lunes, 24 de mayo de 2021

PENTECOSTE, O FINAL DA PASCUA.

Xa case chegamos ao final da Pascua, os cincuenta días nos que celebramos de modo solemne a resurrección de Xesucristo. Digo solemnemente, porque de forma máis ordinaria é o que celebramos os cristiáns todos os días do ano, de xeito particular os domingos. Non nos confundamos, o único que podemos celebrar os cristiáns é isto: que Xesucristo, o fillo de Deus encarnado, foi crucificado, resucitou ao terceiro día, ascendeu aos ceos, enviounos o Espírito Santo e todo isto para a nosa salvación. Non hai máis e non é pouco.

Por diante temos todo un ano para reflexionar e profundar sobre este misterio. Nas Sagradas Escrituras e na liturxia temos as «aplicacións» que nos axudarán a coñecer mellor ao protagonista desta historia de salvación.

Por certo, os curas non “dicimos”, “descargamos”, “botamos” misas. Os curas, coas nosas comunidades parroquiais, o que facemos é celebrar na Eucaristía toda a vida de Xesucristo, que é salvación para nós. Por iso as misas tampouco son homenaxes nin recordos, aínda que moitas veces celebremos tamén na Eucaristía os acontecementos máis importantes das nosas vidas.

Xesús cumpriu a súa misión e as súas promesas. Non se vai para desentenderse de nós, senón que nos enviará o Espírito Santo para que nos ensine o que falta e alente a nosa vida e a vida do mundo. O que falta agora depende de nós. Nas nosas mans está se nos adherimos ou non a este plan de salvación.


Miguel Ángel Álvarez

Párroco da Fonsagrada

 

martes, 18 de mayo de 2021

VEN Y LO VERÁS (Jn 1,46)... Comunicar encontrando a las personas donde están y como son..

Queridos hermanos y hermanas:

La invitación a “ir y ver” que acompaña los primeros y emocionantes encuentros de Jesús con los discípulos, es también el método de toda comunicación humana auténtica. Para poder relatar la verdad de la vida que se hace historia (cf. Mensaje para la 54.ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 enero 2020) es necesario salir de la cómoda presunción del “como es ya sabido” y ponerse en marcha, ir a ver, estar con las personas, escucharlas, recoger las sugestiones de la realidad, que siempre nos sorprenderá en cualquier aspecto. «Abre pasmosamente tus ojos a lo que veas y deja que se te llene de sabia y frescura el cuenco de las manos, para que los otros puedan tocar ese milagro de la vida palpitante cuando te lean», aconsejaba el beato Manuel Lozano Garrido[1] a sus compañeros periodistas. Deseo, por lo tanto, dedicar el Mensaje de este año a la llamada a “ir y ver”, como sugerencia para toda expresión comunicativa que quiera ser límpida y honesta: en la redacción de un periódico como en el mundo de la web, en la predicación ordinaria de la Iglesia como en la comunicación política o social. “Ven y lo verás” es el modo con el que se ha comunicado la fe cristiana, a partir de los primeros encuentros en las orillas del río Jordán y del lago de Galilea.

Desgastar las suelas de los zapatos

Pensemos en el gran tema de la información. Opiniones atentas se lamentan desde hace tiempo del riesgo de un aplanamiento en los “periódicos fotocopia” o en los noticieros de radio y televisión y páginas web que son sustancialmente iguales, donde el género de la investigación y del reportaje pierden espacio y calidad en beneficio de una información preconfeccionada, “de palacio”, autorreferencial, que es cada vez menos capaz de interceptar la verdad de las cosas y la vida concreta de las personas, y ya no sabe recoger ni los fenómenos sociales más graves ni las energías positivas que emanan de las bases de la sociedad. La crisis del sector editorial puede llevar a una información construida en las redacciones, frente al ordenador, en los terminales de las agencias, en las redes sociales, sin salir nunca a la calle, sin “desgastar las suelas de los zapatos”, sin encontrar a las personas para buscar historias o verificar de visu ciertas situaciones. Si no nos abrimos al encuentro, permaneceremos como espectadores externos, a pesar de las innovaciones tecnológicas que tienen la capacidad de ponernos frente a una realidad aumentada en la que nos parece estar inmersos. Cada instrumento es útil y valioso sólo si nos empuja a ir y a ver la realidad que de otra manera no sabríamos, si pone en red conocimientos que de otro modo no circularían, si permite encuentros que de otra forma no se producirían.

Esos detalles de crónica en el Evangelio

A los primeros discípulos que quieren conocerlo, después del bautismo en el río Jordán, Jesús les responde: «Vengan y lo verán» (Jn 1,39), invitándolos a vivir su relación con Él. Más de medio siglo después, cuando Juan, muy anciano, escribe su Evangelio, recuerda algunos detalles “de crónica” que revelan su presencia en el lugar y el impacto que aquella experiencia tuvo en su vida: «Era como la hora décima», anota, es decir, las cuatro de la tarde (cf. v. 39). El día después —relata de nuevo Juan— Felipe comunica a Natanael el encuentro con el Mesías. Su amigo es escéptico: «¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe no trata de convencerlo con razonamientos: «Ven y lo verás», le dice (cf. vv. 45-46). Natanael va y ve, y desde aquel momento su vida cambia. La fe cristiana inicia así. Y se comunica así: como un conocimiento directo, nacido de la experiencia, no de oídas. «Ya no creemos por lo que tú nos dijiste, sino porque nosotros mismos lo hemos oído», dice la gente a la Samaritana, después de que Jesús se detuvo en su pueblo (cf. Jn 4,39-42). El “ven y lo verás” es el método más sencillo para conocer una realidad. Es la verificación más honesta de todo anuncio, porque para conocer es necesario encontrar, permitir que aquel que tengo de frente me hable, dejar que su testimonio me alcance.

Gracias a la valentía de tantos periodistas

También el periodismo, como relato de la realidad, requiere la capacidad de ir allá donde nadie va: un movimiento y un deseo de ver. Una curiosidad, una apertura, una pasión. Gracias a la valentía y al compromiso de tantos profesionales —periodistas, camarógrafos, montadores, directores que a menudo trabajan corriendo grandes riesgos— hoy conocemos, por ejemplo, las difíciles condiciones de las minorías perseguidas en varias partes del mundo; los innumerables abusos e injusticias contra los pobres y contra la creación que se han denunciado; las muchas guerras olvidadas que se han contado. Sería una pérdida no sólo para la información, sino para toda la sociedad y para la democracia si estas voces desaparecieran: un empobrecimiento para nuestra humanidad.

Numerosas realidades del planeta, más aún en este tiempo de pandemia, dirigen al mundo de la comunicación la invitación a “ir y ver”. Existe el riesgo de contar la pandemia, y cada crisis, sólo desde los ojos del mundo más rico, de tener una “doble contabilidad”. Pensemos en la cuestión de las vacunas, como en los cuidados médicos en general, en el riesgo de exclusión de las poblaciones más indigentes. ¿Quién nos hablará de la espera de curación en los pueblos más pobres de Asia, de América Latina y de África? Así, las diferencias sociales y económicas a nivel planetario corren el riesgo de marcar el orden de la distribución de las vacunas contra el COVID. Con los pobres siempre como los últimos y el derecho a la salud para todos, afirmado como un principio, vaciado de su valor real. Pero también en el mundo de los más afortunados el drama social de las familias que han caído rápidamente en la pobreza queda en gran parte escondido: hieren y no son noticia las personas que, venciendo a la vergüenza, hacen cola delante de los centros de Cáritas para recibir un paquete de alimentos.

Oportunidades e insidias en la web

La red, con sus innumerables expresiones sociales, puede multiplicar la capacidad de contar y de compartir: tantos ojos más abiertos sobre el mundo, un flujo continuo de imágenes y testimonios. La tecnología digital nos da la posibilidad de una información de primera mano y oportuna, a veces muy útil: pensemos en ciertas emergencias con ocasión de las cuales las primeras noticias y también las primeras comunicaciones de servicio a las poblaciones viajan precisamente en la web. Es un instrumento formidable, que nos responsabiliza a todos como usuarios y como consumidores. Potencialmente todos podemos convertirnos en testigos de eventos que de otra forma los medios tradicionales pasarían por alto, dar nuestra contribución civil, hacer que emerjan más historias, también positivas. Gracias a la red tenemos la posibilidad de relatar lo que vemos, lo que sucede frente a nuestros ojos, de compartir testimonios.

Pero ya se han vuelto evidentes para todos también los riesgos de una comunicación social carente de controles. Hemos descubierto, ya desde hace tiempo, cómo las noticias y las imágenes son fáciles de manipular, por miles de motivos, a veces sólo por un banal narcisismo. Esta conciencia crítica empuja no a demonizar el instrumento, sino a una mayor capacidad de discernimiento y a un sentido de la responsabilidad más maduro, tanto cuando se difunden, como cuando se reciben los contenidos. Todos somos responsables de la comunicación que hacemos, de las informaciones que damos, del control que juntos podemos ejercer sobre las noticias falsas, desenmascarándolas. Todos estamos llamados a ser testigos de la verdad: a ir, ver y compartir.

