya es viejo?» (Jn 3,4). Esto puede ocurrir, responde el Señor, abriendo el propio corazón a la obra del Espíritu Santo, que sopla donde quiere. El Espíritu Santo, con esa libertad que tiene, va a todas partes y hace lo que quiere.

Como he repetido en varias ocasiones, de la crisis en la que se encuentra el mundo no saldremos iguales, saldremos mejores o peores. Y «ojalá no se trate de otro episodio severo de la historia del que no hayamos sido capaces de aprender —¡nosotros somos duros de mollera!— Ojalá no nos olvidemos de los ancianos que murieron por falta de respiradores […]. Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros, para que la humanidad renazca» (Carta enc. Fratelli tutti, 35). Nadie se salva solo. Estamos en deuda unos con otros.

En esta perspectiva, quiero decirte que eres necesario para construir, en fraternidad y amistad social, el mundo de mañana: el mundo en el que viviremos —nosotros, y nuestros hijos y nietos— cuando la tormenta se haya calmado. Todos «somos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas» (ibíd., 77). Entre los diversos pilares que deberán sostener esta nueva construcción hay tres que tú, mejor que otros, puedes ayudar a colocar. Tres pilares: los sueños, la memoria y la oración. La cercanía del Señor dará la fuerza para emprender un nuevo camino incluso a los más frágiles de entre nosotros, por los caminos de los sueños, de la memoria y de la oración.

El profeta Joel pronunció en una ocasión esta promesa: «Sus ancianos tendrán sueños, y sus jóvenes, visiones» (3,1). El futuro del mundo reside en esta alianza entre los jóvenes y los mayores. ¿Quiénes, si no los jóvenes, pueden tomar los sueños de los mayores y llevarlos adelante? Pero para ello es necesario seguir soñando: en nuestros sueños de justicia, de paz y de solidaridad está la posibilidad de que nuestros jóvenes tengan nuevas visiones, y juntos podamos construir el futuro. Es necesario que tú también des testimonio de que es posible salir renovado de una experiencia difícil. Y estoy seguro de que no será la única, porque habrás tenido muchas en tu vida, y has conseguido salir de ellas. Aprende también de aquella experiencia para salir ahora de esta.

Los sueños, por eso, están entrelazados con la memoria. Pienso en lo importante que es el doloroso recuerdo de la guerra y en lo mucho que las nuevas generaciones pueden aprender de él sobre el valor de la paz. Y eres tú quien lo transmite, al haber vivido el dolor de las guerras. Recordar es una verdadera misión para toda persona mayor: la memoria, y llevar la memoria a los demás. Edith Bruck, que sobrevivió a la tragedia de la Shoah, dijo que «incluso iluminar una sola conciencia vale el esfuerzo y el dolor de mantener vivo el recuerdo de lo que ha sido —y continúa—. Para mí, la memoria es vivir».[3] También pienso en mis abuelos y en los que entre ustedes tuvieron que emigrar y saben lo duro que es dejar el hogar, como hacen todavía hoy tantos en busca de un futuro. Algunos de ellos, tal vez, los tenemos a nuestro lado y nos cuidan. Esta memoria puede ayudar a construir un mundo más humano, más acogedor. Pero sin la memoria no se puede construir; sin cimientos nunca construirás una casa. Nunca. Y los cimientos de la vida son la memoria.

Por último, la oración. Como dijo una vez mi predecesor, el Papa Benedicto, santo anciano que continúa rezando y trabajando por la Iglesia: «La oración de los ancianos puede proteger al mundo, ayudándole tal vez de manera más incisiva que la solicitud de muchos».[4] Esto lo dijo casi al final de su pontificado en 2012. Es hermoso. Tu oración es un recurso muy valioso: es un pulmón del que la Iglesia y el mundo no pueden privarse (cf. Exhort. apost. Evangelii gaudium, 262). Sobre todo en este momento difícil para la humanidad, mientras atravesamos, todos en la misma barca, el mar tormentoso de la pandemia, tu intercesión por el mundo y por la Iglesia no es en vano, sino que indica a todos la serena confianza de un lugar de llegada.

Querida abuela, querido abuelo, al concluir este mensaje quisiera señalarte también el ejemplo del beato —y próximamente santo— Carlos de Foucauld. Vivió como ermitaño en Argelia y en ese contexto periférico dio testimonio de «sus deseos de sentir a cualquier ser humano como un hermano» (Carta enc. Fratelli tutti, 287). Su historia muestra cómo es posible, incluso en la soledad del propio desierto, interceder por los pobres del mundo entero y convertirse verdaderamente en un hermano y una hermana universal.

Pido al Señor que, gracias también a su ejemplo, cada uno de nosotros ensanche su corazón y lo haga sensible a los sufrimientos de los más pequeños, y capaz de interceder por ellos. Que cada uno de nosotros aprenda a repetir a todos, y especialmente a los más jóvenes, esas palabras de consuelo que hoy hemos oído dirigidas a nosotros: “Yo estoy contigo todos los días”. Adelante y ánimo. Que el Señor los bendiga.

Roma, San Juan de Letrán, 31 de mayo, fiesta de la Visitación de la B.V. María

FRANCISCO

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[1] El episodio se narra en el Protoevangelio de Santiago.

[2] Se trata de la imagen elegida como logotipo de la Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores.

[3] Cf. La memoria è vita, la scrittura è respiro: L’Osservatore Romano (26 enero 2021).

[4] Cf. Visita a la Casa-Familia “Viva los ancianos” (2 noviembre 2012).