Nada reemplaza el hecho de ver en persona

En la comunicación, nada puede sustituir completamente el hecho de ver en persona. Algunas cosas se pueden aprender sólo con la experiencia. No se comunica, de hecho, solamente con las palabras, sino con los ojos, con el tono de la voz, con los gestos. La fuerte atracción que ejercía Jesús en quienes lo encontraban dependía de la verdad de su predicación, pero la eficacia de lo que decía era inseparable de su mirada, de sus actitudes y también de sus silencios. Los discípulos no escuchaban sólo sus palabras, lo miraban hablar. De hecho, en Él —el Logos encarnado— la Palabra se hizo Rostro, el Dios invisible se dejó ver, oír y tocar, como escribe el propio Juan (cf. 1 Jn 1,1-3). La palabra es eficaz solamente si se “ve”, sólo si te involucra en una experiencia, en un diálogo. Por este motivo el “ven y lo verás” era y es esencial.

Pensemos en cuánta elocuencia vacía abunda también en nuestro tiempo, en cualquier ámbito de la vida pública, tanto en el comercio como en la política. «Sabe hablar sin cesar y no decir nada. Sus razones son dos granos de trigo en dos fanegas de paja. Se debe buscar todo el día para encontrarlos y cuando se encuentran, no valen la pena de la búsqueda»[2]. Las palabras mordaces del dramaturgo inglés también valen para nuestros comunicadores cristianos. La buena nueva del Evangelio se difundió en el mundo gracias a los encuentros de persona a persona, de corazón a corazón. Hombres y mujeres que aceptaron la misma invitación: “Ven y lo verás”, y quedaron impresionados por el “plus” de humanidad que se transparentaba en su mirada, en la palabra y en los gestos de personas que daban testimonio de Jesucristo. Todos los instrumentos son importantes y aquel gran comunicador que se llamaba Pablo de Tarso hubiera utilizado el correo electrónico y los mensajes de las redes sociales; pero fue su fe, su esperanza y su caridad lo que impresionó a los contemporáneos que lo escucharon predicar y tuvieron la fortuna de pasar tiempo con él, de verlo durante una asamblea o en una charla individual. Verificaban, viéndolo en acción en los lugares en los que se encontraba, lo verdadero y fructuoso que era para la vida el anuncio de salvación del que era portador por la gracia de Dios. Y también allá donde este colaborador de Dios no podía ser encontrado en persona, su modo de vivir en Cristo fue atestiguado por los discípulos que enviaba (cf. 1 Co 4,17).

«En nuestras manos hay libros, en nuestros ojos hechos», afirmaba san Agustín[3] exhortando a encontrar en la realidad el cumplimiento de las profecías presentes en las Sagradas Escrituras. Así, el Evangelio se repite hoy cada vez que recibimos el testimonio límpido de personas cuya vida ha cambiado por el encuentro con Jesús. Desde hace más de dos mil años es una cadena de encuentros la que comunica la fascinación de la aventura cristiana. El desafío que nos espera es, por lo tanto, el de comunicar encontrando a las personas donde están y como son.

Señor, enséñanos a salir de nosotros mismos,
y a encaminarnos hacia la búsqueda de la verdad.

Enséñanos a ir y ver,
enséñanos a escuchar,
a no cultivar prejuicios,
a no sacar conclusiones apresuradas.

Enséñanos a ir allá donde nadie quiere ir,
a tomarnos el tiempo para entender,
a prestar atención a lo esencial,
a no dejarnos distraer por lo superfluo,
a distinguir la apariencia engañosa de la verdad.

Danos la gracia de reconocer tus moradas en el mundo
y la honestidad de contar lo que hemos visto.

Roma, San Juan de Letrán, 23 de enero de 2021, Vigilia de la Memoria de San Francisco de Sales.

Francisco

 

sábado, 24 de abril de 2021

FUNERAL POR FRANCISCO JESÚS FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ


Emocionado homenaje religioso al que durante años fue director de Cáritas Interparroquial de Arousa.

Numerosas personas se dieron cita en la iglesia de Calerio

En la iglesia parroquial de Caleiro (Vilanova de Arousa), se celebró una misa de funeral por Francisco Jesús Fernández Rodríguez, fallecido recientemente y que durante muchos años fuera director de Cáritas Interparroquial de Arousa. La ceremonia religiosa, a la que asistieron su viuda y sus dos hijos, fue muy sentida y con momentos de gran emoción por parte de los intervinientes al recordar la figura de Paco, el de Cáritas Arousa, y la presidió Calixto Cobo, vicario territorial de Pontevedra, acompañado por una veintena de sacerdotes procedentes de las cáritas parroquiales del área y de la zona pastoral.

Al acto religioso se sumaron numerosas personas que quisieron rendirle homenaje al hombre que siempre estuvo al lado de las personas más desfavorecidas. La elección del local por parte de los organizadores de Cáritas Interparroquial de Arousa, fue para poder congregar al mayor número de personas debido a las limitaciones sanitaria impuestas por el coronavirus.

De la moción de apertura se encargó Montse Rosales Rodríguez que con unas emocionadas palabras recordó la gran labor realizada por el fallecido y los años que trabajaron juntos intentando conseguir los mejores logros y resultados para esas personas que diariamente acuden a Cáritas a pedir algún tipo de ayuda.

Durante su homilía Calixto Cobo habló de la personalidad y humanidad de Paco destacando la labor que llevó a cabo durante tantos años.

Al finalizar la celebración hizo uso de la palabra Manuel Castroagudín, párroco y consiliario de Cáritas, que se refirió al tiempo que trabajaron junto y que Paco, indicó, era una persona que siempre estaba dispuesta a ayudar a los que lo necesitaban, destacando su legado caritativo y actuación benéfica al servicio de los más desfavorecidos. El turno de intervenciones lo cerró Anuncio Mouriño, director de Cáritas Diocesana de Santiago de Compostela, que ensalzó la personalidad de Francisco y los años que como voluntarios integraron distintos equipos para atender las numerosas necesidades que presentan las personas faltas de recursos en la comarca de Arousa.

jueves, 15 de abril de 2021

Fondo pesar polo pasamento de Paco, director de Cáritas Interparroquial de Arousa

Ha causado hondo pesar el fallecimiento de Francisco Jesús Fernández Rodríguez, director de Cáritas Interparroquial de Arousa. Cáritas Diocesana de Santiago de Compostela al comunicar tan sensible pérdida hace extensivas sus condolencias a su mujer y sus dos hijos.

Francisco Jesús Fernández Rodríguez pertenecía a los órganos ejecutivos de la institución, la Permanente y el Consello, que hicieron público su pésame por el óbito de una persona que durante tantos años trabajó a favor de los más desfavorecidos de la comarca de Arousa desempeñando todo tipo de actividades desde el voluntariado, iniciándolas en el comedor, hasta llegar a la dirección de la entidad arousana cargo que desempeñó durante muchos años. 

El cuerpo de Francisco Jesús Fernández Rodríguez, conocido por todo el mundo como Paco el de Cáritas, fue encontrado sin vida en la playa del Carreirón a la que acudía con frecuencia a pasear y sentirse próximo al entorno natural que él tanto amaba.

Francisco Jesús Fernández Rodríguez, era un hombre de grandes y fuertes convicciones y de gran humanidad siempre dispuesta para ayudar a los últimos, a los más desfavorecidos de la sociedad.

El cuerpo del fallecido fue trasladado al tanatorio de sus ciudad natal y el funeral y las honras fúnebres se celebrarán en la intimidad, teniendo en cuenta las limitaciones sanitarias impuestas por la pandemia sanitaria. Cáritas Interparroquial de Arousa organizará un funeral por el eterno descanso de su alma la próxima semana comunicándose en su momento la hora y el lugar donde tendrá lugar el acto religioso fúnebre.

Natural de Fene (Ferrol), Francisco Jesús Fernández Rodríguez, contaba 67 años, desarrolló su vida profesional en la Marina, como militar de carrera y su último destino fue la Comandancia de Marina de Vilagarcía de Arousa.

miércoles, 14 de abril de 2021

CATEDRAL DE SANTIAGO.- ANTES Y DESPUÉS DE UNA RESTAURACIÓN HISTÓRICA.

Artículo publicado el sábado 17 de abril en la edición especial «Catedral de Santiago, antes y después de una restauración histórica» de El Correo Gallego.

Llegué a Santiago de Compostela con diez años. Allí se acababa de inaugurar el nuevo seminario menor construido sobre las rocas del monte de Belvís. Desde aquella atalaya adiviné duran-te largos días los misterios de una ciudad que, a tiro de piedra, se mostraba impenetrable e inaccesible.

Los seminaristas íbamos a la Catedral en las grandes fiestas del calendario cristiano. Apelotonados entrábamos en aquel espacio tremendo y fascinante, repleto a rebosar y espléndido en su refulgir. Allí estaba la gloria de Yahvé y el coro de los ancianos. Todo reflejaba majestad e infundía reverencia. Escudriñábamos aquellos espacios infinitos y nuestros ojos no se cansaban de ver los ritos indescifrables de una liturgia de hombres transformados. Las largas e interminables procesiones eran la pura encarnación de los cortejos del rey David. Cuando retornábamos a nuestros claustros espartanos, aquellas imágenes eran el alimento cotidiano de una imaginación sorprendida. Estos primeros encuentros en la Catedral marcarían nuestras vidas para siempre. 

Del monte de Belvís a la Catedral hay un recorrido del mayor interés que se inicia en la rúa de san Pedro. Era nuestro camino de Santiago que en tales ocasiones recorríamos engalanados con nuestros uniformes impecables. Para nosotros, ir a la Catedral era la ocasión de sumergirnos en la realidad del mundo para conocer la vida de la gente. Nos adentrábamos en el corazón de la ciudad que, para muchos de nosotros, seminaristas venidos de aldeas campesinas, era la ocasión de descubrir un mundo nuevo y sorprendente. Hasta que entrabas en la plaza del Obradoiro y entonces todo cambiaba. De repente sentías que algo dentro de ti te pedía concentración. Algo nuevo y diferente iba a acontecer en tu vida porque entrabas en el lugar sagrado que te abría a otra dimensión. Lo que allí acontecía era algo completa-mente diferente de las cosas que habías encontrado en las calles de la ciudad.

Las peregrinaciones infantiles de aquellos seminaristas dejarían huellas muy diversas con el paso de los años y de futuras decisiones. Algunos de nosotros viviríamos, muchos años después, en la cercanía física de la Catedral, incluso, en su servicio cotidiano. La impresión de los años primeros fue moldeándose con el correr del tiempo y de las nuevas responsabilidades. Una cosa no cambiará en nuestro modo de sentir la Catedral. Su espacio sagrado alberga un misterio único que el paso de los años no hace más que aumentar.

Haber tenido la fortuna de escuchar a gran-des personalidades del saber humano sobre la Catedral es el inmerecido pago que todos hubiéramos deseado. Lo mismo que haber podido vivir experiencias únicas como la de aquella mañana en que un maestro compostelano de la historia del arte nos reúne a un puñado de amigos para visionar la primicia de un corto en el que dice con autoridad que el Daniel del Pórtico de la Gloria es la primera vez en la historia en que la piedra labrada son-ríe. Todo nos habla de la grandeza inmortal en la historia y en el arte del conjunto catedralicio compostelano. Sin embargo, el misterio de Compostela va más allá de la belleza incomparable de sus formas geniales. El misterio de la Catedral se adentra con tal potencia en el corazón humano que lo transforma. 

El misterio de la Catedral es la capacidad transformadora del espíritu humano que tiene. Ese es, por encima de todos, su gran valor. En ella se aúnan la excelencia de las formas con huellas históricas que se enraízan en profundos sentimientos humanos que brotan siempre de nuevo cuando traspasas el umbral de aquellas puertas. Hay algo único en ese conjunto catedralicio que, como dice el profeta Ezequiel, hace que recobren vida los huesos muertos. Cualquiera que haya ejercido el ministerio de acoger a los peregrinos que llegan y entran en la Catedral sabe el magnetismo que esa presencia transmite. Cada uno lo llamará como quiera, sin que pueda sustraer-se a la evidencia de tales efectos.

El templo primitivo fue erigido para marcar y honrar una tumba en la que se custodian los restos de un apóstol, Santiago el hijo del True-no.  Allí han de peregrinar reyes y mendigos afrontando las más duras pruebas para llegar a la casa del señor Santiago, protector insigne y poderoso. Vienen fatigados del camino, pero han aprendido todas las lecciones de la vida. Necesitan esperanza y fuerza para volver a creer en la vida. Es lo que encuentran en aquel sepulcro en torno al que crece un lugar santo del que surgen un templo y una ciudad.

Compostela y su Catedral son la meta de un Camino, de todos los caminos, de cualquier ca-mino que uno haya recorrido. Cuando entras en la casa del señor Santiago nadie te pregunta por qué estás aquí, ni por dónde has venido ni si eres de los nuestros. Lo que ha de ocupar a todos es atender al peregrino para que se sienta en la casa de Dios, en su casa. Y entonces ocurre el milagro del reencuentro con uno mismo, con lo más profundo de nuestro ser, y con Santiago y con Dios. Lo que hay que evitar es el ruido, la vulgaridad, la provocación, la altanería y la desconsideración. Solo hay que acoger con respeto y sensibilidad por-que todo lo demás lo hace el santo apóstol y su casa, la Sión del Finisterre.   

Lo que el peregrino descubre en la Catedral es una realidad que se le desvela en un espacio y en un tiempo que le acoge y le transforma. Allí todo lo sensible se desborda y se extasía. La potencia de Santiago tiene que ver con su espacio abierto concentrado. Así la Catedral de Santiago es el Pórtico de la Gloria, el Códice Calixtino, la Torre del Reloj, pero es también el Palacio de Gelmírez, la Plaza del Obradoiro, la Corticela y el muro de san Pe-layo. Es un espacio configurado por genios de muchos siglos que han hecho posible que los tiempos se unan en un presente continuo. Allí se produce el encuentro de la eternidad y el instante donde la diversidad se concentra y lo particular se ensancha.

En Santiago siempre fueron sagrados el espacio y los tiempos y han de serlo para siempre. Nunca la Catedral se impuso como espacio excluyente, pero la ciudad necesita preservar el santuario cuidando su misterio y protegiendo su entorno. Ahí está la gran tarea de los tiempos presentes. Cuidar de que la ciudad no envejezca ni se desvirtúe y haga posible que el santuario y su espacio mantengan en el tiempo la capacidad de transformación que le es esencial. 

Las grandes obras de restauración llevadas a cabo en la Catedral como preparación para este Año Santo son un acontecimiento extraordinario que muestra ante los ojos del mundo entero el carácter icónico del templo compostelano, a la vez que pone de relieve la conciencia que Galicia y sus instituciones tienen del deber conservarlo y protegerlo.

Cuidar el legado de la Catedral de Santiago es la herencia que hemos recibido de la tradición de nuestros mayores. Continuar hoy esa misión nos exige ser conscientes y fieles al misterio que allí se encierra y perpetúa.

+ Luis Quinteiro Fiuza.

Obispo de Tui-Vigo.

 

lunes, 12 de abril de 2021

Pascua, miserio de Dor ou de Gozo..?

A Pascua cristiá é dor e é gozo. A espiritualidade cristiá puxo alternativamente o acento unhas veces na cruz, e outras na resurrección.

A Igrexa latina acentuou preferentemente o misterio da cruz, sobre o misterio da resurrección. Neste comportamento influíu moito San Anselmo, quen, ao presentar a redención realizada por Cristo, abunda na súa paixón e morte, e prescinde da resurrección. Segundo el, coa morte de Xesús, terminaba a redención e, por conseguinte, a misión do Fillo de Deus na terra.

Moitas ordes relixiosas inspiráronse para a súa espiritualidade, na cruz e na paixón do Señor: (Pasionistas, a Sociedade do Preciosísimo Sangue, Os Estigmáticos…) E moi poucos inspiráronse na Resurrección. Por contra, na época inmediatamente anterior e posterior ao Concilio Vaticano II, fíxose resaltar case exclusivamente a resurrección, a alegría e festa pascual. Ambas as posturas acusan un certo desequilibrio, xa que o Misterio Pascual intégrase de morte e de resurrección. Entraña, dor e gozo. E así temos que contemplalo nós: como misterio de dor e de gozo, e tamén de responsabilidade.

Misterio de dor, porque o Señor na paixón sufriu moito no seu corpo e no seu espírito: os azoutes que flaxelaron as súas costas; as espiñas nas súas tempas; as labazadas dos soldados; as caídas no camiño do calvario; os cravos que horadaron as súas mans e os seus pés… Foi moito o que Xesús padeceu no seu corpo durante a paixón; pero aínda foi máis atroz o que tivo que padecer na alma. Lembremos a traizón de Xudas, a agonía de Xetsemaní, o proceso ao que foi sometido: calumniado; proposto Barrabás; rexeitado polo pobo; abandonado do Eterno Pai: «Deus meu, Deus meu por que me abandonaches?», e todo isto sufríndoo e ofrecéndoo ao Señor por min. Así de inmensa foi a dor que lle custou a Xesús a miña redención.

Pero a Pascua tamén é gozo, é triunfo, é vitoria total, porque a vida de Xesús non terminou nun sepulcro cheo, senón nunha tumba baleira. Dese sepulcro baleiro sae unha voz que grita: Cristo resucitou! Aleluia! Que alegría para a súa Nai! Que gozo para María Madalena! Que satisfacción para Xoán, para os de Emaús e tamén para Tomé! Pero, sobre todo, que triunfo e que gozo para o propio Xesucristo!

Onde queda a pobreza de Belén? O odio de Herodes, o desterro de Exipto, o traballo de Nazaret, o rancor satánico de escribas e fariseos?

Xesús, o noso Mestre, o noso entrañable amigo, triunfou plenamente dos seus inimigos e da morte.

Con Xesús resucitaron as súas palabras: «Eu son o camiño, a verdade e a vida», «Vós sodes os meus amigos» «Os que permanezan comigo na loita, terán parte comigo no premio» Resucitaron as súas promesas, Cristo resucitou! Gocémonos con El; pero, sobre todo, Resucitemos con El, porque a Pascua é dor, é gozo e tamén é compromiso!

Indalecio Gómez Varela

Cóengo da Catedral de Lugo

 

domingo, 4 de abril de 2021

Mensaxe de Pascua de Resurreción de Mons. Julián Barrio

Feliz Pascua de Resurrección del Señor! Comprobamos día a día como “Dios entra de lleno en el juego desconcertante de nuestras vidas para liberarnos del mal”. Jesús resucitado había dicho a María Magdalena, María la de Santiago y Salomé: “Id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis” (Mc 16, 7). Él se hace presente anticipadamente en nuestra “Galilea” herida y lastimada por la pandemia del coronavirus, por familias que han perdido a sus seres queridos, por la pérdida de empleos y de posibilidades económicas. Cristo resucitado nos recuerda que la muerte ha sido vencida y que podemos celebrar la vida en medio de la incertidumbre, del dolor y del agobio.

¡Cómo necesitamos escuchar este mensaje acercándonos al sepulcro vacío de Cristo y dejarnos acompañar por Cristo en los caminos de nuestros Emaús! Hay que volver a nuestras comunidades para vivir solidaria y fraternalmente nuestra fe. Ahora más que nunca, Cristo resucitado fortalece nuestra esperanza como a los discípulos de Emaús para volver a nuestra “Jerusalén” donde la comunidad parroquial y la diocesana nos esperan siempre y allí comunitariamente adherirnos a Cristo, escuchar la palabra de Dios, participar en la Eucaristía y compartir la propia existencia. De manera especial he pedido para todos la gracia de reconocernos amados y de ser capaces de amar. Para el que no sabe dónde va, nunca hay viento favorable.

El Señor nos está dando señales de esperanza en tantas personas que están gastando su vida por los demás sin pedirles el carnet de identidad. Es suficiente sabernos hermanos los unos de los otros para construir una humanidad conforme al proyecto de Dios Padre. Sigamos mirando con el corazón a los que viven y no olvidemos a los fallecidos. Sólo así se explica la disponibilidad de quienes en los distintos campos y compromisos renuncian a vivir para sí mismos y entregan la vida a los demás.

Como los peregrinos ¡caminemos hacia adelante y miremos hacia arriba! ¡Demos testimonio de que el cristianismo es una manera fascinante de vivir la propia existencia! ¡Dialoguemos siempre con quien espera! ¡No tengamos miedo! ¡Resucitó Cristo, nuestra esperanza! ¡No es vana nuestra fe!

Saludo con afecto a todos los diocesanos, a los hermanos de las Iglesias separadas, de otras religiones, a los hombres de buena voluntad y a los que se encuentran en el Centro Penitenciario. ¡Feliz Pascua de Resurrección del Señor! ¡Que el Resucitado nos colme de bendiciones!

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

miércoles, 31 de marzo de 2021

NON TODAS AS CRUCES SON DE MADEIRA, NIN TODAS SON REDENTORAS

O primeiro Venres Santo foi o día en que Deus perdoou o mal comportamento do home no paraíso terreal. Para iso, ao home pediuselle unicamente que recoñecese a súa culpa. Con todo, o Fillo de Deus, que puido redimirnos con só un latexo do seu corazón, quixo limpar todas as nosas faltas derramando o seu sangue na árbore da cruz.

A cruz, que até entón fora un patíbulo ignominioso no que os romanos axustizaban aos escravos, agora convértese en signo de identificación cristiá. A cruz, que até entón era instrumento de morte, agora é instrumento de vida. O que na cultura romana fora signo de infame suplicio, agora é signo de salvación… Desde que Cristo morreu no calvario para redimir ao mundo, a cruz converteuse en sinal de todos o que cren en Cristo redentor, porque é a expresión do inmenso amor que moveu ao Señor a dar a vida por nós. Así o vían e así o vivían os cristiáns dos primeiros séculos. Pero co correr dos tempos, o sentido cristián da cruz contaxiouse de simbolismo militar e político e doutras desviacións nada cristiás. Son as cruces luxosas que serven de adorno ás persoas presuntuosas; son as xoias de alto prezo que dan gran prestixio económico a quen as mostran ao público… Son cruces que se exhiben na lapela ou colgan do pescozo, pero non comprometen a vida. Carecen de simbolismo relixioso.

Cando os homes de fe falan da cruz, non o fan para facerse notar presuntuosamente como crentes, senón para lembrar que a cruz cristiá é a que se reviste de fraternidade para facer rico ao pobre, forte ao débil, e valente ao perseguido.

Cruz cristiá non é a que colga do peito, por presunción, senón a que se acepta como patíbulo de inxustiza para facer xustiza ao inxustamente tratado.

Non son as cruces as que dan prestixio de redentor ao crucificado, senón a actitude do crucificado que, por amor, carga coa cruz para redimir ao irmán.

Todo isto confírmanos o dito de que “non todas as cruces son de madeira, nin todas son redentoras”.

É bo cargar coas cruces que a vida nos brinda, pero é mellor renunciar a ser construtores de cruces de morte e entregarnos a construír cruces redentoras.

Non hai redención sen efusión de sangue. Pero hai sangue que pide redención, como o sangue de Abel, que clamaba ao ceo contra Caín, que por envexa, dera morte ao seu irmán, e hai sangue que se ofrece como redención, para dar vida de fraternidade a todo o que vive ao noso carón. É sangue redentor o sacrificarse para que haxa boa convivencia na familia. É cruz redentora o sacrificio que supón o devolver ben por mal. É cruz redentora o perdoar sempre as ofensas recibidas; é cruz redentora o sacrificarse para pór paz alí onde hai disensións; é cruz redentora compartir o pan co necesitado. É cruz redentora o traballar para que en todos os fogares haxa cabida para Deus.

Isto require derramamento de sangue. Pois aínda que sangren os sentimentos, aínda que proteste o amor propio; aínda que se revele a soberbia persoal… lembremos que Xesús di: “Deivos exemplo: facede vós o mesmo”. Intentémolo, aínda que se desangre o noso espírito, como o seu corpo se desangrou na cruz de Xetsemaní, con amor redentor.

Indalecio Gómez Varela

Cóengo da Catedral de Lugo

 

 

ÁLVARO CUNQUEIRO, O CREEDOR

Revolotean con frecuencia en mi cabeza, por ser este un año de efemérides cunqueirianas, los encuentros con don Alvaro con ocasión de las asambleas de la Asociación de la Prensa viguesa. Y me recreo gozoso reviviendo un gesto que él reiteró en varias ocasiones: me tomaba del brazo y me llevaba con disimulo hasta la presencia de Castroviejo para espetarle entonces en voz alta: “a ver Jose María dinos xa cándo facemos esa comida de torcaces en Tirán a que nos invitaches ao páter e mais a min.” Tal invitación, lo suponían todos,  era realismo mágico cunqueiriano, pero el apuro que provocaba en Castroviejo le divertía muchísimo a él y a la concurrencia, que reíamos satisfechos las bromas de los dos buenos amigos.    

Más presentes aún se me hacen, sin embargo, las numerosas e intensas conversaciones con el primero y más cercano biógrafo de don Alvaro, el amigo José F. Armesto Faginas, que tuvo la delicadeza de darme a leer antes de su publicación y en barbecho, algunos capítulos de su libro, y particularmente el trece, que quiso dedicar a la fe y a las creencias religiosas de su admirado maestro y director de FARO. Vino a mi Armesto como el amigo que solicita un “nihil obstat” de confianza, porque – lo comentamos detenidamente-, él necesitaba garantizar que el retrato que hiciese de don Alvaro como creyente no lo dibujase ni como un beato santón, un anticlerical irreverente, un incrédulo escéptico y panteista o un devoto indocumentado y supersticioso. Por ello creía necesario pulir expresiones o citas que hiciesen creer lo que para nada había sido Alvaro Cunqueiro, pues en la biografía, me dijo, se debería subrayar su propia definición: “un gran creedor”. Él lo reiteró: “la idea de un Dios Todopoderoso, Creador, me es familiar intelectual y sentimentalmente”. De ahí que debería hacerse manifiesto también el sentido cristiano de la vida que configuró su existencia, como contestó en FARO DE VIGO a una crítica que se le había hecho desde La Noche: “ante una pretendida filosofía del Absurdo, yo afirmaba, inocente, saber quién soy, de dónde vengo y a dónde voy”.  

Resumiendo mucho, escribe Armesto: “Alvaro se declara esencialmente religioso -y a preguntas de Mª Luisa Brey le manifiesta que -, cree en Dios, en la Iglesia, en el culto de los santos…Y creo sobre todo en el poder de la oración. Creo que cuando un hombre reza convoca fuerzas de las que no tenemos ni idea. No hay hombre más feliz ni más dueño de si mismo y del mundo que el hombre que humildemente se arrodilla y reza. Yo soy un rezador”.  Y a José Mª Gironella en el libro-encuesta Cien españoles y Dios, dará esta respuesta en el mismo sentido: “Cuando rezo llego a tener la convicción de que el mundo entero, desde las estrellas a las cosechas, puede ser recreado y destruido por el hombre que ora. El hombre que reza siempre será un hombre libre”.   

Y aunque a Mª. Luisa Brey le confesó que su fe es “como la de una de esas viejas que están acurrucadas junto al altar rezando”, yo creo que lo dijo por pura envidia de tanta devoción. Con notable confianza en la oración de súplica a Dios, a través de la intercesión de los santos, manifiesta con mucho realismo y cierta ironía galaica que él le reza: “a Santiago, porque es nuestro patrón; san Roque por su juventud y san Expedito, porque es abogado de las decisiones rápidas, y a mí me cuesta mucho trabajo decidirme.”

Dejo a un lado sus rebeldías de juventud contra tantos estereotipos tradicionales y también religiosos -¿y quién que sea intelectualmente curioso no las ha tenido?-, y subrayo por el contrario su ansia de formación teológica y puesta al día, ya que  como precisa X. Chao Rego “su fe no fue la fe del carbonero”. Los amigos destacan que como católico sencillo, sincero y hombre de letras dialogaban acerca de las inquietudes de su época y de las preocupaciones y avatares de la iglesia de entonces, que fueron la postguerra, los albores del Vaticano II y el posconcilio. Será Vicente Risco quien le introduzca en la lectura de los grandes teólogos de aquel tiempo – cuyas opiniones acertadas y chirridos intelectuales comentó en largas caminatas con Mons. Argaya, obispo de Mondoñedo-, citando entre otros a Teilhard, H. Küng, R. Guardini, Congar… Seguramente por eso, más tarde en los doctrinalmente confusos años de la era postconciliar, pedirá también como tantos hicimos entonces, sensatez y serenidad. Cómo agradeció sin rubor la publicación del lúcido libro “Teología y sensatez” de F.J. Sheed diciendo: “Permítaseme a un hombre tan humilde como un servidor, confesar su desconfianza ante los teólogos y su sensación, acaso infundada, de que han complicado mucho las cosas de Dios en tiempos pasados (…) y las están complicando en el presente”.

Termino con el testimonio de un gran amigo de Cunqueiro y familia, deán de la catedral de Santiago, quien apunta describiendo la habitación de Alvaro: “me sorprendió junto a la cabecera y sobre leve repisa una pequeña imagen de la Virgen y en la misma repisa junto a la imagen, un pequeño ejemplar de los Evangelios, edición bolsillo de la BAC, bastante usado”.

Un hombre que bebía habitualmente en la fuente limpia del mensaje de Cristo y dedicó cada noche su última mirada a la Virgen fue en verdad un testigo creyente, un gran creedor como él se definió.

Mons. Alberto Cuevas

Sacerdote y periodista

 

sábado, 20 de marzo de 2021

PENSO, LOGO EXISTO

Esta expresión saída da pluma de Descartes, é ben coñecida, pero non sempre ben interpretada. A primeira vista, dá a impresión de que pode ter sentido causativo ou conclusivo. Non estamos no certo. Con ela, o distinguido filósofo non quixo expresar a orixe do home, senón a súa existencia. Non existimos porque pensamos, senón que pensamos porque existimos. A actividade do home non é a causante da súa orixe: é a constatación da súa existencia, porque primeiro é o existir e despois é o obrar.

Certo que a grandeza do home está no seu raciocinio, na súa conciencia. Isto distíngueo de todos os outros seres vivos. É o único capaz de preguntarse por qué vive e para que vive. O pensamento e a conciencia elevan ao home por riba de toda outra criatura e capacítao para realizar o impensable. Os pais da Revolución Francesa chegaron a divinizar a razón humana, sublimando as marabillas da súa capacidade. Pero coidado! Que a nosa razón tamén é capaz dos maiores despropósitos. Auschwitz, Hiroshima, Nagasaki, a brutalidade machista e outras aberracións da nosa moderna historia confírmannolo. Non obstante o alto valor que ten a nosa conciencia, non a absoluticemos, posto que ela pode ser a nosa salvadora ou a nosa aniquiladora. Entre as múltiples definicións do home, escollamos aquela que a supera a todas e sintetízaas todas; e na nosa procura quedemos con esta: “Son amado, logo existo” e “amo, logo son home”. O amor está na nosa orixe, na nosa existencia e no noso futuro eterno.

O amor dá peso e consistencia á persoa. O que ama e é amado, vive e realízase como home. O que vive no amor, divinízase. “Son amado, logo existo” e “amo, logo son persoa” son dúas verdades innegables. Pero primeiro é a pasividade amorosa. Para que poida amar teño que ser amado. O amor non é unha conquista, é un don (San Tomé). O amor non se impón, senón que se contaxia. O amor non se entende se antes non se experimenta. Por moito que che encarezan que ames aos demais, non poderás facelo, se antes non che capacitaron para facelo. O home pode converterse en fonte da que emanan ríos de fraternidade. Pero para chegar a ser fonte, primeiro hai que beber da orixinaria fonte de amor que no sobrenatural é Xesucristo e no humano foron os nosos proxenitores. Esta foi a nosa sorte: “fun amado, por iso existo”. Fun amado para que puidese existir. Este é o primeiro sentido da afirmación cartesiana. E tamén é verdade que existo para amar, pero a prioridade correspóndelle ao amor recibido. Prioridade no ser e prioridade no quefacer. Os extremos tócanse: nacemos do amor e nacemos para amar.

Tomemos conciencia da nosa orixe e da nosa misión, e a nosa convivencia converterase nun campo de amor primaveral.

Indalecio Gómez Varela

Cóengo da Catedral

 

lunes, 8 de marzo de 2021

A DIGNIDADE DO HOME

Os sentimentos condicionan os xuízos sobre as persoas. Os sentimentos afectivos propenden a xuízos de comprensión; os sentimentos de aversión propenden a sentenzas condenatorias.

Isto é aplicable á actitude social dos homes. Sobre o home fixéronse moitas preguntas, e as respostas son contraditorias. “O home é un lobo para o home” repítese aquí e alí, de tal xeito que esta maneira de falar converteuse no aforismo da historia da humanidade. É o sentimento de que o outro é un rival do que teño que defenderme. “O home é un ser inútil”, en expresión de Sartre, ou “un ser para a morte”, ao dicir de Heidegger. En opinión popular, o home é o depredador do veciño. Así pensa o mundo, concluíndo que o home é un inimigo do que teño que defenderme. Este sentimento negativo lévanos a unha valoración tamén negativa dos nosos semellantes. Así como á noite oponse o día, e o sol oponse á escuridade, así, co amencer da madrugada, todo ilumínase de luz e esperanza. Co sol da mañá, o sentimento derrotista troca no sentimento optimista, e o home contémplase a si mesmo como o rei da creación, e ao mundo en que vive, contémplao como a súa morada terreal. E ao contemplar as marabillas que el mesmo realizou no chan que agora pisa, comeza a valorarse a si mesmo, e anímase a continuar a súa obra. E cae na conta de que o mundo ten dúas dimensións: a terreal, cuxa finalidade é producir pan e cebolas para o noso sustento; e a social, que busca ser morada acolledora para a familia humana.

Sabedores das nosas posibilidades, e conscientes da nosa responsabilidade, debemos preocuparnos do mundo que está nas nosas mans. O primeiro que se nos pide, é que melloremos o concepto de nós mesmos e dos nosos semellantes: nin eles nin nós somos depredadores dos demais. No home hai máis cousas positivas que negativas, di Camus. O home debe ser un don para os demais. O home, en parte nace e en parte faise. O maior milagre feito polo home, é o home mesmo, en frase de San Agostiño. Cada home é un “ti de Deus” e así temos que miralo todos os demais. Un só pensamento do home vale máis que todo o mundo, afirma San Juan de la Cruz.

Deus quixo facer do home unha imaxe semellante a si mesmo, e para iso puxo nas nosas mans o bosquexo, e pediu a súa execución. Pero o mandato do Señor non está totalmente cumprido. O home é un ser en continua construción. Deus achegou o deseño e a materia prima, e para levar a feliz termo o proxecto, solicita a nosa colaboración, reservándose El a dirección da obra. Isto non podemos esquecelo os humanos, e como fieis colaboradores, debemos manternos atentos ás indicacións do Mestre, para que o noso quefacer resulte unha copia perfecta do seu quefacer. “Aprendede de min” dinos o divino artífice do ser humano. Se así o facemos, o mundo será unha fotocopia perfecta do bosquexo entregado por Deus ao home o primeiro día da creación.

E este é o noso labor e a nosa responsabilidade. Oxalá sexa tamén a nosa satisfacción.

Indalecio Gómez

Cóengo da Catedral


O bispo Luis Quinteiro.- unha reflexión sobre a catequese

El obispo Luis Quinteiro publica una reflexión sobre la catequesis en el Faro de Vigo el lunes 1 de marzo de 2021.-

Una de las mayores dificultades que hoy tenemos en la vida pastoral es la permanente tendencia a juzgar las realidades de la vida cristiana con criterios puramente humanos. Nos falta la profunda convicción de que la esencia y la misión de la Iglesia no pueden describirse solo con categorías sociológicas. Ni la revelación ni la teología nos autorizan a reducir la fe a convicciones religiosas subjetivas.

Cualquier tiempo es bueno para profundizar en la fe de la Iglesia. Este tiempo de Cuaresma es especialmente propicio para hacerlo porque en este camino hacia la Pascua la Iglesia nos invita a todos los cristianos a volver los ojos del corazón y de la mente a la fe que profesamos.

La Iglesia surge allí donde se realiza la autocomunicación de Dios como verdad y vida por obra del Espíritu y de la libertad del hombre. Cuando la revelación es aceptada por los hombres se convierte en la fe de la Iglesia que se manifiesta en la confesión y en la praxis de la vida cristiana. Así la fe de la Iglesia es la forma objetiva y real de la autocomunicación de la palabra de Dios en la palabra humana.

La fe de la Iglesia es la base sobre la que se asienta la vida cristiana y, a su vez, también el presupuesto y el medio de reflexión teológica sobre la revelación y de su actualización en la doctrina y en la vida de la Iglesia.

 La revelación y la fe de la Iglesia están intrínsecamente unidas entre sí en la mutua mediación que las configura. Esta mediación se lleva a cabo en tres niveles de referencia: La Escritura, la Tradición y la proclamación actual de la fe en el Magisterio.

La Sagrada Escritura del Antiguo y Nuevo Testamento es la Palabra de Dios consignada por escrito por inspiración del Espíritu Santo.

 La Tradición es la transmisión viva de la palabra de Dios, llevada a cabo en el Espíritu Santo: “La Tradición recibe la palabra de Dios, encomendado por Cristo y el Espíritu santo a los Apóstoles, y la transmite íntegra a los sucesores; para que ellos, iluminados por el Espíritu de la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación” (DV, 9). De este modo, la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite, como dice el Concilio Vaticano II, a todas las edades lo que es y lo que cree (Cfr. DV, 8). Hay, pues, en la Tradición un contenido y un proceso.

El Magisterio vivo de la Iglesia, es decir, los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma, tiene el oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios, oral o escrita. Pero la Iglesia no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio: “El Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente” (DVF,10).

El Concilio Vaticano II ha esclarecido la esencial relación entre la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio vivo de la Iglesia. Las dos primeras constituyen el depósito sagrado de la divina revelación. En fidelidad a este depósito se consolida la vida de la Iglesia, como dice el mismo Concilio: “Fiel a dicho depósito, el pueblo cristiano entero, unido a sus pastores, persevera siempre en la doctrina apostólica y en la unión, en la eucaristía y la oración, y así realiza una maravillosa concordia de Pastores y fieles en conservar, practicar y profesar la fe recibida (DV, 10).

Todos los cristianos caminamos unidos en la fe de la Iglesia. La fe nos es un acto aislado.  Nadie puede creer solo, como nadie puede vivir solo. Por eso confesar juntos la fe de la Iglesia es tan decisivo para cualquier fiel cristiano. Y nadie ni nada debe suponer un obstáculo para alcanzar ese don.             

+ Luis Quinteiro Fiuza.

Obispo de Tui-Vigo.

jueves, 25 de febrero de 2021

"ESTE É O MEU FILLO BENQUERIDO, ESCOITÁDEO.."

Encamiñámonos xa cara ao segundo domingo de Coresma no que se lerá o evanxeo da transfiguración de Xesús.

É unha pasaxe interesante e que serve para acalar as queixas daqueles que din que aínda non volveu ninguén do ceo para contarnos como é aquilo.

Certamente os apóstolos que acompañaron a Xesús a aquela montaña alta non estaban no ceo aínda, pero si viron «en vivo e en directo» como era o ceo e como era o rostro divino de Deus.

E, cando baixaron daquela montaña (do ceo, en definitiva) contáronnos o que viron, aínda que non atopaban as palabras exactas, pero si acertaron a dicir sen dúbida o que sentiron: «Mestre, que bo é que esteamos aquí!» ou «que ben se está aquí», segundo as distintas traducións.

Por tanto, aqueles que viron como era o ceo contáronnolo e xa non hai dúbida de que no ceo estase ben e por iso ninguén quere volver á vida de antes unha vez que se experimenta a salvación definitiva de Xesucristo.

Que nos queda por facer a nós mentres non somos chamados ao ceo? Pois tamén queda claro neste misterio da transfiguración: escoitar ao fillo amado de Deus ou, como se nos dixo o Mércores de Cinza, converterse e crer no Evanxeo, que é a Palabra do Señor.

Miguel Ángel Álvarez Pérez

Párroco da Fonsagrada

 

QUE É A IGREXA..??

“A Igrexa é a multitude dos pecadores que se converten”. Esta definición igual non é a máis axustada teoloxicamente, pero si que é ben expresiva do seu ser

O importante non é se a Igrexa é unha multitude. No ceo xa o é, e  na terra unhas veces serao e outras veces será un débil rabaño.  Tampouco o principal da definición é que sexamos ou non pecadores, pois todos o somos.  O fundamental é o “que se converten”,

Estes días unha persoa comprometida coa vida da Igrexa facíame chegar unha reflexión, que era máis ben un desafogo. Dicíame que nos tempos que corren cada vez é máis difícil dar a cara pola Igrexa. E púñame o caso dos bispos que nestas últimas semanas se vacinaron saltándose os protocolos. Non tanto porque o fixeran, sendo reprobable podía entender que dada a situación caeran na tentación, senón porque fosen incapaces de  recoñecer o seu erro e pedir perdón con sinceridade. Se é certo que o que nos afasta de Deus non é tanto o pecado como a súa xustificación, porque nos impide converternos; tamén podemos dicir que o que afasta as persoas da Igrexa non é tanto que sexamos pecadores, como que xustifiquemos os nosos pecados, porque é sinal de que a utilizamos como medio para a nosa xustificación e non para a nosa conversión.

No cadro da vocación de San Mateo de Caravaggio Xesús ten o dedo estendido do mesmo xeito que Deus na creación do home nos frescos pintados por Miguel Anxo na Capela Sixtina. É unha forma de expresar a acción de Deus cando entra na vida do home, unha nova creación. Xesús quería crear en Mateo un home novo, converter a un pecador en apóstolo.

Na Coresma Xesús pasará repetidamente xunto a nós chamándonos á convesión. Escoitaremos a súa chamada como Mateo, deixándoo todo para seguilo, ou seguiremos xustificándonos?  

*****

Nalgún sitio lin que os rabinos xudeus para alcanzar esa categoría debían ter alo menos cinco discípulos. Mateo é o quinto discípulo de Xesús. A Igrexa dende o comezo “é a multitude dos pecadores que se converten”. Se non é vero é ben trovato.

*****

Un político manifestara nunha entrevista que “a política é temporal”, trala súa morte outro lembrou as palabras que lle contestara no seu momento “o que é temporal é a vida”. Sigo sendo só un cura de pobo, aínda que temporalmente estea na vila.

miércoles, 17 de febrero de 2021

MÉRCORES DE CINZA

Pois si, xa imos comezar unha nova Coresma, coa sensación de que aínda non terminamos a do ano pasado, cando a mediados de marzo tivemos que interromper todas as actividades pastorais e a celebración da Semana Santa quedou reducida a celebracións privadas dos sacerdotes ás que algúns fieis se uniron por internet.

Penso que as cousas pouco cambiaron desde hai un ano e a vida das parroquias rurais, que xa non era moi boiante antes, quedou arrasada. Polo que me din os meus compañeiros, nas vilas e cidades a vida parroquial segue máis ou menos como antes.

É verdade que temos vacinas e que as restricións non son tan estritas, polo que este ano poderemos celebrar a Semana Santa e, por tanto, tamén a Coresma. Farémolo con máis recollemento, como fixemos en Nadal, pero iso tampouco é malo.

A Coresma é un tempo duro, non tanto polos case insignificantes sacrificios que se non piden, senón porque nos pon diante dos ollos a realidade da nosa vida cando a tratamos de vivir á marxe de Cristo. Por isto mesmo, necesitamos ano tras ano facer o camiño coresmal, non vaia ser que esquezamos que somos po, enganados polo espellismo dalgúns pequenos logros que vemos como nosos e que nos enchen de vangloria.

O rito da cinza e as palabras que o acompañan falan por si sós. Non fai falta dicir nada máis.

Lembrade que hoxe tamén é día de xaxún e abstinencia e que os venres de Coresma son días de abstinencia. Son pequenos sacrificios que parecen doutro tempo, pero que cada vez son máis actuais e, sobre todo, moi necesarios.

Miguel Ángel Álvarez

Párroco da Fonsagrada

lunes, 15 de febrero de 2021

CARTA PASTORAL CORESMA 2021

15 de febrero de 2021

Vivir la fraternidad

Queridos diocesanos:

El Papa en su Mensaje para la Cuaresma nos dice que esta es un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad. La Iglesia acompaña la vida, sostiene la esperanza y quiere ser signo de unidad para tender puentes, derribar muros, sembrar reconciliación. En este proceso hemos de mantener nuestra identidad que siempre ha de ajustarse al Evangelio de Jesucristo, de lo contrario “habremos perdido la alegría que brota de la compasión, la ternura que nace de la confianza y la capacidad de reconciliación que encuentra su fuente en sabernos siempre perdonados-enviados”. Este es el tono con que hemos de interpretar esta Cuaresma en el contexto del Año Santo Compostelano, año de la gran perdonanza, tiempo de gracia y bendición para los que sufren y han perdido la esperanza, y tiempo de sanación y de encuentro, en el que hemos de “aprender a cultivar una memoria penitencial, capaz de asumir el pasado para liberar el futuro de las propias insatisfacciones, confusiones o proyecciones”, apoyándonos en la tradición apostólica que fundamenta nuestra fe.

Llamada a la conversión

Reiteradamente oímos que la pandemia está generando una crisis religiosa, sanitaria, económica y social. Consecuencia de ello es el aturdimiento espiritual que manifestamos en no pocas ocasiones, mirando lo que acontece desde un punto de vista exclusivamente humano y no desde la fe pues el Señor sigue en la barca con nosotros. Y este aturdimiento se hace palpable desconfianza. Nos falta reflexión interior. “Si escucháis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Heb 3,7-8). No es extraño que el Señor como a sus apóstoles nos diga: “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?” (Mc 4,40). La falta de fe genera siempre pesimismo espiritual, olvidando que “todo lo podemos en Aquel que nos conforta” (cf. Fil 4,13). En esta Cuaresma se nos llama a vivir la experiencia de la conversión como algo personal con un corazón nuevo, como una vocación a la que tenemos que darle respuesta permanentemente, tomando conciencia de la Providencia divina: “¿No se venden cinco pájaros por dos céntimos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios. Más aún, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. No tengáis miedo” (Lc 12,6-7; Mt 10,29-30). Son alentadoras las palabras de Pablo cuando escribe: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea de medida humana. Dios es fiel, y el no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas, sino que con la tentación hará que encontréis también el modo de poder soportarla” (1Co 10,13). La esperanza, dice el Papa, es como agua viva que nos permite continuar nuestro camino, alentando y acompañando a los demás con gestos sencillos y amables. No olvidemos que la identidad del cristiano va unida a la participación en el Misterio de Cristo. Como subraya san Agustín, nosotros somos hijos de Dios por la acción de Jesucristo: Somos hijos en el Hijo (cf. Rom 8,14-17). “Sin una apertura al Padre de todos, no habrá razones sólidas y estables para el llamado a la fraternidad”. No podemos olvidar nuestra condición filial irrenunciable: “Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!” (1Jn 3,1). Esta gracia de hijos de Dios nos compromete a vivir la fraternidad que no tiene límites: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt 5,44-45). La fe y la esperanza deben manifestarse en la caridad que “es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión”. La Iglesia nos llama en este tiempo cuaresmal a practicar el ayuno, la limosna y la oración, actitudes que son el puente de la Cuaresma hacia la Pascua, sabiendo que nuestro único mérito es la misericordia de Dios como manifestaba San Bernardo.

24 Horas para el Señor

En este camino cuaresmal os recuerdo la celebración de las 24 horas para el Señor, que tendrán lugar el viernes 12 y el sábado 13 de marzo, dejándonos guiar por las palabras de Jesús a la pecadora perdonada: “Han quedado perdonados tus pecados” (Lc 7,48). En la adoración eucarística encontramos también el ambiente propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación cuya experiencia nos lleva a ser misericordiosos con los demás. Pido que en las parroquias, en las comunidades religiosas y en nuestros Seminarios se programen momentos de adoración al Santísimo, lectura de la Palabra de Dios y celebraciones penitenciales en el contexto de esta celebración.

¡Buen camino hacia la Pascua! Os saluda con afecto y bendice en el Señor.

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

miércoles, 3 de febrero de 2021

DO ABRAIO Á FE

 "A fe devólvenos a nós tamén o corazón, posuido adoito polo espírito do malo, aínda que esteamos entre os ointes fieis e abraiados das palabras do Señor. Unha cousa é o abraio, outra a fe"

Foron moitos os que, segundo o evanxelista, ficaron abraiados diante dos feitos e das palabras de Xesús. Del deron en dicir que "ensinaba como quen ten autoridade e non coma os letrados". Disque o abraio é o alicerce da filosofía. Pampo ou perplexo, o home anda a procura das razóns do que ve cos seus ollos: "Que é isto? Ou, se cadra, como vai ser isto". A verdade entra polos ollos e chega ao corazón a xeito de pregunta. Non todo o que entra chega: isto é bo telo en conta. Para que o que entra polos ollos chegue ao corazón ten que haber corazón. Se non o hai, o abraio vaise dos ollos coma escuma que o mar deixou na praia e foise.

Foron moitos os abraiados diante das palabras de Xesús. A cantos se atopaban na sinagoga de Cafarnaum, letrados e ointes fieis da Palabra de Deus, cando Xesús se puxo a ensinar nela, apampounos a sua autoridade na maneira de ensinar. Ningún deles, porén, obedeceu a sua palabra. A verdade entrou polos seus ouvidos pero non chegou ao seu corazón. O seu abraio foi coma escuma na praia. E iso que eran ointes fieis da Palabra... Sabían oila e mais interpretala. Pero non obedeceron, non deron resposta ás palabras de quen lles falaba con autoridade. Pampos ao escoitaren as palabras non deron resposta á Palabra da que viñan as palabras.

A resposta da fe á Palabra de Xesús non veu dos fieis nin dos letrados, xuntos na sinagoga de Cafarnaum á hora do culto. Entre os ointes das palabras de Xesús o abraio foi coma escuma que deixa o mar na praia e vaise. "E cadrou que había naquela sinagoga un home posuido por un mal espírito...", lemos no Evanxeo. "E cadrou...": o que non tiña espazo na sinagoga, o que non tiña que xuntarse cos fieis, o maldito de Deus, cadrou que se atopaba alí tamén, no medio dos fieis e dos letrados. E cadrou que foi del só do que veu a resposta da fe. Púxose a berrar e no seu berro oiuse a voz de moitos dicindo: "Que temos que ver contigo?". Os moitos que berraban no home posuido polo mal espírito tiñan tan pouco que ver con Xesús como os fieis e os letrado co home que berraba dese xeito. Como o Espírito de Deus cos malos espiritos. Como a luz cas tebras.

O mal nunca chega só. Sempre chega con outros. Faise forte porque é complexo, enguedellado. Son moitos ó mesmo tempo. É unha mestura de sentimentos o que remexe dentro de nós. Por iso o home posuido por un mal espirito berra ca voz de moitos. Berra, non fala. O berro é unha mestura. O berro remexe os sentimentos dos ointes. No medio da mestura, porén, imos escoitar a resposta da fe: "Ben sei quen es ti: elo Santo de Deus". Xa non se oe un berro: agora escóitase unha resposta. Fala un, non moitos. A Palabra de Xesús xa non fica nos ouvidos abraiados, como a escuma. A Palabra de Xesús chega ao corazón do maldito, do non ointe, do non merecente. E o espírito obedece daquela o mandado de Xesús: "cala e bótate fóra dese home". Para que o que entra polos ouvidos chegue ao corazón ten que haber corazón. A fe devólvenos a nós tamén o corazón, posuido adoito polo espírito do malo, aínda que esteamos entre os ointes fieis e abraiados das palabras do Señor. Unha cousa é o abraio, outra a fe.

 

martes, 2 de febrero de 2021

A CATOLICIDADE, MISIÓN DA IGREXA

Urxe que revisemos a valoración que facemos dos bens deste mundo, e en que fundamos as grandezas da terra. Pensamos que os grandes da sociedade o son, porque teñen moitos subordinados ás súas ordes; que contan con moitos asalariados para afrontar todas as súas necesidades e até os seus caprichos. Dicimos que “grandes” son os que teñen moito poder para impor a súa vontade aos demais. Estamos equivocados: rei non é o que máis manda, senón o que máis serve; o que se preocupa do ben da comunidade ao seu cargo. Disto dános exemplo o Señor, que todo o fixo para noso ben, e en todo busca a nosa felicidade. Para facernos felices, creou dous paraísos: un terreal e outro celestial. Diríase que Deus deu ao home vocación de ceo, pero antes de levalo á felicidade celestial, regaloulle unha felicidade plena, aínda que temporal. A este proxecto de felicidade paradisíaca, non correspondeu o home, e coa súa desavinza, converteu a súa vocación de ceo, en vida de desdita, pero no ceo, hai cabida para todos. Os baleiros non caben no corazón de Deus nin as ausencias dos seus fillos son alleas aos seus divinos sentimentos. Por iso o decreto de eterna redención non se fixo esperar. Deus dispuxo que o seu Divino Fillo encarnase e restaurase o primitivo paraíso temporal, malogrado polo home. Tal restauración fíxoa realidade Xesús, fundando a Igrexa para recuperar o deteriorado paraíso do mundo. Esa foi a intencionalidade do Pai e tamén a misión do Fillo: devolverlle á sociedade o clima paradisíaco malogrado pola infidelidade do home, e dispoñelo para o futuro paraíso celestial. En efecto, a función da Igrexa é restaurar o mal causado polo pecado, e garantirlle ao home a eterna felicidade.

O plan redentor de Cristo é ser portador de benestar para o presente, e garantía de gloria para o futuro. A estrutura da Igrexa demóstrao palpablemente. Na súa constitución eclesial, puxo o Señor catorce artigos doctrinais (os artigos da fe) e un decálogo de comportamento, cuxos dez preceptos se sintetizan en amar a Deus e amar ao próximo. O comportamento desta dobre normativa conductual garante unha convivencia pacífica, na terra. Así debe ser a vida dos fillos da Igrexa de Cristo. A Igrexa é católica extensivamente, porque a ela estamos chamados todos, e é católica intensivamente, porque os seus membros deben aceptar toda a mensaxe de Xesús e valorar todos os seus sacramentos. Nela éntrase polo bautismo, que purifica de todo pecado e fainos Fillos de Deus, e está chamada a crecer, porque así o ordenou o Señor aos Apóstolos: “Predicade o Evanxeo a todas as xentes”

Con todo, na Igrexa oficial hai bautizados que non merecen chamarse cristiáns, xa que non viven os compromisos bautismais. Falando humorísticamente, podería dicirse deles que “máis que bautizados son cristiáns pasados por auga”. Os que negan algunha verdade revelada, son herexes, e os que non recoñecen a xerarquía da Igrexa son cismáticos. Uns e outros separáronse voluntariamente da Igrexa católica, non pertencen a ela. O cisma máis notable foi o da Igrexa oriental, provocado polo patriarca Miguel Celurario que no ano 1054 , rompeu co Papa León IX, ao que non recoñeceu como suprema autoridade da Igrexa.

Outras moitas faccións separáronse da verdadeira Igrexa de Cristo. Lamentámolo, pero non podemos miralos mal, porque aínda que equivocados, tamén eles buscan a Deus, seguindo o ditame da súa conciencia. Compadezámolos e pidamos ao Señor que algún día recoñezan á Igrexa católica, como a verdadeira Igrexa de Cristo, e sobre todo, amémolos, porque o amor une máis que o raciocinio. Amémolos a todos xa que é máis o que nos une, que o que nos separa.

Termino: unha nai despedíase da súa filla que ía o estranxeiro, e mentres lle daba o último abrazo, díxolle, mirando ao ceo: “filla, ves aquela estrela? Pois desde o estranxeiro, míraa todos os días. Eu mirareina desde aquí, e que nela se atopen as nosas miradas”.

Bonito exemplo!

Indalecio Gómez

Cóengo da Catedral

 

lunes, 1 de febrero de 2021

A JOE BIDEN, POR OUTRA CIVILIZACIÓN..

Sr. Presidente de los Estados Unidos de América:

Le deseo Paz y Bien.

Sería pretencioso que me dirija a Ud. pensando que estas líneas pudieran ni siquiera llegarle. Pero no. Solo es una manera de sumar mi voz al clamor universal, de expresar inquietudes que apremian en esta hora crucial de la humanidad y del planeta, la hora de las amenazas más graves y de las decisiones más transcendentales.

Ha sido elegido presidente de los EEUU cuando la fe del mundo en su país ha llegado a lo más bajo y la crisis de la fe en la humanidad ha llegado a lo más alto. Cuando la Tierra, comunidad de vivientes, se ve asolada por un sistema sin piedad que impera entre los seres humanos: el poder absoluto al servicio del bien particular. Cuando el planeta es desgobernado por las tres mayores potencias –EEUU, China y Rusia, en el orden o desorden que fuere–, enfrentadas entre sí por el objetivo común que persiguen: dominar. Cuando África solo importa por las riquezas que ocultan sus tierras. Cuando la primavera árabe, 10 años después, sigue sin florecer. Cuando crece la extrema derecha y fundamentalistas de todos los colores toman las calles.

La inmensa mayoría aplaudimos su elección, respiramos aliviados. Pero la inquietud persiste. Persiste el miedo de que también Ud. defraude la demanda más universal y la esperanza más noble: que la justicia y la paz se besen en la Tierra. El temor de que también Ud., al servicio del mismo sistema reinante, nos traicione como nos traicionó su mentor y predecesor demócrata en la Casa Blanca: Barack Obama. Ninguna de sus inspiradas palabras se cumplió. Yes, we can, proclamó, y se lo creímos. Pero se engañaba o nos engañaba, y a los 8 años el mundo estaba peor, y los desesperados de su gran país eligieron como presidente al peor candidato de todos los tiempos, y aún nos turba el terrible interrogante: ¿Qué significa que un candidato así haya llegado a ser presidente de los EEUU?

A pesar de todo, Sr. Biden, nos felicitamos por las medidas que, en los 15 días desde su investidura, se ha apresurado en adoptar o anunciar: la reaceptación del proyecto de dos Estados libres y viables en Israel-Palestina, el retorno al Acuerdo contra el Cambio Climático, la legalización de cientos de miles de inmigrantes sin papeles en los EEUU, la reactivación del acuerdo nuclear con Irán, la paralización de la venta de armas a Arabia Saudí… Son señales luminosas después de años muy oscuros, no solo de los cuatro últimos. ¿Serán albores de un amanecer? No lo serán si Ud. se atiene al principio que inspira a republicanos y demócratas desde siempre: “América primero”, si se empeña ante todo en que “América sea grande otra vez”, como le hemos oído estos días, en fortalecer su ejército, en reforzar sus bases militares, en recuperar el liderazgo mundial, en secundar a Wall Street, en ganar y conquistar.

Ud. tiene la responsabilidad que corresponde a su poder, que me siento incapaz de evaluar, como me siento incapaz de medir su voluntad. Una cosa es cierta: la Tierra ya no puede soportar tanto expolio. La humanidad ya no puede padecer tanta desigualdad por el interés de los más poderosos, enemigos del Bien Común. Ninguna persona de bien puede tolerar que las 1000 personas más ricas del planeta, gracias al mercado de valores en auge, hayan recuperado con creces las pérdidas sufridas al comienzo de la pandemia, que ha destruido 255 millones de empleos y hundido en la angustia a cientos de millones de mujeres y hombres. La política ya no puede seguir sometida a los poderes financieros, que no tienen más patria que el lucro, más frontera que el beneficio propio. La gobernanza mundial ya no puede seguir dominada por una economía especulativa al servicio del beneficio particular. La codicia es la peor de las pandemias y la raíz de todos los males: o acabamos con ella o acabaremos con todo y con nosotros mismos, como está sucediendo. ¿Pero cómo acabaremos con ella si no renacemos, es decir, si no descubrimos que somos más felices compartiendo más y teniendo menos que teniendo más por compartir menos? ¿Y cómo renaceremos?

Ud. profesa la fe en Jesús de Nazaret, y quiero pensar que él inspira su mirada al mundo, su sensibilidad ante el dolor, sus criterios de acción política. Jesús, el hombre libre y hermano, el hombre compasivo y feliz, el hombre humano. Él no profesó la religión cristiana, sino la humanidad libre, liberada, liberadora, el aliento que mueve el universo y la vida: “El Espíritu me anima para anunciar la buena noticia a los pobres, para proclamar la liberación de los cautivos, para libertar a los oprimidos” (Lucas 4,18). El corazón del mundo y del Evangelio proclaman al unísono: “Bienaventurados los pobres de espíritu: los que miran, sienten, viven del lado de los pobres. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: de dar a cada uno lo que necesita. Bienaventurados los misericordiosos: los que saben ponerse en el lugar del otro. Bienaventurados los que construyen la paz desde la paz profunda” (Mateo 5,3-9).

He ahí las claves del renacimiento. He ahí el camino para una humanidad en comunión con todos los vivientes, en la solidaridad de todos los pueblos hermanos. He ahí el horizonte de una nueva inteligencia de la realidad, más allá de todo los credos, cultos y códigos: una nueva conciencia colectiva, una nueva organización planetaria, una nueva civilización, inseparablemente espiritual y política. Todo se resume en algo muy simple y universal: nadie –ni individuo ni Estado– será feliz sin el otro ni contra el otro, sino solo con el otro.

Le saludo respetuosamente.

Aizarna, 31 de enero de 2021

José Arregui.

 

martes, 26 de enero de 2021

UNHA CRUZ SOBRE A PORTA DO TEMPLO

Un amigo comentoume que un grupo político do seu concello organiza roteiros para mostrar os cruceiros da bisbarra e facíame a continuación esta observación: “Que lle contarán á xente sobre os cruceiros?

Eu contesteille que iso tiña pouca importancia porque un cruceiro ten un claro significado e cantas máis mentiras conten e máis manipulacións fagan, pois, máis desprestixio terán no futuro.

Pódense contar moitas historias, medias verdades e mesmo falsidades, pero as persoas estamos chamadas a coñecer a verdade e se descubrimos que alguén nos manipula ou engana, pareceranos mal, e como responderías ti?

Na revista Cairón nº 4 (Boletín do Instituto de Estudos Ulloáns) faise unha presentación da cruz que está no tímpano sobre a porta románica de acceso na Igrexa de S. Martiño de Amarante do Concello de Antas de Ulla. No escrito poden lerse os parágrafos seguintes: “No tímpano podemos observar un elemento escultórico universal, quizais o máis atraínte para os cristiáns, polo seu significado simbólico universal como é a cruz grega, cas súas catro aspas iguais… A cruz de catro brazos iguais, a grega, ten un carácter universal, que a encontramos en tódalas culturas do universo, moito antes de que o cristianismo a adoptase como referencia para personalizar nela a morte de Cristo” …”En todo elo, a cruz non deixa de ser un símbolo totalizador en súas ramificacións e variantes en diversas áreas culturais, místicas e relixiosas. Mais aquí estamos falando da cruz mística que os primeiros cristiáns adoptaron como símbolo nos seus primeiros inicios”. Cando fala da presencia de cruces nas culturas menciona as mesopotámicas, exipcias, gregas, celtas, aztecas e africanas.

O que sorprende é que non se faga referencia á civilización que deixou máis pegadas na nosa historia, a romana, e non se pregunta se a cruz forma parte da praxe dos romanos e, se é así, para que a utilizaban. Si, é certo que os romanos empregaban a cruz e facíano como instrumento de suplicio e pena de morte para certos delitos. Pero convén non esquecer que esta pena era para os que non tiñan a condición de cidadáns romanos.

A cruz non é un símbolo que adoptaron os primeiros cristiáns, senón que é unha realidade ineludible na súa orixe. Esta cruz está nun templo porque nel se reúne a asemblea (ekklesia) dos seguidores de un tal Xesús de Nazaret, que era un israelita da tribo de Xudá. O que nos manifesta é que a pena de morte lla aplicou o poder romano a través dun dos seus gobernadores e non o poder xudeu. Se a pena de morte lla aplicase o poder xudeu sería apedrado (lapidación).

Ante este feito xorden moitas preguntas como algunhas das que se formulan a continuación: Que fixo ese Xesús? Que dixo ante os seus oíntes? Por quen se tiña? Tivo un grupo de seguidores, como eran e como actuaron? Quen o acusou, de que e por que? Como se desenvolveu o proceso? Quen, cando, e por que asinou a súa pena de morte? Como actuaron no proceso os seus amigos? Que fixeron a continuación e uns días máis tarde? Que pasou no intermedio? Como é que apareceron e seguen existindo hoxe seguidores seus non pertencentes ó pobo xudeu, terminando como terminou? Que pegadas del se ven na historia? Como a súa presenza transformou a historia e a incontables persoas? Que é iso de “a. C.” e “d. C.”? Que din e que fan os seus seguidores? É posible ter hoxe un diálogo-encontro con ese Xesús? Como é posible que na España actual haxa arredor de 13.000 españoles que por causa del se vaian á selva, a barriadas pobres de grandes cidades, a países en guerra… para dar testemuño del e servir ás persoas que os poderes deste mundo descartan  por improdutivas, febles, enfermas…?

Está ben que nos axuden a ver as influenzas históricas e culturais á hora de descubrir como se elaboran as representacións históricas da cruz, xa que, por exemplo, podemos percibir unha experiencia espiritual con matices diversos na cruz e Cristo de Velázquez e no de Dalí. Pero claro, sempre e cando non nos oculten o fundamental de por que está a cruz presente entre os cristiáns, quen morreu nela, e que logo resucitou segundo nos mostran as pegadas dese feito que na historia se ven dende entón.

Antón Negro Expósito

Sacerdote e sociólogo